Archivo mensual: septiembre 2012

Paisaje Cultural Cafetero: El futuro de los caficultores de tradición

Daniel S. Jurado Jaramillo.
Arquitecto Universidad Nacional de Colombia.
Miembro del grupo de trabajo académico de patrimonio urbanístico y arquitectónico de la Universidad Nacional de Colombia, Sede Manizales.
daniel.juradojaramillo@gmail.com

Caficultores de Tradición

Los caficultores que hacen parte del Paisaje Cultural Cafetero (PCC), tienen merito propio en el proceso adelantado durante la inscripción de este paisaje colombiano en la lista de patrimonio mundial de la UNESCO[1]; son actores integrales que impregnan en cada taza una mezcla de historia, constancia y trabajo, aspectos fundamentales para posicionar el café colombiano como uno de los mejores del mundo.

“Café hecho a mano”, recolectado y secado de forma tradicional,  realizando todas las labores de post-cosecha por parte de la familia cafetera, demuestra ese compromiso especial con el producto que sale de su finca.

Hacienda cafetera Cuernabaca, Risaralda, Caldas. Foto Jurado 2012

“La información es fundamentalmente el saber campesino acumulado a través de décadas de experiencias con el cultivo” Cifuentes, (1997:109). Si bien es cierto que su  trabajo honesto, esfuerzo, dedicación permanente, cultura de la calidad y estrecho vínculo entre tradición familiar y el mundo moderno, así como la forma de heredar de padre a hijo este arte de la recolección del café, también se debe reconocer que el aspecto económico no puede en si mismo solventar las necesidades de un caficultor que se enfrenta a un mala cosecha o una caída en los precios en el mercado actual, hecho que cobra importancia cuando la opción de seguir una casta campesina dedicada al cultivo de café, se pone en crisis, ante apuestas utópicas mas urbanas de una salario fijo, prestaciones sociales y una quizás estabilidad económica fruto de otra actividad productiva.

La Magia del Café

El reconocimiento del café a nivel mundial es evidente, una taza de café puede representar una experiencia diferente en cada persona como afirma (Rodríguez, 2005:12)  “el café tiene una magia especial”.  Por eso, bien vale la pena saborear por estos días esta voluptuosa bebida de matices cobrizos y sabor amargo, tostado y afrutado, mientras se disfruta del placer de la tertulia y se aprecian imágenes de los más bellos y tradicionales cafés del mundo. Experiencia que solo puede ser vivida por cada paladar, donde de manera inconsciente el caficultor plasma sus deseos y compromiso especial, se convierte en eje estructurante entre el árbol y la taza de café.

En su ardua tarea de reconocimiento ante la UNESCO, “se ha venido construyendo una noción de paisaje cultural que comenzó haciendo énfasis en los aspectos inmateriales de la cultura cafetera, pasando por la reivindicación de sus valores escénicos, hasta lograr comprender la importancia del paisaje productivo como un factor integrador entre ecosistema y cultura” (Acebedo, 2009). Dichos elementos no palpables que para efectos de un reconocimiento mundial reposan sobre los sentidos, se unen al paisaje, los caficultores y los procesos productivos tradicionales, no percibidos con una simple descripción en la etiqueta. Son concepciones únicas que se materializan en el territorio en forma integral, basándose en una cultura propia de trascendencia y proyección que debe ser cuidada para garantizar ante todo la misma responsabilidad natural en el manejo y cuidado del café, así como en las proezas productivas de esta cosecha de montaña.

La Economía del Caficultor

A principio del siglo XX “El campesino fue asimilado al indio, mas que a una clase social. Esta masa de trabajadores era de personalidad servil, que en principio buscaba trabajo y no tierra”. Machado, (2001: 81), El caficultor cumplía  una labor en función de obtener ingresos a cambio de ello, no existía el vinculo con la tierra que se cultiva y cosecha, que genera ingresos como un plus a ese cuidado.

No es un misterio que todos los ejercicios o labores humanas esperan una remuneración a cambio del servicio prestado. Para los caficultores no es una excepción, pues su cultura cafetera no se sustenta solo en la pasión intrínseca en el grano de café recolectado, también es su forma de obtener un ingreso económico que garantice los futuros procesos de recolección sobre los que gira la familia cafetera, comercio que se da en relación a la producción que se logra en la época de cosecha y las garantías que se ofrezcan por parte de los compradores.

