Archivo mensual: septiembre 2011

HÁBITAT Y DESARROLLO

Por: Juan Carlos Marín Villegas

Estudiante Maestría en Medio Ambiente y Desarrollo
Universidad Nacional de Colombia, Sede Manizales.

Hoy más que nunca el concepto de desarrollo aparece inmerso en todas las esferas culturales de la humanidad, entre ellas las concernientes al hábitat. Las causas para la estructuración del desarrollo como construcción social de primera importancia pueden encontrarse en la  segunda posguerra, dada la necesidad de la reorganización del sistema económico mundial como estrategia para afrontar la pobreza en la que se encontraron los países europeos y la reconstrucción de las áreas devastadas por la contienda.  Según ESCOBAR (1999) el desarrollo es “el proceso dirigido a preparar el terreno para reproducir en la mayor parte de Asia, África y América Latina las condiciones que se suponía que caracterizaban a las naciones económicamente más avanzadas del mundo: industrialización, alta tasa de urbanización y de educación, tecnificación de la agricultura y adopción generalizada de los valores y principio de la modernidad, incluyendo formas concretas de orden, de racionalidad y de actitud individual”.

Estos modelos de desarrollo, fueron aplicados como  única manera de solucionar todos los problemas de los países que, para efectos del mismo discurso, fueron denominados como “subdesarrollados”, así que fuera pobreza, guerra o poca productividad, lo importante es que la solución se encontraba en los modelos ofrecidos por los países del norte.

El Desarrollo como fin único y último de la sociedad, se redujo a crecimiento económico y  urbano cuantitativo. La rápida urbanización, la concentración de la población urbana en grandes ciudades, la expansión de las ciudades en zonas geográficamente más amplias y el rápido crecimiento de las megalópolis se encuentran entre las transformaciones más importantes de los asentamientos humanos en las últimas décadas. Como se afirma en los Cuadernos del PNUD- UN Hábitat (2004) “Los asentamientos urbanos encierran una promesa de desarrollo y de protección de los recursos naturales gracias a su capacidad para mantener a muchas personas limitando al mismo tiempo su impacto sobre el medio natural. Sin embargo, muchas ciudades están experimentando procesos dañinos de crecimiento, de producción y consumo, de pobreza, de uso del suelo, de movilidad y de degradación de su estructura física. Esos problemas están con frecuencia asociados con la contaminación del suelo, el aire y el agua, al uso irracional de los recursos y la destrucción de los recursos naturales.”

                                        Asentamiento precario en Nairobi, Kenia
                                                   Foto: Amnistía Internacional
 

Esta situación, de la que no escapan las ciudades colombianas, es un reflejo palpable de la profunda crisis social y ecosistémica del hábitat urbano, donde las desigualdades se mantienen y los niveles de pobreza en todos los ámbitos no se logran disminuir a niveles aceptables, a pesar del crecimiento económico.

Como alternativa a la visión reduccionista del desarrollo centrada en el crecimiento económico, aparece el concepto de “Desarrollo humano”, definido por algunos de sus divulgadores, entre estos French (2003) como “el manejo de la tensión inevitable entre economía y sociedad para asegurar el despliegue simultáneo de la riqueza, la habilitación de las personas y la integración de la sociedad”. Pero el control social del desarrollo económico, su orientación en beneficio de la sociedad por parte de las instituciones públicas, sin ahogar el impulso económico de la empresa privada, es un viejo dilema que se encuentra en el corazón de todos los procesos de desarrollo. Para Wally N´Dow (s.f.), citado en Cuadernos del PNUD- UN Hábitat (2004), Secretario General de la Conferencia de las Naciones Unidas en Estambul y director de Hábitat durante varios años, gobierno y sector privado deben de actuar coordinadamente con las organizaciones sociales ya que  “por sí solos no son capaces de administrar nuestras ciudades”. El énfasis entonces, debe ponerse en la cooperación entre los diversos actores que intervienen en la configuración del espacio urbano, resaltándose cómo la ciudad es el principal hábitat del hombre contemporáneo.

En este punto es útil traer a consideración las reflexiones de Currie (1976), para quien el desarrollo económico, y por ende el desarrollo urbano, no era meramente un asunto de aritmética o de indicadores que se pudiesen obtener de primera mano; era un cierto control sobre el ambiente en todos sus aspectos, tanto sociales como físicos: “la línea divisoria que yo trazaría entre los países más desarrollados y los menos desarrollados no puede ser establecida en términos de crecimiento del PIB, ni tampoco con base en el ingreso per cápita o su distribución, sino en la creación de lo que parecen ser las condiciones esenciales para ejercer un control significante y consiente sobre el medio ambiente, en bien de la supervivencia en primer lugar, y en segundo, del bienestar. (…) la esencia de lo que a veces se denomina el enfoque institucional es escudriñar la justificación psicológica, social, política y cultural para la formación de ciertos conceptos. El desarrollo es uno de ellos.”

Pero pareciera que en la construcción del concepto de “desarrollo humano” existe muy poca preocupación por  los problemas ecosistémicos generados por el desarrollo en su sentido clásico, haciendo énfasis únicamente en la resolución de  factores de bienestar social, sin considerar la importancia de la protección del medio natural para garantizar la satisfacción de las necesidades básicas humanas.

El desarrollo históricamente lineal, de crecimiento ilimitado y acumulativo ha significado la configuración de un medio ambiente urbano pletórico de violencias, exclusiones, miseria y desolación. La clásica escisión entre hombre- naturaleza alimentada por las religiones occidentales, la filosofía moderna y la economía del capital ha supuesto la profunda crisis ecosistema-cultura en la que nos encontramos.

BIBLIOGRAFÍA:

ESCOBAR,  Arturo.  El buen salvaje. Naturaleza, cultura y política en la antropología contemporánea. Bogotá: ICAN Cerec, 1999.

