El Discurso del Desarrollo en los Procesos de Construcción del Riesgo

Por: Juan David Céspedes Restrepo
Administrador Ambiental
Estudiante Maestría en Hábitat
Universidad Nacional de Colombia -Sede Manizales-

De acuerdo con el Estudio Económico de América Latina y el Caribe publicado por la CEPAL (2011), las proyecciones para el 2011 anunciaban “una tasa de crecimiento del PIB regional del 4,7%, (…) y un aumento del 3,6% en el PIB por habitante” para Latinoamérica. Tal y como se presenta en dicho estudio, la proyección fue elaborada con base en la tendencia creciente que en términos generales, se ha observado en esta parte del continente durante los últimos 10 años1. En contraste, la Estrategia Internacional para la Reducción de Desastres [en adelante ISDR] (2010) ha identificado como zonas de concentración de riesgo de desastres los países de renta media y baja, lo que incluye la mayor parte de los países de América Latina; situación que ya había sido mencionada previamente por el Banco Mundial (2000) cuando afirmó que “el 97% de las muertes relacionados con los desastres naturales cada año ocurren en los países en desarrollo” [citado por Thomas, 2011].

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Municipio de La Virginia -Risaralda- Zona de la Madrevieja, antiguo Cauce del río Risaralda
Fuente: Desarrollo de una Red Neuronal Artificial -RNA- para el Estudio de los Factores Asociados a la Amenaza de Inundación en la Cuenca del Rio Cauca-Municipio de La Virginia- Grupo de Investigación en Gestión Ambiental Territorial -GAT-; Universidad Tecnológica de Pereira -UTP-.
 

En Colombia la situación se presenta de manera similar: conjuntamente con el incremento observado en indicadores -del desarrollo- como el PIB, PIB per cápita, e ingreso medio entre otros; se observa también un aumento considerable en la manifestación de los desastres y en las pérdidas asociadas a los mismos. Un claro ejemplo lo representan las cerca de 341.000 viviendas, 813 centros educativos y 751 vías, que fueron afectadas en 28 de los 32 departamentos del país como consecuencia de los deslizamientos y desbordamientos provocados por el fenómeno de La Niña en el año 20102 (Departamento Nacional de Planeación [DNP], 2011).

Ahora bien, según como se presenta el discurso del desarrollo, los avances que se realicen el pro de éste favorecen condiciones de crecimiento económico, social, político, e institucional, que dan lugar a escenarios favorables para el crecimiento cualitativo del individuo y de la comunidad, situación que finalmente se traduce en progreso para una sociedad determinada (Thomas, 2011). Esta concepción acentúa el carácter paradójico de los hechos expuestos al inicio de este articulo, especialmente si tomamos en cuenta que como explica Allan Lavell (n.d.) la vulnerabilidad (condición sine qua non para la manifestación de un desastre) se configura a partir de una “serie de características diferenciadas de la sociedad, o subconjuntos de la misma, que le predisponen a sufrir daños frente al impacto de un evento físico externo, y que dificultan su posterior recuperación”. Entendidas de esta manera, las características diferenciadas de la sociedad mencionadas por Lavell que predisponen a una comunidad para ser afectada por una amenaza, se encuentran en su mayoría directamente relacionadas con las capacidades de acceso -económico- de los hogares, la existencia de políticas adecuadas, y el fortalecimiento institucional frente a la gestión del riesgo de desastres, elementos que de acuerdo al discurso, se fortalecen cuando se presentan condiciones favorables de desarrollo.