Según Toro, (2012: 01) “Existe hoy en el mundo una gran demanda de productos de origen vegetal, que sirven para el consumo humano, y es bueno reconocer que se pagan sobre precios por las buenas calidades”. Lo anterior podría hacer pensar que el café dado su reconocido nivel de calidad y popularidad mundial, debería ser uno de los productos agrícolas mejor pagados, garantizando que el dinero que se paga en cualquier “Coffee Shop” del mundo, se vea reflejado en un porcentaje justo para el Caficultor.

El productor cafetero en Colombia radica su economía en practicas como las que describe Cifuentes, (1997:102-103) “El campesino concibe el modelo de producción de café con sentido de largo plazo, de uso múltiple del entono y de baja exigencia en insumo, capital y mano de obra. En este caso lo mas importante es garantizar un nivel de producción de grano de café que se mantenga sin grandes variaciones a través del tiempo; la calidad de la producción por unidad de área es un factor secundario.” Este método así como los que han surgido en medio de la necesidad, son empleados por el caficultor en su afán de evitar que la crisis económica (cada vez mayor) lo lleve a buscar alternativas que nada tengan que ver con el campo.

Alternativas por cierto nada “fáciles” ante los ojos de una familia, sometida a múltiples presiones, tales como un evento geológico en donde pierde su cosecha a causa de un deslizamiento de las empinadas laderas donde se cultiva el café, una caída en los precios que hagan de una gran cantidad de bultos de café, una suma que no cubre ni la mitad del costo del proceso de recolección, o una mejor opción en el ámbito Urbano. Todas son posibles alternativas para los jóvenes que han crecido con la cultura del café, que al ver un futuro improbable y no garantizado en algunos casos, buscan soluciones donde un salario inferior al mínimo se vuelve la salida utópica a una vida agrícola inestable.

Este problema se hace mas fuerte cuando dichas soluciones no son tan fáciles de tomar y en el peor de los casos una familia campesina caficultora se ve obligada a desprenderse de su tierra y buscar nuevos oficios, para los cuales su herencia cafetera sirve de poco, obligando a refugiarse en uno de los denominados guetos urbanos para buscar un comienzo rodeado de pobres de ciudad, Así lo advierte Duque, (2012: 01) “Ya los pobres de la ciudad son una mezcla de los pobres urbanos con su particular noción del consumo y peculiares costumbres, y de los pobres rurales hijos de la crisis que asola la ruralidad colombiana”. A esto se suma la idea de que los hijos de los caficultores que carecen de educación irán cerrando esa brecha entre las fronteras de la ilegalidad y espacios de delincuencia, fruto de un desarraigo económico forzado.

Una Mirada mas Positiva

El gobierno Nacional, en una de sus tantas iniciativas por garantizar los derechos de los campesinos que subsisten de la producción agrícola, debe tener una visión retrospectiva en la cultura del café y mas aún con la inscripción del paisaje cultural cafetero en la lista de patrimonio mundial de la UNESCO. Debe promover planes de acción en los que no deje en manos de Comités y federaciones los alcances sociales y beneficios para los caficultores, deben ser ellos mismos representados por sus alcaldías y gobernaciones quienes busquen una integralidad agro-educativa y promuevan la cultura cafetera como alternativa de vida, llevando esta idea a los demás sectores de la agricultura, donde se garantice que el producto que se cosecha se compra al precio establecido y justo, en el que se beneficie el comprador y el productor, sin ansias de lucro y como un método de fortalecer la economía regional. Las entidades educativas tienen un papel fundamental en la promoción, divulgación e investigación del PCC, así como los temas que tiene que ver con la agroindustria; todo ello para impulsar de forma positiva una empatía en las conciencias colectivas de los colombianos.

Paisaje Cultural Cafetero y Agrícola, sector El Rosario, Manizales, Caldas. Foto Jurado 2012

Bibliografía

Acebedo, L. F. (21 de Diciembre de 2009). Paisaje Cultural Cafetero. En: Caleidoscopios Urbanos. Recuperado el 18 de Agosto de 2012, de http://caleidoscopiosurbanos.blogspot.com/search?updated-min=2009-01-01T00:00:00-05:00&updated-max=2010-01-01T00:00:00-05:00&max-results=36

Cifuentes, L. E. (1997). Panel De Caficultura Sostenible. Costa Rica: ICAFE.