Cuadernos PNUD-UN Hábitat. Hábitat y desarrollo humano. Publicación del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, el Programa de las Naciones Unidas para los Asentamientos Humanos -UN Hábitat y el Centro de Estudios de la Construcción y el Desarrollo Urbano Regional. Bogotá: CENAC, 2004.

FFRENCH- DAVIS, Ricardo. Desarrollo humano y economía: América Latina en la actual era de la globalización. Ponencia en el taller “Desarrollo Humano y Economía”. Santiago de Chile, 2003. En: Revista Latinoamericana de Desarrollo Humano www.revistadedesarrollohumano.org. Consulta efectuada el 25 de Septiembre de 2011.

CURRIE, Lauchlin. Taming the Megapolis: A Desing for Urban Growth. Publicado en español como “Urbanización y desarrollo: un diseño para el crecimiento metropolitano”. Bogotá, Camacol – Universidad de los Andes, 1988.

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UNA FORMA DE ABORDAR EL DESARROLLO

Por: Andrés Felipe Grisales Sánchez
Ingeniero Civil
Estudiante Maestría en Medio Ambiente y Desarrollo
Universidad Nacional de Colombia – Sede Manizales

Empezaré por decir que cualquier tipo de desarrollo genera efectos tanto positivos como negativos en aquellos ambientes internos o externos con que se tenga relación. Si hablamos de desarrollo urbano podemos señalar como efectos nocivos de este proceso, entre otros, la deforestación, la erosión, la contaminación del suelo, de las aguas, de la atmósfera y la contaminación sonora.

Mi interés en este artículo es visualizar como puede abordarse el problema del desarrollo poniendo en un inicio como vara de medición la explotación del recurso hídrico.

El hombre actual con el crecimiento de sus ciudades desempeña un papel muy importante en el ciclo hidrológico, debido a que el consumo de agua per capita aumenta por el mismo incremento de la población, por esto la cantidad de agua que se debe captar y que se debe verter es cada vez mayor. En la siguiente figura nos podemos dar una idea más clara de lo mencionado:

Oferta del Recurso hídrico y Población Mundial
Fuente: Informe de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo de los Recursos Hídricos en el Mundo. Agua para Todos Agua para la vida. UNESCO. 2003.

En la anterior gráfica podemos observar como, por ejemplo, en el continente asiático tenemos una fuerte presión hídrica debido a que en él se concentra el 60% de la población mundial pero solo tiene el 36% de los recursos hídricos del mundo.

Mi reflexión se dirige hacia tratar de responder la pregunta: un pueblo que ya esta utilizando todos sus recursos disponibles ¿puede seguir “desarrollándose”?.

Como los recursos no son algo infinito, el desarrollo no debe serlo. El desarrollo que debe poderse alcanzar entonces, puede ser aquel al cual se pueda llegar según el recurso del que menos cantidad se disponga. Mucho mas cierto es lo anterior si se quiere tratar de cumplir con lo definido en 1987 como Desarrollo Sostenible: “Satisfacer las necesidades de las generaciones presentes sin comprometer las posibilidades de las del futuro para atender sus propias necesidades” (Informe Bruntland, 1987).

Hoy en día se habla de alcanzar el desarrollo sostenible desde cuatro dimensiones: económica, ecológica, social y cultural. De estos, algunos se centran más en lo económico argumentando que mejorando la eficiencia en la productividad se consumirán menos recursos y se generarán menos residuos, otros más ambientalistas están de acuerdo con el decrecimiento económico o crecimiento cero. Esto ya me parece una pelea entre lo bueno y lo malo, el fuego y el hielo, por lo cual ante tanto desconcierto y sin sabor, no me queda más que acudir a la  crítica radical que propone Augusto Angel Maya a todas las maneras de desarrollo cuando dice que “la crisis ambiental no es solo una crisis de los ecosistemas sino ante todo una crisis de la cultura y de unas relaciones ecosistema-cultura, donde nuestra cultura si quiere continuar habitando esta tierra, deberá transformar la totalidad de sus símbolos”. (Noguera, Ana Patricia, 2011).

Analizando este concepto llego a la conclusión de que toda forma de desarrollo que no tenga en cuenta la cultura y la relación ecosistema-cultura va en la ruta equivocada y además sabiendo que la cultura es la manera como nos adaptamos al medio en que vivimos  concluyo que para tener el desarrollo adecuado, debemos adaptarnos nuevamente a nuestro entorno y mejorar y/o cambiar nuestras relaciones con él.

Para finalizar, debo decir que teniendo en cuenta que el medio en que vivimos es diferente al de otras regiones del planeta no podemos esperar tener el mismo desarrollo que estas otras, no deberá dársele un calificativo de mejor o peor, pero sí se podrá decirse que será totalmente diferente.

REFERENCIAS:

UNESCO. Informe de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo de los Recursos Hídricos en el Mundo. Agua para Todos Agua para la vida. UNESCO-WWAP, 2003.

INSTITUTO DE ESTUDIOS AMBIENTALES IDEA. Homenaje a Carlos Augusto Angel Maya. Boletin Ambiental Numero 94. Marzo de 2011.

http://es.wikipedia.org/wiki/Desarrollo_sostenible

CUESTIONAMIENTO AL DESARROLLO

Por: Dalia Roncancio R

Bióloga
Estudiante Maestría en Medio Ambiente y Desarrollo
Universidad Nacional de Colombia

Desde antes de existir la vida en el planeta Tierra, esta ha buscado la manera de desarrollarse y evolucionar en el tiempo, siempre respetando su orden natural, encontrándose con ella misma y creando organismos maravillosos de la nada absoluta. En uno de esos procesos creativos se fue formando al hombre, que fue evolucionando hasta llegar al ser que es ahora; el cual se ha ido desligando de esa naturaleza que lo creó y lo ayudó a formarse como el Homo sapiens sapiens.

