Archivo mensual: noviembre 2011

LA SOCIEDAD DEL CONOCIMIENTO EN LOS PROCESOS DE TRANSFORMACIÓN DEL HÁBITAT

Por: Juan Carlos Marín Villegas

Estudiante Maestría en Medio Ambiente y Desarrollo

La crisis ambiental contemporánea, con asentamientos urbanos como principal hábitat del hombre, ya no precisa solamente de soluciones para el tema de la salubridad, como en la ciudad industrial, o de la función o el confort como en la urbe moderna, sino que comprende una necesaria preocupación por las condiciones del medio natural y construido, por la obtención del bienestar humano y por el acceso equitativo a los recursos y a los beneficios obtenidos de ellos. La posibilidad de alcanzar este equilibrio se encuentra basada en las formas de relación ecosistema-cultura. En este sentido, los avances científicos de los últimos años, constructores de una nueva sociedad -la sociedad del conocimiento-, se constituyen como soporte de las nuevas formas de relación social y de transformación productiva del espacio.

Lo ambiental como realidad englobante de las comprendidas en el hábitat, es “el campo de la realidad en el cual se establecen y definen interacciones entre las esferas de la naturaleza y la sociedad” (Fernández, 2000:3). El hábitat humano puede entenderse como un sistema vivo y por lo tanto complejo de interrelaciones, en el que se desarrollan procesos de construcción material y simbólica a distintas escalas, entre las estructuras sociales y las estructuras físicas. Según Fique (2008:120), “Los procesos de apropiación y transformación del medio físico (natural y construido), mediante los cuales se configura un hábitat, tienen un carácter productivo”. La resolución de la interacción sociedad-espacio, entendida de esta manera, es un proceso productivo de hábitat, que según el mismo autor  “es el conjunto de acciones y retroacciones -materiales y simbólicas- desarrolladas en unos contextos específicos, entre numerosos y diversos agentes para el desarrollo o consecución y utilización de los recursos necesarios para la gestión, planeación, producción, distribución, uso, mantenimiento y/o transformación del medio físico.”

Como se advertía, en el hábitat se desarrollan procesos de producción material y simbólica. Simonds (1958), citado por Fique (2008), ya había propuesto distinguir entre, por un lado, una acción humana sobre el medio y, por otro, una acción simbólica sobre el ser humano. El interés del presente documento es analizar, de manera general, algunas de las repercusiones de la configuración de la sociedad del conocimiento en los procesos productivos del hábitat, principalmente en los concernientes a la transformación social del espacio, tomando como caso específico a  la ciudad-región de Manizales.

La sociedad del conocimiento es considerada como la tercera revolución tecnológica del capitalismo. Según Borja y Castells (1997:21), citados por Acebedo (2010), “Las ciudades y sociedades de todo el mundo están experimentando en este fin de siglo XX una profunda transformación histórica cultural. En el centro de dicha transformación se halla una revolución tecnológica, organizada en torno a las tecnologías de información. Basándose en la nueva infraestructura tecnológica, el proceso de globalización de la economía y la comunicación ha cambiado nuestras formas de producir, consumir, gestionar, informar y pensar.”

Las tecnologías de la información y la comunicación estructuran la aparición de la ciudad informacional, interconectada con el resto del mundo para la prestación de servicios, a través de sistemas tecnológicos avanzados, lo que las lleva a asumir roles dentro de las nuevas jerarquías urbanas y metropolitanas. El territorio pierde importancia y sólo se encuentran transformaciones espaciales, procesos productivos materiales de hábitat, en los nodos del sistema informacional. En este sentido, para el caso de Manizales, la posición asumida en los últimos años es la de prestador de servicios informacionales poco avanzados como los call centers, basados principalmente en mano de obra poco calificada y de bajo coste. La oferta de este tipo de servicios se realiza en grandes edificios conectados por redes de comunicación informacional.

