La resignificación del territorio como una posibilidad de construir identidad

Por: Edwin Eliecer Casanova Ortiz
Estudiante de la Maestría en Medio Ambiente y Desarrollo

Tierra - Naturaleza. Fuente: Edwin Casanova, 2013

Tierra – Naturaleza. Fuente: Edwin Casanova, 2013

El territorio es en la medida en que le damos sentido, es la apropiación que hacemos de un lugar, de un espacio, es la relación que establecemos con su ecosistema, la forma de habitar, las  sinergias que conforman nuestra vida y que a su vez generan  marcas y huellas  que plasman la historia  y la cultura  de un territorio. Al decir de Noguera (2004: 143) “Estas marcas y huellas, que son presencia de lo que ya no es y ausencia de lo que será, son el potencial ético-estético-ambiental de la vida urbana porque allí se estructuran los valores como prácticas que permiten la permanencia de las cosas en el mundo de la vida.  Dichas relaciones son entonces las que configuran el territorio, porque en el momento en que no podamos establecerlas se pierde la pertenencia a un lugar. Al respecto confirma Bozzano (2009:81) “ […] un territorio no es sólo un barrio, una ciudad, una región o un país, sino un barrio y su vida en alguien, un país y su vida en miles o millones de actores que se apropian, lo ocupan, lo usan, lo valorizan, lo explotan, lo degradan, lo preservan, lo resignifican cada vez”.

Teniendo en cuenta lo anterior, podemos decir que el territorio para el hombre está en una medida de la simbiosis entre lo tangible y lo intangible, ya que este se establece mediante relaciones objetivas y subjetivas entre él y el espacio.

En este sentido es necesario e importante abordar el estudio de los territorios  de una forma holística que nos permita entender que se hace parte  de un todo, de una  casa común: el planeta. Esta  capacidad de reconocer el  gran lugar nos permitirá hablar de responsabilidades que son importantes en la medida en que nacen de la gestión del territorio porque se vuelven responsabilidades sociales, territoriales y planetarias. Dichas consideraciones son explicadas por François Vallaeys (2006:3) cuando plantea:

Los desafíos del planeta tierra: problemas ecológicos, riesgos nucleares, miseria persistente, equilibrios geopolíticos inestables, exigencias democráticas de la sociedad civil, etc. obligan a tratar de poner orden en la casa común (oikos), encontrar la ley del hogar (eco-nomía, eco-logía) que preserve el hogar. Y esto es el interés de todos sin excepción.

Será entonces necesario tener un pensamiento que nos permita atender el entramado de la vida en los territorios desde los grandes retos; el ser humano ha sido generador de desafíos al intentar configurar un lugar a la medida de sus deseos, olvidando en ciertos momentos la lógica de  los limites y los puntos de no retorno, los cuales cobran una importancia vital porque al poder reconocerlos se nos permite gestionar relaciones sociales, económicas, ambientales, políticas y culturales  que allanan un camino hacia la “Sostenibilidad de la sociedad humana” concebida como lo propone Vallaeys (2011) “no en el sentido estrecho del “cuidado de la naturaleza”, sino en el sentido amplio de una justicia presente y futura que rechaza que el bienestar de los unos se pague con el malestar de los otros, sean estos últimos la generación presente de los excluidos o las generaciones futuras de los despojados”.

A partir de estas primeras reflexiones, este ensayo se centrará en generar un análisis de dos (2) elementos  que se consideran claves para entender la dinámica  de un territorio en el cual se reconocen las influencias de  los diferentes actores y la configuración de estos en el proceso de enrutamiento al  camino de  la sostenibilidad; ellos son la desigualdad y la generación de una cultura territorial.

La sostenibilidad como parte de una cultura territorial.

La sostenibilidad de un territorio depende del equilibrio con que se gestionen integralmente  los resultados en tres ámbitos: el económico, el ambiental y el social.  De igual forma es importante concertar el desarrollo de una cultura política  que permee una verdadera construcción democrática como lo afirma el Observatorio para la Sostenibilidad (sf: 23):

La democracia, más allá de una forma de organización política, es el valor fundamental que proporciona al ser humano la capacidad de regir su destino individual y colectivamente. La participación democrática conlleva la integración de todos los componentes que conforman el cuerpo social, descansando la legitimidad del proceso, en gran medida, en las posibilidades que la sociedad civil tiene de expresar su voluntad a través de los diferentes canales de participación disponibles.

Dicha cultura solo podrá ser consolidada a través de políticas públicas que signifiquen beneficios reales para la población de un territorio y su ecosistema, en términos de procesos organizacionales sistemáticos, libres de enfoques relacionados con la caridad y el asistencialismo. Estos últimos contribuyen a la dormitación de capacidades necesarias para la negociación de una apuesta con actores estratégicos que permitan dialogar acerca de una cultura para la sostenibilidad territorial. Así lo explica la Unesco (1996) en el informe Nuestra Diversidad Creativa:

[…] es inútil hablar de la cultura y el desarrollo como si fueran dos cosas separadas, cuando en realidad el desarrollo y la economía son elementos de la cultura de un pueblo. La cultura no es pues un instrumento del progreso material: es el fin y el objetivo del desarrollo, entendido en el sentido de realización de la existencia humana en todas sus formas y en toda su plenitud.” 

