Archivo mensual: octubre 2011

HÁBITAT Y PLANIFICACIÓN URBANA

Por: Juan Carlos Marín Villegas

Estudiante Maestría en Medio Ambiente y Desarrollo

Cumplidos ya 14 años de la promulgación de la ley 388, la cual reglamenta el Ordenamiento físico del territorio en Colombia, y en momentos en los que cientos de Municipios del país se aprestan a revisar, según sea el caso, sus POT’s, PBOT’s y EOT’s[1], y además en épocas en las que se avecina la realización de los comicios electorales en los que se elegirán las autoridades locales que entrarán dentro de poco a formular los Planes de Desarrollo Municipal (PDM),  cabe reflexionar acerca de la importancia de la incorporación del hábitat a la práctica del planeamiento urbano, esto es concebir el planeamiento considerando el hábitat tanto como realidad física, pero también como concepto y como método para la toma de decisiones, a nivel urbano y a nivel del detalle, es decir en los diferentes niveles o escalas urbanas.

Si bien el país ha suscrito acuerdos internacionales sobre el hábitat, tales como el asumido en la declaración de la conferencia Hábitat II en Estambul (1996), en la realidad local se presentan condiciones de desigualdad y de precariedad del hábitat cada vez más crecientes, lo que hace prever que aún el concepto no ha permeado las políticas públicas en lo que a la planificación del territorio se refiere. Esto puede ser corroborado, además de la práctica, en la ausencia de   -al menos- la utilización del concepto en la legislación nacional, lo anterior confirmado por MARQUEZ (2010) cuando afirma que, “al revisar dos documentos estructurales de política pública, Ley 152 de 1994 de los planes de Desarrollo y Ley 388 de 1997 sobre Ordenamiento Territorial, y la carta de navegación, la Constitución Política de 1991 revisada al año 2002, el término Hábitat no aparece en ninguno de los documentos citados.”

Abordar la problemática de la  planificación urbana desde la perspectiva del hábitat exige una visión compleja y sistémica, caracterizada por entender la realidad como una trama o tejido de múltiples relaciones entre las cosas.

Imagen: http://espina-roja.blogspot.com

La necesidad de incorporar la concepción de hábitat a la planeación territorial, se reconoce en la medida en que puede constituirse como un instrumento que ayude a permitir la superación de los postulados homogeneizantes de la  modernidad hacia la posmodernidad en materia de intervención del territorio, además que sirve como herramienta para establecer la capacidad de adaptación del hombre al espacio y las características del espacio transformado por el hombre en sus procesos culturales que lo hacen más o menos habitable. Los estudios del hábitat surgen como la respuesta a las necesidades de reconocer las formas como el hombre interviene el espacio, lo transforma, lo apropia y las cualidades con las que lo hace, a la vez que, siendo consecuente con el reconocimiento de la interrelación hombre- territorio, exige la articulación de las políticas de desarrollo económico y social con la planeación física del territorio. Como ya afirmaba CASTELLS (1974), “En consecuencia, analizar el espacio en tanto que expresión de la estructura social equivale a estudiar su elaboración por los elementos del sistema económico, del sistema político y del sistema ideológico, así como por sus combinaciones y las prácticas sociales que derivan de ello.”

En el caso de la mayoría de los municipios colombianos, la construcción integral del hábitat  presenta graves problemas generados en muchos casos por la desarticulación entre los dos instrumentos de planificación del territorio: la planificación del desarrollo, instrumento regido por la ley 152 de 1994 y materializado en los Planes Municipales de Desarrollo (PDM), y la planificación física, representada en las figuras establecidas por la ley 388 del 97. Las razones para la existencia de esta problemática pueden encontrarse, entre otras, en las diferencias de vigencia temporal entre uno y otro instrumento, en la prevalencia de intereses políticos y económicos inscritos en los planes de desarrollo de las administraciones de turno sobre los planes de largo plazo planteados en los instrumentos de ordenamiento territorial, además del desequilibrio entre la formulación de planes de desarrollo consecuentes en tres niveles (la nación, el departamento y los municipios) y planes de ordenamiento físico formulados sólo al nivel municipal, dada la imposibilidad de la definición de unas directrices de ordenamiento departamental sobre las cuales formular los planes municipales.