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Barrio conformado por migrantes de la zona rural a la ciudad de Lima, Perú.
Fuente: http://pe.kalipedia.com/kalipediamedia/historia/media/200806/12/hisperu/20080612klphishpe_23_Ies_SCO.jpg
 

Bajo esta perspectiva resulta inconsistente hablar simultáneamente de un incremento en el desarrollo y en los desastres, dada la estrecha condición recíproca que existe entre ambos. Sin embargo, Arturo Escobar (2007) expone un argumento de gran valor frente al tema, cuando menciona en cuanto al origen histórico del discurso del desarrollo que “(…) la premisa básica era la creencia del papel de la modernización como única fuerza capaz de destruir supersticiones y relaciones arcaicas, sin importar el costo social, cultural y político. La industrialización y la urbanización eran consideradas rutas progresivas e inevitables hacia esta modernización”3. Esta premisa además de haber hecho parte del modelo de desarrollo que ha configurado el territorio durante las últimas décadas, aún sobrevive al interior del discurso, lo que puede evidenciarse en varias de las declaraciones realizadas por la Organización de las Naciones Unidas que señalan la importancia de fortalecer los procesos de crecimiento de las ciudades como medida indispensable en la búsqueda de la disminución de la pobreza, argumento que descansa sobre la afirmación de que “cerca de un 75% de las personas que viven por debajo del umbral internacional de pobreza de 1,25 dólares diarios residen y trabajan en el medio rural”(ISDR, 2009); argumento que carece de validez cuando se pretende realizar una aseveración de este tipo4.

 La consecuencia lógica de un discurso de desarrollo centrado en la necesidad de fortalecer los centros urbanos bajo la consideración del componente rural como “núcleo de acumulación de pobreza”, es la creación de imaginarios colectivos que impulsan a los habitantes de un territorio a migrar a todo costo hacia las ciudades, las cuales se convierten en quiméricos símbolos de progreso, bienestar y prosperidad. Esta dinámica, en lugar de disminuir las condiciones de riesgo a las cuales está expuesta una población, las acrecenta bajo dos consideraciones fundamentales:

En primer lugar, el incremento y concentración poblacional en áreas urbanas generado bajo el imaginario del crecimiento de la ciudad como bandera del desarrollo (y como consecuencia de la migración de la población rural), ocurre en la mayoría de los casos bajo situaciones precarias en lo que se refiere a tipologías, técnicas, materiales constructivos y acceso a servicios públicos domiciliarios. Esta situación se refuerza además por las limitaciones para el acceso equitativo al suelo urbano, que de manera concreta obliga a las comunidades migrantes a localizarse en zonas inadecuadas y potencialmente peligrosas.

En segundo lugar, el interés por acrecentar y densificar las ciudades obliga a la interrupción de las funciones naturales del territorio, lo que conduce a la deforestación y degradación de cuencas hidrográficas y laderas con un consecuente incremento en la probabilidad de que se manifiesten amenazas relacionadas con fenómenos de remoción en masa e inundaciones.

Ambas consideraciones evidencian que tal como afirma Georgina Calderón (2001) los desastres no son naturales ni ocurren de manera aleatoria, sino que en cambio representan la manifestación de condiciones de acceso desigual dentro de una sociedad. Dicha, condición se acentúa como consecuencia de la degradación del medio natural y la negación de los sistemas propios y naturales de adaptación, lo que genera nuevas condiciones de vulnerabilidad. El reconocimiento del riesgo como construcción social es indispensable para comprender las presiones que sobre la sociedad ejerce el modelo de desarrollo actual. Solo de esta forma será posible avanzar hacia procesos integrales de gestión del riesgo centrados en la reducción y prevención de condiciones de vulnerabilidad.

1 Esta tendencia creciente se observa no sólo en el Producto Interno Bruto -PIB-, sino también la tasa de ocupación -empleo-, salarios y productividad laboral; hechos que de acuerdo al estudio llevado a cabo por la CEPAL representan avances en materia de disminución de la pobreza.
 
2 De acuerdo  a la información difundida por los medios de comunicación, las pérdidas de dicho fenómeno se aproximan a los siete billones de pesos, sin contar el dinero que fue utilizado en la atención de las familias y ciudades damnificadas (RCN La Radio, 2011)
 
3 Un argumento similar es expuesto por Javier Enrique Thomas (2011) quien menciona que los cuatro fundamentos del discurso del desarrollo son: a) acumulación de capital (ahorro-inversión); b) industrialización- urbanización; c) planeación del desarrollo; y d) ayuda externa (endeudamiento).
 
