Archivo mensual: agosto 2012

El Reconocimiento a una cultura que clama por la dignidad: a un año de la declaración de un territorio en crisis.

Por: Erick Marcelo Marín Ortiz
Arquitecto. Universidad Nacional de Colombia, Estudiante de la Maestría en Hábitat. Universidad Nacional de Colombia

El café en proceso de trillado (Chinchiná, Caldas). Foto: Marcelo Marín, 2012

El aniversario de la declaratoria del Paisaje Cultural Cafetero por parte de la UNESCO, coincide con una de las peores crisis  que vive este sector en nuestro país.   Desde los años 90´s no se habían presentado movilizaciones por parte de los caficultores como las presentadas el 12 de agosto de 2012 en Manizales,  donde cerca de 15 mil agricultores  de todo el territorio colombiano reclamaban ser escuchados por parte del estado, que según ellos prefiere priorizar sus recursos en  locomotoras de productividad basadas específicamente en proyectos  de explotación minera, dejando de lado uno de los modelos agrícolas tradicionales del país, MEJÍA,(2012).Por culpa de diversos factores de tipo económico, el café se ve sumido en una profunda crisis que está generando altos índices de desplazamiento, desempleo y deserción hacia las ciudades. Siendo esto, una clara amenaza para la conservación de la tradición cafetera, que por casi un siglo se consolidó, no solo como un modelo económico de interés nacional sino también, como un sistema cultural de una envergadura tal, que logró el reconocimiento internacional, siendo este, un llamado de atención más que un premio, para los gestores y responsables de dicho patrimonio.

La Crisis Cafetera como punto de abordaje al reto PCC

Antes que el reconocimiento obtenido, el patrimonio plantó sus bases en una tradición que comenzó a principios del siglo XX gracias a gestiones unificadas de diversos sectores que permitieron tomar el impulso necesario en las primeras décadas posteriores, para convertirse en un motor de gestión de recursos que hicieron de la región una de las mas prosperas del país, siendo esta, base de desarrollo tecnológico y social.

De allí se consolidó una región que según Duque,(2012) acentuó y moldeó el carácter definitivo del cafetero, al crearse una sociedad igualitaria con una cultura que se nutrió a través del café.

Sin embargo, en los años 70 la producción se vió afectada seriamente por los constantes cambios que también según Duque,(2011), modificaron los pluricultivos a monocultivos, procesos estos que dejaron vulnerables las quebradas permitiendo la aparición de las plagas, que afectaron seriamente los cultivos, además de la tecnificación de procesos que para campesinos con un nivel de escolaridad bajo, resultó difícil de adoptar, alejando a estos de sus actividades originales.

Todo esto sumado a problemáticas de tipo social y económico debido a la revaluación del grano, están haciendo del café un modo de producción cada vez menos rentable para los campesinos que asumen que este, les está dejando “solo perdidas”, siendo una percepción que pone en peligro la continuidad cultural que en las nuevas generaciones es evidente, que se ha ido diluyendo pues sus pretensiones están siendo enfocadas a otros modos de producción más rentable, como por ejemplo la minería.

Como resultado, es necesario el abordaje del problema de la sostenibilidad del paisaje cultural y su declaración desde la raíz que se encuentra  en la crisis actual del café, pues suena lógico pensar que sin una producción agrícola qué realizar, es cuestión de tiempo que el paisaje sufra de irreversibles afectaciones y por ende todo el esfuerzo realizado en conseguir dicho reconocimiento se verá perdido.

Para ello es indispensable que actores como el estado y la academia entren a jugar un papel trascendental, para que se pueda superar el bache que la agricultura cafetera presenta en la actualidad para que luego, cuando este obstáculo sea sobrepasado, poder pensar, ahí sí, en el desarrollo de los métodos que hagan de este patrimonio de la humanidad un atractivo mundial.

El paisaje, un complemento para el  sustento de un modelo económico.

Es claro que la declaratoria por parte de la UNESCO significa un desafío importante para la sociedad cafetera, pues requiere de inversiones que pueden resultar cuantiosas para poder aprovechar al máximo lo que un reconocimiento de este tipo puede aportar para el colectivo cultural.

Sin embargo, según SABATÉ, (2004), aún más que la inversión económica, es importante el reconocimiento oficial. El soporte legal y administrativo adicional a la declaración internacional significa para los propios residentes del patrimonio una gran inyección anímica, es claro que títulos de este tipo generan más obligaciones que recursos, pero a su vez, resultan de gran atracción para visitantes e inversores, que constituyen una marca de calidad para cualquier actividad de la que se pretenda mostrar, en este caso el café. De este modo la autoestima de los residentes se verá magnificada, tan pronto su credibilidad se vea reforzada dejarán se sentirse en un territorio en crisis, para verse como elementos integradores de un futuro viable, con base en sus propios recursos patrimoniales.

Son los propios residentes la parte fundamental de un proyecto económico que busque consolidar el PCC como un atractivo, pues en ellos es que se encuentra la historia y la memoria del patrimonio cafetero. De este modo la declaratoria llega en un momento que el gremio cafetero necesita y que a su vez sabe que puede aprovechar, por eso es importante que en los pasos a seguir sea tenido en cuenta como protagonista principal del proceso y no como un elemento marginado. En este punto es importante tener en cuenta a la academia como medio documentador que se encargaría del abordaje de estas tradiciones para registrarlas y tener un punto de trasmisión escrita de la rica cultura cafetera, pues es claro que la memoria es un recurso patrimonial básico que necesita ser consignado de manera escrita para ser transmitido.

Conclusión

A la par de la crisis surge la oportunidad de la declaratoria como un medio de reflexión cultural que permite dirigir de nuevo la mirada a la región cafetera y su historia, pero esto apenas es el punto de partida que, claro está, tiene un fuerte empujón por parte de la UNESCO.

Desde 1972 este organismo impulsa el deseo de conservación de patrimonios naturales y culturales, de allí en adelante los paisajes de trabajo según Pozo y Sabaté,(2006), están teniendo gran importancia en el desarrollo económico regional de base local. Pero esto no debe interpretarse como el final de un recorrido. Dichos paisajes pueden llegar a constituir un vehículo, un eficaz instrumento para alcanzar el objetivo de construir entornos más diversos y cargados de identidad  para reactivar determinados territorios.

Es pues una oportunidad propicia para que la región adquiera el sentido necesario sin dejar de lado la raíz natural, pues esta, es la que le dio su esencia cultural, allí también entran las distintas instituciones estatales que por medios legislativos garanticen la conservación natural de dichos bienes acompañados de planes de manejo especial, tal como se hacen con los bienes inmuebles, resulta útil plantearlos para bienes de este tipo, que como cualquier otro de interés social tiene amenazas naturales y antró-picas que ponen en riesgo el sistema cultural, de herencia  del pasado y motivo de preservación futura como lo afirma Duque, (2012).

No se puede obviar que los paisajes son estructuras en constante movimiento, cambiantes, que no se congelan, el cambio constante resulta natural y necesita ser abordado de manera positiva ya que en la actualidad hay bases para la pérdida de lo que costó más de un siglo en producirse.

El paisaje entonces como lo afirma, Ojeda (2006), como convergencia de percepciones subjetivas  y como tal patrimonio natural –cultural de una comunidad humana.

