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El Paisaje Cultural Cafetero

Por: Gonzalo Duque Escobar

Al cumplirse un año de la decisión de la Unesco, veamos los retos para que las transformaciones pasadas y futuras restauraciones del Paisaje Cultural Cafetero, proporcionen un medio ecológicamente sólido compatible con nuestra cultura, dado que su declaratoria como Patrimonio de la Humanidad nos obliga a implementar acciones institucionales concertadas con visión de futuro, para mitigar las amenazas naturales y antrópicas que ponen en riesgo ese frágil sistema cultural de la ecorregión cafetera colombiana, como herencia propia del pasado con la que nuestra comunidad vive pero que debe preservarse para las generaciones futuras.

Una visión retrospectiva del escenario permite advertir, entre otras, las siguientes dinámicas en el Eje Cafetero: Uno, que los poblados cafeteros se han rur-urbanizado y las capitales cafeteras, conurbado, en un escenario donde urge consolidar áreas metropolitanas y deben complementarse sus economías. Dos, que a partir de los años 70, al igual que la preciosa arquitectura vernácula del bahareque, la economía de las poblaciones cafeteras ha palidecido no solo por el deterioro de los términos de intercambio, sino por las consecuencias demográficas y ambientales de la Revolución Verde, asunto que obliga a una reconversión estructural del modelo productivo. Tres, que ha surgido la amenaza del calentamiento global con sus crecientes consecuencias hidrogeológicas asociadas a eventos climáticos extremos, en medio de unas cuencas deforestadas y de las frágiles laderas tropicales andinas, lugares que reclaman acciones de adaptación al cambio climático y soluciones de fondo a los conflictos de uso del suelo.

En la ponencia “Institucionalidad en el PCC” que presenté en el Taller Internacional: Estudios del Paisaje, con motivo de la citada conmemoración sugería que al decidir sobre las transformaciones socioambientales a implementar para prevenir la desestructuración de nuestro territorio y evitar la fragmentación de sus ecosistemas, resultaba imperativo darle el carácter de sujeto al emprender su planificación y ordenamiento, partiendo de una reconstrucción del tejido social de las comunidades que lo habitan bajo el presupuesto de que aquél, antes que un espacio de transformaciones, es una construcción social e histórica derivada de relaciones dialécticas entre el medio natural y las colectividades humanas, proceso que emplaza igualmente a la sociedad civil como al Estado. En consecuencia, vale repensar la extensión de PCC al sur-occidente de Antioquia, hasta los poblados fundados a lo largo de la ruta de la Colonización Antioqueña.

Lo anterior no es un asunto de menor cuantía en el contexto colombiano, y menos tratándose de una sociedad afectada por la crisis de valores que degrada al Estado, la Familia, la Justicia y la Iglesia, y afligida por la pobreza e inequidad que se agudizan en las comunidades de los medios rurales. La viabilidad de intervención ciudadana en la operación misma del sistema de derechos individuales, políticos y sociales desde la sociedad civil, entendida como institución mediadora entre los individuos y el Estado, supone esa organización que se conforma por personas cívicas y libres, y por lo tanto por ciudadanos formados en valores de la cultura urbana, que al haber resuelto sus necesidades básicas puede actuar con autonomía económica y libertad de conciencia.

Sabemos: que una agroindustria cafetera intensiva en productos de base química, al emplear pesticidas, herbicidas y fungicidas y arrasar el sombrío, atenta contra el ecosistema; que en el caso de los productores rurales, tan solo cuatro años de escolaridad media, sumados a la grave problemática del transporte rural y a la ausencia de políticas e instrumentos institucionales, no hacen viable elevar la reducida productividad rural; que debemos generar capital social, multiplicar las oportunidades de desarrollo para el campo y recuperar la estructura natural y simbólica de la caficultura tradicional; y que urge resolver la brecha que explica los bajos ingresos rurales y la concentración del PIB regional en las capitales del Eje Cafetero, como consecuencia de la falta de políticas de ciencia y tecnología imbricadas en la cultura, como medidas necesarias para incorporar al agro el conocimiento como factor de producción, al lado de la tierra, del trabajo y del capital.

Así las cosas, el desafío que emplaza a nuestras instituciones a emprender políticas públicas y sectoriales de cara a esta compleja problemática socio-ambiental, con el objeto de que las comunidades rurales le incorporen valor agregado a su oferta de bienes culturales y servicios ambientales, debe partir de la Federación Nacional de Cafeteros y acompañarse del Estado, para que la benemérita organización creada en 1927 por nuestros productores se decida por un modelo de producción limpia, amigable con el medio ambiente, en el que los Comités de Cafeteros soporten las cadenas productivas de esa oferta rural diversificada, como estrategia necesaria para un verdadero desarrollo, comparable al que se implementó por el gremio de la rubiácea a lo largo de medio siglo, cuando se abrieron los caminos rurales para electrificar el campo y dotarlo de acueductos, escuelas y puestos de salud.

Tomado de periódico La Patria, Lunes, Agosto 6, 2012. http://www.lapatria.com/columnas/el-paisaje-cultural-cafetero

Dosquebradas, un dialogo sensible al territorio

Por Williams Gilberto Jiménez García.

Administrador Ambiental de la Universidad Tecnológica de Pereira. Estudiante de la Maestría en Hábitat de la Escuela de Arquitectura de la Universidad Nacional de Colombia, sede Manizales

A manera de introducción

El municipio de Dosquebradas esta localizado al sur del Departamento del Risaralda, en un valle conocido como “el valle de los Quimbayas”, rodeado por los cerros tutelares del Nudo, Alto el Oso, Alto el Boquerón, Alto el Chaquiro y Alto el Toro; separado por el río Otún de los municipios de Pereira y Santa Rosa de Cabal. La ciudad, en su totalidad esta ubicada sobre la cuenca de la quebrada Dosquebradas y sus 32 afluentes, en un área de 70 km2 y con una población, según el DANE (2012) de 193.024 habitantes.

Ubicación geográfica de Dosquebradas. Fuente: Angela María Fernandez. Universidad Tecnológica de Pereira

Ubicación geográfica de Dosquebradas. Fuente: Angela María Fernandez. Universidad Tecnológica de Pereira

De la Crisis a los retos

En la actualidad, el municipio presenta una problemática ambiental asociada al poco conocimiento y sensibilización de las instituciones y la población en general, no solo en temas ambientales, sino en los temas coyunturales de la construcción social del territorio. Para efectos del presente escrito se abordará la problemática de la contaminación de los afluentes de la quebrada Dosquebradas, desde la óptica de los conflictos ambientales.

En 33 años la población de Dosquebradas, según DANE (2012) se ha incrementado en un 363%, producto de fenómenos como la industrialización del municipio, el auge del café, las políticas poblacionales que se dieron en el municipio en los años 40, los planes de vivienda propuestos por las industrias para sus trabajadores (caso de La Rosa, Postobon, Paños Omnes y Valher) y la ubicación contigua a la capital departamental (con quien conforma el Área Metropolitana de Centro Occidente –AMCO-), generando cambios y adaptaciones frente a la ocupación del territorio que necesariamente han derivado, en lo que Palacio (2002) denomina como conflictos ambientales.

Vista panoramica Dosquebradas, desde vereda El Rodeo. Fuente: Propia

Vista panoramica Dosquebradas, desde vereda El Rodeo. Fuente: Propia

La relación que tiene el aumento poblacional con la contaminación de los afluentes hídricos, se encuentra mediada por la poca planificación y visión de futuro en la ocupación del territorio. La ciudad creció conquistando los espacios más planos de la quebrada Dosquebradas, en sus zonas de inundación, en la llanura aluvial de la cuenca; trayendo como consecuencia inundaciones periódicas en diferentes puntos de la ciudad, lo cual sumado a la inexistencia de un alcantarillado y por lo tanto a la necesidad de usar las quebradas para tal fin, han fomentado, según CARDER (2012) una irracionalidad ambiental y una inexistencia de una cultura ambiental para la sostenibilidad, en todos los actores del desarrollo municipal.

A su vez, el poco control ejercido por las autoridades ambientales sobre las industrias del municipio, ha llevado a que se contamine de forma gradual las quebradas de la ciudad, reflejando una desvinculación del sector empresarial con las comunidades y las ofertas naturales del entorno. Todo lo anterior, es impulsado por la deficiente gestión ambiental en el desarrollo urbano del municipio, en donde no existen procesos de ordenación y manejo de las cuencas, poca sostenibilidad de los sistemas de agua potable y saneamiento hídrico, bajos niveles de educación ambiental y desarticulación de los agentes ambientales del municipio.

La problemática asociada a los conflictos ambientales

Entender la problemática ambiental asociada a la contaminación hídrica de Dosquebradas desde la óptica de los conflictos ambientales, permite realizar un estudio amplio de las causas, consecuencias y actores, según Quintana (2012), “el conflicto ambiental se produce en el proceso humano de apropiación y transformación de la naturaleza y los sistemas tecnológicos”, relacionado con un choque de intereses en las relaciones del hombre con el entorno, en donde según Leff (2002), “la complejidad” de dicha relación se ve mediada por los procesos de adaptación cultural en el entorno y las reacciones que tiene él mismo con las poblaciones que habitan en el territorio.

Es necesario diferenciar las concepciones de problemática ambiental y conflictos ambientales, la primera hace referencia simplemente al deterioro o agotamiento del recurso hídrico; la segunda, según CORANTIOQUIA (2001), “hace referencia a los procesos sociales suscitados por el desacuerdo que genera la apropiación, distribución y utilización de los recursos naturales y a la  movilización y denuncia contra los causantes de los daños ecológicos”. Por lo tanto es necesario tener en cuenta la acción de tres actores fundamentales: la sociedad civil, las industrias y las instituciones, desde la visión, según Ochoa, Torres y Agudelo (2007), de “las relaciones sociedad naturaleza y los procesos de transformación positivos o negativos del entorno (impactos ambientales)”.

Las instituciones inscritas en la situación conflictiva derivada en la contaminación de los afluentes hídricos de la ciudad se pueden clasificar en: las relacionadas con la administración municipal y  las de control. En cuanto a la administración municipal es evidente la falta de voluntad política para atender la contaminación de los afluentes, por ejemplo, en el actual plan de desarrollo “Dosquebradas empresa de todos” 2012-2015 (presentado al concejo municipal recientemente), la mesa de planificación ambiental ha determinado que la principal acción ambiental del municipio radica en el fortalecimiento de la Unidad de Gestión Ambiental Municipal –UGAM-, (lo cual en un principio es positivo), desconociendo y aplazando la imperante necesidad de saneamiento ambiental a los cuerpos de agua contaminados (o al menos la construcción de un sistema de alcantarillado o la articulación al del Pereira)

Las instituciones de control como la CARDER y la contraloría municipal terminan siendo cómplices por omisión de las acciones de intervención y contaminación que se llevan a cabo en las microcuencas del municipio, limitándose en muchas ocasiones al cobro de la tasa retributiva. Cabe recordar que en el municipio hay industria altamente contaminante en medio de las zonas habitacionales, que además no existe alcantarillado y hay una presencia de altos niveles de precipitación, lo que hace que se incrementen los índices de contaminación por presencia de metales pesados, disminución del oxígeno, el coloramiento de las aguas y la proliferación de agentes infecciosos.

Quebrada La Soledad, Barrio Los Naranjos, Dosquebradas Fuente: Diario del Otún. http://www.eldiario.com.co/seccion/DOSQUEBRADAS/3-mil-millones-recibe-dosquebradas-para-obras-de-mitigaci-n100820.html

Quebrada La Soledad, Barrio Los Naranjos, Dosquebradas
Fuente: Diario del Otún. http://www.eldiario.com.co/seccion/DOSQUEBRADAS/3-mil-millones-recibe-dosquebradas-para-obras-de-mitigaci-n100820.html

Por su parte, la comunidad se ve afectada por las acciones y omisiones de instituciones e industrias, ya que son quienes conviven en el ambiente altamente deteriorado, producto del establecimiento de relaciones de explotación del medio inadecuadas con la oferta ambiental. Sin embargo, se debe tener en cuenta la baja sensibilización ambiental por parte de los pobladores, los cuales se asientan en áreas altamente vulnerables, invadiendo y modificando el curso natural de las quebradas; disponen los residuos solidos en los cuerpos de agua, a pesar de que existe una cobertura del 100% de recolección de los residuos por parte de la empresa de Aseo; en varias ocasiones no denuncian los abusos que se hacen contra las quebradas, denotando una crisis de identidad con el territorio. Situaciones que en su conjunto llevan a que las personas perciban a los cuerpos de agua como amenazas y no como patrimonio natural del municipio.

Las instituciones reclaman el concurso de la comunidad y la comunidad exige la presencia oportuna de las instituciones para atender la problemática ambiental local, en donde la industria contribuye a la contaminación, pero poco atiende a su responsabilidad social con el entorno. Las instituciones buscan controlar la contaminación con la aplicación de los instrumentos correctivos dispuestos por la ley, pero las industrias argumentan que estos controles se convierten en restricciones para su operación, haciendo que la administración local flexibilice estos controles con el supuesto de no incrementar la crisis de desempleo en el AMCO, generando así un circulo vicioso, que aumenta en directa proporción la contaminación de las quebradas.

A manera de conclusión

Es evidente la actual crisis ambiental que enfrenta el municipio de Dosquebradas producto de la contaminación ambiental de las quebradas, por lo que se deben generar acciones contundentes por parte de los agentes que intervienen en la construcción del territorio (sociedad civil, instituciones e industria), que sea de manera coordinada y que apunten a una estrategia de desarrollo endógeno, que sirva de oportunidad para el mejoramiento de la calidad de vida y generación de empleo.

Los conflictos ambientales deben ser vistos, según Quintana (2012) “como una fuente creadora de nuevas opciones”. