Archivo mensual: noviembre 2013

Una mirada sociológica a la relación de las estructuras del espacio físico y social en Manizales


Por: José Wbaldo Salazar Ramírez

Sociólogo
Estudiante de la Maestría Medio Ambiente y Desarrollo
Universidad Nacional de Colombia, sede Manizales.

Como lo afirma Bourdieu (1999: 179) los agentes sociales  se constituyen como tales, en relación con un espacio social y las cosas, en tanto los agentes se apropien de ellas como suyas; de igual forma, están situados en un lugar del espacio social que pueden caracterizarse por su posición relativa con respecto a otros lugares y por la distancia que los separa de ellos. Con este exordio se da apertura al presente artículo, resaltando la importancia de la mirada a uno de los “rascacielos” de Manizales que se construye al costado oriental del edificio de valor patrimonial en donde funciona la Escuela de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad Nacional, seguido de la observación a una de las pocas “vías rápidas” de la ciudad: la carrera 23, para finalizar con el espacio interior  de la ciudad: el barrio.

Lugares de tránsito

Cuando se llega a la Escuela de Arquitectura y Urbanismo, considerado patrimonio arquitectónico por representar una estación central del cable aéreo que sirvió como lugar de recepción de productos y viajeros entre los “centros urbanos” de Mariquita y Manizales  en los albores del siglo XX, es inevitable mirar por contraste el nuevo edificio modernista (Imagen 1) al costado oriental de este “monumento”. Este edificio de fachadas en vidrio es producto de la libertad de la que disponen los arquitectos contemporáneos para jugar con la forma, el material y el color de sus obras. Como diría Bauman (2008:104) cuando analiza la Plaza de La Défense en París, los edificios de formas fantásticas que rodean algunos emplazamientos urbanos están hechos para ser mirados, no para entrar en ellos: “envueltos de arriba/abajo en cristal espejado, no parecen tener ventanas ni puertas de acceso”; con gran ingenio consiguen darle la espalda a los otros monumentos, a los otros lugares que lo rodean.

Imagen 1. Vista del edificio en construcción, desde el interior de la Escuela de Arquitectura y Urbanismo. Fuente: J.W.S.R

Imagen 1. Vista del edificio en construcción, desde el interior de la Escuela de Arquitectura y Urbanismo. Fuente: J.W.S.R

A la vista, resultan ser imperiosos e impenetrables desde la concepción de Bauman (2006:104) ya que ambas cualidades se complementan y se refuerzan mutuamente, es decir que, desde sus estructuras físicas transmiten sensaciones de exclusión pero a la vez de selección, por tanto, no todos pueden acceder a él ni mucho menos establecer relaciones dentro de él. Son como diría Bauman lugares inhóspitos, inspiran respeto pero desalientan la permanencia. Estas fortalezas herméticamente selladas, están en un lugar, pero no pertenecen a él, dada la otra arquitectura tradicional e histórica instaurada allí durante décadas.

Los requerimientos para definir su ubicación dentro del espacio físico, deben contar con la aprobación de la autoridad (Oficina de Planeación y Curaduría Urbana) que con alcance administrativo otorgan las diferentes licencias, generando un vacío sobre la primacía de la conservación patrimonial y arquitectónica del paisaje. Una vez más se observa que la lógica del mercado y el capitalismo mediado por grupos inmobiliarios estructuran y modelan las nuevas percepciones del espacio físico y social, así como también, el mismo espacio físico cosificado, producto del capital, modela la conducta del agente; luego, quienes entran en un espacio deben cumplir las condiciones que éste exige tácitamente de sus ocupantes/visitantes.

Por ello, los diferentes espacios sociales reificados (Bourdieu; 1999:182), es decir, físicamente objetivados o realizados, presentan así, una distribución diferenciada de bienes y servicios y también, de agentes individuales o grupos localizados físicamente provistos de oportunidades más o menos efectivas de esos bienes y servicios.

“La relación entre la distribución de los agentes y la distribución de los bienes en el espacio, define el valor de las diferentes regiones del espacio social reificado” (1999: 183).