Todo lo anterior hace que la práctica de la planeación del hábitat se vea fragmentada, dando como resultado que lo social, lo económico, lo cultural y lo institucional va por un lado y el ordenamiento físico va detrás, afectando acuerdos, procesos de participación, escenarios de largo plazo, apuestas colectivas, entre otros y dificultando los fines de la planeación. Por esto, si se pretende lograr la integración del concepto de hábitat a la planeación urbana, debe iniciarse por entender conceptualmente que el proceso de planeación debe ser ante todo un proceso integral, en donde todo tiene que ver con todo, y que eso implica un cambio de pensamiento y un acomodamiento de las estructuras funcionales y administrativas.

Como parte de una posible solución a las problemáticas enunciadas y como lo plantea MARQUEZ (2010), “es importante que desde el nivel nacional se avance en la obligatoriedad de articular ambos instrumentos, pues tal como está previsto hoy, es casi que discrecional la observación de los POT por parte de los candidatos a alcalde y por lo tanto el resultado puede ser un PDM sin ninguna relación consciente con el POT”. Además debe avanzarse en la creación de las condiciones necesarias para asegurar la activa participación ciudadana en la construcción de los dos instrumentos mencionados, y por último es necesario que en el nivel nacional se logre avanzar en la expedición de la Ley Orgánica de Ordenamiento Territorial LOOT, como instrumento fundamental para organizar jurídicamente el sistema de planeación y la articulación entre la Ley 152 de 1994 y la Ley 388 de 1997.


[1] Los planes de ordenamiento del territorio se denominarán (ley 388 de 1997): a) Planes de ordenamiento territorial: elaborados y adoptados por las autoridades de los distritos y municipios con población superior a los 100.000 habitantes; b) Planes básicos de ordenamiento territorial: elaborados y adoptados por las autoridades de los municipios con población entre 30.000 y 100.000 habitantes;c) Esquemas de ordenamiento territorial: elaborados y adoptados por las autoridades de los municipios con población inferior a los 30.000 habitantes.

BIBLIOGRAFÍA

MARQUEZ, Duque Luis Felipe. HÁBITAT Y PLANIFICACIÓN URBANA. Maestría en Hábitat. Universidad Nacional de Colombia, sede Manizales. Manizales, 2010.

CASTELLS, Manuel. LA CUESTIÓN URBANA. Siglo veintiuno editores S.A. Madrid España, 1974.

LEY 388 DE 199(Julio 18). Diario Oficial No. 43.091, de  24 de julio de 1997
Por la cual se modifica la Ley 9ª de 1989, y la Ley 3ª de 1991 y se dictan otras disposiciones.
LEY 152 DE 1994 (Julio 15). Diario Oficial No. 41.450 del 19 de julio de 1994
Por la cual se establece la Ley Orgánica del Plan de Desarrollo

ORDENAMIENTO TERRITORIAL Y JUSTICIA SOCIAL

Por: Andrés Felipe Grisales Sánchez

Ingeniero Civil

Estudiante Maestría en Medio Ambiente y Desarrollo

Universidad Nacional de Colombia – Sede Manizales

Teniendo en cuenta que los asentamientos humanos surgen y cambian de manera espontánea, podemos preguntarnos ¿como ordenamos lo espontáneo? Sin embargo, el hecho de tratar de planificar el uso de la tierra es una tarea que debe realizarse, pues de no efectuarse estaríamos exponiendo a la sociedad actual y futura a consecuencias desastrosas tales como la destrucción de ecosistemas valiosos y el agotamiento de los recursos de la tierra entre otros.

En nuestros territorios tanto urbanos como rurales podemos encontrar frecuentemente viviendas o asentamientos construidos en áreas donde supuestamente no se puede construir debido a la vocación del uso del suelo o a que están en zona de alto riesgo de derrumbes o inundaciones, ¿porque sucede esto?, en general es por la necesidad de las personas sin casa y por el aprovechamiento de algunas otras personas que conociendo las necesidades de vivienda por un lado y los bajos precios de terrenos ubicados en zonas de riesgo utilizan sus conocimientos y recursos para construir y ofrecer viviendas en estos lugares. Es asi como podemos ver en algunos pueblos y ciudades de nuestro país como, por ejemplo, aun piensan en construir barrios o urbanizaciones en sitios que han sido anegados en inundaciones provocadas por inviernos anteriores, en zonas inestables o en zonas donde los servicios públicos básicos (energía eléctrica, agua y saneamiento) no están asegurados.