Bajo la premisa de la competitividad, otro de los papeles asumidos por la ciudad es el de ser productor de materias primas, basado en los recursos naturales de que dispone el territorio. Para esto se dio prioridad a la construcción de infraestructura física que garantice la concreción de una economía principalmente exportadora (Aero palestina, autopista del café). Todo esto acompañado por el estímulo a la inversión extranjera. Estas políticas descritas se encuentran enmarcadas en la concepción exógena  de la gestión del territorio- hábitat urbano, visión que según Acebedo (2010:25), consiste “en entender la sociedad del conocimiento como un paradigma tecno científico basado en la competitividad y el libre mercado (…)”. Se trata entonces de acciones que no alcanzan a permear los distintos niveles del hábitat y que persiguen la inclusión en el sistema global bajo el cumplimiento de ciertos estándares impuestos como soluciones universales.

Surge entonces otra manera de abordar la sociedad del conocimiento, la visión endógena, fundamentada en “el valor del territorio como objeto y sujeto en la  generación de conocimientos e innovación (…)” Acebedo (2010:25).  Esta concepción reconoce la cooperación en lugar de la competitividad, el aprendizaje colectivo como manera de alcanzar el desarrollo humano, las potencialidades particulares de los territorios así como su autonomía.

La ciudad de Manizales, inmersa en la Ecoregión del Eje Cafetero, posee cualidades que podrían permitir la construcción de procesos productivos de hábitat, enmarcados en la visión endógena como alternativa a la concepción exógena que ha preponderado en su gestión político-económica. El aprovechamiento de las condiciones complementarias de las ciudades y el territorio de la Ecoregión, la articulación de las universidades en los procesos de innovación tecnológica para la resolución de los problemas de la industria local, el uso de las tecnologías de la información y comunicación (TIC’s) para la formación académica de la población, así como la implementación de sistemas de transporte avanzados, pero consecuentes con las condiciones socioculturales de los habitantes, (recordando con esto al fracaso del famoso Sistema de Transporte Integrado de Manizales, “TIM”), son apenas algunas de las políticas que podrían asegurar mejores condiciones de vida para quienes habitan la ciudad, y en todo caso redundar en un mejor tratamiento del medio natural y construido.

Bibliografía

FERNANDEZ, Roberto. (2000). La ciudad Verde. Teoría de la Gestión ambiental urbana. Buenos Aires: Espacio Editorial.

FIQUE, Pinto Luis. (2008). hábitat: hacia un modelo de comprensión. En Pensando en Clave de Hábitat: una búsqueda por algo más que un techo. Pp 102-129. Universidad Nacional de Colombia, Sede Bogotá.

ACEBEDO, Luis Fernando. (2010). El concepto de territorio y el tránsito de la sociedad industrial a la sociedad del conocimiento. En cuadernos de clase nº 01-03, elementos para una teoría del desarrollo territorial. Pp. 10-29. Maestría en desarrollo regional y planificación territorial, Universidad Autónoma de Manizales.

Retos para consolidar territorios del Conocimiento

Sara Ivone Marín Castro

Trabajadora Social
Estudiante de Maestría en Medio Ambiente y Desarrollo
Universidad Nacional de Colombia sede Manizales

Fuente: http://blog.comfia.net/sap. Consultada 28 de Noviembre 2011.

Las urbes contemporáneas están insertas en las tensiones del desarrollo científico y tecnológico, que plantean nuevos caminos, nuevas visiones que configuran las sociedades y sus relaciones con el territorio.

El auge del crecimiento desmedido, la globalización económica y la hibridación cultural, ha puesto en escena el conocimiento, la tecnología y la innovación, elementos fundamentales para aumentar la producción, el capital financiero y humano de un territorio. Es por ello que la definición de contenidos en torno al conocimiento, la tecnología y la innovación, resultan cada vez más definitivos a la hora de precisar las líneas de acción de los instrumentos de planificación de la política pública  en los diferentes entes gubernamentales. El país no puede seguir ajeno a este panorama; los retos y desafíos son cada vez más son inminentes.