Se  requiere entonces de modelos de gestión multidisciplinar, una reunión de saberes académicos que puedan generar medios para afrontar problemas de tipo económico, ambiental, institucional, social, entre otros, que son parte de la actualidad cafetera y que deben ser tenidos en cuenta por estas instituciones si se pretende que el paisajes cultural cafetero tome el impulso para al menos tener un punto de partida hacia un progreso consolidado y sea en especial el complemento a un sistema de producción estable.

Bibliografía

SABATÉ, J. B. (2004). De la preservación del patrimonio a la ordenación del paisaje. ESPAIS . Obtenido de: http://upcommons.upc.edu/revistes/bitstream/2099/1885/1/Preservaci%C3%B3n.pdf  Recuperado el 17 de Agosto de 2012.

DUQUE, G. E. (11 de 06 de 2012). El caracter amable, pujante y laborioso del cafetero. LA PATRIA . Obtenido de: http://www.bdigital.unal.edu.co/6731/1/gonzaloduqueescobar.201226.pdf. Recuperado el 18 de Agosto de 2012.

DUQUE, G. E. (06 de 08 de 2012). EL PAISAJE CULTURAL CAFETERO. LA PATRIA . Obtenido de: http://www.bdigital.unal.edu.co/7193/1/gonzaloduqueescobar.201232.pdf Recuperado el 18 de Agosto de 2012.

DUQUE, G. E. (18 de 07 de 2011). Paisaje cultural cafetero: Disrupción para un desarrollo sostenible. LA PATRIA .Obtenido de: http://www.bdigital.unal.edu.co/3757/1/gonzaloduqueescobar.201146.pdf Recuperado el 18 de Agosto de 2012.

MEJÍA, F. U. (13 de 08 de 2012). Caficultores piden un billón de pesos para salir de la crisis. EL TIEMPO . Obtenido de: http://www.eltiempo.com/colombia/eje-cafetero/ARTICULO-WEB-NEW_NOTA_INTERIOR-12124325.html

Recuperado el 18 de Agosto de 2012.

Pozo, P. B. y  SABATÉ, J.B. (2006). PAISAJES CULTURALES Y PROYECTO TERRITORIAL: un balance de treinta años de experiencia. Barcelona.

Obtenido de: http://upcommons.upc.edu/revistes/handle/2099/10716. Recuperado el 18 de Agosto de 2012.

Rivera, J. F. (s.f.). METÁFORAS CONTEMPORÁNEAS DE PAISAJES ANDALUCES. PAÜL, V. y TORT, J. (Eds.) , 433-449. Obtenido de: http://age.ieg.csic.es/boletin/51/05-DELGADO.pdf. Recuperado el 17 de Agosto de 2012

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El Bahareque y el paisaje cultural cafetero. Caso: Manizales.

Por: Cristian Camilo González Largo
Ingeniero civil, estudiante de la maestría en Hábitat

El paisaje cultural se comienza a reconocer  a principios de  1990, específicamente en la convención mundial de patrimonio  realizada en 1992. La convención reconoció que el paisaje cultural representa “el trabajo combinado de la naturaleza  y el hombre”. En el caso del paisaje cultural cafetero se observa cómo están directamente relacionados la naturaleza, representada por los cultivos de café y otros cultivos típicos de la región, y la cultura ancestral de sus habitantes (Suarez, 2011).

La cultura cafetera está asociada al desarrollo económico de Colombia, por ejemplo con la construcción de vías que permitieron conectar el interior del país con los océanos, para así lograr exportar el codiciado grano de café, especialmente hacia los Estados Unidos. Este mercado ayudó a nuestro país no solo a aumentar su infraestructura vial sino también importar tecnologías nuevas como el tren y el cable aéreo. Así mismo, las robustas ganancias que arrojó el café contribuyeron a la construcción de escuelas en todo nuestro territorio y fortalecer ciudades intermedias como el caso de Manizales (Duque, 2011).

Alrededor del paisaje cafetero se fueron creando estándares de vida asociados a la construcción de una cultura nueva, que fue inmiscuyendo las características geográficas, climáticas, políticas y religiosas, esta última asociada a la iglesia católica.

En el caso de la región centro occidente de Caldas, se han desarrollado varias características tanto materiales como inmateriales asociadas a un paisaje cafetero y a una cultura propia. La ciudad en la década de los veinte del siglo XX se vio beneficiada gratamente, producto de la llamada bonanza cafetera. Esta situación permitió que la ciudad tuviera su propia autonomía financiera e industrial, además de un comercio floreciente, lo que la catapultó como la capital más influyente de esa época en Colombia después de Bogotá como capital de la nación. Estas características especiales de la época convirtieron a la ciudad en una población cosmopolita y de cierto nivel cultural y artístico.

Si bien las afortunadas circunstancias económicas contribuyeron con la construcción de nuestra propia cultura, el paisaje cultural cafetero está directamente asociado a nuestras características geográficas. Manizales y el eje cafetero están ubicados en una zona sísmica alta. A mediados del siglo XIX los antioqueños construían en tapia, la cual fue acogida con agrado y confianza al punto que casi la totalidad de sus construcciones tenían este estilo constructivo. Pero este material resultó no ser el apropiado debido a las características sísmicas de la región asociadas al fenómeno de subducción y otras fallas como Romeral. Por este motivo en la época muchas personas se abstenían de venir a Manizales por temor a los sismos (Robledo, 1993).

Manizales debía encontrar una solución para lograr construcciones más seguras a los sismos ó su traslado sería inexorable. Casualmente se construyó una edificación con la primera planta en tapia y la segunda en madera, poco tiempo después se presentó un sismo en 1885 con la sorpresa que dicha construcción respondió bien al sismo. Este hecho generó confianza en la comunidad, lo que desencadenó que todos quisieran emular este sistema constructivo, dando lugar al “estilo temblorero” bautizado así por el Arquitecto Jorge Enrique Robledo (Robledo 1993).

El nuevo estilo constructivo se basó principalmente en el “Bahereque”, es decir muros de cañas y tierras (según el diccionario), y en el caso del eje cafetero, especialmente a las gramíneas como el bambú “guadua” (Muñoz, 2010). Este material es abundante en nuestra región además de ser de fácil acceso y económico para su obtención y adecuación para el desarrollo de las construcciones (Muñoz, 2010). El desarrollo de esta tecnología propia constructiva se ha enunciado como una cultura sísmica local. Llamada así por haber transformado las técnicas constructivas tradicionales heredadas de los españoles y los antioqueños con ciertas características constructivas que fueron desarrolladas por sus propios habitantes en este caso Manizales, adaptando dichas edificaciones a las necesidades de su geografía (Cardona, 2005; Suarez, 2011).

Edificaciones de más de dos pisos seguras y en bahareque, ubicadas en toda la geografía cafetera. Foto: Omar Darío Cardona

Estas características especiales que rodean el bahareque en Manizales lo hacen parte esencial de su historia y su cultura. El hecho de desarrollar un estilo temblorero que con el tiempo se fue convirtiendo en una cultura sísmica local, hacen de este tipo de construcciones vernáculas como uno de los elementos fundamentales en el paisaje cultural cafetero. En Manizales precisamente las grandes construcciones de su centro histórico y de sus fincas cafeteras fueron producto en su mayoría del dinero producido por el café generando un círculo virtuoso. Incluso se podría afirmar que la cultura local sísmica logró mantener una sociedad viva y arraigada a sus tradiciones como es el caso de Manizales.

