Archivo mensual: mayo 2012

LA DIVERSIDAD CULTURAL Y AMBIENTAL CLAVES EN EL TERRITORIO DEL CONOCIMIENTO DE LA ECORREGIÓN EJE CAFETERO

Por Williams Gilberto Jiménez García                                   Administrador Ambiental de la Universidad Tecnológica de Pereira. Estudiante de la Maestría en Hábitat de la Escuela de Arquitectura de la Universidad Nacional de Colombia, sede Manizales

Desde su génesis la ecorregión Eje Cafetero ha estado ligada a una estrategia de gestión ambiental, denominada Proyecto Colectivo Ambiental.     Este proyecto de integración se basa en la consolidación de Caldas, Quindío y Risaralda en territorios que articulan sus procesos de desarrollo con la base ambiental, a partir de las potencialidades que cada departamento posee, ya sea desde su ubicación geoestratégica y sus vocaciones comerciales, turísticas, educativas e industriales.

Es así, cómo desde una propuesta académica, se articulan las visiones prospectivas de los departamentos, para complementar las economías en un contexto histórico compartido, una base ambiental muy diversa, un desarrollo tecnológico y educativo (apoyado por cuatro universidades públicas) y, una cultura cafetera icónica que consolidó los procesos de identidad de esta región, representativos a escala nacional e internacional.

Los retos que afrontan los tres departamentos seguirán en la articulación y complementación (proceso en consenso aún) de las economías, uso apropiado de la naturaleza, el manejo de cuencas, la superación de problemas sociales como la violencia y el desempleo y, la revaloración y transmisión de la cultura de esta región. Para asumir estos retos, con el compromiso que requieren las próximas generaciones (y por qué no, las actuales) se han propuestos modelos de ciudad, región y territorio, entre los cuales encontramos los territorios del conocimiento[1], los que se abordaran como una propuesta de desarrollo endógeno en un contexto natural y cultural diverso.

La propuesta de un territorio del conocimiento en la Ecorregión Eje Cafetero

En la actualidad muchas ciudades se presentan como ciudades del conocimiento, o diseñan mecanismos de gestión para planificar su desarrollo estratégico con el fin de volverse territorios del conocimiento. Según Castell y Hall ((1994) citado por Acosta, 2011, pág. 33) “un territorio del conocimiento se puede entender como un medio creador e innovador conformado por un gran sistema de estructuras sociales, institucionales, organizativas, económicas y territoriales que crea condiciones para la generación continua de sinergias”, las cuales se presentan entre los diferentes agentes públicos, privados y las universidades de la ecorregión del eje cafetero (EEC)

El fin de la articulación entre los agentes y el entorno de las ciudades de la EEC, debe ser según Acosta (2011, pág. 33), “el desarrollo de nuevas industrias y de nuevos servicios que incorporan conocimiento y creatividad del más alto valor agregado, a partir del conocimiento generado en los sistemas de educación, ciencia y tecnología, a través de infraestructuras de investigación y desarrollo y, de la capacidad creadora de la respectiva cultura”.

En el caso de la EEC, es importante reflexionar sobre un liderazgo que consolide un territorio del conocimiento, que articule la investigación científica con las potencialidades que ofrece esta región, tales como la diversidad cultural y ambiental. En consecuencia, al reconocer al conocimiento como propio de cada cultura, se podría establecer que para garantizar la sustentabilidad del territorio del conocimiento en el tiempo, se debería enmarcar el desarrollo, según Acebedo (2010) en una visión endógena, es decir que tenga en cuenta los capitales (económicos, culturales, humanos, tecnológico, ambiental, etc) de la región y se proyecte a los mercados mundiales desde el interior hacia el exterior.

La perspectiva endógena que ofrece el territorio del conocimiento, según Acebedo (2010, pág. 26) “se fundamenta en el valor del territorio como objeto y sujeto en la generación de conocimientos e innovación. Esta relación de interdependencia e interacción le da al territorio una connotación dual entre objeto material que es transformado por la sociedad y sujeto generador de conocimiento y cultura, que a su vez contribuye a transformar las relaciones sociales”

El desarrollo de la EEC basado en el conocimiento puede fomentar la generación de empleo y la cualificación del mismo, la reconversión de los actuales procesos industriales contaminantes, la revaloración de los saberes tradicionales, el uso e investigación de la biodiversidad, la investigación asociada a las prácticas agroecológicas y el fomento de la biotecnología. Lo anterior, claro está, se logra incentivando una cultura de intercambio de conocimiento entre la red de universidades publicas (ALMA MATER), re-diseñando el espacio público de las ciudades, construyendo redes de las TIC’s[2], mejorando la infraestructura vial, propiciando espacios de reconocimiento cultural y consolidando confianza en el sector público-administrativo.

En este orden de ideas, Acebedo (2010) en su tesis doctoral diagnostica “las características espaciales y territoriales que tiene la EEC dentro del propósito de ser considerada como un territorio del conocimiento, y formular unas líneas estratégicas de actuación para avanzar en esa dirección desde una visión endógena y sinérgica”, para lo cual en el siguiente capitulo se abordará la temática desde la base cultural y ambiental de la EEC.

La base cultural y ambiental del territorio del conocimiento

Partiendo de la intención de fomentar una visión endógena de la EEC para la constitución del territorio del conocimiento, es necesario revisar en que sector se centraran los esfuerzos para generar un desarrollo científico. Para el presente articulo, se tomaran dos sectores, (la cultura y el contexto ambiental, sin excluir los demás sectores) y se analizaran a la luz de su importancia endógena y sinérgica.

La EEC es biodiversa, puesto que tiene un variado potencial de pisos térmicos, ecosistemas y culturas. En una misma región se pueden encontrar diversas zonas de vida, que van desde las zonas nivales en el Parque Nacional Natural de los Nevados, hasta las selvas tropicales del Chocó biogeográfico; además, en la región están las cuencas hidrográficas (arterias de Colombia) del Río Cauca y del Río Grande de La Magdalena; y también es posible identificar un sinnúmero de cultivos asociados a los pisos térmicos (donde el principal es el café) y a las culturas relacionadas con el cultivo (entre otros aspectos)

Lo anterior, permite evidenciar que se cuenta en la región con una variedad de posibilidades de investigación en el área ambiental y cultural. En la región se deben destacar esfuerzos como los realizados por la Facultad de Ciencias Ambientales de la Universidad Tecnológica de Pereira, la cual desde hace 20 años viene formando profesionales en el área de los Saberes Ambientales y, desarrollando procesos de investigación relacionados con la variabilidad genética de las especies, la agroecología, las interfaces rur-urbanas, la gestión ambiental empresarial, urbana, rural, hídrica y cultural, desde la óptica de las problemáticas ambientales.