El ordenamiento territorial entonces es imprescindible pero debe ser evaluado y replanteado constante y periódicamente. Ahora bien, también podemos tomar la ordenación del territorio como una herramienta poderosa y fundamental para alcanzar y mantener una justicia social. Como lo menciona David Harvey (1977): “El problema geográfico consiste en idear una forma de organización espacial que maximice las posibilidades de las regiones menos afortunadas”. De esta afirmación podemos preguntarnos si la actual organización de nuestros territorios a nivel de los municipios o departamentos está enfocada a maximizar las posibilidades de los sectores, barrios o municipios menos afortunados o si esta organización fue y es planteada con criterios distintos a los socialmente justos para hacer la determinación de los limites de los territorios o para la asignación de recursos entre ellos.

En un primer vistazo podríamos decir que muy por el contrario a lo afirmado, el ordenamiento territorial en el país se realiza tratando de maximizar las posibilidades de las regiones, territorios, barrios o comunidades más afortunadas y teniendo en segundo lugar el desarrollo de las menos. Esto se vuelve más evidente al recordar que una determinada política de ordenación puede beneficiar fuertemente el valor del suelo, y sobretodo teniendo en cuenta que el suelo y las mejoras realizadas en él son, en la economía capitalista, mercancía, y no una mercancía normal sino una que tiene características muy especiales, tales como el hecho de que el suelo y sus mejoras no pueden ser trasladados de un sitio a otro a voluntad y esto lo hace muy diferente a otras mercancías como los electrodomésticos y los automóviles, y también el hecho de que ninguna persona pueda prescindir de él, pues nadie puede vivir o trabajar sin ocupar un espacio.

Un gran ejemplo de ordenación del territorio sin poseer un medio socialmente justo de determinación de los límites de los territorios fue la separación del viejo caldas en 1966.

Mapa del Viejo Caldas

Fuente: http://redalyc.uaemex.mx/redalyc/html/833/83308004/83308004.html

 

Otro aspecto muy importante que se tiene en cuenta en el ordenamiento territorial pero no con la importancia que se debe, son las áreas rurales y estas zonas pueden llegar a ser de mayor relevancia que las urbanas considerando que de allí es que provienen la mayoría de alimentos de la región y que como dice Henri Lefebvre (1973): “La comunidad rural se mantiene, se defiende, desaparece o se reconstituye bajo modos de producción muy diferentes: esclavista, feudal, capitalista, socialista. Persiste mas o menos viva, en ascensión o disolución, desde los tiempos más remotos hasta nuestros días; ciertamente no extraña a las vicisitudes de la historia y las transformaciones económico-políticas, pero con vida e historia propias”. Esto nos permite recordar que podemos tener área urbana con área rural pero difícilmente por no decir imposible un área urbana solamente.

 

En conclusión, el llamado y la reflexión del presente artículo es a desarrollar un planteamiento de ordenamiento territorial tomando como criterio primordial el bienestar social general y la maximización de los beneficios en las comunidades menos afortunadas, y a ordenar también lo rural en el mismo sentido.

REFERENCIAS:

–  DAVID, Harvey. Urbanismo y desigualdad social. Siglo XXI editores S.A. España. 1979.

–  HENRI, Lefebvre. De lo Rural a lo Urbano. Ediciones Anthropos. 1973.

http://redalyc.uaemex.mx/redalyc/html/833/83308004/83308004.html

 

 

 

 

Mirada al ordenamiento territorial en Colombia

Por: Dalia Nuit Roncancio Rubio

Bióloga

Estudiante Maestría en Medio Ambiente y Desarrollo

Universidad Nacional de Colombia

Las tragedias ocurridas en los últimos dos años en el país por culpa del fenómeno de La Niña dejan en evidencia el mal manejo del territorio en Colombia. Los miles de millones en pérdidas económicas, las millones de personas damnificadas y los millones de hectáreas perdidas, son algunos de los daños que deja el paso de este fenómeno macroclimático en el país.

Es claro que se debe replantear una nueva estrategia de ordenamiento territorial en Colombia, con miras a una recuperación de los ecosistemas afectados, pues las inundaciones ocurridas en la Costa Caribe y la zona Andina son muestra de la errónea planificación que se ha venido gestando sobre el territorio; debido a que se han construido ciudades en zona de ladera o sobre pantanos y humedales, bosques convertidos en potreros, cultivos en grandes pendientes y sin sombrío (Carrizosa, 2011*).