Así, el acceso a esos bienes y servicios también están mediados por el capital y la distancia con respecto a ellos, además de la instrumentalización del conocimiento al momento de planificar la ciudad; para resolver este planteamiento es importante contar con el desarrollo vial y otros factores de equipamiento colectivo para que los agentes vivan la ciudad tanto comunitaria como individualmente.

La carrera 23 en Manizales: una vía para re-correr y con-sumir la ciudad

Se afirmaba en los párrafos anteriores que el capital da cierto poder sobre el espacio y se manifiesta en sus diversas formas sobre el espacio “habitado” o apropiado en palabras de Bourdieu (1999: 184) bajo la forma de una determinada “relación entre la estructura espacial de distribución de los agentes y la estructura espacial de distribución de los bienes y servicios, privados o públicos”. La posición de un ciudadano en el espacio social con respecto a la avenida Santander (Imagen 2), se expresa en el lugar en el que está situado y por la posición relativa en cuanto a desplazamiento y tiempo para llegar a ésta avenida que por su diseño y ubicación, hace de la ciudad de Manizales una comunicación bidireccional en sentido oriente-occidente, marcando el progreso traído por la “cultura cafetera”. Es decir que, los diferentes espacios sociales físicamente objetivados, tienden a oponerse en algunos casos.

Imagen 2. Vista de la Carrera 23 o Avenida Santander, entre las calles 60 y 65. Fuente: J.W.S.R

Imagen 2. Vista de la Carrera 23 o Avenida Santander, entre las calles 60 y 65.
Fuente: J.W.S.R

En esta avenida se encuentra un gran abanico de comercio que tiene en común posiciones elevadas por su inclusividad/exclusividad de su actividad y objeto comercial, pero también por las propiedades y calidades de las mercancías, haciéndose atractivo para ciertos grupos etarios, por lo tanto, puede ser una forma de mantener a distancia y excluir toda clase de intrusión indeseable. Se encuentra también sobre la misma, la mayoría de los agentes que ocupan posiciones dominantes, como también un amplio comercio para aquellos sujetos de poco capital, por no decir medido según sus condiciones sociales[1].

Las grandes oposiciones sociales objetivadas en el espacio físico tienden a reproducirse en el pensamiento y el lenguaje bajo la forma de oposiciones constitutivas de un principio de visión y división, es decir, en tanto que categorías de percepción y apreciación o de estructuras mentales” (Bourdieu; 1999: 184).

El llamado de éste autor es el de revelar sobre el sistema de preferencias que se instalan dentro del espacio físico apropiado a través de las cuales las estructuras sociales se convierten progresivamente en estructuras mentales, originando con ello, imaginarios de exclusión, una clase de poseedores que cada vez más disminuye en la lógica del mercado actual, y en dónde Manizales por su escaza industria y por la pocas posibilidades de generación de empleo y toda la problemática de falta de sinergia entre la ciencia y la industria, entre otras, reafirma esta hipótesis, además del interés y la connivencia de los expertos en privilegiar a grupos inmobiliarios con su conocimiento de localización, posición y ocupación de los espacios físicos y sociales.

Manizales no escapa a la realidad de las grandes megalópolis, donde el poder que da el capital en sus diferentes formas sobre el espacio es también un poder sobre el tiempo, la proximidad en el espacio físico permite que el espacio social produzca todos sus efectos al facilitar la acumulación de capital social y, más concretamente, al posibilitar encuentros previsibles y fortuitos que asegura el hecho de frecuentar los lugares; de la misma manera, quienes carecen de capital son mantenidos a distancia.

El interior de la ciudad: el barrio.

Tener y poseer capital intensifica la experiencia de infinitud: la posibilidad del desplazamiento, movilidad, gozar, vivir y consumir la ciudad a su antojo, gusto y semejanza; y en el lado opuesto, carecer de capital intensifica la experiencia de la finitud: anclaje a un lugar.