Al respecto argumenta Duque (2011):

“…De ahí que las posibilidades y consecuencias de la creación del conocimiento y de su aplicación como asuntos que dependen de las relaciones sociales de producción, obliguen a pensar en el papel del Estado colombiano y en el rol nuestro como ciudadanos en el marco de una sociedad del conocimiento como la que se desarrolla en los tiempos actuales, a pesar de las asimetrías entre las diferentes ecorregiones de la Patria y para las cuales urge priorizar la formación de capital social sobre el crecimiento económico, dado que el mercado ha terminado por deshumanizar la economía y fraccionar esta sociedad, y la tecnología por atropellar el medio ambiente”.

Entre las asimetrías divulgadas por el modelo de desarrollo imperante, son los actores (Empresa, Estado, Universidad y Sociedad Civil) los  articuladores de una visión caleidoscópica de la realidad, quienes posibilitan construir territorio del conocimiento. Sin embargo,  la complejidad de las relaciones que se tejen entre estos actores y la dinámica implícita de la ciudad, han estructurado visiones exógenas que imponen la homogenización del conocimiento entendido como mercancía.

Esta forma de concebir el conocimiento ha permeado las relaciones sociales, especialmente las de producción, cuyo fin es insertarse en las carreras de la competitividad para mejorar las condiciones de calidad de vida y traer “progreso” a la población.

Bajo el lema de generar “progreso” a una región como la del Eje Cafetero, cuyo potencial agroindustrial,  ecosistémico, turístico, tecnológico e innovador, es innegable, las ciudades se han concentrado en lograr incrementos al PIB del país, pero a costa de comprometer la sustentabilidad humana, social, cultural y ambiental de la región. Esta realidad se ve reflejada en los impactos negativos generados sobre el medio ecosistémico especialmente sobre las cuencas hidrográficas, cuya fragilidad ambiental está poniendo en riesgo asuntos tan básicos como la satisfacción de las necesidades humanas y su gestión gubernamental.

Con el afán de responder a las dinámicas competitivas de los mercados, los tres departamentos que integran la Ecoregión Eje Cafetero, han insertado en sus líneas de deseo (instrumentos de planificación) como plantea Acebedo (2011) unas orientaciones gubernamentales reflejadas en programas, proyectos y recursos que logren posicionar cada uno de los entes territoriales a las nuevas demandas económicas aunque no respondan a las realidades locales y endógenas, en este sentido, Acebedo (2011) construye las siguientes tendencias:

“1. Atracción de capitales extranjeros como base para la financiación de proyectos estratégicos.

2. Énfasis en “economía exportadora” para una producción de mediana o baja tecnología.

3. Bajas inversiones en CT&i, orientadas a “modernizar” el aparato productivo local, principalmente.

4. Lento desarrollo de cadenas productivas agroindustriales.

5. Lento avance de infraestructuras viales regionales y nacionales.

6. La construcción de Región a partir de los macroproyectos”.

El reto es sin duda, superar la visión fragmentada, ajena  y  atomizada del territorio, para interiorizar y poner en práctica los fundamentos del territorio del conocimiento planteados por  Acebedo (2011): la consolidación del territorio a partir de los tangible e intangible, entendiendo su complejidad caleidoscópica, cuyos límites ético-políticos se basen en el interés público y colectivo, partiendo del todo sin desconocer las partes y cuyo sistema territorial parta de la región como unidad base de análisis, impulsado por la asociatividad y el aprendizaje colectivo.

Bibliográfica

ACEBEDO, Luis Fernando (2011) Territorios del Conocimiento en la Ecoregión Eje Cafetero. Calidoscopio a partir de tres espejos de representación: Sociedad – Espacio – Conocimiento. Tesis para optar el título de Doctor en Urbanismo, Universidad Central de Venezuela.

DUQUE, Gonzalo (2011). Planes departamentales de CT&I. Circular RAC 627.