Pero que es ¿desarrollo? ¿Acaso es solo el desarrollo de los organismos vivos?, o será ¿El desarrollo de una comunidad?, o ¿El desarrollo de una sociedad? ¿Qué es desarrollo? Para la biología no es más que la evolución de un organismo y como este se adapta al medio en el que se desarrolla. Pero, ¿será que la especie humana se ha adaptado al medio en el que esta o acaso se ha encargado de desarrollar un medio en el cual ya no puede ni adaptarse y busca uno nuevo, cada vez mejor, con mayores comodidades, satisfacciones y placeres, sin importar cuánto cueste y a costa de quienes?

¿Será que la especie humana esta tan ciega y cerrada que ya ni percibe donde esta parada?

¿Que es ese desarrollo, sino es esa ambición desmedida de tener mas y mas, de crear guerras sin importar su propia sangre, amigos, vecinos y hasta compatriotas, por tener el poder y manejar a sus anchas a un planeta que esta colapsando cada vez más?

¿Será que esta especie pensante no se dará cuenta algún día de que la ambición de esos pocos está destruyéndola lentamente, o se creerá invencible e inmortal, capaz de soportar el colapso de una casa que tiene sus cimientos débiles por tanta carga que tiene en su espalda, ya sin paredes que soporten y den abrigo a sus habitantes?   ¿Será tan egoísta e inhumana que no le importe ni ella misma? ¿Será esto desarrollo? Si es así, qué equivocado es el Homo sapiens, pues esta llevándose por delante todo hasta él mismo como especie, a otras y hasta el planeta en donde vive.

Qué triste es el final que le espera, uno doloroso y revanchista, porque el planeta le cobrará cada uno de los agravios que le ha hecho para volver a establecer el orden natural en el que estaba antes de ser creado el Homo sapiens, la especie que se ha desarrollado como una plaga.

¿ Modelo de desarrollo?

Sara Ivone Marín Castro

Trabajadora Social
Estudiante de Maestría en Medio Ambiente y Desarrollo
Universidad Nacional de Colombia sede Manizales

La continuidad de cualquier forma de vida y de la civilización humana en el planeta se ha puesto en juego por procesos complejos, dinámicos, múltiples y heterogéneos que estructuran la sociedad actual; dichos procesos son moldeados en un abanico de expresiones políticas, económicas, sociales, culturales y naturales que permiten tejer un entramado de interacciones multidimensionales/ multicausales entre el ser humano y su territorio.

Tal como lo plantea Tobasura (2005) “El ideal teleológico de progreso implícito en el concepto de desarrollo dominante en nuestra sociedad, ha entrado en crisis. La sociedad moderna con sus formas de adaptación cultural, expresadas en su manera de generar conocimiento, organizar la sociedad, transformar el medio biofísico, ha demostrado un rotundo fracaso, expresado en el agotamiento de los recursos, el deterioro de la calidad de vida humana, las múltiples formas de violencia entre las sociedades y el sojuzgamiento y aniquilación de otras formas de vida…”.

Fuente: http://www.restauracionacional.org/?p=2324

En otras palabras, los problemas ambientales corresponden a un campo relacional enmarcado socioculturalmente, constituidos por la forma de habitar el mundo y la manera de insertarse en el entorno ecosistémico, como lo ilustran hoy las prácticas consumistas difundidas por un modelo de desarrollo que tiene orientación en el crecimiento económico, la competitividad, la globalización y el libre comercio. Sus implicaciones se materializan en los diversos desajustes perceptibles en fenómenos naturales como el cambio climático, la progresiva perdida de la capa de ozono, la extinción de la biodiversidad mundial, degradación del suelo fértil y de la cubierta vegetal, la constante contaminación el agua dulce o consumible, las limitadas fuentes de energía como el petróleo y el aumento de producción y depósito de desechos contaminantes, entre otros.

Igualmente, estos desajustes se evidencian en fenómenos sociales como el aumento descontrolado de la población humana, los cambios sustanciales en la formas de interacción social influenciadas por los avances tecnológicos e informáticos; la hibridación cultural fomentada por una identidad invisible de diversas manifestaciones folklóricas; los acelerados procesos de urbanización que se expresan en la conformación de centros periféricos de pobreza y miseria, el aumento de la brecha entre ricos y pobres, entre muchas otras.

Fuente:http://1.bp.blogspot.com/_A0npI1VduJM/RlXYf_8SrGI/AAAAAAAAA04/URr41jEnhHI/s1600/trompudo_ricos_pobres.jpg

Según lo anterior, se puede afirmar que son innumerables los impactos que tiene el sistema económico globalizado en la trilogía ser humano/naturaleza/cultura. Esta relación dialéctica se sumerge en un incesante conflicto, donde por un lado las necesidades humanas aumentan proporcionalmente con el desarrollo científico-tecnológico y por el otro, se  agota la capacidad de producción y autoabastecimiento de recursos naturales del mundo que suplan estas múltiples necesidades.

Dice Rodríguez (2005) que “Hoy por hoy, a nivel global, crecen y se agravan problemas comunes como la pobreza, el hambre, las enfermedades, el analfabetismo y el deterioro generalizado de los recursos naturales, muy a pesar de la ‘preocupación’ aparente de todas las naciones, las cuales desde hace mucho tiempo vienen discutiendo, analizando y proponiendo alternativas de solución que hasta ahora no arrojan resultados o avances significativos”. En efecto, la sumatoria de esfuerzos internacionales, nacional y locales no tiene un impacto significativo para aminorar los efectos sociales y ecosistémicos de los programas de liberalización económica; cada día las cifras muestran que la especie humana esta al borde de su propia extinción, estas  arrojan un saldo  de pobreza que se ve agravado por un círculo vicioso de miseria y devastación de recursos, las guerras étnicas, poblaciones sin los mínimos vitales como la alimentación, salud, vivienda digna, acceso a servicios públicos, el analfabetismo, la exclusión de genero, etc. Vale decir que son contrariedades que datan de varias décadas pero que aún hoy en día son propios de la cotidianidad.