Duque Escobar, G. (31 de Julio de 2012). Institucionalidad en el paisaje cultural cafetero. En: Godues. Recuperado el 17 de Agosto de 2012, de http://godues.wordpress.com/2012/07/31/institucionalidad-en-el-pcc/

Machado, A. (2001). El cafe en Colombia a principios del siglo XX. Bogota D.C: Universidad Nacional de Colombia.

Rodríguez, P. S. (2005). Intelecto y Cafe, Lecturas Fin de Semana. El tiempo.

Toro, R. V. (11 de Agosto de 2012). El Meridiano. Recuperado el 18 de Agosto de 2012, de http://www.elmeridianodecordoba.com.co/index.php?option=com_k2&view=item&id=9826:caficultura&Itemid=127


[1] Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura.

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La noción de paisaje, sesgado por un juego de palabras

Por Jeinstom Jensen Gómez 
Arquitecto. Universidad Nacional de Colombia sede Manizales.
Estudiante Maestría en Hábitat. Universidad Nacional de Colombia

El Paisaje Cultural Cafetero ya ha cumplido un año de la declaratoria sustentada por la UNESCO, y deberíamos empezar a considerar los beneficios que ha dejado esta inserción dentro del listado de los paisajes más importantes del mundo; podríamos analizarlo entendiendo un poco la gramática que rodea todo este ámbito de la naturaleza. Por tal motivo nos enfocaremos en la relación de este tipo de hábitat, visto como una instauración didáctica, para propender un desarrollo con sostenibilidad, y la conservación de un patrimonio en la región cafetera como lo es el Paisaje Cultural Cafetero (PPC).

El concepto de Valor, sesgado por la idea básica de Precio.

Cuando hablamos de paisaje, pensamos en algunas ocasiones todo lo que encierra lo natural, lo medio-ambiental, que no nos permite deja ir más allá del significado primordial. Su paráfrasis está condicionada por conceptos económicos que basan sus principios en establecer mecanismos para beneficios comerciales que olvidan el concepto de patrimonio, que pretenciosamente se entiende como lo que es considerado a conservar.

El uso de un nuevo “idioma” o cambio de palabras, ayudarían a reinterpretar los objetivos de la sociedad frente al uso que tenemos de términos enfocados solamente a una realidad económica, por éste motivo según Mitchell (2007, 2009: pág. 90-91) “…nuestro objetivo, el de los que estamos interesados en cómo se generen los paisajes, debe ser entender dichos paisajes como partes sólidas y fundamentales del mundo y también como intérpretes de las relaciones sociales que en él se dan. Los paisajes se crean y se crean en las relaciones sociales y funcionan como parte de la totalidad social.”

¿El paisaje como patrimonio físico o paisaje integral?

El paisaje cultural cafetero lo podemos considerar como parte fundamental del territorio colombiano, que impulsa la economía del país, ¿pero es esto suficiente para el desarrollo de una región?. Deberíamos pensar más a fondo en la huella que deja la relación intrínseca en un paisaje, que esta denotado por un carácter que lo determina y lo aplica a un espacio que llamamos luego “territorio” y lo hacemos propio.

Es necesario pensar en el estudio de las relaciones humanas frente a un paisaje visto como espacio productivo de una manera didáctica para impulsar su valor patrimonial, Hernández (2010: pág. 167-168) nos explica que “El uso del Paisaje Cultural como recurso didáctico nos permite reflexionar sobre la enseñanza de dos de los aspectos fundamentales de las Ciencias Sociales, el Espacio y el Tiempo. Aunque también se puede y se debe emplear para la consecución de contenidos asociados con las Ciencias Naturales – el medio ambiente en que viven las sociedades humanas, la variabilidad de la flora dependiendo del clima imperante, la fauna, …-, favoreciendo con ello aprendizajes interdisciplinares.”.

Las palabras marcan pautas que mal direccionadas pueden ocasionar problemáticas sociales y condicionar al desarrollo de una región, pero es necesario tener claro muchos conceptos que han quedado o están mal interpretados en una región como la del eje cafetero. Según  Ocampo, (2010: pág. 9) “Es evidente la falta de formación sobre el tema del Patrimonio en el marco de la educación ambiental; evidenciándose en la poca participación de las comunidades locales, esto acompañado de la falta de capacitación, comunicación y divulgación para que haya un acceso y manejo adecuado de la información ambiental, lo que repercute en el poco fortalecimiento en la cultura ambiental ciudadana.”. 