Observación Astronómico de Manizales. En:  http://www.bdigital.unal.edu.co/4693/1/gonzaloduqueescobar.201163.pdf

LA CULTURA REGIONAL COMO INGREDIENTE FUNDAMENTAL DE LOS TERRITORIOS DEL CONOCIMIENTO

Por: Andrés Felipe Grisales Sánchez

Estudiante Maestría en Medio Ambiente y Desarrollo
Universidad Nacional de Colombia – Sede Manizales

En un tiempo en el que los límites que permiten la interrelación entre las personas ya no son como antes, es decir, no son geográficos, estas personas se enfrentan a otras barreras muy aparte del hecho de poder ir a un lugar determinado o comunicarse con una persona o entidad. Dichas barreras pueden ser económicas, sociales o culturales, pero lo que si es posible decir es que de ningún modo son tecnológicas. Este hecho de tener más posibilidades tecnológicas en la actualidad nos brinda mayores herramientas para actuar, trabajar, entretenernos y en general vivir.

El municipio, la región o el país en el que vivimos es un lugar de potencialidades inmensas si logramos utilizar y aprovechar los avances tecnológicos y científicos actuales. Lo que requerimos es conocernos a nosotros mismos, conocer nuestras fortalezas naturales y tener conciencia de nuestras debilidades también, para poder planificar sensatamente nuestra región.  Los asuntos económicos, políticos y sociales a nivel nacional e internacional deben tenerse en cuenta por supuesto, pero lo que no se debe dejar olvidar es tener como objetivo primario lo local y después lo externo o global.

Teniendo en cuenta que la ciudad o el territorio se puede asimilar a un sistema u organismo complejo, compuesto por muchos y variados organismos  más pequeños, y que de igual forma hace parte, junto con otros sistemas, de un sistema mucho mayor, podemos verificar así que para el sostenimiento adecuado del territorio se  requerirá tener en cuenta todo lo que ocurre a nivel de los territorios mayores y menores. Por ejemplo, si lo que nos preocupa es el desarrollo o el sostenimiento de nuestra ciudad, debemos estar atentos a lo que ofrecen y demandan nuestros barrios y comunas y a la vez examinar lo que se ofrece y se  demanda en nuestro departamento, país o inclusive a nivel mundial. Esto es, observar e integrar el mundo entero, es un abordaje holístico del problema, es lo que buscan o deben buscar las ciudades o territorios actuales del conocimiento.

Aquellas ciudades que basan su economía y cultura en aquello que no es autóctono u originario de su región y que a la vez no generan una economía propia real, son ciudades sin cimientos firmes para su sostenibilidad.  Un territorio del conocimiento debe ser un territorio con conciencia no solo moral sino también económica, social y cultural. En nuestro país no observamos niveles aceptables de este tipo de conciencia, pues como ejemplo, nunca se dieron cuenta o nunca prestaron atención al hecho de que era urgente reordenar el territorio y fortalecer las vías urbano-regionales de tal forma que hubiera agilidad entre el campo y la ciudad como una de las herramientas indispensables para afrontar por lo menos dignamente los nuevos tratados de libre comercio.

Hablando ya de las fortalezas naturales de nuestra región habría que preguntarnos, ¿somos buenos en la agricultura, en la minería, en los servicios?, y sin lugar a dudas el producto que nos identifica es el café, no es sino decir de qué región estamos hablando: “región cafetera” y si esto no es suficiente mirémonos en un marco mundial, en donde Colombia se encuentra dentro de los países productores de café en el tercer lugar. Esto es una gran área de trabajo dentro del territorio del conocimiento a conformar, pero no es el único, considerando además que esta tierra es muy rica para producir los alimentos necesarios para nuestro propio sustento regional.

Nuestra región y cualquier región se aproximará a ser un territorio del conocimiento en la medida en que cooperen aquellos que hacen con los que saben, el gobierno con la academia, cuando se actúe con fuerza tanto para los asuntos externos (fuerza exógena) como para los internos (fuerza endógena).