Por ello, en corto tiempo la agudización del conflicto socio-ambiental se extiende en el ámbito latinoamericano, puesto que en la década de los 90 se hace tangible por medio de la implantación del modelo neoliberal, donde los objetivos económicos de las organizaciones sociales son direccionados a la competitividad y a la inserción global de las economías nacionales; en otras palabras,  se pone en tensión las expectativas mundiales de desarrollo y las dinámicas sociales y culturales de cada país en América Latina, ya que cada uno de estos países ha vivido históricamente periodos de  invasión y explotación desmedida de recursos naturales, de procesos de aculturación, corrupción y exclusión social; por lo tanto sus desventajas en términos del desarrollo económico y social se hacen notorias al observar su estructura de  sociedad, fundamentalmente en que se ha convertido en una colcha de retazos de diferentes lógicas de desarrollo que moldean sus realidades particulares, en las cuales permanece en el tiempo – aunque constantemente amenazado- su bagaje histórico y cultural.

Por ende, como lo expresa Candamil y López (2004) “todas las comunidades locales debieron asumir nuevos compromisos de gestión tanto para la generación de recursos como en la contribución directa a los procesos de desarrollo regional, en el marco de un mundo en conflicto por las contradicciones evidentes de una iniquitativa globalización económica”.

Se formula una visión de progreso de mediano y largo plazo para una sociedad con tantas dificultades de empleo, limitaciones fiscales, con tantos problemas sociales de miseria y de pobreza como lo es la colombiana. Sin embargo, se presenta como una estrategia eficaz para preparar al país para incorporarse al proceso de la globalización de la economía y del mercado; y al mismo tiempo como un ideal de sociedad que desconoce la realidad socio-ambiental colombiana actual, la cual no tiene las condiciones políticas, fiscales, institucionales, sociales y culturales para adecuarse a este modelo de desarrollo.

Sin embargo, se distingue una visión de desarrollo mediada por el crecimiento económico pues se da relevancia a la inversión pública, a los procesos productivos agropecuarios y forestales, comerciales, competitivos, en los que se incluye la dimensión medioambiental como el aprovechamiento sostenible de la diversidad ecosistemica que reconoce la amplia base rural, la multitud de zonas ecológico-geográficas y sociales como bienes y servicios disponibles para ser usufructuados. En este sentido, se mantiene un discurso político de gobierno encasillado en el crecimiento económico como alternativa ideal para responder a las demandas sociales y medioambientales.

Es indiscutible, que las tensiones sociales, culturales, naturales, políticas y económicas son un fenómeno omnipresente en los diferentes espacios de interacción humana y requieren de la participación activa de los actores sociales para multiplicar esfuerzos que contrarresten la crisis del habitar humano y la interacción con su territorio.

BIBLIOGRAFIA

CANDAMIL, Maria del Socorro, LÓPEZ, Mario Hernán. Los Proyectos Sociales, una herramienta de la gerencia social. Capitulo I, Editorial Universidad de Caldas, Ciencias Jurídicas y Sociales. 2004. p. 9.

RODRÍGUEZ, Pedro Nel. El desarrollo sostenible, ¿posibilidad de mejoramiento de la calidad de vida o utopía para el futuro? Universidad de Caldas. lunazul.ucaldas.edu.co Manizales, 2005-03-22 (Rev. 2005-05-10). p. 1.

TOBASURA, Isaías. Reseña comentada Francisco González, Reflexiones acerca de la relación entre los conceptos: ecosistema, cultura y desarrollo [en línea]. ensayos 1, Bogotá, IDEADE, agosto de 1996.Universidad de Caldas. Disponible en: lunazul.ucaldas.edu.co. Manizales, 2005-02-04 p.2.

Reflexiones en torno al territorio y los pueblos indígenas.

Sólo existía la oscuridad.
Bajo ella Sabaseba creó lo que somos hoy: “Luz”.
En medio de la belleza de un espacio infinito,
Sabaseba creó la vida y con ella la razón de existir
de un pueblo: Ishtana, la Tierra.
Todo era oscuro, no había en la tierra,
sol ñana, agua, estrellas, totobira selva,
pescado, básico fuego, karera ni gente alguna,
sólo existía piña, Nankadura, y pequeños arbustos
donde se encontraban Sabaseba, nuestro Creador
y Saymadoyi, nuestros antepasados.
KA, INSHQUI SACKAYBA

Por: Efraím Quintero Manzano
Estudiante de la Maestría en Medio Ambiente y Desarrollo.
Universidad Nacional de Colombia, sede Manizales.

Si asumimos que el hábitat se construye socialmente y no simplemente se llega a ocupar, entenderemos el territorio como aquella forma simbólica de propiedad que da cuenta del sentido de pertenencia a un determinado lugar. El territorio adquiere no sólo forma en las relaciones sociales que allí se tejen, sino también sentido. Así, nos encontramos con dos aspectos referidos por Yori (2009): el sentido de lo material concebido como el proceso de construcción social-material del espacio físico “producción social del espacio construido”, hábitat; y el sentido de lo simbólico donde alude a los procesos de construcción social de la realidad y del hábitat propiamente dichos, no tanto al hacer la vivienda, pero sí a su modo de vida o de habitar de esa realidad.

Por otra parte y de una manera abstracta, Acebedo (2010) sostiene que la consolidación del territorio en cada momento histórico parece estar determinado por “la conjugación de por lo menos cuatro (4) fuerzas motoras que interactúan de manera dialéctica: Espacio, tiempo, técnica y movimiento. Dependiendo de las características de la sociedad y del modo de producción que predomine, las fuerzas motoras le imprimen al territorio sus características y connotaciones básicas”. Con este otro planteamiento, aunque enfocado desde ese proceso de tránsito de la sociedad industrial a la sociedad del conocimiento, se referencian esos elementos conceptuales que permiten construir un territorio por las actividades que se suceden en dicho territorio, en cualquier tiempo o espacio conocido.