A su vez, en la ciudad de Manizales se encuentra el Instituto de Estudios Ambientales –IDEA- de la Universidad Nacional de Colombia. Este instituto busca incentivar a través de la docencia, la investigación y la extensión, una mejor gestión política, científica y tecnológica en la solución de los problemas ambientales de la región. Por su parte en la ciudad de Armenia, se encuentra el Instituto de Investigación en Recursos Biológicos Alexander von Humboldt (IAvH), que tiene como función la investigación científica sobre biodiversidad para su uso sustentable en las áreas de la salud, desarrollo, agua y ecosistemas.

Así mismo, en el sistema cultural, se encuentra un proyecto de revaloración y visibilización de la cultura cafetera, reconocido por la UNESCO como Paisaje Cultural Cafetero (PCC). Esta iniciativa liderada por el ALMA MATER, reconoce la relación especial evidente en esta zona del país de su sustrato natural con las actividades humanas (relacionadas con la modificación o alteración de los elementos naturales) y las actividades productivas (relacionadas con el componente funcional de la economía, formas de vida, cultura).

El PCC ofrece un marco contextual que puede servir de referencia para la innovación y la tecnología asociada al conocimiento tradicional de los pobladores cafeteros, revalorando a partir de la investigación aplicada los saberes consuetudinarios y los mecanismos de adaptación de estas poblaciones al contexto ambiental actual. Se parte de apreciar la cultura cafetera, según ALMA MATER (2010), “desde la cohesión social, la belleza escénica, las actividades productivas, la protección a los recursos naturales y el uso racional del suelo”, para llegar a incentivar una cultura de aprendizaje colectivo y de difusión de conocimiento de todos los agentes (mencionados anteriormente), generando así, un escenario adecuado para la promoción del desarrollo endógeno basado en el conocimiento.

 A manera de conclusión

Las tres ciudades del eje cafetero (Armenia, Manizales y Pereira) deben unificar sus criterios de planeación hacia proyectos colectivos que generen identidad y reduzcan la duplicidad de esfuerzos, por ejemplo, el caso de la EEC como territorio del conocimiento, el ALMA MATER y el PCC, en el contexto educativo y ambiental; sin desconocer otros procesos de integración como las autopistas del Café y el Distrito regional de la Policía Nacional.

La consolidación de la EEC como territorio del conocimiento será posible en la medida que se haga desde una perspectiva endógena, que complemente las economías de los tres departamentos. Lo anterior es posible, si se reconoce la diversidad de la base ambiental y cultural de toda la región en su conjunto, en un contexto de inclusión de todos los sectores de la economía articulados a la oferta ambiental del territorio y al saber tradicional de los pobladores.

La EEC es pionera en procesos de investigación ambiental y cultural. Es en el estudio de la base ambiental, de la biodiversidad y de la diversidad cultural, donde se pueden basar las políticas regionales de fomento a la investigación en las tres ciudades (y sus institutos de investigación), los planes de desarrollo institucionales y los presupuestos públicos con el fin de establecer la plataforma de la innovación y el desarrollo en el territorio del conocimiento.

Bibliografía

Acebedo, L. F. (Octubre de 2010). Territorios del conocimiento en la Ecoregión Eje Cafetero. Calidoscopios a partir de tres espejos de representación: Sociedad + Espacio + Conocimiento. Obtenido de Caleidoscopios Urbanos: http://caleidoscopiosurbanos.blogspot.com/search?updated-min=2010-01-01T00:00:00-05:00&updated-max=2011-01-01T00:00:00-05:00&max-results=42. Recuperado el 28 de Mayo de 2012

Acebedo, L. F. (2010). Territorios del conocimiento en la Ecorregión Eje Cafetero. Calidoscopios a partir de tres espejos de representación: Sociedad + Espacio + Conocimiento. Tesis Doctoral para optar al título de Ph.D de Urbanismo. Caracas: Instituto de Urbanismo. Universidad Central de Venezuela.

Acosta, J. (2011). Ciudades de América Latina en la sociedad del conocimiento. Experiencias de investigación, innovación y creatividad. ARENOTECH. Revista en línea , 25-50.

ALMA MATER, R. (Octubre de 2010). Paisaje CUltural Cafetero. Obtenido de Red Alma Mater: http://www.almamater.edu.co/sitio/contenido-paisaje-cultural-cafetero-59.html. Recuperado el 23 de Mayo de 2012

Castell, M., & Hall, P. (1994). Las tecnópolis del mundo. La formación de los complejos industriales del seglo XXI. Madrid: Alianza Editorial. Obtenido de Acosta, J. (2011). Ciudades de América Latina en la sociedad del conocimiento. Experiencias de investigación, innovación y creatividad. ARENOTECH. Revista en línea , 25-50.


[1] Figura que va mas allá de las ciudades del conocimiento en cuanto al contexto geográfico, pues lo que se busca es que las tres capitales del eje cafetero se integren a este modo de re-pensar y re-construir la identidad de estas ciudades

[2] Abreviatura de “Tecnologías de la información y la comunicación”

Minientrada

Por: Alejandra Marín Buitrago Abogada urbanista- Estudiante Maestría en Hábitat   Fuente: Sociedad Colombia de Arquitectos (SCA), Proyecto resignificación de los Ríos 2011. En el debate sobre la relación urbano- rural viene tomando fuerza la pregunta por el desbordamiento de … Sigue leyendo

Planificación y Desarrollo Regional con Base en el Reconocimiento de la Complejidad del Territorio

Por: Juan David Céspedes Restrepo
Administrador Ambiental
Estudiante Maestría en Hábitat
Universidad Nacional de Colombia -Sede Manizales-

 Fuentes:                                                                        http://www.viajescolombia.net/wp-content/uploads/2011/06/eje-cafetero.jpg  http://http://www.armeniahotel.com.co/wp-content/uploads/2011/02/armenia.jpg  http://imagenesyfotos.info/wp-content/uploads/2011/06/Viaducto_pereira.jpg

Actualmente, uno de los desafíos que adquiere cada vez más importancia para el país en materia de planificación, se centra en desarrollar procesos de ordenamiento del territorio que reconozcan y resignifiquen aquellas relaciones territoriales que han surgido y se han fortalecido históricamente entre diferentes municipios y/o departamentos. Rutas comerciales, arterías viales, flujos de información y materiales, productos, prestación de servicios, relaciones económicas y continuidad en los sistemas naturales[1]; son sólo algunos ejemplos de aspectos que al interior de un territorio sobrepasan los límites político-administrativos establecidos para los municipios y departamentos de Colombia. No obstante pese a la innegable existencia de estas interrelaciones, el desconocimiento de la naturaleza transversal de las mismas dentro de los instrumentos de planificación -tales como Planes de Ordenamiento Territorial [en adelante POT] y Planes de Desarrollo- continúa favoreciendo la fragmentación del territorio y fortaleciendo el crecimiento desmesurado de los núcleos urbanos y las ciudades capitales.