Paisaje Cultural cafetero Quimbaya (Quindío). Fuente: Jensen, 2012

Podemos considerar la mixtura que nace de la mezcla de aspectos primordiales en el paisaje cultural cafetero que RAMSAR (2011: pág. 2) expone como “Caracterizados por la integración de las respuestas espirituales, materiales y tecnológicas de los seres humanos a su entorno, los paisajes culturales demuestran la indivisibilidad de la naturaleza y de la cultura.”.

La instauración de nuevos conceptos permitirá la renovación de la noción actual del PPC, frente a su reconocimiento basado en sus aspectos y relaciones de espacio con naturaleza, convertido en territorio, pero que estén sustentados por una identidad de una sociedad como la región cafetera en Colombia. Por esta razón  Vallejo, (2012 pág. 5) nos explica que “El Paisaje Cultural Cafetero (PCC) es una oportunidad y una responsabilidad compartida entre los departamentos que lo conforman y el gobierno nacional. En la reunión realizada, la semana pasada en Chinchiná, con los congresistas, las autoridades departamentales y locales y los gremios del sector privado, el Ministro de Comercio, Industria y Turismo y la Viceministra de Cultura recordaron el gran riesgo que se puede correr, si por falta de acciones, en los territorios de los municipios que componen el PCC, nuestra zona llegase a ser declarada como un paisaje de la humanidad en riesgo”.

Para finalizar, podemos involucrar aspectos que coliguen y sustenten una trama de conceptos abordados a una posible solución, ya que existe una gramática que olvida o utiliza aspectos como la democracia, el patrimonio, el hábitat; y por tal motivo ha condicionado a sus pobladores a un pensamiento cíclico (producto-economía-beneficio) que repercute en los visitantes y en todo el país.

El País necesita un cambio de palabras, para propender un desarrollo basado en Educación y Sustentado en una Cultura.

Bibliografía

Hernandez Carretero, A. M. (2010). El valor del paisaje cultural como estrategia didáctica. Tejuelo, nº9 (2010), págs. 162-178. El valor del paisaje cultural como estrategia didáctica, 167-168.

Mitchell, D. (2007, 2009). Muerte entre la abundancia: los paisajes como sistemas de reproducción social. En J. Nogué (ed.), La construcción social del paisaje (págs. 90-91). Madrid (España): Biblioteca Nueva.

Ocampo Restrepo, M. M. (2010). Lineamientos estratégicos para la gestión cultural ambiental como aporte al plan decenal de Educación ambiental de Risaralda y al plan de manejo del proyecto paisaje cultural cafetero colombiano. Pereira (Risaralda). Pág. 9.

RAMSAR, O. d. (12 de Diciembre de 2011). RAMSAR. Convención sobre los humedales. Recuperado el 19 de agosto de 2012. Disponible en: http://www.ramsar.org/pdf/info/cultural_heritage_s07.pdf

Vallejo De la Pava, A. (Domingo 06 de Mayo de 2012). Recuperado el 19 de Agosto de 2012, Paisaje Cultural Cafetero. En: http://adrianavallejo.blogspot.com/

Paisaje Cultural Cafetero y patrimonio cultural inmaterial

David Builes 
Sociólogo, Universidad de Antioquia – Sede Medellín
Estudiante Maestría en Hábitat, Universidad Nacional de  Colombia – Sede Manizales

La reciente inclusión de lo que se ha denominado Paisaje Cultural Cafetero (PCC) en la Lista de Patrimonio Mundial de la Organización de las Naciones Unidad para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), propone llamar la atención sobre algunos aspectos que constituyen un importante renglón en las características que le imprimen al PCC su carácter de patrimonio de la humanidad, a saber, aquello que es agrupable bajo el rótulo patrimonio cultural inmaterial o patrimonio cultural intangible.

Esto es particularmente oportuno, si tenemos en cuenta, por un lado, que una parte fundamental del proceso que condujo a la inclusión del PCC en la lista antes mencionada fue la selección de áreas homogéneas o unidades de alta singularidad con arreglo al valor excepcionalidad (Rincón, 2011, p. 8), descompuesto a su vez en atributos como: hábitat humano adaptado, expresiones culturales, tecnologías en la cadena productiva del café, institucionalidad, belleza escénica, entre otros que se considera hacen parte esencial de las unidades que constituyen el PCC; pues estos atributos tienen claros vínculos con las “tradiciones orales, artes del espectáculo, usos sociales, rituales, actos festivos, conocimientos y prácticas relativos a la naturaleza y el universo, y saberes y técnicas vinculados a la artesanía tradicional” (UNESCO, 2012), precisamente aquello que la UNESCO denomina patrimonio cultural inmaterial.