Pensando el tema de región y observando alrededor del mundo vemos cómo en el momento existe un territorio ya conformado que se tambalea y en ocasiones se escuchan rumores de división, estoy hablando de la Unión Europea en donde los problemas económicos graves de algunos de sus países han puesto a meditar a muchos si en realidad todos los integrantes de esta unión sí son europeos, aunque lo parezcan porque se encuentran en el mismo continente.  Una reflexión a la que se llega es que existen países dentro de esta unión, con una cultura tan diferente que no parecen o no están por decirlo así, en la misma onda de los países más desarrollados de Europa (Alemania, Francia e Inglaterra). Teniendo en cuenta lo anterior podemos decir que los problemas de la “región” de Europa no son financieros, ni son geográficos, son más bien culturales.

Unión Europea                                                                     Región Eje Cafetero

El anterior ejemplo, nos hace caer en cuenta entonces que para desarrollar y sostener un territorio o ciudad del conocimiento en nuestra región, necesitamos además cambiar o mejorar la cultura de todos quienes vivimos en esta, nuestra región cafetera.

Los límites ya no son como antes, límites geográficos, son límites mentales.

REFERENCIAS:

LUZON Benedicto, José Luis, STADEL, Christoph, BORGES, Cesar.   Transformaciones regionales y urbanas en Europa y America Latina.  Publicacions Universitat de Barcelona. Barcelona. 2003.

La planificación de escala intermedia o ¿La dictadura del territorio?

Por: Gonzalo Zuluaga López.

Estudiante de la Maestría en Medio Ambiente y Desarrollo

Piezas Intermedias de Planificación en Manizales. Fuente: Secretaría de Planeación de Manizales

Piezas Intermedias de Planificación -PIP- de Manizales. Fuente: Secretaría de Planeación de Manizales.

La Ley 388 del año 1997 fue creada con el fin de definir elementos de control y regulación para el ordenamiento del territorio municipal y distrital y con este fin se definieron un conjunto de acciones político-administrativas que desde la óptica de la concertación  y definición de planes de desarrollo buscan emprender acciones de planificación física, disponen de instrumentos normativos para regular y orientar el desarrollo del territorio local bajo su jurisdicción e implementan la utilización y  transformación del  espacio físico de cada unidad político-administrativa. De esta manera las entidades locales o distritales, deben implementar la creación de un Plan de Ordenamiento Territorial (POT), de acuerdo con  sus potenciales morfológicos y de desarrollo socio-económico, en armonía con el medio ambiente y las tradiciones históricas y culturales.

La ley implementó instrumentos de planificación de escala intermedia que son complementarios del Plan de Ordenamiento Territorial (POT), buscando dar una visión más integral para la gestión del territorio, tanto urbano como rural de la unidad municipal, ya que en esta escala de aproximación y de detalle se permite adelantar planes de gestión para hacer propuestas normativas y de uso del suelo facilitando la manera de poner en práctica los instrumentos de financiación requeridos que den soporte al planeamiento físico y garanticen el principio de reparto equitativo de cargas y beneficios.

La intensión de estructurar  por fracciones las distintas áreas del territorio urbano de las ciudades, es positiva desde la visión que busca adoptar como principio regulador la potencialización de las fortalezas y  definiciones urbanísticas existentes en las zonas y barrios  comprometidos dentro del área delimitada de la escala intermedia.   Pero muy contrariamente a las intensiones del mandato de la ley 388, se ha empezado a encontrar que la articulación y los mismos planes de gestión del suelo al interior de las piezas intermedias, producen lo que podría denominarse un “ruido blanco” que como en cualquier  proceso estocástico  se caracteriza por el hecho de que sus valores de medida se determinan en tiempos distintos y por tanto, no pueden guardar relación estadística, siendo proclive a arrojar valores de uso de suelo o necesidades por fuera de lo que realmente requiere la zona a intervenir,  porque los valores o las mediciones estadísticas no pueden mas que marcar dentro de sus distintos componentes la dicotomía de sus fracciones  de quien quiere forzar a clasificar o unir valores que por su naturaleza no son equiparables.