Sin embargo a pesar del éxito inicial del bahareque y su estilo temblorero, este ha sufrido un desgaste social, relegándose a construcciones ubicadas en zonas de alto riesgo y en urbanizaciones de bajo ingreso socioeconómico. Esto debido en gran parte a los incendios que se presentaron en la ciudad de Manizales en los años 1925 y 1926. Estos incendios proporcionaron a la sociedad una sensación de inseguridad a tal punto de llamar a la ciudad de Manizales como la ciudad de papel (Robledo, 1993).

Producto de estos catastróficos incendios los manizaleños optaron por importar  un nuevo material para sus construcciones, llamado el ferrocemento o concreto reforzado que se obtuvo de Europa y los Estados Unidos. Este material bien utilizado proporciona construcciones que dan seguridad a los sismos, además, de no ser inflamables como lo es el bahareque.

A pesar de la decadencia evidente del Bahereque, la declaración del paisaje cultural cafetero como patrimonio inmaterial de la humanidad por parte de la UNESCO, realizada en el año 2011 con la finalidad de conservar el paisaje actual y su cultura, da nuevas esperanzas al uso de este material que fue incluido en la norma sismoresistente-NSR-10 en su titulo G. Esta situación da un horizonte hacia nuevas construcciones con el rigor necesario para obtener edificaciones seguras que protejan la cultura y vida de las personas. Sin embargo, hay que tener presente que  los actores más importantes en el paisaje cultural cafetero son las personas que lo habitan y han conservado sus tradiciones centenarias, las cuales hoy por fenómenos como la urbanización y globalización, están en peligro de desaparecer.

En el caso específico del Bahareque vemos cómo estas construcciones están desapareciendo  a pesar de ser vernáculas. Es un sistema constructivo que es resistente a los sismos, y con un manejo adecuado es seguro ante el fuego, asociado básicamente al bahareque encementado que se utilizó en la reconstrucción del centro de Manizales luego de los incendios. Por este motivo es necesario encontrar opciones que ayuden a la conservación de las estructuras de bahareque, involucrando la comunidad.

Se ilustra el estilo constructivo en bahareque desarrollado en la región. Foto: Omar Darío Cardona.

En la actualidad existen  estudios técnicos sobre cómo se comporta este material ante los sismos, pero aún así falta mucho por hacer. Por esto  es necesario hacer un estudio de las características actuales de las construcciones en bahareque y así determinar cuál es su vulnerabilidad asociada. Se hace necesario, por otra parte, identificar acciones que  las hagan autosustentables, revitalizando su uso y su productividad económica, evitando  que se conviertan en piezas de museo de gravoso mantenimiento para sus propietarios. Como parte importante de las estrategias de mitigación del riesgo y de preservación del patrimonio cultural construido, por ejemplo del centro histórico de Manizales, será necesario confeccionar herramientas de apoyo financiero  y  transferencia de riesgos a través del otorgamiento de  créditos especiales y pólizas de seguros orientadas a los inmuebles de esta particular categoría.

Bibliografía:

Cardona, O.D. Gestión Integral de Riesgos y Desastres. Curso Maestría en Medio Ambiente y Desarrollo. (2005a) Colombia.

Duque, Escobar Gonzalo. Paisaje Cultural Cafetero: Bioturismo y Ruralidad en la Ecorregión Cafetera.Manizales.2011. Recuperado de http://godues.wordpress.com/2012/03/22/paisaje-cultural-cafetero-pcc/

Suárez, Dora Catalina. El paisaje cultural cafetero y la cultura local del riesgo: estudio del caso Manizales, Colombia. Master Erasmus Mundus Cultural Landscapes-Maclands-.Trabajo de grado. Université Jean Monnet. Università degli studi di Napoli Federico II. Universität Stuttgart.2010

Muñoz Robledo, José Fernando. Tipificación de los sistemas constructivos patrimoniales de “Bahereque”: En el paisaje cultural cafetero de Colombia. Facultad de ingeniería y arquitectura. Universidad Nacional de Colombia. Manizales. 2010.

Robledo, Jorge Enrique. Un siglo del bahareque en el antiguo Caldas. Bogotá.. Primera edición: El Áncora Editores. Colombia, 1993.

Muñoz Caicedo, Marizol; Trejos Delgado Francineth. El patrimonio en los teatros tradicionales del paisaje cultural cafetero: Aspectos históricos,tecnologícos,valoración y diagnostico.Modelo:Teatro cuesta.Riosucio-Caldas. Línea de profundización: Arquitectura y Patrimonio. Facultad de ingeniería y arquitectura. Universidad Nacional de Colombia sede Manizales.2007

Nuestro paisaje cultural cafetero sin declaratoria ¿Sería Paisaje Cultural?

Por: Jeinsbert Jensen Gómez

Arquitecto Universidad Nacional de Colombia, Estudiante de Maestría en Hábitat Universidad Nacional de Colombia.

Teniendo en cuenta la declaración trascendental del paisaje cultural cafetero como patrimonio de la humanidad por parte de la UNESCO (2011), es importante estudiar el porqué de esta declaratoria, y su significado. Además entender que el gran paisaje cultural es el que se ha creado de generación en generación en las distintas zonas cafeteras colombianas.

Colombia es un país que contiene diversos paisajes que difieren en clima, vegetación y fauna, uno de estos paisajes gira en torno al café, una bebida apetecida en nuestro país y por supuesto por muchos países del mundo. Cabe anotar que conservar nuestro paisaje cultural no es solo centrarnos en lo físico de este sino también en lo inmaterial como elemento de gran importancia cultural.

Área de catación, Comité de Cafeteros de Caldas, Chinchiná. Foto Jensen, 2012

¿Por qué hablamos de un paisaje cultural?

La cultura es el motor de una sociedad, es la fuerza articuladora entre muchas comunidades, pero cuando descuidamos la importancia de la naturaleza podemos lesionar directa e indirectamente el paisaje, como nos explica  Maderuelo,( 2006: página 11) “Si bien la naturaleza ha sido una fuente inagotable de inspiracion en las sucesivas interpretaciones del género conocido como pintura del paisaje, la estética del Idealismo, escorada de un modo unilateral hacia la filosofia del arte como teoría del genio, no expulsó por completo a lo bello natural ni a la viviencia estética de la naturaleza, pero les prestó tan escasa atención, que frustró durante largo tiempo una reflexión sobre el paisaje”. Si es claro que todos los seres humanos podemos dar un juicio estético sobre las cosas dentro de un medio (naturaleza) obviamente lo hacemos a través de la cultura. Deberíamos entonces indagar sobre la relación de la cultura con la naturaleza, una relación de contacto donde actualmente la naturaleza es la más perjudicada.

Es evidente que actualmente se pone en duda el titulo paisaje cultural, donde podríamos hablar de solo un paisaje natural producido por culturas que no reconocemos como tal, siendo lo más importante para muchos gremios y empresas privadas (el valor, entendido como precio). Un gran ejemplo que nos muestra un gran descuido del Estado y algunas organizaciones privadas es la falta de agua potable como lo explica CENICAFE, (2011: 60) “Los titulares de derechos son familias campesinas con hombres, mujeres y niños de origen indígena, afro descendiente y mestizo, que son afecatados por la violencia interna y tienen alto indices de necesidades básicas insatisfechas y pobreza extrema con pocas opciones para generar ingresos estables. Esto se refleja , en la falta de acceso a agua potable, que es un derecho fundamental y factor imprescindible para la salud, el bienestar y el desarrollo”. Olvidándonos en este caso de la cultura, de un patrimonio inmaterial que puede estar en decadencia.