Y, por otro lado, es particularmente oportuno llamar la atención sobre este asunto, en vista de que en la actualidad se están desarrollando esfuerzos que deben conducir a un plan de acción que haga del PCC un sistema sostenible, como el reciente Taller Internacional de Estudios del Paisaje: Los Paisaje Culturales Productivos, eventos que si bien aluden en alguna medida al patrimonio cultural inmaterial del PCC no lo contemplan como un aspecto capital de sus temas de discusión.

La naturaleza de lo que en el PCC puede ser entendido como patrimonio cultural inmaterial, se puede ilustrar mediante la presentación de un par de ejemplos. En primer lugar, vale la pena anotar un asunto que –pese a su vasta magnitud y, entonces, gran importancia– fue casi completamente ignorado en el evento mencionado, realizado en las ciudades de Manizales, Pereira y Armenia, entre los días 30 de Julio y 04 de Agosto de 2012. Se trata de los trabajadores cafeteros, quienes durante muchos años y todavía hoy siguen formando el grupo mayoritario del sector agrícola (Ramírez, 2004, p. 15); específicamente, de la naturaleza de las relaciones laborales que estos han construido en torno a la producción de café en Colombia, particularmente en la zona que ha sido denominada PCC, conformada por 47 municipios de los departamentos de Caldas, Quindío, Risaralda y Valle del Cauca (Saldarriaga, Duis & Arango, 2010, p. 18). La cuestión bien puede abarcar asuntos que van desde un balance sobre las experiencias y procesos agro-industriales previos a la consolidación de la caficultura en la zona, hasta lo que se puede observar en trabajadores específicos en sitios particulares, pasando por una revisión de las formas de tenencia de la tierra destinada a los cultivos, un análisis de los procesos de orden político, social e institucional que afectaron las relaciones laborales de tales trabajadores y una revisión pormenorizada de la fase de tecnificada en el proceso de producción del café, tal como lo hace Renzo Ramírez (2004) en Formación y transformación de la cultura laboral cafetera en el siglo XX.

En segundo lugar, resulta apropiado mencionar una cuestión que se derivada del último punto anotado en el parágrafo anterior. Se trata de las modificaciones que propicia o induce en la vida cotidiana de los trabajadores cafeteros la incorporación de avances técnicos que afectan los procedimientos necesarios para darle al café las características que requiere para entrar en los circuitos de mercado. En 1938 la Federación Nacional de Cafeteros (FNC) creó el Centro Nacional de Investigaciones de Café (Cenicafé). Desde entonces, la tarea de este centro ha sido realizar contribuciones a la generación de tecnologías para promover el mejoramiento de prácticas relacionadas con la producción del café. Con respecto de este propósito, se puede indicar el desarrollo de máquinas e instrumentos como el rastrillo para revolver café en el proceso de secado al sol (Oliveros, López, Sanz & Ramírez, 2006), la paleta plástica para lavar café (Sanz, Oliveros, López, Mejía & Ramírez, 2007) y un sistema de aprovechamiento de la energía calórica generada por estufas usadas en fincas campesinas para el secado del café (Álvarez & Martínez, 2007), entre otros artefactos que cuentan con una característica que los hace muy especiales, a saber: su construcción puede realizarse mediante la adaptación de elementos que es posible conseguir en las fincas cafeteras o en depósitos cercanos a las mismas. Desarrollos de igual naturaleza se les atribuye a diversos diseñadores industriales de la Universidad Católica de Pereira (Gómez, 2011, p. 49). Se trata pues de herramientas que por contar con la cualidad antes señalada se encuentran al alcance de buena parte de quienes están involucrados en la actividad cafetera, con lo cual se convierten en instrumentos que tienen grandes posibilidades de afectar significativamente la concepción que tienen de su entorno los caficultores.