De esta manera como ha ocurrido en el caso especifico de Manizales, con el planteamiento de las PIP no se ha logrado otra cosa que forzar a la luz de las proyecciones y muy lejos de las encuestas, la definición  de normas que imponen escalas de uso, por fuera de las aspiraciones de sus habitantes, llegando incluso a la predicción de la pérdida del valor adquisitivo de los inmuebles. En este estado de cosas, la intervención de las escalas intermedias empiezan a convertirse, como ocurre con el caso de Manizales, en herramienta que fomenta la especulación del terreno.

El  planteamiento de equiparar cargas y beneficios, cuando las intensiones y condicionantes urbanas de sus distintos componentes son tan disimiles, hacen que la conjunción de estudios y diagnósticos, no sean nada más que simples estadísticas que serán aleatorias como ha sido el desarrollo de la estructura urbana de la Manizales de los años 1958 a 1975. Nada más que  en 17 años la estructura urbana de la zona oriental de la ciudad, y por fuera del llamado centro histórico, creció sin pretender articularse y mucho menos con la intensión de ser estructurante de un nuevo polo de desarrollo que tangencialmente se ha visto surgir en sus bordes, 35 años después de haberse consolidado como simples barrios.

El territorio  a la luz de las PIP se quiere hacer ver como una estructura habida de necesidades y  mas allá de solucionar problemas reales  como conectar la diversidad creada por los diversos  hitos urbanos, que son producto de la trashumancia de sus habitantes cada vez más dinámicos en sus necesidades urbanas y que a la luz de las nuevas normas, están quedando encerrados en sectores urbanos ya consolidados, sin las herramientas para crecer dentro de la estructura urbana ya consolidada, limitándose el crecimiento en altura y expulsando a los habitantes como en cualquier dictadura por fuera de sus limites.

Consideraciones sobre el Ordenamiento Territorial y los BARI

TACBOGYERA

Cerro alto donde se congregan los espíritus. BARI.

Las sociedades arcaicas duraron tanto tiempo porque ignoraban el ansia de innovar, de postrarse continuamente ante nuevos simulacros. (Cioran, 1993)

 Por: Efraím Quintero Manzano

Estudiante de la Maestría en Medio Ambiente y Desarrollo.
Universidad Nacional de Colombia, sede Manizales.

La ley de ordenamiento territorial (Ley 388 de 1997) se sustenta sobre cuatro componentes que fundamentan su propuesta hacia la función social y ecológica (Benavides, 2011):

 Reflexión integral sobre todos los aspectos de la realidad territorial;

  1. Construcción colectiva donde la participación fortalece el liderazgo institucional y convoca el compromiso de la sociedad civil;
  2. Visión prospectiva que trasciende los cambios de las administraciones municipales;
  3. Gestión que lleva a movilizar recursos financieros, responsables públicos y privados y procedimientos de gestión y viabilidad.

 En el orden de las administraciones municipales el ordenamiento  del territorio debería privilegiar el conocimiento mutuo entre el contenido y lo que lo contiene, que lleve a lograr reformulaciones de su territorio para llevar a consideraciones que prevean políticas de entendimiento con el componente social e igualmente priorizar situaciones que no solo lleven a conocer su contenido sino el de municipios aledaños. Políticas Comunes que permitan vislumbrar y buscar un fin común.

El interés de este artículo se encamina a considerar una cronología aplicable para la búsqueda de sustentación política del ordenamiento en las comunidades indígenas y lo que pasa precisamente con los Bari en el Norte de Santander. Lograr un acercamiento entre el ordenamiento oficial y lo que conjuga o se entiende en el concepto de ordenamiento para dicha comunidad indígena, eje del estudio planteado en artículos pasados sobre la cuestión indígena.