Las capacidades de apropiación de los diferentes bienes y servicios por un agente ya sea público o privado, en definitiva está mediado por el capital que posee; en efecto, ciertos espacios, y en particular los más cerrados, los más selectos, exigen no sólo un capital económico y cultural sino también un capital social. En la mirada interior (Imagen 3) los procesos de exclusión que se observan en ciertos lugares residenciales de Manizales como el barrio Palermo, refleja la realidad de un país donde los poseedores/tenedores cuentan con todo el acceso a los lugares, espacios y sitios para el tránsito o para el encuentro según su localización privilegiada.

Imagen 3. Vista del Barrio Palermo, Manizales. Fuente J.W.S.R

Imagen 3. Vista del Barrio Palermo, Manizales. Fuente J.W.S.R

En Manizales, como en Colombia, existen algunas “fronteras naturales” en la condición de límite al interior de la ciudad. Así como existen barrios para la clase dominada, como aquellos localizados al norte y sur de la ciudad; existen barrios para la clase dominante en el oriente y occidente, como una manera de “selección natural”, donde unos y otros por sus preferencias y por las posibilidades de acceso al capital se ubican de acuerdo a su condición de existencia material. Estos barrios como el que se aprecia en la imagen, denotan posiciones de exclusión e indiferencia con respecto a la miseria de los más desvalidos, aunque en la práctica comparten fronteras.

Casi siempre son barrios fantasmas. En la monótona regularidad de los horarios, sus moradores salen a tempranas horas y regresan a altas horas de la noche, razón por la cual en el tiempo restante del día, el barrio es un lugar sin actividad, sin vida; y en oposición, los “otros” barrios y sus mundos de vida, son más comunitarios, más propensos hacia el encuentro, en la esquina, en la calle o en escenarios recreativos y lúdicos, propiciando cierta clase de identidad con el territorio y el barrio.

Finalmente y sin el ánimo de localizar los planteamientos acá expuestos en la teoría de la marginalidad que bien fue planteada y criticada  hasta los años 60 del siglo pasado, en el espacio físico y social en Manizales se aprecian diferencias económicas y sociales que invitan a una observación más interna del desarrollo del urbanismo y la planificación de la ciudad, que complejice la mirada propiamente externa como consecuencia del acceso al capital; es decir, que el camino que siguió esta mirada es desde un punto de vista más singular desde las diferentes tramas que construyen los sujetos que habitan la ciudad en tanto categoría de percepción y apreciación, y la alusión al capital es simplemente para denotar metodológicamente la mediación de la sociedad capitalista en el consumo y las múltiples maneras del habitar, llegando a configurar lo que desde el gusto y la psicología económica se llama el sistema de preferencias.

Bibliografía

BAUMAN, Zygmunt. (2006). Modernidad Líquida. Fondo de Cultura Económica. Argentina.

BOURDIEU, Pierre. (1999). La Miseria del Mundo, efectos de lugar. Fondo de Cultura Económica. Argentina


[1] En ésta reflexión, no se abordará el tema de los estudiantes universitarios, siendo Manizales una ciudad universitaria por excelencia, dado que cualquier lector podrá preguntarse  cómo éstos sujetos en tanto capital (social y cultural) habitan y consumen la ciudad debido a sus jornadas escolares y por la localización de la institucionalidad educativa sobre ésta avenida.

Identidad cultural en los territorios en conflicto

Por: Roberto Octavio Chávez Olivos

Arquitecto,
Estudiante de Maestría Medio Ambiente y Desarrollo,
Universidad Nacional de Colombia Sede Manizales.