Esta situación en sí misma, representa una contradicción directa a la premisa básica del ordenamiento del territorio; el cual, de acuerdo a lo expuesto en la Ley 1454 de 2011 (Congreso de Colombia, 2011) se constituye como “un proceso de construcción colectiva de país, (…) tendiente a lograr una adecuada organización político administrativa del Estado en el territorio, para facilitar el desarrollo institucional, el fortalecimiento de la identidad cultural y el desarrollo territorial; entendido este como desarrollo económicamente competitivo, socialmente justo, ambiental y fiscalmente sostenible, regionalmente armónico, culturalmente pertinente, atendiendo a la diversidad cultural y físico-geográfica de Colombia”.

Bajo esta consideración, la armonía regional de las ciudades es una condición sine qua non para garantizar la funcionalidad y sostenibilidad en el marco del desarrollo territorial. Para tal fin, ésta debe fundamentarse en el reconocimiento de la complejidad que reviste el territorio, mediante el abandono del sesgo espacialista que ha marcado históricamente la relación del ser humano con éste. La fragmentación existente demanda en primer lugar, una trasformación del paradigma tradicional que considera al territorio como una plataforma inerte donde se llevan a cabo procesos para el desarrollo; en este sentido es indispensable profundizar en la comprensión del territorio y su interrelación con los aspectos socioculturales de quienes lo ocupan. Como explican Echeverría y Rincón (2000) se debe partir “desde los procesos y grupos sociales que lo han transformado e intervenido haciéndolo parte de su devenir”. Estos aspectos son fundamentales dado que la relación entre el sujeto transformador y el espacio transformado no es unidireccional sino de retroalimentación, lo que implica que al tiempo que el sujeto modifica el territorio éste último actúa sobre el sujeto transformándolo también[2].

 Es por esta razón que en los procesos de planificación orientados al desarrollo regional, la identificación profunda de las territorialidades[3] -elementos constitutivos y estructurantes del territorio- representa el eje fundamental para la definición de una región, al permitir diferenciar los límites del territorio con base en las relaciones que se originan en su interior. Sin embargo, cabe resaltar que dado el carácter supraespacial que poseen, numerosas territorialidades –con diverso alcance espacial- pueden existir simultáneamente y de manera superpuesta en torno a un núcleo regional diferenciado. Este hecho dificulta los procesos de planificación regional ya que implica el establecimiento de límites flexibles y múltiples para la conformación de una región (Arango, 2011). La existencia de regiones estáticas y rígidas en cuanto a su delimitación va en contra del carácter dinámico propio de la naturaleza del territorio y atenta contra su capacidad funcional. Por esto, la existencia de múltiples delimitaciones regionales al interior de un territorio se presenta como una condición indispensable para el desarrollo regional, y evidencia el fracaso de algunas regiones que dentro del contexto nacional se establecen como sistemas cerrados y estáticos. Casos como las relaciones territoriales existentes entre departamento de Risaralda con el Chocó y Valle de Cauca, o de Caldas y Quindío con Tolima y parte del valle del río Magdalena, dejan en claro la necesidad de trascender y dinamizar la delimitación de región rígida hacia el interior y exterior del eje cafetero, para evitar el aislamiento y el deterioro de las territorialidades que rebasan las fronteras establecidas.

La escasa capacidad de los POT actuales frente a esta condición, deja en claro las limitaciones de las ciudades para articularse al contexto regional dentro del cual se hallan inmersas; hecho que ha acentuado la fragmentación del territorio a escala regional, e incluso a escalas más reducidas como el municipio, donde la visión instrumental de definición de usos de suelo ha generado rompimientos al interior de los sistemas urbanos que “se manifiestan en el  espacio de urbanizaciones y barrios que no establecen conectividad con el tejido urbano, con  el espacio público o con la viabilidad externa, y que por el contrario se marginan creando límites y barreras” (Centro de Estudios del Hábitat Popular [CEHAP], 1998).

Además de las consideraciones que deben integrarse a los instrumentos de planificación del país frente al establecimiento de límites regionales, otro elemento de suma importancia se centra en la complementariedad que debe existir entre las ciudades que hacen parte de una región[4]. Bajo el enfoque de la teoría general de sistemas, un territorio puede categorizarse como un sistema abierto, el cual dada su naturaleza y progresivo crecimiento tiende a estados de complejidad cada vez mayores. Este tipo de sistemas alcanzan su estabilidad a través de dos características básicas denominadas Integración y Diferenciación (Ossa, 2004). La Integración hace referencia a la necesidad de que exista un elemento “coordinador” o “dominante” que se encargue mantener los elementos relacionados entre sí; y la Diferenciación se refiere a la mecanización progresiva que experimenta un sistema a medida que aumenta en complejidad, la cual se traduce como la división y especialización de funciones en los elementos que lo conforman[5]. De manera similar, la garantía de una distribución adecuada de las cargas y beneficios al interior de una región, descansa en el hecho de que las ciudades que la conforman puedan complementarse con base en las funciones que desarrollan frente a la prestación de servicios y elaboración de productos, objetivo que sólo puede lograrse por medio del desarrollo de las identidades individuales y la reducción de la competencia.

Sin embargo, aún en medio la división de funciones propia de la complementariedad, se hace necesario que siga existiendo un elemento “coordinador” al interior de la región, sin que éste absorba las funciones de las demás ciudades, ni restrinja las posibilidades de desarrollo de cada una. Esta noción de complementariedad descansa entonces en la descentralización de las capacidades de gestión y las funciones administrativas pero reconoce la necesidad de una coordinación de funciones que facilite la continuidad en las interrelaciones propias de la región.