Para este propósito es necesario plantear una cronología que referencie lo sucedido desde la Ley de Reforma Urbana de 1989, siendo esta enlazadora de cuestiones planteadas anteriormente en la planeación en el país, con algunas consideraciones últimas manifestadas por Parques Nacionales.

En 1989, La Ley de Reforma Urbana o Ley 9 complementa los aspectos de ordenamiento urbano establecidos por el Código de Régimen Municipal, principalmente sobre los planes y reglamentos de usos del suelo y reserva de zonas para protección ambiental.

Seguidamente en 1991, con la Constitución Política se establece un nuevo orden territorial contenido en cinco componentes básicos:

a. Ordenamiento Político-Administrativo donde manifiesta en el articulo 288 la distribución de competencias entre la nación y entidades territoriales, en el articulo 307 la conversión de regiones en entidades territoriales y en el articulo 329 la conformación de entidades territoriales.

b. Ordenamiento del Desarrollo Municipal;

c. Ordenamiento Ambiental;

d. Desarrollo Regional Armónico;

e. Ordenamiento del Desarrollo Social Urbano y Rural.

Igualmente para este año de 1991, la Ley 21 reconoce y protege los valores y prácticas sociales, culturales, religiosas y espirituales de los pueblos indígenas.

Para 1993, se proclama La Ley Ambiental o Ley 99, como continuadora invariable de las categorías de ordenamiento ambiental del Código de Recursos Naturales Renovables, más se suman caracterizaciones importantes a la dimensión ambiental del ordenamiento territorial como la zonificación del uso del territorio para su apropiado ordenamiento ambiental, regulaciones nacionales sobre usos del suelo en lo concerniente a sus aspectos ambientales, pautas ambientales para el ordenamiento y manejo de cuencas hidrográficas y demás áreas de manejo especial, regulación ambiental de asentamientos humanos y actividades económicas y reglamentación de usos de áreas de parques nacionales naturales.

En este mismo año de 1993, se establece la Ley 70 que viene a reconocer el respeto a la integridad y la dignidad de la vida cultural de las comunidades negras. Elementos que igualmente fortalecen a todas las comunidades étnicas.

En 1994, se crea la Ley de Mecanismos de Participación Ciudadana o Ley 134, que aporta instrumentos que contribuyen al principio democrático y participativo del Ordenamiento Territorial, como: referendo, revocatoria del mandato, plebiscito, consulta popular, cabildo abierto, iniciativa popular legislativa y normativa.

 1994, viene a fortalecer la construcción de nuevos instrumentos que formalizan el ordenamiento nacional, se formula la Ley 136, Ley de Organización y Funcionamiento de los Municipios, asumiendo el mandato constitucional de ordenar el desarrollo de los territorios y promover la creación de asociaciones municipales para el desarrollo integral del territorio municipal. Otro elemento viene con la Ley 141 del Fondo Nacional de Regalías que va a establecer para los municipios los recursos derivados de explotaciones mineras para la promoción de la minería, la preservación del medio ambiente y la financiación de proyectos regionales. La Ley Orgánica del Plan de Desarrollo o Ley 152, que establece la obligatoriedad de los municipios para realizar planes de ordenamiento territorial. Para este mismo año de 1994, se establece la Ley de Reforma Agraria o Ley 160: viene a regular categorías de ordenamiento rural, relacionadas con las áreas de baldíos nacionales, zonas de colonización y zonas de reserva campesina. Ley esta que propicia confusión en el territorio Bari por la consiguiente ocupación y pérdida de terrenos.

En 1995, se pronuncia la Ley de Fronteras o Ley 191 que establece las bases para el ordenamiento de las áreas fronterizas, a partir de dos categorías espaciales: las unidades especiales de desarrollo fronterizo y las zonas de integración fronteriza.