Ya indicado de modo aproximadamente claro qué es aquello que en el PCC puede entenderse como patrimonio cultural inmaterial, vale decir que evidentemente el tipo de objetos que denotan los ejemplos propuestos nutren ampliamente el acervo de cualidades que le imprimen carácter excepcional al PCC; asimismo, vale decir que resulta relativamente evidente que mantener estos temas simplemente como accesorios o cuestiones de fondo en los eventos que promueven la construcción de directrices para la construcción de un PCC sostenible puede acabar por menoscabar la relevancia de una serie de asuntos cuyo potencial, con respecto del propósito que se presume tienen estos eventos, es de magnitud inconmensurable.

Y se afirma que son asuntos con un potencial inconmensurable –básicamente– por dos razones, íntimamente relacionadas: por una parte, el estudio de dichos objetos permite comprender de modo satisfactorio múltiples aspectos de la identidad que los caficultores han desarrollado a lo largo de algo más de un siglo y –¡en esta medida!–, por otra parte, la comprensión de tales aspectos permite desarrollar proyectos que llevarían a la apropiación del PCC por parte de la población caficultora, cuestión que constituye una de las mayores dificultades en el Plan de Manejo del PCC, debido al bajo relevo generacional con que cuenta la actividad cafetera (Ministerio de Cultura – Colombia, 2011, p. 63).

REFERENCIAS

Álvarez, J. & Martínez, D. (2007). Aprovechamiento de la energía calórica de estufas campesinas para el secado del café. Avances Técnicos. Cenicafé, 366, p. 01-08.

Gómez, Y. (2011). La cultura material cafetera… Estado del arte. Arquetipo, 01, 02, p. 39 -53.

Ministerio de Cultura. (2011). Paisaje cultural cafetero. Un paisaje cultural productivo en permanente desarrollo. Colombia: Ministerio de Cultura.

Oliveros, C.; López, U.; Sanz, J. & Ramírez, C. (2006). Nuevo rastrillo para revolver café en proceso de secado al sol. Avances Técnicos. Cenicafé, 346, p. 01-04.

Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco). (2012). ¿Qué es el patrimonio cultural inmaterial? [Documento Online: recuperado 24, agosto, 2012]. http://www.unesco.org/culture/ich/index.php?pg=00002

Ramírez, R. (2004). Formación y transformación de la cultura laboral cafetera en el siglo XX. Colombia: Ministerio de Cultura, La Carreta Editores.

Rincón, F. (2011). Paisaje cultural cafetero. Aspectos técnicos y metodológicos de una experiencia práctica. Boletín Ambiental. Instituto de Estudios Ambientales (IDEA), 98, p. 01-12.

Saldarriaga, C.; Duis, U. & Arango, O. (2010). Paisaje Cultural Cafetero Colombiano. Colombia: Universidad Tecnológica de Pereira, Red Alma Mater – Red de Universidades Públicas del Eje Cafetero, Universidad del Quindío y Centro de Estudios e Investigaciones Regionales (CEIR).

Sanz, J.; Oliveros, C.; López, U.; Mejía C. & Ramírez, C. (2007). Paleta plástica para lavar café con menor esfuerzo. Avances Técnicos. Cenicafé, 361, p. 01-04.

Reflexiones ante la sostenibilidad del PCC posterior a la inclusión en la lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO

Mercedes Cristina León Calderón.

Estudiante Maestría en Hábitat.
UNC Sede Manizales.

Con la realización del Taller Internacional Estudios del Paisaje: Paisajes Culturales Productivos llevado a cabo en el Eje Cafetero (Colombia) del 30 de julio al 4 de agosto de 2012, se establece un punto de partida para analizar las diferentes implicaciones generadas por la inclusión del Paisaje Cultural Cafetero de Colombia en la lista de Patrimonio Mundial de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura –UNESCO–.

A nivel general, a lo largo de la historia de Colombia, el café ha sido uno de los determinantes en el desarrollo geopolítico del país, desde los comienzos en los sembradíos a finales del siglo XIX y la expansión de los cultivos a lo largo de la región andina, de la mano de los procesos de colonización (Estrada, 2011, p. 282), pasando por las manos de los pequeños productores, hasta su consolidación como producto protagonista de la economía nacional.—

Lo anterior ha llevado a que el café no sólo deje huella a nivel económico, sino en una diversidad de ambientes entre los que se puede contar incluso los cambios en el territorio, es decir, en el paisaje, la sociedad y su cultura, como se muestra más adelante. A partir de las relaciones entre el café y estos factores, se realiza una reflexión acerca del Paisaje Cultural Cafetero –PCC–, particularmente en lo relacionado con su sostenibilidad. Entendida esta última de manera holística y en el sentido de que este pueda mantenerse o sostenerse por sí mismo.