Para el caso de la ecorregión eje Cafetero, las capitales de los departamentos de Risaralda, Caldas y Quindío -las cuales cumplen la función de núcleos regionales-, se han constituido por su relevancia económica y tamaño como las ciudades de mayor jerarquía en la región; hecho que ha permitido explorar sus fortalezas para el desarrollo propio y su armonización regional: Manizales se proyecta como un eje de conocimiento, con base en la prestación de servicios y la proyección de ciudad universitaria, a lo que se suman las diferentes actividades industriales que se llevan a cabo en la periferia; Pereira por su ubicación estratégica en la zona de confluencia de varias arterias viales del país, se ha consolidado como una ciudad de aptitud comercial; igualmente, Armenia ha logrado articularse a los demás municipios del Quindío en torno al aprovechamiento de la belleza paisajística del departamento, lo cual sumado una importante inversión en infraestructura, la consolida como uno de los destinos turísticos de mayor calidad en el país. Esta situación de complementariedad entre las capitales cafeteras -salvo algunos asuntos que aún deben resolverse- ha brindado a éstas la posibilidad de desarrollarse libres de competencia

Sin embargo, a pesar del logro que esto representa, un alto porcentaje de los restantes 89 municipios que conforman la ecorregión eje cafetero, no ha explorado de manera adecuada su vocación ni ha desarrollado su identidad funcional. Esta situación hace que permanezcan  relegados frente a las ciudades capitales y favorece el arraigo de paradigmas que presentan al turismo y la agroindustria como soluciones quiméricas a las debilidades locales[6]; hecho que impide la integración regional.

Finalmente,  es importante recalcar que sumado a las consideraciones expuestas en este texto, la construcción de las regiones debe partir de las relaciones económicas, sociales y políticas existentes; ya que sólo a partir de estos elementos tiene real significado la formalización de éstas ante la ley. Por esta razón en la perspectiva del ordenamiento territorial no sólo es esencial que cada región que se proponga haya tenido su propia dinámica histórica, sino que su configuración jurídica responda además a la decisión de una efectiva consulta ciudadana, a las características propias del contexto y a la realidad territorial en que se encuentra inmersa.



[1] Esta continuidad puede verse representada a través de características comunes en la geoforma, la continuidad ecosistémica, o la utilización de bienes y servicios ambientales compartidos como en el caso en que diferentes ciudades se encuentran dentro de una misma cuenca o región natural.  

[2] Esta relación de doble vía entre el hombre y el territorio ocurre principalmente por medio de la cultura.

 [3] De acuerdo con Luis Felipe Marquéz (2010), las territorialidades son las “acciones sobre el territorio, que se ejercen y se practican por el hombre y la sociedad”  las cuales se fundamentan en la propiedad y la defensa del mismo. Las territorialidades se constituyen como uno de los factores que otorgan al territorio un estado de permanente configuración, con un carácter dinámico y  cambiante en el cual, lo físico es apenas una de las tantas dimensiones en las que la territorialidad se expresa.

 [4] La existencia de esta condición garantiza la sostenibilidad y favorece los procesos de descentralización al interior del territorio

 [5] Aunque parezca paradójico, ambas características coexisten en los sistemas complejos sin que por ello exista una centralización que desconozca a los demás elementos que los conforman.

 [6] Esta tendencia –en el caso del turismo- se evidencia de manera clara en los planes de desarrollo de un gran número de municipios de la ecorregión, especialmente en el departamento de Risaralda. El éxito de muchos municipios del Quindío frente al turismo ha generado la idea errónea de que el modelo puede ser replicado en otros contextos, ignorando las particularidades de cada municipio.

Bibliografía

Arango, Oscar. 2011. Cinco Vacíos en el Proyecto de Ley Orgánica de Ordenamiento Territorial: Una Lectura desde la Ecorregión Eje Cafetero. Revista La Redvista; No.2 Enero-Junio de 2011. pp. 22-39. Sello Editorial Alma Mater; Pereira.

Centro de Estudios del Hábitat Popular -CEHAP-. 1998. Vivienda y Hábitat… Claves en el Tejido de Ciudades [Versión digital .pdf]. Medellín: Centro de Estudios del Hábitat Popular – CEHAP Facultad de Arquitectura  – Universidad Nacional de Colombia. Recuperado el 9 de abril de 2012, Biblioteca Digital, Repositorio Institucional Universidad Nacional de Colombia: http://www.bdigital.unal.edu.co/3248/1/vivhabitat.pdf

Echeverría, María Clara. Ríncón, Analida. 2000. Ciudad de Territorialidades: Polémicas de Medellín. Medellín: Centro de Estudios del Hábitat Popular – CEHAP – Facultad de Arquitectura – Universidad Nacional de Colombia

Marquéz, Luis Felipe. 2010. Hábitat y Planificación Urbana, Instrumentos para la planificación del hábitat a la escala del barrio: Ciudades intermedias – Caso Manizales. Trabajo presentado para optar al titulo de Magíster en Hábitat. Manizales: Universidad Nacional de Colombia.

Ossa, Carlos Alberto. 2004. Teoría General de Sistemas, Fundamentos. Pereira: Editorial Gráficas Olímpica. 254 pág.

República de Colombia, Congreso. 2011. Ley 1454 de 2011 [versión digital] Recuperado el 1 de mayo de 2012, Secretaría del Senado página web: http://www.secretariasenado.gov.co/senado/basedoc/ley/2011/ley_1454_2011.html

Minientrada

Quebrada Manizales, un escenario ambiental. Por: Sebastián Gómez Mejía Ing. Civil, Hidráulico y Ambiental, candidato a máster en Medio Ambiente y Desarrollo, Universidad Nacional de Colombia sede Manizales. Dada la importancia que tiene el territorio de la cuenca de la … Sigue leyendo

EL PAPEL DE LAS JUNTAS DE ACCIÓN COMUNAL EN EL DESARROLLO DE LA ECO-REGIÓN CAFETERA

Alexander Paruma
Geógrafo
Estudiante Maestría en Hábitat.
 