“La construcción de territorios físicos y simbólicos ha sido fuertemente convulsionada en Colombia. Al igual que en los demás países latinoamericanos, desde la invasión ibérica la imposición de nuevos dominios implicó no sólo la destrucción y el genocidio, sino el mestizaje, el arribo de nuevas razas, credos, costumbres y usos que más que un traslado de culturas y formas políticas y económicas significó en realidad una cadena de recreaciones originales de instituciones, lenguajes, relaciones sociales, explotaciones económicas y formas de dominación política.…..”
(Lozano, 2008)

En los países de América Latina, una de las manifestaciones más típicas del fenómeno global de concentración de la tierra es la ocupación por empresas extractivas del patrimonio natural de la Amazonía, “La minería y la explotación de hidrocarburos son las actividades económicas que más conflictos han generado entre las comunidades indígenas, el Estado y las empresas, durante las últimas décadas. En América Latina, aunque los pueblos indígenas sean dueños de sus territorios, los Estados se reservan la propiedad del subsuelo, concesionándolo a empresas que extraen esos valiosos recursos” (Helvetas Swiss Intercooperation, 2011), hecho que no solo provoca consecuencias ambientales adversas, sino que afecta la identidad cultural de las comunidades nativas poseedoras inmemoriales del territorio.

En este sentido el ingreso de empresas extractivas a un territorio tienen que tener presente el concepto de la identidad cultural, donde se hace necesario comprender primero la cultura del territorio y su transformación gradual en el tiempo, a través de esto vamos encontrando la identidad, el patrimonio cultural y su relación con el territorio y el medio ambiente. El tema cultural es muy amplio y va abarcando varios aspectos en lo económico, social, ambiental y político, aquí la cultura juega un rol de cohesión social, de autoestima, creatividad y memoria histórica, plasmada en el patrimonio material e inmaterial, donde entran actividades y políticas públicas orientadas a la conservación, restauración, puesta en valor, y uso social de los bienes patrimoniales. La identidad cultural encierra un sentido de pertenencia a un grupo social con el cual se comparten rasgos culturales, como costumbres, valores y creencias; así mismo la identidad no es una abstracción fija, sino que va surgiendo individual y colectivamente y se nutre continuamente de la influencia exterior, esta percepción se encuentra frecuentemente vinculada a un territorio.

Como señala la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, “[…] para las comunidades indígenas la relación con la tierra no es meramente una cuestión de posesión y producción sino un elemento material y espiritual del que deben gozar plenamente, incluso para preservar su legado cultural y transmitirlo a las generaciones futuras”. (CIDH, 2009).

Desarraigo Territorial y Presión Extractiva

La transformación de las condiciones de vida en las comunidades andinas ante el desarraigo territorial por empresas extractivas del patrimonio natural deberá replantear no sólo la relación hombre-naturaleza en las principales zonas actuales de expansión de la industria, sino también los arreglos sociales, económicos, políticos y culturales de las poblaciones, resignificando las estrategias de subsistencia y la disputa por los territorios y su configuración, consolidando el derecho al territorio, comprometiéndose a aceptar que un pueblo y su cultura están unidos al hábitat donde viven; por ello, el territorio se considera un espacio indivisible que comprende el bosque, sus suelos y los recursos de los cuales los grupos originarios se valen para asegurar su subsistencia y continuidad. Complementario al derecho a la autoidentificación y al territorio es el derecho al consentimiento, al reconocimiento y la defensa de los “derechos Colectivos”(MACKAY, 1999:5), consulta y acuerdo. Este punto se refiere a la potestad de los grupos étnico-culturales para intervenir en las decisiones gubernamentales que les competen y afectan directamente.

Se debe hacer mención que si los pueblos indígenas son despojados de sus territorios su derecho a la autoidentificación estaría amenazado, pues este comprende mucho más que un derecho de propiedad, razón por la cual la legislación internacional busca garantizarlo. En su declaración de septiembre de 2007 sobre los derechos de los pueblos indígenas, la Asamblea General de las Organización de las Naciones Unidas (onu, 2007) establece, en lo referido al territorio, que se les debe otorgar un estándar mayor de protección, considerando la conexión particular que mantienen con la tierra y sus recursos; esto implica limitaciones significativas en el ejercicio de los poderes del Estado en la utilización de las áreas en que habitan.