Además se han construido diques y se han desecado miles de hectáreas de humedales y ciénagas, quitándoles a los ríos los “dobladillos” que les permiten crecer sin consecuencias desastrosas; se han desplazado comunidades obligándolas a “urbanizarse” y a ocupar porciones del territorio que pertenecen al agua. Al territorio se le han impuesto megaproyectos y grandes obras de infraestructura que para nada consultan ni las dinámicas de la naturaleza ni los intereses de las comunidades locales (Wilches-Chaux, 2011*).

Debido a esta problemática ahora evidente en el país, se deben buscar soluciones que sean de largo plazo, para evitar nuevamente tragedias de cualquier índole y recuperar los ecosistemas como ciénagas, humedales, bosques de rivera y bosques andinos necesarios para la amortiguación de largos periodos de lluvia y eventos climáticos y macroclimáticos severos como el Fenómeno de la Niña que afectan el territorio nacional.

Es por eso que coincido completamente con lo planteado por Carrizosa en un artículo desarrollado por el periódico El Espectador* en el cual esté plantea que “esta situación no se puede mejorar con soluciones simples; la reconstrucción debería empezar por una rehabilitación ecológica del territorio, seguida por modificaciones en la red de ciudades, ambas cosas acompañadas y apoyadas en inversiones importantes en investigación y formación ambiental. La rehabilitación de los ecosistemas afectados en las regiones Andina y Caribe no es una tarea sencilla ni barata”.

También Wilches-Chaux, plantea que la solución puede ser “reconocerles a las comunidades de las regiones el derecho a participar eficazmente en las decisiones que las afectan. Fortalecer las estrategias surgidas desde la base social y elevarlas a políticas públicas. O por lo menos no obstaculizarlas ni destruir la base ecológica y cultural. Reconocer que la biodiversidad ecológica y cultural de la región es su principal recurso para la adaptación al cambio climático que las afecta”.

Marino propone que “abría que plantearse proyectos urgentes como la reubicación de poblaciones en riesgo, los cinturones verdes alrededor de las ciudades, el apoyo a la seguridad alimentaria, la defensa de los páramos, el reforzamiento del monitoreo, controles y sanciones a las extracciones de recursos y proyectos de infraestructura” ya que estos también en gran medida están afectando él territorio. “La reorganización de las capacidades institucionales y su articulación con las instituciones académicas, organismos sectoriales y regionales (las reformas de las CAR)”; ya que estos en algunas regiones han perdido su potestad y se han convertido en organizaciones que le apuestan el mejor postor.

Se espera que con lo ocurrido en los anteriores años y las consecuencias que ya conocemos, se tomen medidas drásticas y que el nuevo plan de ordenamiento territorial del país se tome en serio, y tenga en cuenta todos los problemas que surgen por un mal manejo del territorio y los costos tan altos sean económicos, sociales y ambientales que acarrean, debido a una mala decisión del gobierno nacional, departamental y local.

Referencia

*El Espectador. 2011. 10 ideas para reconstruir a Colombia. http://www.elespectador.com/noticias/nacional/articulo-285708-10-ideas-reconstruir-colombia. visto el 19 de Julio de 2011.

LA ORDENACIÓN TERRITORIAL DE LA CUENCA RESPUESTA A LA CRISIS

Sara Ivone Marín

Trabajadora Social

Estudiante de la Maestría en Medio Ambiente y Desarrollo.

El ser humano en el transcurso del tiempo se ha apropiado del territorio para la satisfacción de las necesidades de subsistencia como especie, así mismo le ha asignado una connotación simbólica, dándole sentido y significado a su relación interdependiente con el espacio, el cual ha habitado y transformado a su propio beneficio y ha configurado sus prácticas sociales, económicas y culturales.

Según CHAVES (2001) “el territorio es el espacio físico, histórico y relacional donde una población disfruta y re-crea su vida de acuerdo con sus referentes culturales, realizando actividades políticas, económicas, sociales y culturales”.

El territorio ha representado un espacio de reproducción humana, poseedor de los bienes y servicios ambientales, como generador de condiciones de desarrollo. En tal sentido, la acción humana sobre el territorio ha producido deterioros significativos sobre los ecosistemas geoestratégicos con prácticas extractivas que han alterado la capacidad de autoabastecimiento y poniendo en riesgo la sostenibilidad del territorio para las generaciones futuras.