 
Nuestro cielo claro ha de brillar
Cambiaremos el medio ambiental
Con salud, educación y trabajo
Y que viva la Acción Comunal
(Fragmento himno de la acción comunal)
 

Después de más de 50 años de haberse institucionalizado el trabajo comunal en nuestro país, asistimos nuevamente el pasado domingo 29 de abril a la elección de las personas que durante un periodo de tres años, tendrán la responsabilidad de dirigir, administrar, y representar las Juntas de Acción Comunal, J.A.C. distribuidas a lo largo y ancho de nuestro país, tanto a nivel urbano como rural. Buena ocasión entonces para reflexionar sobre pasado, presente y futuro de estas organizaciones y su función en el desarrollo integral del territorio.

http://www.viterbo-caldas.gov.co/sitio.shtml?apc=C1–1810925-1810925&x=1810925

 

Fue en el año 1958, bajo el mandato del expresidente Lleras Camargo, que se deroga en nuestro país la ley 19, que institucionalizaba el trabajo comunitario a través de Las J.A.C. organismo de carácter comunitario con el cual se buscaba fomentar, entre los diferentes vecinos de un municipio, la mutua cooperación para la solución de sus diferentes problemas sobre todo los relacionados con obras civiles.

El nuevo milenio trae consigo nuevas disposiciones legales para el trabajo comunitario: La ley 743 del 2002 y el decreto reglamentario 2350 del 2003 dan inicio a una nueva etapa; esto en consonancia con el artículo 38 de la constitución política nacional de 1991, que establece el derecho de libre asociación. Esta nueva normatividad concibe: “La Junta de Acción Comunal como una organización cívica, social y comunitaria de gestión social, sin ánimo de lucro, de naturaleza solidaria, con personería jurídica y patrimonio propio, integrada voluntariamente por los residentes de un lugar que aúnan esfuerzos y recursos para procurar un desarrollo integral, sostenible y sustentable con fundamento en el ejercicio de la democracia participativa”.

En la actualidad se calcula la existencia, en todo el territorio nacional, de un poco más de 45.000 J.A.C. con un número aproximado de cuatro millones de afiliados, la mayoría de estas se encuentran en la zona rural, en un porcentaje del 70%, mientras que en el sector urbano el 30%. Junto a estas cifras y a su largo camino recorrido por poco más de medio siglo, las J.A.C. se establecen como una de las formas de organización más importantes en nuestro país por su estabilidad y trabajo conjunto, en busca de soluciones a los diferentes problemáticas que acaecen los territorios urbanos y rurales.

Se hace necesario, además de reflexionar acerca del trabajo que han venido desarrollando las diferentes juntas comunales, pensar también, en una mejor articulación de estas organizaciones a los diferentes planes de desarrollo municipales y departamentales así como de ordenamiento territorial. Articulación que no se limite al sólo hecho de socialización de un plan elaborado por unos cuantos, y si más bien, una articulación incluyente; que tenga en cuenta en cada procesos de elaboración de los distintos planes; las opiniones y percepciones de las personas que cotidianamente viven, sufren y sueñan el territorio.

Conscientes del trabajo que han venido cumpliendo, pero aun más del importante papel protagónico que pueden llegar a desempeñar en el desarrollo local en nuestro país, se hace evidente la necesidad para el caso de la eco-región cafetera, el fortalecimiento de las diferentes organizaciones sociales de base existentes en el sector urbano como rural de los departamentos de Caldas, Risaralda y Quindío, así como, su correspondiente articulación a los distintos planes de desarrollo y ordenamiento del territorio y de esta manera poder establecer un verdadero dialogo territorial.

Diferente tipo de problemáticas urbanas y rurales son las que predominan en toda la eco región cafetera, Gonzalo Duque, en su Artículo titulado:” Una mirada gruesa a cinco temas del desarrollo local” identifica muchas de estas problemáticas clasificándolas;  a nivel social, medio ambiental – territorial, económico, cultural y político. Problemáticas que en muchos casos se podrían solucionar o en su defecto trabajar en procura de su atenuación, si los en los límites donde se presentan estas problemáticas existiera un fuerte y conjunto trabajo comunitario que vele por mantener la cohesión social, el respeto y la solidaridad; esto en el caso de la problemática social. Por su lado, medio ambientalmente hablando, las J.A.C. en la eco región cafetera tienen un verdadero compromiso como organización básica administrativa; conciencia ambiental, buenas prácticas agrícolas, manejo de basuras, programas de conservación y reforestación entre otras son posibles y concretas actividades a desarrollar.

A nivel económico, las juntas comunales, pueden convertirse en foco de importantes propuestas microempresariales que aminore los altos índices de desempleo que mes a mes se registran en los tres departamentos que hacen parte de la eco región cafetera. El trabajo mancomunado como estrategia para integrarse a las diferentes cadenas productivas.

La construcción de escenarios deportivos y culturales, con el apoyo de las administraciones municipales y departamentales, son propuestas urgentes por presentarse desde las mismas J.A.C. paralelo a todo esto, el desarrollo de actividades que motiven la prácticas deportivas y culturales en cada barrio o vereda. Como propuestas para atender la problemática cultural y también social, en la medida en que esta serie de actividades pueden ayudar al alejamiento de los jóvenes y adultos de prácticas delincuenciales que tanto aqueja a las áreas urbanas de la eco región cafetera.

Por su parte las J.A.C. se convierte en el escenario idóneo de participación política a nivel local, en la medida en que son los mismos agentes comunales los que deciden su futuro a través de la elaboración de propuestas concertadas que son presentadas a las administraciones de orden superior. Las juntas comunales como organismos de control y supervisión ciudadana, como organismo donde se establece la verdadera participación democrática.

Por último, cabe decir que el trabajo comunitario desarrollado en este corto texto, tanto a nivel urbano como rural en nuestro país, acaece en su interior desde hace ya varias décadas de una serie de dificultades que le han imposibilitado en la mayoría de casos un desarrollo comunal moderno y democrático. Las causas de estas dificultades están relacionadas con el desamparo al que se ha visto sometido por parte de los organismos encargados a nivel nacional y local de su fortalecimiento y desarrollo, la utilización de muchas de estas juntas de acción comunal como máquinas burocráticas con intereses clientelistas, la presencia de grupos al margen de la ley que imposibilitan el libre desarrollo de las juntas comunales, la apatía a participar en estos procesos por parte de la población y la misma dinámica estructural y poblacional que sufren sobre todo las áreas urbanas donde la concepción del barrio y la vecindad sufren una metamorfosis.

Fuentes:

 

 

LA DINÁMICA DE LAS CIUDADES INTERMEDIAS EN LA CONFIGURACION DEL ESCENARIO URBANO DEL EJE CAFETERO.

Por: Juan Alejandro Marulanda Gaviria
Arquitecto
Estudiante Maestría en Medio Ambiente y Desarrollo
Universidad Nacional de Colombia -Sede Manizales.
 