Desmonte-y-desarraigo

FIGURA 01. Escultura del artista SANCA. Aspecto de la obra realizada en reclamo al desarraigo que sufren los pueblos originarios al ser expulsados de sus tierras ancestrales. Fuente: http://es.upside-art.com/artworks/014241-desmonte-y-desarraigo

Construcción de una imagen de identidad ante un desarraigo

La diferenciación de ésta construcción se basa fundamentalmente en la homogeneización cultural, territorial y la consecución del sentimiento de una misma ascendencia-filiación, éste proceso se conoce con el nombre de etnificación. La construcción de una identidad más pertinente al contexto y sus posibilidades, y revalorizar áreas de un territorio que son valiosas y determinantes para el desarrollo y el crecimiento territorial a futuro. Estimo que, así como las personas y los territorios construyen una y otra vez, una imagen de sí mismos, a partir de su historia, costumbres y sus creencias, y en función de ésta, establecen sus prioridades y definen sus acciones. Los habitantes deben pensar y re pensar su ciudad, su territorio, su comuna, para poder construirla con criterio, a imagen y semejanza de lo que esperan de ella, y de lo que ésta puede brindarles. Solo a partir de esta toma de conciencia colectiva, es posible un crecimiento, que contemple el cuidado, la protección y la sostenibilidad de estos sectores de incalculable valor. Lo que no se conoce, no se puede valorar, y mucho menos, defender y cuidar.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

CIDH. (2009). Derechos de los Pueblos Indígenas y Tribales sobre sus Tierras ancestrales y Recursos Naturales. Recuperado el 05 de Noviembre de 2013, de http://www.oas.org/es/cidh/indigenas/docs/pdf/Tierras-Ancestrales.ESP.pdf

ESPINOSA, O. (2001). Territorio y Cultura Territorios de Conflicto y Cambios Socio Cultural. Manizales, Caldas, Colombia. Recuperado el Octubre de 2013.

Helvetas Swiss Intercooperation. (01 de Julio de 2011). Territorio Indigena y Gobernanza. Recuperado el 04 de Noviembre de 2013, de Industrias Extractivas: http://www.territorioindigenaygobernanza.com/

LOZANO, F. (Febrero de 2008). Dominioss territoriales ,desarraigos e imaginarios religiosos en Colombia. Una aproximación histórica. Recuperado el 05 de Noviembre de 2013, de http://bibliotecavirtual.clacso.org.ar/ar/libros/grupos/alonso/Lozano.pdf

MACKAY, F. (1999). Los Derechos de los Pueblos Indigenas en el Sistema Internacional de las Naciones Unidas. En I. I. Legales. Recuperado el 04 de Noviembre de 2013, de http://derechoshumanosycooperacion.org/pdf/dpi-libro-completo.pdf

ONU. (2007). Declaracion de las Naciones Unidas sobre los derechos de los Pueblos Indigenas. Recuperado el 05 de Noviembre de 2013, de http://www.un.org/esa/socdev/unpfii/documents/DRIPS_es.pdf

La ciudad habita el territorio del agua

 “En el principio, cuando Dios creó los cielos y la tierra, todo era confusión y no había nada en la tierra. Las tinieblas cubrían los abismos mientras el espíritu de Dios aleteaba sobre la superficie de las aguas”[1]

 Por: Norma Constanza Idárraga Hernández

Trabajadora Social, estudiante de la Maestría en Medio Ambiente y Desarrollo, Universidad Nacional de Colombia

Foto

Foto Idárraga, N. (2013) “Plan de Ordenación y Manejo de la Cuenca del río Chinchiná. Consejo de cuenca” , Manizales.  
 

La ciudad habita el territorio del agua. El génesis bíblico propone el agua como elemento necesario desde donde se empieza a construir la vida. Dios aletea sobre el agua como elemento primigenio del que parte la construcción, no de la creación pero sí del planeta como exponente de lo que será después la vida.

Aristóteles nos cuenta  en su obra Metafísica, que Tales de Mileto, filósofo de occidente,  propone el agua como el elemento principal y constitutivo del mundo. El filósofo ve en el líquido, en su naturaleza maleable y necesaria, el principio de la vida y de las cosas.