El patrimonio inmaterial dentro de este paisaje se ha dado a través de los años desde la producción del café, nutriéndose  de muchas vivencias tristes y felices de sus caficultores, creando así hábitat, un hábitat que no puede describirse solamente entorno a lo económico.

La gran cultura cafetera expresa un gran sentimiento sobre la tierra, no solo porque es el elemento que les permite lograr “el pan de cada día”, sino que es algo intrínseco entre el hombre y la naturaleza. Así lo reafirma ALMA MATER (2010: 01) cuando sostine “el paisaje cultural es una parte del territorio, resultado de la acción humana y su influencia sobre factores naturales. El paisaje es el resultado de un proceso histórico  natural y cultural de relaciones de una comunidad con un medio ambiente determinado”.

Es necesario estudiar a fondo la importancia que les hemos dado a las comunidades cafeteras en un sentido social, que actualmente exigen con más fuerza debido a la declaratoria de la UNESCO.

El paisaje como elemento social

La trama de la ciudad principalmente está basada por condiciones que son direccionadas por hitos que configuran su estructura; el paisaje también resalta un hábitat, que se “presenta” y se rige por un sistema productivo, que busca de alguna manera el desarrollo de un sector agropecuario de alguna zona en la región cafetera.

Lamentablemente puede considerarse que los lazos sociales pueden estar sumergidos por la imposición de la economía, no obstante podemos indagar sobre las obligaciones sociales que tiene el Gobierno Nacional sobre estos pobladores, ya que ellos impulsan a la dinámica del presupuesto Nacional; es de aclarar que el estado “adopta” un perfil meramente monetario y condicionado a intereses políticos.

La academia a través de muchos estudios ha intentado y lo ha logrado en algunos aspectos, pero hace falta el acompañamiento por falta del Gobierno, se puede llegar a una dinámica social, para establecer un balance que pueda estructurar la vida de los pobladores proporcionalmente con el desarrollo de un territorio, Giraldo Zuluaga (2012: 17) nos explica que laLa construcción de las prácticas culturales y sociales asociadas a la producción agrícola, permiten establecer la forma como se inscriben dichas relaciones en una nueva territorialidad. En la zona cafetera a partir del predominio de la finca familiar, se convierte en la unidad básica de explotación, en donde se combina el cultivo del café con los cultivos de pan coger. Esta forma de tenencia expresa al máximo el uso de la racionalidad campesina, que para tal efecto utiliza estrategias económicas domésticas como el aprovechamiento al máximo de la mano de obra familiar y el uso intensivo del suelo.”.

La problemática social es evidente, es causal a un desarrollo meramente individual y político, pero podemos aclarar que nuestros pobladores están sumergidos en una monotonía que denota intenciones personales, que de alguna forma condicionan y demuestran las consecuencias de un contraste visible en la vidas de los pobladores o agricultores, teniendo como valor agregado muchas problemáticas que atañen a nuestro País como la corrupción, la violencia, y muchos inconvenientes que resuenan en muchos regiones del País. En el informe de la Universidad del Quindío: Paisaje Cultural Cafetero y Valoración Social del Patrimonio en Paisajes Culturales (2009: 25) nos explica que “de igual forma los problemas más comunes hacen referencia a la crisis económica, la falta de educación, la desintegración, entre otros. Para la mayoría de las acciones de cambio se responsabiliza al individuo, a la comunidad y la Junta de Acción Comunal para la recuperación de valores, el mejoramiento del diálogo, la unión, la integración, y la concientización de la comunidad”.

A modo de conclusión

Se nota la necesidad de exaltar todas las costumbres de estas comunidades cafeteras. Esta declaratoria es una oportunidad no solo para conocer más sobre nuestras culturas colombianas sino también para protegerla y promoverlas.

Entender que además del café existen diversos productos agrícolas que también conforman este paisaje cultural. Y por último rescatar todos estos valores culturales de los habitantes de estas zonas cafeteras, trabajando con instituciones públicas y privadas en la búsqueda de un sentido social.

No olvidar que esta declaratoria no puede ser solo el elemento importante en  el conocimiento y promoción de nuestro paisaje. El estudio de la  cultura cafetera es la base para entender que nuestro paisaje sin una declaratoria es un gran Paisaje Cultural Cafetero.

Bibliografía

CENICAFE, F. N. (2011). Construyendo el modelo para la gestión integrada del recurso hídrico en la caficultura Colombiana. Chinchiná.

Maderuelo, J. (2006). Paisaje y Pensamiento. Madrid: Abada Editores.

ALMA MATER, (2010). RED ALMA MATER. Recuperado el 18 de 08 de 2012, de http://www.almamater.edu.co/sitio/contenido-paisaje-cultural-cafetero-59.html

Giraldo Zuluaga, A. L. (2012). PAISAJE CULTURAL CAFETERO. Abril Indiscreto, Universidad de Pamplona Facultad de Ingeniería y Arquitectura Departamento de Arquitectura y Diseño Industrial. pág.17

UNIVERSIDAD DEL QUINDÍO, (2009). CEIR- SOCIALIZACION DE LOS AVANCES DEL PROYECTO PAISAJE CULTURAL CAFETERO Y VALORACIÓN SOCIAL DEL PATRIMONIO EN PAISAJES CULTURALES-informe final. Armenia. Recuperado el 18 de Agosto de 2012, de http://portal.uniquindio.edu.co/fac/humanas/documentos/ceir/proyectos/11socializpcc.pdf

Las comunidades son protectoras potenciales del patrimonio que se construye a partir de un territorio

Gonzalo Zuluaga López.

Arquitecto, Especialista en Gerencia de Proyectos.
Estudiante de la Maestría en Medio Ambiente y Desarrollo, Universidad Nacional de Colombia, Sede Manizales.

Las comunidades se relacionan y comunican a través de elementos que conforman el paisaje y los hacen a la vez afines a su territorio,  de esta manera se conectan internamente logrando que todos sus miembros alcancen una simbiosis que les permite construir un tejido social común. Gómez Álzate  (2010:96), en este sentido anota:

“  En la formación del paisaje, la cultura es el agente, el paisaje natural es el medio, y el paisaje cultural el resultado. Al referirse a los ambientes naturales y culturales interrelacionados, considerados como conjunto, dentro de los cuales el ser humano habita, Mumford habla acerca de la necesidad del ser humano como organismo, y define que su  medio ambiente es la cultura y su cultura se convierte en su medio ambiente”.

Ese tejido se acrecienta, se fortalece y logra permanecer en el tiempo porque se alimenta a diario del  sentido de pertenencia que esa comunidad siente por el territorio donde se asientan sus legados y tradiciones.

El sentido de pertenencia y ese significado de coherencia social que han alcanzado, quienes hoy habitan la región cafetera de Colombia, a partir de cosas que hacen parte de la cotidianidad, como la palabra, el folclor, la comida, como cultivar la tierra  o la manera de habitar, que se experimentan continuamente en el territorio y fortalecen acciones inconscientes de reconocimiento social que potencialmente los convierten en protectores del legado y mas que salvaguardar involuntariamente una tradición, se apropian del sentido de esos elementos para fortalecer sus lazos como comunidad. De esta manera entendemos lo indicado por Lynch (1992:120) al señalar “ las imágenes ambientales son estructuras organizadas de reconocimiento y relación. También están impregnadas con significado, sentimiento y valor”.