 

Imagen

Fuente: http://godues.blogspot.com/2010_11_01_archive.html

Actualmente la influencia del desarrollo en los centros urbanos latinoamericanos ha generado una serie de condicionantes  en la configuración y estructuras de las ciudades.  Estas importantes transformaciones producto del  ritmo de crecimiento urbano  y a los fenómenos como la metropolizacion, megapolizacion y la suburbanizacion, se han consolidado a través del tiempo marcando una tendencia  establecida por la dinámica de los modelos de desarrollo actuales en que se insertan nuestras ciudades. Sin embargo son muy pocos los casos dentro del urbanismo latinoamericano donde la influencia de estas nuevas dinámicas abre las puertas hacia la búsqueda de escenarios favorables que promuevan  la integración y complementariedad  en centros  urbanos próximos entre sí.

Este es el caso de las ciudades intermedias donde los centros urbanos cuentan con una población que varía desde el medio millón hasta los dos millones, tienen un rango administrativo más alto, cuentan con una mayor concentración tanto de servicios  públicos como de recursos y se encuentran mejor ubicados con relación a los sistemas de transporte regional y nacional. En relación con el contexto latinoamericano, Colombia es el escenario donde  la dinámica de las ciudades intermedias ha estado marcada por la vinculación, directa o a distancia, con un centro superior durante largos períodos, a su crecimiento poblacional y a condiciones físico-espaciales únicas. Algunas ciudades han pasado de ser simples centros de intercambio agro-comercial a tener su propia base productiva y económica, generando así una identidad urbana basada en sus características socioculturales.

Podemos afirmar que El Eje cafetero es el escenario de dicho fenómeno, en el cual interactúan tres centros urbanos significativos –Manizales, Pereira y Armenia que, debido a sus condiciones de proximidad, morfología, enfoque económico y cultural, han de proyectarse como ciudades intermedias, donde el concepto de “ciudad región” dependerá exclusivamente de que dichos centros logren articularse, no rivalicen entre sí,  se integren a otras ciudades de similar importancia funcionando como un complemento de servicios y cuya proximidad sea relativamente corta promoviendo su competitividad frente a los centros urbanos de mayor escala.

Dichas ciudades se enmarcan dentro de un sistema cuyo desarrollo dependerá de las condiciones de retroalimentación y posición estratégica, que pese a ser centros urbanos de mínima relevancia, lograrían mayor progreso que aquellos que funcionan como centros urbanos autónomos (Medellín y Cali) en el caso de nuestro país.

Según Duque (2006) “Las ciudades intermedias tienen urgencias muy diferentes a las de las grandes megalópolis. Las 400 megalópolis que tendrá el mundo en sus próximas décadas, deben orientar sus esfuerzos a lograr su competitividad internacional y, sobre todo, a manejar problemas estructurales realmente insolubles. Al otro lado y como tercera categoría en el escenario de lo urbano, también están los pequeños poblados cuyo futuro dependerá exclusivamente de su posibilidad para articularse a un centro urbano de importancia, por gozar de algún atributo en el cual este pueda especializar una función complementaria para dicho centro.”

A partir de esto, es necesario reflexionar sobre las estrategias con las cuales se logrará la construcción de este “mega eje de desarrollo” y modelo de “ciudad región”, donde es básica no solo la participación del planificador sino también de los diferentes actores en diversas áreas, que permitan la viabilidad de dicho modelo en los próximos años y la  consolidación del eje cafetero como punto estratégico en la dinámica económica de nuestro país.  De igual forma  la configuración de “la ciudad región” va a depender de la búsqueda de alternativas que establezcan una apertura económica mas significativa por medio de los sistemas de trasporte, así mismo es necesario intervenir en las problemáticas  fundamentales  que hoy existen en sus estructuras urbanas  como son la incoherencia y los conflictos de las funciones del medio urbano en sus zonas industrial, residencial, comercial y de servicios, afrontando los retos en el marco del escenario urbano que actualmente carece de una adecuada gestión en la plantificación del territorio, el tratamiento del riesgo físico social y local en la periferia de la ciudad y políticas en la regulación del suelo, cuya falencia ha dado paso  al  crecimiento del rururbanismo y/o suburbanizacion, fenómeno que ha incentivado el crecimiento inadecuado  y condiciones de fragmentación socio- espacial a lo largo del escenario que comprende las ciudades del  eje cafetero.

Según Duque (2008)  “Al examinar las ciudades del Eje Cafetero, se ha observado la formación de complejos  residenciales periurbanos para sectores de altos ingresos y el repoblamiento de zonas  centrales depreciadas, por sectores de bajos ingresos. Incluso, la aparición de los primeros  ocasiona el desplazamiento de los pobladores originales hacia los segundos cuando se va encareciendo el precio de la tierra. Esta dinámica  muestra la necesidad de mantener una  visión planificadora soportada en las características y el funcionamiento de la ciudad”.

En efecto, Manizales, Pereira y Armenia por su condición de centros urbanos intermedios  al igual que ciudades principales como: Bogotá, Medellín, Cali y Barranquilla, han desarrollando diferentes circunstancias socio-espaciales de suburabanizacion en sus alrededores, tales como: la conurbación, conformación de bordes  urbanos, ampliación de áreas de influencia  así  como  la fragmentación urbana en el caso de Manizales.  Por lo tanto “la ciudad región” debe sugerir acciones que permitan resolver la integración del centro con los sectores suburbanos y consolidar la integración física en el área metropolitana.

Cabe concluir que la consolidación como ciudades intermedias de los centros urbanos del eje cafetero dependerán  de una adecuada formulación del POT que  abarque problemas de  tipo  estructural en las funciones urbanas y  la consolidación de sus  zonas metropolitanas, desarrollando ventajas entre sí que promuevan la articulación e interacción a nivel social, cultural y económico para así enfrentar este tipo de fenómenos hoy presentes en el urbanismo local al igual que los impactos producidos por los futuros proyectos  en la región.

 

Referencias bibliográficas:

Blitzer S. (1983) Las Ciudades intermedias y pequeñas en América Latina. Centro de Estudios Urbanos y Regionales, CEUR, 1983 – 137

Duque. G. (2008). Aspectos urbanos del eje cafetero. Manizales. Universidad Nacional.Bd digital.

Duque. G. (2006). Fundamentos de economía y transportes: El Eje Cafetero en el escenario de las Ciudades Intermedias. Manizales. Revista Eje XXI Nº 23.