Podemos afirmar entonces que la sostenibilidad territorial  es necesaria en un proceso de  resignificación del concepto de identidad, pues debido al logro de esta se generan espacios sinérgicos (Culturales, económicos, sociales y ambientales) que permiten un desarrollo endógeno[1] e integral  como un primer paso hacia la consolidación de la sostenibilidad territorial, primero de las regiones  y luego del país.

La desigualdad en Latinoamérica y la apuesta de desarrollo territorial.

La historia latinoamericana es un relato acerca de la perdida de nuestra disposición a generar  un territorio para todos (incluyente e igualitario), hecho que se    fundamenta en el desconocimiento de una cultura ancestral  y autóctona que estaba permeada de elementos que configuraron en sus albores matices más cercanos a la sostenibilidad, como son la seguridad alimentaria y el cuidado del medio ambiente. Hoy se han convertido en los grandes retos de la humanidad, pero al parecer, en la lógica de un sistema capitalista sordo y perverso no tendrán respuesta aun en mucho tiempo. El inicio de  esta avanzada  se da luego de la colonización (1492) donde se nos impone toda una serie de normas que regularon la forma de vivir y que se centraron en la eliminación de todos aquellos elementos que configuraban el arraigo con nuestro territorio y la cosmovisión de los habitantes del continente  que luego se llamaría América. En general este proceso de desarraigo lo podemos vislumbrar  en  canciones como la  de Gabino Palomares: La maldición de Malinche (1975):

“Del mar los vieron llegar
mis hermanos emplumados
eran los hombres barbados
de la profecía esperada
oyó la voz del monarca
de que el dios había llegado
y les abrimos las puertas
por temor a lo ignorado (…..)
(….) en ese error entregamos
la grandeza del pasado
y en ese error nos quedamos 300 años esclavos (…)”.
 

Latinoamérica sometida aprendió a vivir entonces como le dijeron que debía hacerlo, y nuestros planes  de vida se configuraron en el sueño de alcanzar los ideales  de vida de otro territorio (Europa). Esto de alguna forma nos llevó a generar cargas que tuvieron sus impactos en los aspectos sociales, ambientales y por supuesto económicos; la desigualdad como  uno de los más graves.

Luego en el siglo XX, lineamientos como los emitidos en la llamada “Revolución Verde” y el “Consenso de Washington” continuaron el ahondamiento de las heridas generadas por los  problemas sociales, económicos y  ambientales que configuraron más aun el camino de la desigualdad, la inequidad y la pérdida de la dignidad en bastas zonas de nuestro territorio. En el primer caso se promovió durante los años 1940-1970 el monocultivo y la aplicación de grandes cantidades de agua, fertilizantes y plaguicidas a  la producción, con graves consecuencias ambientales. En el segundo, se trazaron una serie de políticas económicas para impulsar el crecimiento, impuestas por los organismos financieros internacionales con sede en Washington, sin consideraciones sobre la calidad de vida de las poblaciones.

Con estos antecedentes  es entendible el por qué hoy se hace mucho  más difícil llegar a un consenso de lo que se necesita en nuestra Nación y en  las  regiones para avanzar hacia la construcción de un territorio sostenible que promueva la equidad, la igualdad y reconfigure  el concepto del buen vivir para nuestros ciudadanos.

En este sentido, lo primero que se debe lograr es un equilibrio entre las relaciones y oportunidades que existen entre las sociedades urbanas y las sociedades rurales. Obviamente este equilibrio debe partir de un principio de equidad en donde se reconozca la diferencia pero que permita establecer una meta compartida para la cual se adjudicará con justicia lo que le corresponde a cada quien para el logro de la meta general planteada.  A partir de esta actividad podemos comenzar a resignificar el territorio amparados en el concepto de “Responsabilidad Social Territorial” (RST) explicado por el Grupo de Consultoría Estratégica Alquimia (2012):

La RST, es una efectiva estrategia de desarrollo integral, inclusiva y sostenible que permite hacer un proyecto de territorio, que involucra y moviliza a todas las partes interesadas en su desarrollo, en un proceso de cambio caracterizado por la integración equilibrada de múltiples iniciativas y dimensiones (económicas, sociales, culturales, medioambientales, etc.), junto con la corresponsabilidad de todas las partes afectadas.