Café y  Paisaje

Cuando se habla de ‘paisaje’, se debe comenzar por dar una definición clara del mismo. Según la Real Academia de la Lengua Española –RAE– (2001), paisaje significa “extensión de terreno que se ve desde un sitio”. Según se considera, aquí está la clave de la sostenibilidad, porque para poder llegar a ver ese paisaje, no se puede pasar por encima de las características ambientales propias que lo determinan como ecosistema cafetero. Este es el punto crítico, es decir, donde se deben centrar las políticas y medidas que garanticen la sostenibilidad del mismo.

Si se habla de los requerimientos climáticos que tiene el cafeto (Coffea Arabica), hay que considerar que originalmente este viene de zonas que tienen altitud entre 1600 y 2000 metros, con temperaturas en un rango que va de 18 a 22°C. Su consumo de agua es de 125 mm/mes (Jaramillo, 2005, p. 150). Con respecto a esto se advierte una gran falla, ya que no se han considerado unos planes de ordenamiento del territorio cafetero que actúen como un instrumento que dé las pautas que permitan dar una disposición ambiental y estratégica a los cultivos, de tal manera que sean ubicados en terrenos con condiciones optimas para su desarrollo. Lo anterior basado en casos como el de Aerocafé, dispuesto en una zona en la que se deben replantear los procesos agrícolas y productivos basados en el impacto que tendrán los ecosistemas (Duque, 2009, p.3).

Franjas de Cultivos. Chinchiná. La Esmeralda. Fuente: León, 2012.

De esta forma se puede evitar que, por ejemplo, se construya en terrenos que tengan suelos para el sembrado del cafeto o, en sentido opuesto, que se cultive en zonas donde el suelo no tiene la calidad de nutrientes para obtener un buen fruto, suelos no pocas veces más aptos para la construcción. Así mismo, tales pautas pueden tener en consideración también la tala de árboles, ya que se ha comprobado que el sombrío es de alta influencia en la plantación (Botero, 2012).

Cafetal sin sombrío. Manizales. Vereda la Trinidad. Fuente: León, 2012.

En algunos de los casos expuestos, se deben implementar penalidades pedagógicas a los que no cumplan con estas pautas, de tal forma que se asegure un desarrollo de café de calidad, desde su cultivo, además de su producto, como lo es en la actualidad (Ponte, 2003, p. 131).

En consecuencia, surge una preocupación en cuanto a la carencia de una propuesta concisa que considere normativas ambientales que sean lo suficientemente fuertes y solidas en su implementación, para que ayuden en la conservación ambiental del entorno cafetero.

Café y  Sociedad

A través del tiempo, la influencia de los cultivos de café en la sociedad ha tenido fluctuaciones basadas en la productividad y los precios del grano, dándole de esta manera el impulso económico para el desarrollo de un territorio. Existen casos de poblados en los que el café fue el motor agrícola del progreso, a pasar a ser poblaciones que se encuentran estancadas desde un punto de vista económico en la actualidad. Es el caso de municipios como el Líbano, en el Departamento del Tolima, que fue directamente beneficiado por la llegada de la bonanza cafetera, pero que en la actualidad se encuentra estancado en cuanto al desarrollo y la infraestructura urbana, construida desde esa época. (Millán y Rodríguez. 2004, p.31)

Este comportamiento se ve plasmado en las transformaciones que tiene cada una de las poblaciones, caso que es muy recurrente, al observar algunos poblados en el Eje Cafetero y Norte del Valle, pues es posible ver que tienen edificios y elementos de infraestructura urbana que no han tenido cambios desde mediados del siglo XX (Valencia, 1996, p. 281); época en la que hubo un boom en la productividad, en el precio y en la cantidad de exportaciones; por lo cual, además de los beneficios directos hacia los productores, también las instituciones gubernamentales municipales recibieron regalías del Estado, de tal manera que se construyeron obras para equipamiento urbano. Sin embargo, años después, en el momento en que los precios cambiaron, todo este impulso fue frenado. De allí que se encuentren actualmente poblaciones que tienen, por ejemplo, grandes colegios, hospitales e incluso centros deportivos, de la mano de toda la infraestructura para la comercialización del café (trilladoras, bodegas, etc.) y la presencia de instituciones como la Federación Nacional de cafeteros, Comité de Cafeteros, Almacafé, entre otros; pero que ya no reciben la cantidad de producción necesaria para aprovechar al máximo este tipo de infraestructura o, en algunos casos, para soportar la demanda en el mercado.