A partir de los criterios anteriores, intentaremos vislumbrar lo que sucede en un territorio indígena como el Bari, localizado en torno a la cuenca del río Catatumbo al nororiente colombiano. Estos dos acercamientos teóricos, posibilitan encontrar las relaciones del sujeto estudiado con su territorio y manifiestan la construcción de un hábitat particular en esa dimensión espacio-temporal, modulada por sus actividades en procesos de acomodación al lugar.

El concepto de territorio para los pueblos indígenas implica integralidad ecológica, un proceso construido desde el engranaje de diversos aspectos constitutivos de su cultura, en su espacio-tiempo, su movimiento y reconocimiento constante de lo que camina y su historia particular: Sus imperativos culturales se remiten a su mundo cosmogónico que integran el todo y la naturaleza; incluyen procesos de apropiación de territorios que implican experimentación, adaptación y decantación de prácticas y conocimientos.

La apropiación, movimiento, innovación en tecnologías apropiadas al contexto y la convivencia con los territorios, se interrelacionan con complejas dinámicas de socialización cultural mediadas por las autoridades tradicionales o sabios, “…personas o instituciones reconocidas por el respectivo pueblo indígena como las Autoridades legítimas que administran y ejercen justicia en los territorios indígenas de conformidad con sus usos, costumbres, normas, procedimientos, reglamentos de convivencia y la legislación especial indígena. Que (manifiestan) la pervivencia y la construcción cultural territorial.” (Piñacué, 2003). Es entendible que la existencia y desarrollo de un pueblo indígena no es posible sin el territorio que han construido, apropiado y defendido culturalmente en miles de años (Salazar, 2005).

Es importante anotar en este aspecto de administración del territorio un componente importante, el Consejo de Caciques y sus asambleas semestrales, integrado por todos los habitantes mayores de edad y “registrados formalmente”, son las instancias donde se deposita la soberanía de todos los comuneros y se toman las decisiones de mayor trascendencia mediante procedimientos participativos de democracia directa. Autoridades que ejercen su conocimiento de las normas y procedimientos propios. (Bondia Garcia, 2009).

Asumir el territorio como construcción social con características particulares de acuerdo a una situación específica, un tiempo que transcurre, unos caminos y espacios recorridos, más unas maneras de hacer las cosas y con una simbología manifiesta en un tiempo ponderado, requiere plantear o proponer dos enfoques que vislumbren el quehacer de la comunidad dentro del territorio y por qué tanta anomalía para perdurar en lo espacial.

Un primer enfoque va argumentado desde los derechos de los Pueblos Indígenas y de los Grupos Étnicos junto con sus Territorios en el concepto de reconocimiento y protección de la diversidad étnica y cultural. (Salazar, 2005). Y un segundo enfoque visto desde la perspectiva que genera el caos y el cosmos como elemento estructurante de la creación del hábitat y su concerniente habitar.

Según Piñacué (2003) “Los Territorios Indígenas se entienden como las áreas poseídas en forma regular y permanente por un pueblo indígena y aquellas que, aunque no están poseídas en dicha forma, constituyen su hábitat o el ámbito tradicional de sus actividades sagradas o espirituales, sociales, económicas y culturales, así otros grupos étnicos o poblacionales habiten en dicho territorio”. Para las Naciones Unidas (Citado por Bondia García, 2008) “Son comunidades, pueblos y naciones indígenas los que, teniendo una continuidad histórica con las sociedades anteriores a la invasión y pre coloniales que se desarrollaron en su territorio, se consideran distintos de otros sectores de las sociedades que ahora prevalecen en esos territorios o en partes de ellos. Constituyen ahora sectores no dominantes de la sociedad y tienen la determinación de preservar, desarrollar y transmitir a futuras generaciones sus territorios ancestrales y su identidad étnica como base de su existencia continuada como pueblo, de acuerdo con sus propios patrones culturales, sus instituciones sociales y sus sistemas legales” (SUBCOMISIÓN DE PREVENCIÓN DE DISCRIMINACIONES Y PROTECCIÓN A LAS MINORÍAS DE LAS NACIONES UNIDAS: Estudio del Problema de la Discriminación contra las Poblaciones Indígenas, Doc. ONU E/CN.4/Sub.2/1986/7/Add.4, párr. 379).

El apego a las tierras ancestrales y a los hábitats en que viven es precisamente una de las características que distingue a estos pueblos. (Shelton Davis, 1991, citado por Salazar, 2005). Bajo este criterio es primordial identificar el mapa del territorio tradicional ancestral, el cual va aportar fundamentos interesantes al imaginario colectivo del pueblo Bari para defender sus derechos a su integridad étnica y cultural, sobre sus territorios tradicionales, frente a –por ejemplo- las solicitudes de exploración de grandes proyectos petroleros y carboníferos en su territorio.

El territorio es imprescindible para la supervivencia tanto física como cultural de los pueblos indígenas. Permite medirse, asumirse como conocido, facilita la interacción de sus componentes, involucra el pensamiento y la magia de lo desconocido poniendo en el imaginario simbologías abstraídas de la naturaleza y su creación por sujetos fuera de lo palpable y observable.

Es la posibilidad de encontrar esos territorios permeados por el tiempo, incrustados en la memoria de aquellos que se untaron con la valentía de los que venían, transfugados en las magnitudes de las montañas y los senderos evasivos, posicionados en la topofilia que requiere de ese espacio transitado de un lugar a otro lugar (Yi-Fu Tan) o la topofobia mesurada de lo no conocido pero también la toponimia referenciada en el relato arrullador de la abuela que marrulla el tabaco de la tierra cultivada con las pisadas de pies abiertos y desnudos.

La leyes de los libertadores son para nosotros un menor derecho no igual jamás al de los indígenas que tenemos desde antes nuestro derecho mayor…por eso nos hemos puesto a recordar y a pensar que todo el tiempo, desde siempre, los indígenas hemos vivido en estas tierras y mucho más … esta es la verdad, la más grande verdad, porque nadie en el mundo puede negar que este continente fue ocupado, habitado, trabajado antes que nadie por nuestros habitantes, luego por nuestros padres y hoy por nosotros mismos. De ahí, de esta verdad mayor nace nuestro derecho mayor. Manifiesto Guambiano, Cabildo de Guambía, 1980.