 Ahora en 1997 se establecen dos leyes muy importantes que vienen a definir las subsiguientes políticas hacia el ordenamiento territorial y la valoración y fortalecimiento cultural de la nación. Ley 388 o Ley de Ordenamiento Territorial: Instrumenta el marco conceptual para formular y ejecutar planes municipales y distritales de ordenamiento territorial. Y la Ley 397 o Ley de Cultura, que define el patrimonio cultural de la Nación y establece la obligación del Estado y de las personas de valorar, proteger y difundir dicho patrimonio.

El Decreto 797 de mayo 6 de 1999, crea una “Comisión Intersectorial” para la redacción del proyecto de Ley Orgánica de Ordenamiento Territorial que defina conceptualmente el ordenamiento territorial. El Decreto establece entre sus miembros a representantes de las Comunidades Negras y las Comunidades Indígenas.

Para este mismo año de 1999, se presenta la Ley 507, la cual modifica la Ley 388/97: Ampliando el plazo máximo para la formulación y adopción de los planes y esquemas de ordenamiento territorial, establece la implementación de un plan de asistencia técnica y capacitación a los municipios sobre los procesos de formulación y articulación de los Planes de Ordenamiento Territorial y los Concejos municipales y distritales deberán realizar un cabildo abierto para el estudio y análisis de estos, sin perjuicio de los demás instrumentos legales de participación.

El Decreto 3600 de 2007, manifiesta elementos que benefician la protección y conservación en áreas rurales.

En junio de 2011, se aprueba la Ley 1454 o Ley Orgánica de Ordenamiento Territorial, donde se dictan algunas normativas: Promover el aumento de la capacidad de descentralización, planeación, gestión y administración de sus propios intereses para las entidades e instancias de integración territorial. Fomentar el traslado de competencias y poder de decisión de los órganos centrales o descentralizados del gobierno en el orden nacional hacia el nivel territorial pertinente, con la correspondiente asignación de recursos. Propiciar las condiciones para concertar políticas públicas entre la Nación y las entidades territoriales, con reconocimiento de la diversidad geográfica, histórica, económica, ambiental, étnica y cultural e identidad regional y nacional. Entre sus principios rectores establece la Multietnicidad.

Sobre Parques Nacionales Naturales de Colombia, en este 2011, en su informe al Congreso, plantea en su introducción lo siguiente: En el marco del Plan Nacional de Desarrollo 2010-2014 “Prosperidad para todos”, la gestión adelantada se ve reflejada en el capítulo denominado “Sostenibilidad Ambiental y Prevención del Riesgo”; el Programa “Gestión Ambiental Integrada y Compartida”; y la Línea estratégica “Biodiversidad y sus servicios ecosistémicos”. Plan de Acción 2011, que consta de tres metas generales; la primera agrupa cuatro actividades que responden a la Consolidación del Sistema Nacional de Áreas Protegidas a través de la implementación de las acciones estratégicas del CONPES 3680, la segunda contiene veinte actividades que contribuyen al Mejoramiento de la efectividad del manejo de las áreas del Sistema de Parques Nacionales Naturales; y la tercera, incluye dos actividades relacionadas con la Consolidación del Sistema Nacional de Áreas Protegidas a través de la incorporación de sitios prioritarios al Sistema de Parques Nacionales Naturales.

Parques Nacionales Naturales de Colombia

Referencias.

BENAVIDES López, Marco Antonio. 2011. El Ordenamiento Territorial. Presentación Power Point. Universidad Nacional.

CIORAN, E. M. 1993. Desgarradura. Montesinos. Tercer Mundo Editores. Bogotá.

GALVIS, R. Hortensia. 1995. Somos BARI. Editorial Presencia. Bogotá

PÁEZ Quintero, David Alonso. 2010. Mundo Bari, un pueblo que se niega a desaparecer.  Secretaria de Cultura Norte de Santander. Cúcuta.

http://www.bibliotecajuridica.com.co

http://www.parquesnacionales.gov.co