Duque. G. (2012). Manizales: funciones urbanas y metropolitanas. Manizales. Revista Eje XXI.

González. J. (2008). Estado actual de la periurbanización y el hábitat periurbano en Manizales. Manizales. Universidad Nacional. Bd digital.

Enlaces externos:

http://www.bdigital.unal.edu.co/1910/2/aspectos-urbanos-eje-cafetero.pdf

http://gduquees.blogspot.com/2012/03/eje-cafetero-perfil-de-las-ciudades.html

http://godues.wordpress.com/2012/01/23/manizales-funciones-urbanas-y-metropolitanas/

Dosquebradas, un dialogo sensible al territorio

Por Williams Gilberto Jiménez García.

Administrador Ambiental de la Universidad Tecnológica de Pereira. Estudiante de la Maestría en Hábitat de la Escuela de Arquitectura de la Universidad Nacional de Colombia, sede Manizales

A manera de introducción

El municipio de Dosquebradas esta localizado al sur del Departamento del Risaralda, en un valle conocido como “el valle de los Quimbayas”, rodeado por los cerros tutelares del Nudo, Alto el Oso, Alto el Boquerón, Alto el Chaquiro y Alto el Toro; separado por el río Otún de los municipios de Pereira y Santa Rosa de Cabal. La ciudad, en su totalidad esta ubicada sobre la cuenca de la quebrada Dosquebradas y sus 32 afluentes, en un área de 70 km2 y con una población, según el DANE (2012) de 193.024 habitantes.

Ubicación geográfica de Dosquebradas. Fuente: Angela María Fernandez. Universidad Tecnológica de Pereira

Ubicación geográfica de Dosquebradas. Fuente: Angela María Fernandez. Universidad Tecnológica de Pereira

De la Crisis a los retos

En la actualidad, el municipio presenta una problemática ambiental asociada al poco conocimiento y sensibilización de las instituciones y la población en general, no solo en temas ambientales, sino en los temas coyunturales de la construcción social del territorio. Para efectos del presente escrito se abordará la problemática de la contaminación de los afluentes de la quebrada Dosquebradas, desde la óptica de los conflictos ambientales.

En 33 años la población de Dosquebradas, según DANE (2012) se ha incrementado en un 363%, producto de fenómenos como la industrialización del municipio, el auge del café, las políticas poblacionales que se dieron en el municipio en los años 40, los planes de vivienda propuestos por las industrias para sus trabajadores (caso de La Rosa, Postobon, Paños Omnes y Valher) y la ubicación contigua a la capital departamental (con quien conforma el Área Metropolitana de Centro Occidente –AMCO-), generando cambios y adaptaciones frente a la ocupación del territorio que necesariamente han derivado, en lo que Palacio (2002) denomina como conflictos ambientales.

Vista panoramica Dosquebradas, desde vereda El Rodeo. Fuente: Propia

Vista panoramica Dosquebradas, desde vereda El Rodeo. Fuente: Propia

La relación que tiene el aumento poblacional con la contaminación de los afluentes hídricos, se encuentra mediada por la poca planificación y visión de futuro en la ocupación del territorio. La ciudad creció conquistando los espacios más planos de la quebrada Dosquebradas, en sus zonas de inundación, en la llanura aluvial de la cuenca; trayendo como consecuencia inundaciones periódicas en diferentes puntos de la ciudad, lo cual sumado a la inexistencia de un alcantarillado y por lo tanto a la necesidad de usar las quebradas para tal fin, han fomentado, según CARDER (2012) una irracionalidad ambiental y una inexistencia de una cultura ambiental para la sostenibilidad, en todos los actores del desarrollo municipal.

A su vez, el poco control ejercido por las autoridades ambientales sobre las industrias del municipio, ha llevado a que se contamine de forma gradual las quebradas de la ciudad, reflejando una desvinculación del sector empresarial con las comunidades y las ofertas naturales del entorno. Todo lo anterior, es impulsado por la deficiente gestión ambiental en el desarrollo urbano del municipio, en donde no existen procesos de ordenación y manejo de las cuencas, poca sostenibilidad de los sistemas de agua potable y saneamiento hídrico, bajos niveles de educación ambiental y desarticulación de los agentes ambientales del municipio.

La problemática asociada a los conflictos ambientales

Entender la problemática ambiental asociada a la contaminación hídrica de Dosquebradas desde la óptica de los conflictos ambientales, permite realizar un estudio amplio de las causas, consecuencias y actores, según Quintana (2012), “el conflicto ambiental se produce en el proceso humano de apropiación y transformación de la naturaleza y los sistemas tecnológicos”, relacionado con un choque de intereses en las relaciones del hombre con el entorno, en donde según Leff (2002), “la complejidad” de dicha relación se ve mediada por los procesos de adaptación cultural en el entorno y las reacciones que tiene él mismo con las poblaciones que habitan en el territorio.

Es necesario diferenciar las concepciones de problemática ambiental y conflictos ambientales, la primera hace referencia simplemente al deterioro o agotamiento del recurso hídrico; la segunda, según CORANTIOQUIA (2001), “hace referencia a los procesos sociales suscitados por el desacuerdo que genera la apropiación, distribución y utilización de los recursos naturales y a la  movilización y denuncia contra los causantes de los daños ecológicos”. Por lo tanto es necesario tener en cuenta la acción de tres actores fundamentales: la sociedad civil, las industrias y las instituciones, desde la visión, según Ochoa, Torres y Agudelo (2007), de “las relaciones sociedad naturaleza y los procesos de transformación positivos o negativos del entorno (impactos ambientales)”.

Las instituciones inscritas en la situación conflictiva derivada en la contaminación de los afluentes hídricos de la ciudad se pueden clasificar en: las relacionadas con la administración municipal y  las de control. En cuanto a la administración municipal es evidente la falta de voluntad política para atender la contaminación de los afluentes, por ejemplo, en el actual plan de desarrollo “Dosquebradas empresa de todos” 2012-2015 (presentado al concejo municipal recientemente), la mesa de planificación ambiental ha determinado que la principal acción ambiental del municipio radica en el fortalecimiento de la Unidad de Gestión Ambiental Municipal –UGAM-, (lo cual en un principio es positivo), desconociendo y aplazando la imperante necesidad de saneamiento ambiental a los cuerpos de agua contaminados (o al menos la construcción de un sistema de alcantarillado o la articulación al del Pereira)

Las instituciones de control como la CARDER y la contraloría municipal terminan siendo cómplices por omisión de las acciones de intervención y contaminación que se llevan a cabo en las microcuencas del municipio, limitándose en muchas ocasiones al cobro de la tasa retributiva. Cabe recordar que en el municipio hay industria altamente contaminante en medio de las zonas habitacionales, que además no existe alcantarillado y hay una presencia de altos niveles de precipitación, lo que hace que se incrementen los índices de contaminación por presencia de metales pesados, disminución del oxígeno, el coloramiento de las aguas y la proliferación de agentes infecciosos.