Pero más allá de elementos teológicos y filosóficos, pragmáticamente el agua es un elemento fundacional en el sentido más literal de la palabra. La especie humana  desde sus orígenes buscaron las riveras de los ríos, la proximidad de fuentes para asentarse. Aún hoy no pueden existir asentamientos sin agua, quienes buscan fundar una población pueden ignorar problemas como el clima, la calidad de la tierra y hasta las pendientes o las alturas, pero no el de la falta del líquido. Es así que la ciudad debe habitar el territorio del agua.

Las cuencas hidrográficas ofrecen numerosos servicios a la ciudad. El suministro mundial de agua dulce para uso doméstico, agrícola e industrial depende de los caudales que se producen y regulan en las cuencas. La agricultura y la seguridad alimentaria dependen en gran medida del agua superficial y los sedimentos recogidos y transportados por las laderas de las cuencas (FAO, 2007; Mountain .Agenda, 1998).

Pero no hay tal cosa como una simbiosis entre la ciudad y su patrimonio  hídrico. La urbe usa el líquido pero no ayuda ni  a conservarlo ni a mantenerlo siquiera limpio. Le roba espacios, tuerce sus cauces y desencadena tragedias producidas por una de las características más interesantes del agua, su versatilidad, su capacidad de escaparse, de encontrar siempre un camino, de no dejarse detener ni estancar.

Desde la antigüedad, el origen de las ciudades se ve relacionado con la presencia de una cuenca hidrográfica que permita el mejoramiento de la calidad de vida de sus habitantes. Sin embargo, también desde el origen de las ciudades en nuestro continente, la  relación Cuenca – ciudad no ha tenido la atención necesaria desde la planificación del territorio y los usos del suelo como lo han demostrado los estudios de la CEPAL (1999: página 22): 

Las riveras de los ríos son intensamente utilizadas por la población de escasos recursos  como medio de vida ya que estas áreas son utilizadas para establecerse y solucionar su problema de vivienda, sin preocuparse por  los riesgos que esto acarrea: inundaciones, deslizamientos, contaminación, falta de salubridad, inseguridad,  deteriorando totalmente su calidad de vida 

Los usos del agua están determinados por la altura. Y esto también tiene que ver, con excepciones, por supuesto, con las identidades de las ciudades. Las partes altas de las cuencas, denominadas páramo o jalca, son el lugar donde se genera y concentra la mayor parte del agua. Sus poblaciones son menores y en la mayoría de las regiones la habitan predominantemente pequeños productores, comunidades campesinas y pueblos indígenas. La cuenca media es el sector relacionado fundamentalmente con el escurrimiento del agua, siendo frecuente la presencia de pequeñas ciudades y gran actividad económica. La parte baja tiene pendientes mínimas, está constituida por amplios valles, donde se desarrolla una intensa actividad agropecuaria, y por medianas y grandes ciudades. Allí también se ubican los grandes proyectos de irrigación con importantes sistemas de embalse. El potencial de aguas subterráneas de estas zonas es alto (Corpocaldas, ASOCARS, Universidad Nacional de Colombia, 2012)

Manizales clasifica como una ciudad de cuenca urbana, (sería interesante la  reflexión acerca de qué hace que una ciudad sea realmente ciudad en relación con los usos y abusos sobre el agua y hacernos la pregunta acerca de si Manizales alcanza el no necesariamente honroso título). Definir si las poblaciones son o no ciudades a partir de los usos del agua sería un interesante ejercicio, que alejaría la discusión de temas solamente urbanísticos, poblacionales o de uso de los suelos.

Mélida Restrepo de Fraume enseñaba a Manizales como algo que está mucho más allá que un conjunto de calles y avenidas. Ella advertía sobre la idea errónea  y generalizada de pensar a Manizales como su zona urbana, pero era clara en sus clases, en que no podía olvidarse que Manizales es un territorio que abarca zonas de Páramo y también zona bajas que están entre los 800 y los 2 800 metros sobre el nivel del Mar.