Su cosmovisión y su forma de vida trascienden. “…la vida social en los poblados originarios se estructura con base en el criterio comunitario, según el cual los intereses y derechos individuales no se le atribuyen al sujeto por el mero hecho de su calidad de ser humano individual, sino, antes bien, por ser miembro de su comunidad… Ello determina que el sujeto esté más integrado y obligado en la comunidad. (Bondia Garcia, año).

El concepto de territorio indígena pertenece al campo del pensamiento indígena, a su llamado derecho consuetudinario, y que constituye uno de los soportes de su cosmovisión. (Sánchez, 92 citado por Salazar, 2005). El territorio viene a ser la morada del principio creador, su cosmovisión magnifica lo contenido, permea todo concepto diferente a sus creencias religiosas o subjetivas sobre su posicionamiento en el lugar. Un principio generador “…de un universo de seres sobrenaturales que comúnmente ejercen potestad sobre la naturaleza”.

“Los Bari no se preguntan tanto por el origen mismo del mundo sino por la necesidad de alguien que ordene las cosas, las gentes y su conducta para que cada elemento esté en su sitio. Este proceso ocurre en la interacción entre Sabaseba, sus enviados y los Bari mismos… Viene con el viento desde el poniente donde vivía con su familia y llega a la tierra que encuentra “oscura, sin estructura, sin forma determinada, caótica (…). Con su trabajo la ordena, la modela, dándole una nueva forma hasta conseguir su situación actual: llanita y con sentido para poder ser habitada y disfrutada”. (Castillo 1981:290, citado por Jaramillo, 1992). Un territorio desconocido, extranjero, sin ocupar (lo que quiere decir con frecuencia: sin ocupar por «los nuestros»), continúa participando de la modalidad fluida y larvaria del «Caos». Al ocuparlo y, sobre todo, al instalarse en él, el hombre lo transforma simbólicamente en Cosmos por una repetición ritual de la cosmogonía. Lo que ha de convertirse en «nuestro mundo» tiene que haber sido «creado» previamente, y toda creación tiene un modelo ejemplar: la Creación del Universo por los dioses.

A manera de concluir este trabajo remito dos connotaciones presentadas en este, el considerar la construcción del territorio como algo que va con las especies y más con los seres humanos, fortalecidos con su poder de seleccionar y cuestionar un determinado lugar como emblemático o posibilitador de acciones inherentes a un mundo subjetivo que va a estructurar esa segunda connotación de crear un imaginario dotado de variedad de situaciones permeadas por los cuestionamientos de cómo se suceden las cosas o como aparecieron ellos en este enclave territorial. “…No nos interesa, por tanto, el hábitat reducido al análisis de unas propiedades físicas sino en tanto expresión de los procesos subjetivos de quienes lo gestionan y construyen. La idea de que el territorio es construido socialmente supone, por tanto, la construcción de una micro-sociedad, esto es, de un acuerdo social sobre el espacio”. (Yori, 2009)

Ahora, ¿Como vislumbrar un pensamiento generado o construido desde el territorio usurpado o tomado por otros? o ¿Que nos dicen los últimos que han llegado para permanecer en los lugares que fueron de otros retirados a la fuerza?; ¿Será que esa construcción de ese territorio por los nuevos poseedores es parecida a esa historia contada desde los conquistadores o colonizadores en estos más de quinientos años recorridos? “Desde siempre, la cuestión indígena ha sido, sobre todo, una cuestión territorial y por tanto, parte del sistema mundo moderno-colonial y, por esta razón, es uno de los meollos de la cuestión nacional.

Referencias.

Acebedo, Luis Fernando. (2010). El Concepto de Territorio y el Tránsito de la Sociedad Industrial a la Sociedad del Conocimiento. En: Cuadernos de clase 01-03. Elementos para una teoría del desarrollo territorial. Universidad Autónoma de Manizales. Pp: 235-263.
Ashcayra Arabadora Acrora. La explotación petrolera en el Catatumbo -Colombia; Genocidio al Pueblo Bari. Disponible en: http://www.cdca.it/IMG/doc/explotacion_petroleo_documento_de_los_bari.doc. Búsqueda realizada el 5 de septiembre de 2011.
Bondia Garcia, David. De lo Global a lo Local o de lo Local a lo Global. Informe Relator Especial ONU para los Derechos de los Pueblos Indígenas, Julio de 2009. Instituto Colombiano de cultura hispánica. Geografía Humana de Colombia.
Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República. http://www.lablaa.org/blaavirtual/bio.htm. Búsqueda realizada el 5 de Septiembre 2011
Páez Quintero, David Alonso. MUNDO BARÍ. Un pueblo que se niega a desaparecer. 2010.
Piñacue Achicue, Jesús Enrique.(2003). Colombia: Proyecto de Ley sobre Jurisdicción Especial Indígena. http://alertanet.org/proyecto-colombia.htm. Búsqueda realizada el 4 de septiembre de 2011.
Porto-Gonçalves, Carlos Walter. Los indígenas y la cuestión nacional (o de ONG y transnacionales). http://www.rebelion.org/noticia.php?id=116460. Búsqueda realizada el 5 de Septiembre 2011
Salazar J., Carlos Augusto. ISHTANA, el Territorio Tradicional BARÍ. Informe final sobre territorio tradicional del Pueblo Indígena Bari, Región del Catatumbo, Norte de Santander. OXFAM-CECOIN. Agosto – 2005
Yori, Carlos Mario. (año). La Construcción Social del Hábitat. Una aproximación antropogeográfica a la ciudad latinoamericana, en “clave de La Construcción Social del Hábitat. Una aproximación antropogeográfica a la ciudad latinoamericana, en “clave de derechos derechos”, orientada a la recualificación de las políticas públicas en materia de hábitat y calidad de vida. Los casos de Ciudad de México y Bogotá, período 1995-2009.