Esto último, pone una reflexión sobre la mesa, a saber: ante el proceder de las instituciones, aunque dieron un bienestar a la sociedad, no alcanzaron a generar un plan integral que impulsara ese motor, dejándolo depender casi de las implicaciones económicas que conllevaba la producción cafetera, es decir, aunque hubo unos planes de acción social que incluyeron los diferentes actores implicados en el proceso cafetero, no fueron suficientemente potentes, de tal forma que tuviesen un impacto real en la conciencia de los futuros caficultores, a diferencia de los primeros cultivadores que lo hacían con convicción (Nieto, 1949: p. 66).

Café y  Cultura

La relación entre café y cultura, particularmente importante en este pequeño texto, no sólo hay que mirarlo desde el icono que quieren vender a la sociedad, es decir, no es sólo la imagen de Juan Valdez, sino a través de ese telón de fondo que constituyen los actores que se ven implicados en el proceso, por su participación cultural en la construcción del paisaje, es decir, en la forma en que generan su propia identidad, a partir de todas sus interacciones, considerando sus vivencias, costumbres, vestimenta, hábitat y arquitectura, entre otros.

Así, a continuación de establecer la valoración señalada, es preciso realizar campañas que permitan la introducción de procesos educativos, de tal manera que las nuevas generaciones y las ya existentes, ayuden a preservar el patrimonio, su propio entorno, con el fin de que lleguen a valorar su propio quehacer, pues esto permitiría que actualmente los hijos de esos caficultores, de los comercializadores e incluso de los exportadores, valoraran sus territorios y quisieran seguir cultivando, comercializando y exportando, con sentido de pertenencia del producto. Cuestión contraria a la realidad que se presenta hoy en día, es decir: la migración cultural: por ejemplo, el hijo del caficultor que busca ir hacia la ciudad o el hijo del exportador, a falta de interés, va en busca de otros países y otros mercados muy distantes al ámbito que había sido primordial para sus padres.

En Vías a la Sostenibilidad del PCC

Recogiendo los tres aspectos enunciados: café y paisaje, café y sociedad, y café y cultura, se procede entonces a analizarlos de manera integrada. Tal como lo asegura Ojeda (2012):

hay que considerar también que el paisaje está compuesto por una serie de realidades complejas en las que convergen: elementos naturales, ordenados históricamente en un territorio determinado, representados o simbolizados por la sociedad.

En el momento en que se tiene esta visión holística, es cuando instituciones gubernamentales y académicas pueden trabajar en pro de ese producto, creando programas o planes que permitan trabajar mancomunadamente la conservación y gestión del paisaje, como parte de un sistema de piezas ensambladas de tal forma  que pueda llegar a ser sostenible por sí mismo.

Para finalizar, además de realizar las reflexiones sobre el tema, son múltiples los retos que quedan ante la inclusión del Paisaje Cultural Cafetero en la Lista del Patrimonio Mundial, ya que a largo plazo,  puede llegar a verse desde una utilidad turística, más que hacia una verdadera preocupación, que permita generar un plan integral del manejo del paisaje y la cultura cafetera ante la práctica real de la labor cotidiana de los caficultores y, con esto, llegar a ser un beneficio directo para la sostenibilidad del mismo.

REFERENCIAS

Botero, J. (2012). Biología de la Conservación. Conferencia presentada en: Taller Internacional de Estudios del Paisaje. Paisajes Culturales Productivos. (01: 30 de Julio – 04 de Agosto).

Duque, G. (2009). Elementos para la visión prospectiva de Aerocafé. [Documento online].http://www.bdigital.unal.edu.co/1597/1/gonzaloduqueescobar.20092. pdf

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Por: Alejandra Marin Foto 1: Platanal y café, ilustra los policultivos de la caficultura, en municipio de Quinchía- Risaralda. 2008 A pesar de las escasas referencias normativas al tema paisaje, las múltiples implicaciones de los paisajes culturales[i], hacen que en … Sigue leyendo