 

Fuente: http://ecobodhi.org/guide/meditation/

Sobre la especie humana está la tarea de repensar su forma de habitar el territorio y cambiar su acción colectiva sobre el medio ambiente, donde se pueda visionar un nuevo horizonte  para cualquier forma de vida y su medio, especialmente sobre el territorio cuyo potencial es el patrimonio hídrico como lo es la cuenca hidrográfica, que ésta notablemente afectada por los procesos de urbanización e industrialización, el aumento de la población, el manejo insostenible de la riqueza natural fundamentalmente las fuentes hídricas que posee y ofrece la cuenca hidrográfica.

Frente a este panorama, las administraciones gubernamentales, los entes territoriales, las organizaciones no gubernamentales, las comunidades en concordancia a las directrices normativas han planteado una estrategia de planeación y ordenamiento territorial para encausar acciones integrales para mitigar y conservar dichos espacios territoriales de interés colectivo.

El ordenamiento territorial, es instrumento fundamental para generar cambios significativos sobre la cuenca hidrográfica, mediante de una visión integral del territorio se puede establecer una estrategia de acción materializada en la formulación y ejecución de proyectos que buscan satisfacer las necesidades colectivas de los pobladores y el equilibrio interactivo del medio ambiente. Es decir, el ordenamiento del territorio crea las condiciones básicas que sustentan las acciones para el desarrollo medio ambiental de una región.

“Al hablar de ordenamiento ambiental territorial, se está hablando de la prevención, identificación y corrección de conflictos y/o problemas de orden socioeconómico- territorial, a fin de mejorar la calidad de vida de la población y conservar el medio natural; del establecimiento de mecanismos que orienten la posición de los miembros de la sociedad en relación con el ambiente y la calidad de vida; de la promoción de la participación de las organizaciones sociales en el proceso de definición de acciones e intervención sobre el territorio; de la organización de la estructura institucional, administrativa y legal adecuada para la gestión del proceso de planificación territorial y administración estatal y de la definición de las acciones necesarias para proteger o recuperar áreas de valor ambiental estratégico o con riesgos naturales, en razón de su valor ecológico o social”.

Es así que la ordenación territorial de una cuenca hidrográfica se presenta como una oportunidad por un lado de construcción social del territorio, de reconocer la importancia de un ecosistema estratégico para el desarrollo de un grupo poblacional y por el otro lado como una forma de armonizar las interrelaciones entre el ser humano-el medio natural-la cultura.

Es así, que se destaca en la planificación de cuencas  que “La gestión ambiental territorial introduce tres elementos principales: La construcción social del territorio, la planificación participativa y la estructuración de la inversión ambiental local y territorial”. Asumir el proceso de gestión sostenible  de una cuenca debe concebir dicha gestión como un proceso dinámico y complejo en el que intervienen diversos factores sociales, políticos, administrativos, económicos, institucionales.

Acorde con la normatividad ambiental (Decreto 1729 del 2002) las cuencas hidrográficas del país deben estar cobijadas por un Plan de Ordenación y Manejo Ambiental, el cual plantea la jerarquía normativa superior de los Planes de Ordenación y Manejo Ambiental (POMA) prima sobre los Planes de Ordenamiento Territorial (POT). Sin embargo, en el proceso de materialización y puesta en marcha de estos instrumentos de planificación no se tiene en cuenta esta condición jerárquica, puesto que la visión fragmentada del territorio de las autoridades gubernamentales no permite sobredimensionar los límites político administrativo y reconocer la interdependencia de los problemas ambientales de las cuencas.

Bibliografía

CHAVES, Jairo Luis. (2001). La Cartografía Social, Un Procedimiento para la planeación participativa en el nivel local. Santiago de Cali.

COLOMBIA, Ministerio  de medio ambiente y desarrollo territorial.Decreto 1729 del 2002.

Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales IDEAM, (2004). Guía Técnico Científica para la Ordenación y Manejo de Cuencas. Bogotá, D.C.

Observatorio Ambiental de Bogotá del Sistema Ambiental del Distrito Capital (SIAC). Territorios, ambiente y participación  En: http://observatorio.dama.gov.co.