4 Es un hecho bien conocido que el análisis de situaciones de pobreza en hogares rurales no puede reducirse únicamente a la capacidad financiera o monetaria de los mismos, dado que existen elementos no cuantificables bajo esta metodología que aportan al bienestar y calidad de vida; como es el caso de la producción para autoconsumo y el intercambio informal de productos y servicios, por mencionar algunos (Asociación ETC Andes, 2007). Esta complejidad obliga a hacer una diferenciación entre pobreza rural y urbana en  la manera como ambas son entendidas y medidas.
 

Bibliografía:

Calderón, Georgina. 2001. Construcción y Reconstrucción del Desastre. Ciudad de México: ediciones Plaza y Valdés.
 
Asociación Ecología, Tecnología y Cultura en los Andes, Fundación Ileia. 2007. Agricultura Sostenible: Ideas Básicas y Experiencias. Lima: Tarea Asociación Gráfica Educativa.
 
Departamento Nacional de Planeación. (2011). Bases del Plan Nacional de Desarrollo 2010-2014, Prosperidad para Todos [Versión digital .pdf]. Recuperado el 10 de abril de 2012, Departamento Nacional de Planeación, página web institucional: 
http://www.dnp.gov.co/LinkClick.aspx?fileticket=pWe6xuYO5b0%3d&tabid=1238
 
División de Desarrollo Económico, Comisión Económica para América Latina y el Caribe -CEPAL-. 2011. Estudio Económico de América Latina y el Caribe [Versión digital .pdf]. Naciones Unidas. Recuperado el 9 de abril de 2012; Comisión Económica para América Latina -CEPAL-, página web: http://www.eclac.org/cgi-bin/getProd.asp?xml=/publicaciones/xml/1/43991/P43991.xml &xsl=/de/tpl/p9f.xsl&base=/tpl/top-bottom.xsl
 
Escobar, Arturo. 2007. La Invención del Tercer Mundo Construcción y Deconstrucción del Desarrollo. Caracas: Fundación Editorial el Perro y la Rana.
 
Estrategia Internacional para la Reducción de Desastres –ISDR-. 2009. Informe de evaluación global sobre la reducción del riesgo de desastres 2009: Riesgo y pobreza en un clima cambiante; Invertir hoy para un mañana más seguro [Versión digital .pdf]. Naciones Unidas -ONU-. Recuperado el 5 de abril de 2012; Prevention Web, comunidad para la recolección y almacenamiento de información global sobre riesgos:
http://www.preventionweb.net/english/hyogo/gar/report/index.php?id=1130&pid:34&pih:2
 
Lavell, Allan. (n.d.). Sobre la Gestión del Riesgo: Apuntes hacía una Definición [versión digital .pdf]. Recuperado el 27 de marzo de 2012; Organización Panamericana de la Salud, Biblioteca Virtual de Desarrollo Sostenible y Salud Ambiental:
http://www.bvsde.paho.org/bvsacd/cd29/riesgo-apuntes.pdf
 
Pérdidas por la ola invernal van en $7 billones, según Fasecolda [Versión digital]. (2011, 26 de mayo). Recuperado el 5 de abril de 2012, RCN La Radio, página web de noticias y radio:
http://www.rcnradio.com/noticias/p-rdidas-por-la-ola-invernal-van-en-7-billones-seg-n-fasecolda/26-05-11
 
Thomas, Javier Enrique. 2011. Desarrollo y gestión social del riesgo: ¿una contradicción histórica? [versión digital .pdf]. Revista de Geografía Norte Grande; No. 48. pp. 133-157. Recuperado el 26 de marzo de 2012; Scientific Electronic Library Online-Scielo-, sitio web:
http://www.scielo.cl/pdf/rgeong/n48/art08.pdf

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