De esta forma es posible plantear un método en donde se construya el espacio para la toma de decisiones  éticas permeadas de transparencia e iniciativas que se amparen en primer lugar en un verdadero compromiso incluyente de los sectores estratégicos; dichos sectores deben ser identificados con el nuevo enfoque  que propone las sostenibilidad territorial en un mapa estratégico de grupos de interés o portadores de retos, como lo menciona Francois Vallaeys (2012) en su conferencia “La ética en 3D: un nuevo concepto basado en virtud, justicia y sostenibilidad”, manifestando, por ejemplo, el compromiso con iniciativas como los Objetivos de Desarrollo del Milenio y los Principios del Pacto Global que obviamente deberán ser adaptados a las particularidades del territorio, pero de entrada son un primer paso.

El segundo paso estará en que podamos configurar un diagnóstico que nos hable de percepciones, intenciones, resultados y expectativas del territorio como lo muestra el Gráfico 1, pues a partir de este se facilitarán puntos de encuentro  que son realmente importantes a la hora de resignificar el territorio. Posteriormente será importante  que se construyan planes de gestión que deben ser una síntesis de un análisis de temas relevantes y puntos de encuentro identificados en el diagnóstico; dichos planes deberán ser sometidos  a un estudio de corresponsabilidad realizado con los grupos  estratégicos de interés antes de ser publicados y ejecutados.

 Gráfico 1. Puntos de encuentros para un análisis inicial de un territorio[3]

Fuente: Elaboración propia a partir del Esquema 6. Punto de intersección de la responsabilidad social universitaria. VALLAEYS, F. (2009).  Manual de primeros pasos en Responsabilidad Social Universitaria. México D.F.

Fuente: Elaboración propia a partir del Esquema 6. Punto de intersección de la responsabilidad social universitaria. VALLAEYS, F. (2009). Manual de primeros pasos en Responsabilidad Social Universitaria. México D.F.

Como proceso final de  responsabilidad social territorial debe generarse el balance de sostenibilidad territorial, el cual es un documento de reporte de logros, pero también de fallos y compromisos por ejecutar, siempre con un enfoque propositivo, de reflexión  y de mejora continua que permita reconocer alternativas de abordaje continuo de las nuevas relaciones que se generan en el territorio socialmente responsable.

A modo de epilogo:

Para resignificar  un territorio se hace necesario partir del entendimiento de este, como nuestra “Casa Común” la que nos afecta a todos; de aquí en adelante se deberá realizar una búsqueda tendiente a crear una cultura territorial equilibrada entre las actividades humanas y las ecosistemicas.

Un proyecto de territorio socialmente responsable permitirá reconocer  los limites y los puntos de no retorno, necesarios para la gestión sostenible del mismo.

La Sostenibilidad territorial  es un fin construido a partir de procesos de responsabilidad social territorial.

Bibliografía y Webgrafía:

Agruco. (2008). Desarrollo Endógeno. Revista compas (Nº 13). Disponible en http://www.agruco.org/compas/pdf/COMPAS%2013.pdf . (23 de octubre de 2013)

Bozzano, Horacio (2009). Territorios posibles. Procesos, lugares y actores. Ediciones Lumiere. Argentina.

Grupo De Consultoría Estratégica Alquimia. (2012). Guía para la incorporación de la Responsabilidad Social Territorial en las políticas de empleo a nivel local. España: Universidad de Valencia.

Observatorio De La Sostebilidad En España, (sf). Patrimonio Natural, Cultural Y Paisajístico Claves Para La Sostenibilidad Territorial. Disponible en: http://www.upv.es/contenidos/CAMUNISO/info/U0556177.pdf. Consultado el 26 de octubre de 2013

UNESCO (1996). Nuestra Diversidad Creativa. informe de la comisión mundial de cultura y desarrollo, Paris..

NOGUERA DE ECHEVERRY, A. P. (2004). El Reencantamiento del Mundo. Colombia: PNUMA – Oficina Regional para América Latina y el Caribe.

VALLAEYS, F. (2006). La Responsabilidad Social de las Organizaciones. Disponible en: http://blog.pucp.edu.pe/media/410/20061011-La%20Responsabilidad%20Social%20de%20las%20organizaciones.pdf. Consultado el 25 de octubre de 2013

VALLAEYS, F. (2009).  Manual de primeros pasos en Responsabilidad Social Universitaria. Ed. Mc Graw Hill, México D.F.

VALLAEYS, F. (2011). Resumen de la tesis de doctorado “Los fundamentos éticos de la responsabilidad social”. Disponible en: http://www.reddolac.org/profiles/blogs/los-fundamentos-eticos-de-la-responsabilidad-social-resumen-de-te. Consultado el 25 de octubre de 2013


[1] El desarrollo endógeno se basa en los criterios para el desarrollo específicos de los pueblos locales y considera su bienestar material, social y espiritual. Agruco. (2008). Desarrollo Endógeno, Revista compas (Nº 13), Extraído el 23 de octubre de 2013, de http://www.agruco.org/compas/pdf/COMPAS%2013.pdf

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