REFLEXIONES SOBRE TERRITORIO Y REGIÓN

Por: Juan Carlos Marín Villegas

Estudiante Maestría en Medio Ambiente y Desarrollo
Universidad Nacional de Colombia, Sede Manizales.

El concepto de territorio no es un concepto simple, no sólo por su importancia en la vida cotidiana de los seres humanos, sino por la multiplicidad de usos y significados que se le ha conferido por las distintas disciplinas a raíz de su reconocimiento como uno de los conceptos básicos de la vida humana. La construcción de una noción integral del Territorio implica una visión compleja que no se limite a la caracterización física, ni a la de simple plataforma. En este sentido ARDILA (2006) advierte: “Una definición del concepto de territorio nos obliga a superar la idea de que el territorio es un espacio de tierra sobre el cual se desenvuelve –sin más– la vida humana, así como la idea de que el territorio es tan sólo la organización político administrativa que se derivó de la aparición del Estado-nación”. A pesar de tener una base física donde se concreta, la noción de Territorio no se encuentra limitada únicamente por su componente espacial y/o político, sino que corresponde además a una amplia red de intercambios y relaciones ecosistémicas y culturales, cuyos procesos lejos de ser estáticos, no permiten la delimitación de fronteras rígidas, sino más bien de traslapos porosos y en constante movimiento a manera de membrana.

En el caso de nuestro país, es claro que las actuales fronteras político-administrativas que delimitan el territorio de Departamentos y Municipios no responden a las realidades ecosistémicas y culturales. Así lo constata   MASSIRIS (1997)  cuando afirma que “En esta división se advierten dos hechos: el primero tiene que ver con el mantenimiento de la división municipal y departamental que existía antes de 1991, con sus disfuncionalidades para la eficacia de la política de descentralización en el caso de los municipios y de la creación de regiones de planificación funcionales en el caso de los departamentos (…). El segundo hecho se relaciona con el excesivo tipo de entidades territoriales creadas por la nueva Constitución Política, lo cual constituye un obstáculo para la coordinación y armonía en la acción de éstas sobre el territorio”.

Es indispensable, por tanto, reconocer que no se ha resuelto aún entre nosotros la crisis nacional representada en el desorden territorial existente, lo que lleva a insistir en, como lo propone FALS (2001) “alternativas de transformación social y política, entre ellas las que ofrecen las regiones redivivas y las culturas que sirvan a éstas como soportes de identidad”

Si bien la normativa colombiana concerniente a la ordenación del territorio reconoce a las regiones, provincias y asociaciones municipales como entes territoriales, la falta de compromiso político no ha permitido su concreción. Este es el caso del proyecto de ordenamiento Territorial de la Ecoregión del eje Cafetero, el cual  aún no cuenta con los instrumentos de financiación y gestión que permitan consolidar tan importante iniciativa. Sería una fortuna que la reciente declaratoria del Paisaje Cultural Cafetero como “Patrimonio cultural de la Humanidad” por parte de la UNESCO, así como la también reciente aprobación de la Ley Orgánica de Ordenamiento Territorial ayuden a la viabilización del proyecto en mención.

Ecoregión Eje Cafetero. Fuente: http://www.sirideec.org.co/

Para concluir estas breves consideraciones dejo a manera de conclusión, la reflexión que sobre la Ecoregión del Eje Cafetero plantea ACEBEDO (2010) “(…) las regiones deben ser instrumentos flexibles y no entidades territoriales cerradas. Deben ser el resultado de realidades socioculturales y productivas, promover procesos de desarrollo que tengan como propósito la integración, más que la fragmentación. Las regiones son expresiones territoriales vivas y dinámicas de la sociedad.”

Bibliografía
Ardila, Gerardo. 2006. Ingeniería y Territorio: una relación política indisoluble. Palimpsesto 5:60-67.

Massiris, Angel. Determinantes de los planes de ordenamiento territorial. Publicación digital en la página web de la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, tomado de la revista Perspectiva geográfica No.2.
http://www.banrepcultural.org/node/30034. Búsqueda realizada el 03 de Septiembre de 2011

FALS, Orlando. Kaziyadu. Registro del reciente despertar territorial en Colombia. Ediciones desde abajo. Bogotá, 2001.

ACEBEDO, Luis Fernando. (2010) Nuevos aires para la Ecoregión Eje Cafetero tras el voto por la autonomía de la Región Caribe. Publicación digital en la página web Caleidoscopios Urbanos.
http://caleidoscopiosurbanos.blogspot.com/2010/04/nuevos-aires-para-la-ecoregion-eje.html. Búsqueda realizada el 04 de Septiembre de 2011

EL AGUA Y LA CIUDAD

Por: Andrés Felipe Grisales Sánchez

Ingeniero Civil
Estudiante Maestría en Medio Ambiente y Desarrollo
Universidad Nacional de Colombia – Sede Manizales

Consultando sobre las razones que motivaron al surgimiento de las primeras ciudades, encuentro que según V. Gordon Childe (1950) éstas se originaron como producto de la capacidad de producir por vez primera un excedente de productos agrícolas, lo cual permitió la acumulación de bienes por encima del mínimo necesario para la sobrevivencia de la gente. Este excedente fue posible cuando se encontró la forma de traer agua a los campos relativamente áridos mediante canales de riego y así aumentar la producción agrícola y eliminar en gran parte, el riesgo de perder las cosechas en tiempos de sequía.

Lo anterior nos muestra la estrecha relación entre el agua, o mejor dicho las fuentes de agua, con la ciudad. Queriendo encontrar quétan importante es la relación, encuentro que “la ciudad parece haber brotado en unos pocos valles fluviales: el Nilo, el Tigris-Euphrates, el Indus, el Hwang Ho” (Lewis Mumford,1966).  Y que entre las principales grandes ciudades prehistóricas están Ur y Babilonia en Mesopotamia, Thebes en el delta del Nilo y Mohenjo-Daro en el valle del río Indus.