Vista así hay que pensar a Manizales dentro de diferentes territorios del agua, y no solo, como se puede pensar a primera vista, como ubicada en único territorio.

A pesar de la gran importancia que tienen las cuencas hidrográficas, su deterioro sigue siendo evidente. Para el caso específico de la cuenca hidrográfica del río Chinchiná, territorio al que pertenece Manizales, se puede ver cómo a partir de la segunda mitad del siglo XIX se inició su proceso de deterioro. Extensas zonas fueron deforestadas debido a la extracción de madera y leña y a la ampliación de la frontera agropecuaria. Debido al uso equivocado del suelo se ha deteriorado la oferta ambiental, se ha modificado el ciclo hidrológico, hay altos niveles de sedimentación en las captaciones de agua, avanzan procesos erosivos, y hay pérdida de hábitat para la flora y la fauna (Acosta & Muñoz, 2005 página 4).

Este conflicto se genera en la mayoría de las ciudades que cuentan con una cuenca urbana. Existe entonces la necesidad de establecer una íntima relación entre la solución técnica de los planificadores y la vida que allí se desarrolla, es decir la participación de la comunidad que está presente en la cuenca, pues cómo se acaba de ver, la cuenca no se detiene en el territorio de la ciudad, sino que es la  ciudad la que afecta todo el territorio de la cuenca que habita.

Es desde esta idea que se han dado en la ciudad diálogos de saberes que permiten la

(…) conformación de comunidades activas, que interpreten, den significado y transformen su realidad desde sus propios contextos de vida, desde sus propias vivencias. Reconocer que el otro en la comunidad es poseedor del saber, del conocer que en la vivencia cotidiana ha construido, es un camino para pasar de la intervención al encuentro, de la imposición al diálogo y así impedir la dominación de las personas o grupos que realizan los trabajos con la comunidad, aspecto que ha sido muy común en éste tipo de procesos sociales (Cordero y Romero, 2007: página 1)

Estos diálogos permiten redimensionar el territorio a través de construcciones colectivas, no a partir de mapas si no de saberes tejidos en red que se conforman y se reconfiguran con la retroalimentación.

Los diálogos permiten crear conciencias en temas, sin los cuales lo que se hace en áreas como el uso de la madera y la leña en las cuencas serían solo normas que para los habitantes representan formas de represión del Estado y no maneras de convivir con los territorios del agua.

Es cierto que los bosques de las cuencas son una fuente importante de madera y leña y que la vida y los medios de subsistencia de gran parte de la población rural dependen directamente del patrimonio natural de la cuenca, pero no es cierto que las prácticas no puedan cambiar, eso sí, a partir del trabajo directo de la comunidad que se apropia de su cuenca, y no únicamente con medidas de carácter restrictivo o punitivo.

Bibliografía

Aristóteles, Metafísica, traducción de Calvo Martínez T., Gredos, Madrid 2005.

Cordero Rodríguez, Xiomeli; Romero, Elizabeth. (2007). Abordaje comunitario y el diálogo de saberes. Experiencias desde la educación superior.  Universidad Bolivariana de Venezuela ,Sede Zulia, Venezuela

CORPOCALDAS, ASOCAR, Universidad Nacional de Colombia sede Manizales. (2012).  Gestión Integral del recurso hídrico en la cuenca hidrográfica del río Chinchiná. Informe de avance No. 1. 2012, Documento sin publicar.

Acosta Israel, Muñoz Jorge (2005) Proyecto Forestal para la Cuenca del Río Chinchiná Departamento de Caldas. Estudio de caso No 1. Colombia. Procuenca.

Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la agricultura (1998). Mountain Agenda.  Mountains of the world. Watertowers  for the 21st century. Berna, Suiza, Universidad de Berna.

Dourojeanni Axel; Jouravlev Andrei. (1999) Gestión de cuencas y ríos vinculados con centros urbanos. Comisión Económica para América Latina y el Caribe CEPAL.


[1] Biblia Latinoamericana Católica