Quebrada La Soledad, Barrio Los Naranjos, Dosquebradas Fuente: Diario del Otún. http://www.eldiario.com.co/seccion/DOSQUEBRADAS/3-mil-millones-recibe-dosquebradas-para-obras-de-mitigaci-n100820.html

Quebrada La Soledad, Barrio Los Naranjos, Dosquebradas
Fuente: Diario del Otún. http://www.eldiario.com.co/seccion/DOSQUEBRADAS/3-mil-millones-recibe-dosquebradas-para-obras-de-mitigaci-n100820.html

Por su parte, la comunidad se ve afectada por las acciones y omisiones de instituciones e industrias, ya que son quienes conviven en el ambiente altamente deteriorado, producto del establecimiento de relaciones de explotación del medio inadecuadas con la oferta ambiental. Sin embargo, se debe tener en cuenta la baja sensibilización ambiental por parte de los pobladores, los cuales se asientan en áreas altamente vulnerables, invadiendo y modificando el curso natural de las quebradas; disponen los residuos solidos en los cuerpos de agua, a pesar de que existe una cobertura del 100% de recolección de los residuos por parte de la empresa de Aseo; en varias ocasiones no denuncian los abusos que se hacen contra las quebradas, denotando una crisis de identidad con el territorio. Situaciones que en su conjunto llevan a que las personas perciban a los cuerpos de agua como amenazas y no como patrimonio natural del municipio.

Las instituciones reclaman el concurso de la comunidad y la comunidad exige la presencia oportuna de las instituciones para atender la problemática ambiental local, en donde la industria contribuye a la contaminación, pero poco atiende a su responsabilidad social con el entorno. Las instituciones buscan controlar la contaminación con la aplicación de los instrumentos correctivos dispuestos por la ley, pero las industrias argumentan que estos controles se convierten en restricciones para su operación, haciendo que la administración local flexibilice estos controles con el supuesto de no incrementar la crisis de desempleo en el AMCO, generando así un circulo vicioso, que aumenta en directa proporción la contaminación de las quebradas.

A manera de conclusión

Es evidente la actual crisis ambiental que enfrenta el municipio de Dosquebradas producto de la contaminación ambiental de las quebradas, por lo que se deben generar acciones contundentes por parte de los agentes que intervienen en la construcción del territorio (sociedad civil, instituciones e industria), que sea de manera coordinada y que apunten a una estrategia de desarrollo endógeno, que sirva de oportunidad para el mejoramiento de la calidad de vida y generación de empleo.

Los conflictos ambientales deben ser vistos, según Quintana (2012) “como una fuente creadora de nuevas opciones”. Por su parte, en la sociedad de Dosquebradas en su conjunto “debe desafiar el actual modelo de apropiación, construcción, control y utilización de la naturaleza para evitar que el futuro de esta sociedad humana siga enfatizando en sus  peores aspectos, no sólo la destrucción del entorno natural, sino también, la desigualdad  social, la guerra, el empobrecimiento biológico y humano, entre otros”.

El municipio debe volver su mirada hacia las quebradas y cambiar la percepción de “patio trasero contenedor de basuras”, apuntar sus esfuerzos en la consolidación de una cultura ambiental basada en procesos continuos de educación ambiental y acciones correctivas a empresarios e industriales; configurando de esta manera puentes de comunicación interinstitucional que valoren y visibilicen los conocimientos y saberes de los pobladores, por medio de los instrumentos de planificación ambiental como lo son la constitución política, la ley 99 del 93 (ley del ambiente), las oficinas de gestión ambiental, las oficinas verdes, los planes de acción ambiental municipales y departamentales, el plan de acción ambiental de la CARDER (bosque modelo 2019) y las directrices ambientales del Ministerio del Ambiente y Desarrollo Sostenible.

Si bien, el panorama descrito resulta ser desolador, es importante tener en cuenta que en las épocas de crisis, en la cultura cafetera, siempre han emergido las soluciones más creativas e integradoras. Por tal motivo, Dosquebradas debe hacer un alto en el camino y empezar a re-construir su identidad desde la idiosincrasia de sus pobladores y en la vasta oferta ambiental de su territorio, entendiendo e interpretando su trascendental papel en el desarrollo regional.

Bibliografía

CARDER. (2012). Diagnostico de riesgos ambientales municipio de Dosquebradas, Risaralda. Obtenido de Corporación Autonoma Regional del Risaralda: En: http://www.carder.gov.co/doc_misionales/riesgos/Diagnostico%20de%20Riesgos%20Dosquebradas.pdf. Recuperado el 25 de Abril de 2012

CORANTIOQUIA. (2001). Manual de conflictos ambientales. Medellín: Corporación Autonoma Regional de Antioquía.

DANE. (2012). Proyecciones de población. Obtenido de Departamento Administrativo Nacional de Estadística: En: http://www.dane.gov.co/index.php?option=com_content&view=article&id=75&Itemid=72. Recuperado el 25 de Abril de 2012

Leff, E. (2002). Saber ambiental. Buenos Aires: Siglo XXI Editores.

Ochoa, M. T. (2007). Aproximación al conflicto ambiental urbano, generado por la contaminación electromágnetica no ionizante en Colombia. Revista Luna Azul. No 25 Julio-Diciembre de 2007, 78-85.

Palacio, G. (2002). Notas sobre el conflicto ambiental. En G. y. Palacio, Repensando la naturaleza. Encuentros y desencuentros disciplinarios en torno a lo ambiental. Bogotá: Universidad Nacional de Colombia, sede Leticia.

Quintana, A. P. (2012). El conflicto ambiental y estrategias de manejo. Obtenido de FUHEM, educación ecosocial: http://www.fuhem.es/media/cdv/file/biblioteca/Conflictos_socioecologicos/conflicto_socioambiental_estrategias%20_manejo.pdf. Recuperado el 10 de marzo de 2012