Incluso la que frecuentemente es considerada la más antigua ciudad de la historia, Jericó, comenzó a formarse a partir de un primer asentamiento del siglo X a.c., el cual ya entre los años 8300 a.c. y 7300 a.c. llegó a ser una especie de protociudad gracias a encontrarse en el centro de un oasis, en la única superficie irrigada de la árida depresión del Mar Muerto.

(Fuente de imagen)

Se puede decir entonces que el origen y la evolución de la ciudad es posible en la medida que halla acceso a fuentes de agua para abastecerla y para sanearla.

Mirando mas adelante en la historia vemos que con ciudades ya en expansión el suministro de agua a partir del río o quebrada mas cercana no era suficiente, por lo tanto era necesario traer desde mas lejos este bien, de tal forma que se construyeron canales y estructuras cada vez mas avanzadas, tales como el túnel de Ezequías, el cual fue construido para traer agua de los manantiales de Gihón de un lado de la ciudad de Jerusalén al otro; alrededor del año 701 a.c. dicho túnel tiene un longitud de 530 metros; o como el túnel de Eupalinos de 1036 metros de largo construido por orden de Policrates y excavado bajo la dirección del ingeniero Eupalinos de Megara en la isla de Samos hacia el año 540 a.c. a través del monte Castro para abastecer de agua a la ciudad, ya que había llegado a ser muy importante y poderosa, requiriendo mucha agua para vivir.

(www.lugaresbiblicos.com/tunel_de_ezequias.htm

es.wikipedia.org/wiki/T%C3%BAnel_de_Eupalinos)

Así, entre más crecían las ciudades mas agua necesitaban, por esta razón se traía cada vez de más y más lejos. De esta forma fue que luego aparecieron, con el surgimiento de Roma, los más reconocidos y admirados acueductos, los cuales empezaron trayendo el agua desde unos 16 kilómetros como el Aqua Appia en el 312 a.c. y terminaron haciendo recorridos de 69 kilómetros hasta llegar a Roma con el Aqua Claudia (52 d.c.). Sobra decir la calidad de vida y el confort que este desarrollo le dio a los ciudadanos romanos y la magnitud que llegó a tener esta ciudad.

Cuando las ciudades que había gobernado Roma mermaron la población que albergaban, sus actividades se redujeron y con esto la necesidad de traer el agua desde grandes distancias. Fue así como al volver a la ciudad pequeña o aldea, el aprovisionamiento de agua se constituyó en una función colectiva de la ciudad. Entonces, como nos señala Lewis Mumford (1966) en la “Ciudad en la Historia”, se preocuparon por “la preservación de un pozo o un manantial en un recinto adecuado y luego por el establecimiento de una fuente en la plaza pública principal, y de surtidores y fuentes en los barrios”.

A medida que las ciudades volvían a crecer se vieron obligadas a buscar agua más allá de sus fortificaciones y debido a que las grandes ciudades siguieron creciendo con más rapidez que sus recursos técnicos y económicos ésto llevó a aceptar una provisión más escasa de agua o extraerla de fuentes contaminadas. Con el fin de visualizar esta situación sólo baste poner como ejemplo, que en 1553 cuando París contaba con alrededor de 260.000 habitantes, la dotación diaria de agua para una persona era de 1 litro.

De aquí se puede comprender porqué efectivamente la ciudad debe crecer de manera conjunta y equilibrada en todos sus aspectos. La ciudad es un todo, y como dice el sociólogo Robert E. Park  (año): “La ciudad no es un mecanismo físico ni una construcción artificial solamente. Esta implicada en el proceso vital del pueblo que la compone; es un producto de la naturaleza y particularmente de la naturaleza humana”.

Ya con la llegada de la ciudad moderna, ésta aumentó exponencialmente sus dimensiones y la densificación de su población, con lo cual uno de los principales inconvenientes a resolver era cómo suministrar la suficiente agua a tal cantidad de gente y como evitar problemas sanitarios con las aguas residuales generadas.  Llegamos entonces a los grandes sistemas que transportan el agua a las ciudades de nuestros días, en donde encontramos que ya se trae el agua desde 232 kilómetros como en Viena o hasta más de 320 kilómetros como en Nueva York.

Después de lo comentado debo decir, como reflexión, si una ciudad crece tanto como para tener que trasladarse 100 o 200 kilómetros o más para tomar agua de una fuente lejana, ¿no será que dicha ciudad no debió crecer tanto?, pues es imposible que esto no tenga una consecuencia grande sobre el ecosistema regional y hasta el mundial cuando hablamos de muchas ciudades de este tipo.

La ciudad ejerce tanta influencia sobre las fuentes de agua cercanas a ella, que debe realizarse un análisis detallado y real sobre los caminos a seguir en este aspecto.

Vale la pena mencionar lo que dice al respecto Richard Rogers (2000) en su obra “Ciudades para un pequeño planeta”: “la aplicación de la sostenibilidad no puede conllevar en ningún lugar mayores beneficios potenciales que en las ciudades. De hecho los beneficios que se derivan de este enfoque son tan grandes que la sostenibilidad medioambiental debería convertirse en el principio rector de la moderna proyección urbana”.

Referencias:

CHUECA Goitia, Fernando. Breve historia del urbanismo.  Alianza Editorial, S.A. Madrid. 1968.

CURTIS, Robert Glick. Desarrollo Urbano. ESAP Centro de Publicaciones. Santafé de Bogotá D.C. 1992.

MUMFORD, Lewis. La Ciudad en la Historia, sus orígenes, transformaciones y perspectivas. Ediciones Infinito. Buenos aires. 1966.

ROGERS, Richard. Ciudades para un pequeño Planeta. Ed. Gustavo Gilli, S.A. Barcelona, España. 2000.

http://www.lugaresbiblicos.com/tunel_de_ezequias.htm

http://es.wikipedia.org/wiki/T%C3%BAnel_de_Eupalinos

http://historiarte.net/roma/acueductos.html