Vereda La paz (Chinchiná, Caldas) 2012. Autor: Gonzalo Zuluaga L.

Las comunidades, como las del “café”, que se originaron y que  han crecido y ocupado un territorio, en torno a un monocultivo como el del café, son potenciales protectoras del patrimonio que se construye desde el territorio, porque entienden inconscientemente, que su riqueza, no está en el café mismo, sino que está presente a diario en eso que es intangible, pero que a la vez,  es el medio  para hacerse a bienes y propiedades, que  se acrecientan, a partir del conocimiento y transferencia de tradiciones entre generaciones.

Se reconoce en el cultivo del café el motor de  la ocupación que del territorio se ha hecho. Desde que se inició la migración que dio origen a lo que hoy denominamos como colonización Antioqueña, vemos que este  territorio por la misma apropiación que de él se hizo, lo reconocemos como territorio del café, por encima de cualquier consideración de tipo cultural o antropológico, como puede suponerse para reconocer cualquier medio natural en el mundo. Se debe resaltar que ese territorio se mantiene vivo,  gracias a la fortaleza de la estructura social del pueblo que se conformó en torno al cultivo del café.

Por medio de esa herencia intangible que se ha legado, se han  podido construir a medida que avanzan las generaciones, mejores moradas que las que conocieron sus antepasados, hoy se  cosecha la  misma tierra, pero de mejor manera y se extrae de ella nuevos cultivos y mejores o más abundantes frutos.

La más efímera noción de desarrollo se funda en principios de conocimiento en lo ya experimentado por sociedades predecesoras, esas mismas son las que han dejado una historia y han legado un patrimonio, sobre el cual se cimenta el desarrollo del presente y la estabilidad del futuro, y en sí mismo estos conceptos que se traducen en la supervivencia y el mejor vivir, confrontan la idea inequívoca que los pueblos que se han construido en la región cafetera de Caldas, Quindío y Risaralda, serán por antonomasia, enclaves comprometidos con la protección de su legado y del patrimonio que se construye como estandarte de una raza.

El sentido más simple de conservación, el cual en su idea más primaria alude a la supervivencia, que no olvidemos, fue el eje de la premisa colonizadora de los pobladores que viniendo de Antioquia,  como lo anota Parsons (1997:24), “ el pueblo que hoy, cometiendo una herejía etnológica se llama así mismo la raza antioqueña”, se internó en estas tierras cuando aún eran montañas selváticas, explica porque el hombre y esta comunidad en especial, siempre abogara por la conservación de la vida y en este mismo sentido son protectoras del patrimonio, porque en él, además de encontrar el conocimiento,  encuentran el abrigo y potencian su confort, e implícitamente sienten que a partir del patrimonio construyen más y mejores los medios con los cuales garantizan su vida futura para propios y herederos.

Vereda La paz (Chinchiná, Caldas) 2012. Autor: Gonzalo Zuluaga L.

Proteger el patrimonio, no solo alberga el concepto de que los bienes tanto materiales – como la casa de la finca – o inmateriales – como el conocimiento del cultivo del café- alcancen el estatismo en el tiempo, si no, por el contrario, deben aludir a las acciones que adelanta esta comunidad, ya sea conscientemente  o por necesidad, para preservar el patrimonio vivo en la vida de ellos.

Las comunidades son potenciales protectoras del patrimonio, cuando su manera de vivir o la realización de acciones en pro de la comunidad, permiten que el lenguaje y que por medio de este, la tradición oral y con la riqueza de la palabra, se transmitan saberes y dones propios de esa misma comunidad, este concepto se ve valorado por Rivera (2010:7) cuando dice “Ello será muy importante porque desde estos momentos el concepto de Patrimonio se enriquece de manera notable al introducir ya no solo las arquitecturas menores de las que había hablado y escrito Gustavo Giovannoni en el primer tercio del siglo XX sino también las arquitecturas sin arquitecto ni maestro constructor, obras de entidad básica de las localidades con una historia doméstica fundada sobre todo en la transmisión oral”. Así pues los pueblos serán más ricos en relación con la capacidad de transmitir y  adaptar los saberes y el conocimiento ya aprendidos aunque ello implique  lo que ya desde antaño se conocía, de las condiciones de transitoriedad que se le atribuían al cultivo del café, como lo anota Parsons (1997:226), cuando hace referencia a:

“Mariano Ospina Rodríguez, reconoció el problema de la erosión en su opúsculo de 1880, el cultivo del café cuando escribió: El café crece y fructifica también en terrenos de un declive muy rápido, pero la plantación no puede ser de mucha duración, porque habiendo necesidad de mantener desnudo de yerbas y malezas el terreno, las copiosas lluvias tropicales arrastran la tierra y desarraigan los arboles”.

El patrimonio será potencial  agente de interés de una comunidad, en virtud de las capacidades o bienes que los individuos que conforman esa comunidad pueden lucrarse de él. Lamentablemente, no todos los elementos patrimoniales con los que cuenta una comunidad son potencialmente  “protegibles”, por ella misma, ya que esta comunidad está conformada por individuos  que en principio hacen parte de la naturaleza y como tales, se comportan bajo las premisas que se dictan desde la óptica de las necesidades del principio de conservación y bajo el principio de vida de esta premisas, todos los seres  que conforman esta comunidad, como cualquier ser vivo, sacrificará el legado y sus tradiciones para garantizarse un mejor vivir.

Lo potencialmente protegible es todo aquello que permitirá a la comunidad alcanzar mejores estándares de vida o aumentar sus bienes, la comunidad protegerá y conservará de su patrimonio todo aquello que por sus valores o características de preservación para la especie le sean necesarios, en caso contrario actuará sobre ese patrimonio tanto tangible, como intangible, material o inmaterial, natural o cultural como animal rapaz que obtendrá de él lo mejor que pueda obtener o en caso contrario, lo dejará a un lado porque entenderá que en las  entrañas de ese elemento que ayudó a construir el territorio, no encuentra el alimento que le permita preservar su vida.

En este orden de ideas es sustancial la advertencia y desde allí, la protección que se pueda estructurar desde la perspectiva de la declaratoria de este territorio que construido desde el motor del desarrollo del café, impregnó una característica única, que lo hace merecedor de distinciones  y como claramente lo anotan Sanz, Molina y López (579:2004) al indicar que “el reconocimiento de los paisajes como elementos del patrimonio mundial, constituye una oportunidad para algunos paisajes rurales de valor excepcional que, tras una larga  trayectoria histórica y productiva, se encuentran hoy amenazados por el abandono de sus funciones tradicionales o la sustitución de las mismas por funciones nuevas que compiten con las anteriores sobre el mismo territorio”.

Referencia bibliográfica.

Lynch, Kevin. Administración del paisaje, Editorial Norma, Bogotá, 1992.

Parsons, James. La colonización antioqueña en el occidente de Colombia, Banco de la Republica, El Áncora editores, Bogotá 1997.

Rivera Blanco, Javier, Paisaje y patrimonio, Escuela T. S. de Arquitectura y Geodesia, Universidad de Alca alá, España. Tomado de: http://www.todopatrimonio.com/pdf/cicop2010/06_Actas_Cicop2010.pdf, 2010.Fecha de consulta: agosto 19 de 2012.

Gómez Álzate, Adriana. El paisaje como patrimonio cultural, ambiental y productivo, Revista KEPES, Año 7 No. 6, , págs. 91-106, enero-diciembre de 2010.

Concepción Sanz, Herráiz. Patrimonio cultural y medio ambiental en paisajes rurales. Universidad Autónoma de Madrid, Madrid 2004.

Lugares comunes y lugares inéditos del Paisaje Cultural Cafetero

Por Diego Echeverry Rengifo

Profesional en Gestión Cultural y Comunicativa. Productor  y Realizador Audiovisual. Estudiante Maestría en Hábitat,Universidad Nacional de Colombia Sede Manizales.  Sigue leyendo

Sobre la Sostenibilidad del Paisaje Cultural Cafetero -Algunas reflexiones en torno a la dinámica de los sistemas sociales y los paisajes culturales-

Inventar el hombre es, inventar al porvenir. E inventar el porvenir es inventar nuevas formas de vida a partir de la comprensión de nuestros paisajes. La imaginación de los paisajes es, por ello, el dominio por excelencia de la planificación de los paisajes, esto es, de la planificación del futuro

Pierre Dansereau[1]

Juan David Céspedes Restrepo
Administrador Ambiental
Estudiante Maestría en Hábitat
Universidad Nacional de Colombia -Sede Manizales-
 

Panoramica del PCC hacia el valle del Cocora -Salento-.
Juan David Céspedes, 2011

 El creciente interés frente a los temas de desarrollo regional que ha despertado el territorio conformado por cuarenta y siete municipios que hacen parte de los departamentos de Caldas, Risaralda, Quindío y Norte del Valle; y que hoy, gracias al reconocimiento de la UNESCO ha sido declarado patrimonio mundial de la humanidad[2], representa una oportunidad estratégica de reformular  los procesos de configuración que le han dado origen, como vía para la construcción colectiva de un modelo territorial endógeno, nacido a partir de las características sociales, económicas, culturales, y biofísicas propias del contexto. Este hecho resulta irrefutable no sólo al interior de los escenarios académicos de reflexión/discusión y los espacios institucionales que impulsaron su reconocimiento por parte de la UNESCO, sino también dentro de la comunidad cafetera, y en menor medida, en algunos grupos de personas que día a día, siguen participando en la construcción de este territorio.

El cultivo del café, que según el Centro de Estudios Regionales Cafeteros y Empresariales -CRECE- tuvo su inició hace aproximadamente 150 años[3] [2005. citado por Pinzón y Gil, 2011. p. 115], trazó la forma y función de las laderas en el territorio mediante el desarrollo de mecanismos propios de producción adaptados a la morfología y características únicas del mismo. La identidad creada con base en este proceso productivo ha tenido desde entonces el reconocimiento tácito de la tradición cafetera como elemento central del paisaje y determinante de las relaciones entre el territorio y sus habitantes. Las practicas e imaginarios en torno al proceso productivo del café, han adquirido luego de la declaratoria de la UNESCO una importancia especial como ejes articuladores tanto de las políticas de ordenamiento territorial, como también de los procesos regionales de desarrollo.

Finca Cafetera -Alcalá-.
Juan David Céspedes, 2008

No obstante pese a las fortalezas presentes en el territorio (representadas no sólo por el reconocimiento de la UNESCO y el interés gubernamental que despertó; sino también por atributos como el atractivo turístico, la complementariedad funcional entre las capitales de los departamentos que lo conforman, entre otros), existen al interior de mismo situaciones que amenazan su capacidad de consolidarse regionalmente de manera sostenible. Información socioeconómica, como la que aporta el Índice de Desarrollo Humano y el Índice de Calidad de Vida, revelan que durante la última década no se han presentado incrementos significativos en el mejoramiento de las condiciones de vida de los habitantes de la región (Red Alma Mater, Universidad Tecnológica de Pereira, 2011) [4].

Esta situación, que a simple vista aparece como un problema de poca relevancia, es particularmente importante en términos de la sostenibilidad del Paisaje Cultural Cafetero, ya que en principio los paisajes culturales son como menciona Saver [1925. Citado por Rincón, 2011. p.3]: “El resultado de la acción de un grupo social sobre un paisaje natural (…) allí la cultura es el agente, lo natural el medio, y el paisaje cultural el resultado”. Esta afirmación implica por tanto, que las afectaciones en los sistemas sociales que hacen parte del territorio de un paisaje cultural, se encuentran relacionadas de manera íntima con éste, lo que se traduce en impactos directos sobre las condiciones del paisaje en sí, y sobre su patrimonio histórico y cultural. De acuerdo a esta hipótesis, los procesos encaminados a su conservación y fortalecimiento precisan como menciona Rincón (2011), la preeminencia de las dimensiones sociocultural e histórica, articuladas en pro de que las condiciones humanas, el uso de los recursos y la capacidad de carga se puedan mantener a perpetuidad.

Este hecho es principalmente importante, y exige ser revisado a profundidad, dado que un gran número de procesos sociales se abordan únicamente desde los elementos económicos que los configuran, lo que da lugar a intervenciones centradas en el crecimiento económico, pero que desconocen los imaginarios sociales y la cultura que configura la relación entre los grupos humanos y el territorio que habitan. Este tipo de procesos “desarrollistas[5] impiden la preservación de los valores culturales y se oponen incluso al carácter natural de la economía en sí, la cual de acuerdo con Nicholas Georgescu-Roegen [1971; citado por Toledo, 2006. p.7], tiene por objeto “contribuir a la creación de un bien inmaterial: La felicidad Humana (…); sin el reconocimiento de este hecho y sin la introducción del concepto de alegría de vivir en nuestro instrumental analítico, no podremos descubrir nunca la fuente real del valor económico, que es el valor que la vida tiene para cada ser vivo”.

Sistema Productivo en una Finca Cafetera -Alcalá-.
Juan David Céspedes, 2008

Los procesos de fortalecimiento y consolidación para la sostenibilidad del Paisaje Cultural Cafetero, no deben por tanto ser abordados unidimensionalmente a partir del discurso “desarrollista” ni a través de la formulación de estructuras territoriales rígidas. Por el contrario dada la importancia de los sistemas sociales humanos, es preciso comprender que la aproximación a éstos no puede realizarse de manera estática o lineal debido al dinamismo y la alta complejidad que los caracteriza (Maldonado, 2003).

Para el caso específico del Paisaje Cultural Cafetero, la complejidad mencionada anteriormente es incluso mayor como consecuencia de la escala espacial del mismo. Este aspecto debe ser igualmente considerado con cuidado para poder identificar situaciones que pongan en riesgo la sostenibilidad del territorio, ya que como explican Rodriguez y Osorio (2008) “es grande el número de amenazas que pueden afectar a un paisaje cultural demasiado extenso”, y éstas, aunque se centran en los factores sociales que determinan la posibilidad de preservación de su identidad, también se relacionan en menor medida con la sostenibilidad de los recursos naturales de base, y las vías para su manejo. Este hecho, pone en evidencia también como explica Edgar Morin [2002. citado por Toledo, 2006], la realidad antroposocial de los sistemas naturales y la realidad biofísica de los sistemas culturales como un complejo entramado de relaciones de doble vía.

Es por estas razones que el fortalecimiento regional sostenible del Paisaje Cultural Cafetero necesariamente debe partir de la resignificación de los habitantes que lo han configurado a lo largo del tiempo, especialmente aquellos que se encuentran relacionados de manera directa con la tradición cafetera. Esta resignificación debe partir del contexto e incluir entre otros elementos la reivindicación de las economías locales y regionales en torno al café -entendidas estas economías desde la búsqueda del bienestar y la plenitud-, por medio de la acción estratégica centrada en las relaciones de doble vía entre los sistemas sociales y las funciones naturales del territorio. Adicionalmente, se debe recordar que la complejidad implica por sí misma dinamismo, lo que significa en términos del territorio cafetero, flexibilidad en las estructuras, las formas y las funciones del paisaje; y se opone a condiciones y relaciones regionales estáticas.

Bibliografía

Maldonado, Carlos Eduardo. (2003). Marco Teórico del Trabajo en Ciencias de la Complejidad y Siete Tesis Sobre la Complejidad [Versión digital .pdf]. Revista Colombiana de Filosofía de la Ciencia, Vol 4, No. 8-9. pp. 139-154. Recuperado el 14 de agosto de 2012; Redalyc, Red de Revistas Científicas de América Latina y el Caribe, España y Portugal:
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Pinzón, Gustavo. Gil, Luis Carlos. (2011). El Paisaje Cultural cafetero en el contexto de la Ley Orgánica de Ordenamiento Territorial. Revista La Redvista; No.2 Enero-Junio de 2011. pp. 107-119. Sello Editorial Alma Mater; Pereira.
 
Red Alma Mater. Universidad Tecnológica de Pereira. (2011). Línea de Base de la Ecorregión Eje Cafetero. Pereira: Universidad Tecnológica de Pereira.
 
Rincón, Fabio. (2011).Paisaje Cultural Cafetero: Aspectos Teóricos y Metodológicos de una Experiencia Práctica. Boletín Ambiental del Instituto de Estudios Ambientales -IDEA-. No. 98, Julio de 2011. Universidad Nacional de Colombia Sede Manizales; Manizales.
 
Rodriguez, Diana María. Osorio, Jorge Enrique. (2008). Sistema Patrimonial Paisaje Cultural Cafetero Modelo cartográfico para la delimitación de la zona principal y buffer. [Versión Digital .pdf]. Jorge Enrique Osorio y Alvaro Acevedo (Ed.), Paisaje Cultural Cafetero –Risaralda- Colombia (1era. ed., pp.23-69). Pereira: Universidad Católica Popular del Risaralda: Universidad Tecnológica de Pereira. Recuperado el 15 de agosto de 2012; Red Alma Mater, página web oficial:
http://www.almamater.edu.co/sitio/Archivos/Documentos/Documentos/00000065.pdf
 
Toledo, Alejandro. (2006). Hacia una Nueva visión de la Relaciones entre el Agua, el Hombre y el Paisaje [Versión digital .pdf]. Gaceta Ecológica- Instituto Nacional de Ecología, No. 078. pp. 5-10. Recuperado el 10 de agosto de 2012; Redalyc, Red de Revistas Científicas de América Latina y el Caribe, España y Portugal:
http://redalyc.uaemex.mx/redalyc/src/inicio/ArtPdfRed.jsp?iCve=530907801

[1] En Toledo, 2006. p.9
 
[2] El territorio fue declarado patrimonio bajo la denominación de Paisaje Cultural Cafetero.
 
[3] Según la información aportada por este estudio, las primeras plantaciones de café comerciales en el área del paisaje cultural cafetero fueron establecidas entre 1861 y 1865.
 
[4] Para los Departamentos que conforman el Paisaje Cultural Cafetero el Índice de Desarrollo Humano [IDH] se encuentra cerca del 0,77 y el Índice de Calidad de Vida presenta un valor promedio de 80.
 
[5] El autor utiliza el término con fines de describir los procesos de desarrollo de naturaleza hegemónica que niegan las características propias del contexto y que se centran únicamente en el crecimiento económico. El término parte del discurso de desarrollo expuesto por Lauchlin Currie en el informe Operación Colombia (1960).
 

Los arboles no nos dejan ver el bosque: El Paisaje cultural cafetero

Por Williams Gilberto Jiménez García                                    Administrador Ambiental. Universidad Tecnológica de Pereira Estudiante Maestría en Hábitat. Universidad Nacional de Colombia

A un año de la declaratoria del Paisaje Cultural Cafetero (PCC) por parte de la UNESCO, es necesario detenerse a re-pensar los alcances, retos y oportunidades que ofrece la declaratoria en pro de la configuración misma del territorio objeto de análisis, en este caso la ecorregión cafetera de Colombia. Por tal motivo, es importante realizar una descripción del café desde el contexto ambiental, seguido de lo que significa el PCC y las propuestas que se pueden desarrollar a partir del objetivo de conservar el patrimonio material e inmaterial de la ecorregión cafetera colombiana.

 El café una marca de identidad en momentos de crisis

El café configuró y permitió el crecimiento económico de la zona centro-occidental de Colombia (ecorregión cafetera), conformada, según ALMA MATER (2010) por 47 municipios de los departamentos de Caldas, Quindío, Risaralda y norte del Valle del Cauca, que por sus condiciones bioclimáticas y la cultura campesina permitieron el establecimiento del cultivo, hace más de cien años desde su implantación en el oriente del país y la primera exportación del grano, hasta las consecuentes “bonanzas y crisis” en el mercado interno y externo.

El café en esta zona del país, se presentó, según Duque y Rodríguez (2009) “en los inicios de siglo como un policultivo agroforestal” con una alta diversidad biológica propia de las zonas tropicales. Este sistema agrícola permitió, en un principio, una “convivencia armónica” de la selva tropical propia de los valles interandinos de Suramérica con la organización familiar, es decir, se establecía –para ese entonces- una interpretación entre el acervo cultural de los campesinos, el cultivo y el ecosistema, generando así, un escenario que favorecía la biodiversidad.

El marco del paisaje cultural cafetero en Quimbaya, Quindío

El marco del paisaje cultural cafetero en Quimbaya, Quindío. Fuente: Jiménez, 2007

Varios hechos cambiaron la dinámica de relación de los campesinos cafeteros con su ecosistema: el primer hecho es la idea de comercialización del producto, de hecho necesaria, ya que el café no es un producto agrícola que aporte a la nutrición de las familias; el segundo hecho, es el surgimiento de la Federación Nacional de Cafeteros (FNC) como propuesta organizativa del sector cafetero, que generó todo un cambio tecnológico y cultural (hasta burocrático) en la cadena productiva del café; el tercero, es la apertura del país –con sus tropiezos y aciertos- al comercio internacional; y por ultimo la prolongada situación de orden público de esta zona del país, que pasó de ser escenario de conflicto de las guerras liberales-conservadores, las guerrillas-paramilitares-estado colombiano y el narcotráfico.

La combinación de las anteriores circunstancias con factores ambientales como el cambio climático, la pérdida de suelos producto de la sobrexplotación agrícola, la contaminación de fuentes hídricas, la perdida de bosques, la ganadería extensiva y la pobreza han generado un escenario que atenta contra la sustentabilidad del modelo agrícola cafetero, el cual cabe mencionar se ha basado en la micropropiedad, la subsidiariedad y los valores tradicionales a la escala de la familia campesina.

Prácticas agrícolas inadecuadas en el paisaje cultural cafetero, Filandia, Quindío. Fuente: Jiménez, 2007

El café ha influido de manera directa en el desarrollo de la ecorregión cafetera de Colombia, en tiempos anteriores representó una cruzada, según Duque(2012) contra la pobreza y la inequidad, la exclusión y la marginalidad; por su parte en tiempos de crisis cafetera (como ocurre en la actualidad) ha fomentado el desempleo, la migración, la pobreza y hasta la violencia.

Por tal motivo, es preponderante la acción de instrumentos políticos y académicos que permitan de manera racional conservar parte del patrimonio cultural material e inmaterial, legado de varias generaciones de cafeteros. En este escenario y luego de una década de investigaciones, nace la idea de volver patrimonio este territorio y darle una marca de identidad en respuesta a la crisis, conocida como Paisaje Cultural Cafetero.

El Paisaje Cultural Cafetero

Los esfuerzos por generar conceptos claros y precisos acerca de asuntos polisémicos y etéreos como el paisaje, ha hecho que éste como concepto pierda claridad y se simplifique; a pesar de su importancia en la vida del hombre, se ha perdido el sustento del mismo y se ha reducido a  un “supuesto”, que es usado en el lenguaje común y, a veces de manera inapropiada. Para el presente escrito, se puede decir que el paisaje es una construcción social resultado de la acción del hombre en un territorio concreto, según Delgado y Ojeda (2009) “es un producto complejo que se construye lentamente con dinámicas especificas e interrelacionadas de carácter natural, social y cultural”.

El paisaje, según Pinzón (2010) “tiene unas características únicas por la intervención del trabajo humano, que en el caso de la región del eje cafetero colombiano, es una obra colectiva en la que predomina la cultura de la colonización antioqueña que trajo consigo el cultivo del café”. Estas características están representadas en los procesos de selección de semilla, germinadores, siembra, cuidado en el crecimiento de la planta, recolección del fruto, procesamiento del fruto, transporte, comercialización del grano y consumo del mismo, además de las formas de la crianza y reproducibilidad de las familias, el trabajo familiar, las relaciones sociales y de poder, los mitos y leyendas cafeteras, las costumbres, la gastronomía, la arquitectura y la escala de valores cafeteros.

En medio del café. Circasia, Quindío. Fuente: Jiménez, 2007

Teniendo en cuenta lo anterior, el paisaje según Delgado y Ojeda (2007) se carga de un cumulo de saberes vivenciales y emocionales, que en el caso del PCC hablan de la forma de contemplar y sentir el mundo que expresan y transmiten identidad, tristeza, placer, nostalgia o rechazo, a la vez que genera lucro económico, subsistencia, recreo y seguridad, en otras palabras condiciona la creación del hábitat de sus pobladores.

El café se ha convertido en la identidad de una región y de un país de regiones, es el “logo comercial” por el que Colombia es reconocido ante el mundo; gracias al cultivo del café se han educado miles de colombianos, se han construido cientos de kilómetros de carreteras, se ha aumentado el PIB de la nación por muchos años, se han constituidos cientos de centros poblados y tres ciudades capitales departamentales; y es precisamente el café, el detonador de las principales problemáticas sociales en el país.

La declaratoria del PCC representa una oportunidad de visibilizar ante Colombia y el mundo el carácter del paisaje de esta zona del país y las serias problemáticas que afrontan las 500.000 familias que viven de este cultivo, así mismo, puede ser un “salvavidas” para reactivar, según Duque (2012) la actual recesión de la economía rural cafetera; y además puede representar un oportunidad para repensar y revaluar los modelos de transformación agrícola del territorio y las relaciones humanas, según Duque y Rodríguez (2009) con los agroecosistemas.

A manera de conclusión y propuestas

La declaratoria del PCC es una oportunidad de revaloración de las costumbres y hechos que dieron lugar a lo que es la actual ecorregión cafetera de Colombia. Se debe traspasar la idea de que esta declaratoria es solamente una oportunidad comercial turística, que generará empleo a corto plazo y no incentivará la generación de conciencia critica en cuanto a toda la cadena productiva agrícola, no solo del café, sino de todos los productos agrícolas relacionados con el mismo, como es el caso del plátano, la yuca, las orquídeas, el ganado entre otros.

Así mismo, en pro de la sostenibilidad de los atributos del PCC, se debe garantizar que la distribución de los recursos económicos que se generen a partir de la gestión de este patrimonio mundial sean repartidos con equidad entre las personas que construyen en realidad el PCC y, no las instituciones de carácter politiquero, las Federaciones agremiadas con alto poder burocrático, los narcotraficantes o las agencias turísticas.

A su vez, se debe trabajar de la mano con todos los grupos etarios que viven en el PCC y, en especial con los jóvenes, en los siguientes temas: empoderamiento del territorio, generación y transformación de una renovada identidad cafetera; democratización de las nuevas tecnologías en el proceso productivo del café; ampliación en la cobertura de educación de calidad y contextual; establecimiento de conexiones terrestres y de comunicaciones y; visibilización de la cultura cafetera y de sus valores como hecho de construcción social.

Para finalizar, el paisaje es un componente del bienestar social y particular, un recurso colectivo construido por múltiples generaciones, es democrático porque es de todos y es de nadie y es un componente circunstancial del patrimonio material e inmaterial. Por tal motivo el cuidado, la conservación, la sostenibilidad y la valoración (en cuanto al valor y no al precio) es una tarea de todas las instituciones, la sociedad civil, la academia, los campesinos y demás grupos humanos, de sus pobladores y de sus visitantes.

En síntesis, el recuento anterior nos permitirá ver el bosque sin que la declaratoria nos quite la visión de lo que hoy acontece en el PCC.

BIBLIOGRAFÍA

ALMAMATER. (2010). Paisaje Cultural Cafetero. Obtenido de http://www.almamater.edu.co/sitio/contenido-paisaje-cultural-cafetero-59.html. Recuperado el 9 de Agosoto de 2012

Delgado, B., & Ojeda, J. (2007). Metáforas contemporáneas de paisajes andaluces. En V. Paul, & D. Tort, Territorios, paisajes y lugares (págs. 433-449). Barcelona: Galerada. Disponible en: http://www.upo.es/ghf/giest/documentos/paisaje/delgadoyojeda06_metaforas.pdf.

Delgado, B., & Ojeda, J. (. Boletin de la A.G.E No 51. de 2009). La comprensión de los paisajes agrarios españoles. Aproximación a través de sus representaciones. Boletín de la Asociacion de Geografos españoles No 51. Disponible en: 93-126 http://age.ieg.csic.es/boletin/51/05-delgado.pdf, 93-126. Obtenido de Asociación de Geografos españoles.

Duque, A., & Rodriguez, D. (2009). El Paisaje Cultural Cafetero: Reflexiones desde la diversidad agrícola y las percepciones historicas de la naturaleza y la cultura. En C. E. Lopez, & U. Hernandez, Diálogos de saberes, cienciase ideologías en torno a lo ambiental (págs. 121-128). Pereira: Universidad Tecnologica de Pereira.

Duque, G. (2012). Institucionalidad en el Paisaje Cultural Cafetero. Obtenido de Godues.wordpress: http://godues.wordpress.com/2012/07/31/institucionalidad-en-el-pcc/. Recuperado el 9 de Agosto de 2012

Pinzón, G. (2010). Factores reales y valores en el Paisaje Cultural Cafetero. Obtenido de Red Alma mater: http://www.almamater.edu.co/sitio/Archivos/Documentos/Documentos/00000110.pdf. Recuperado el 9 de Agosto de 2012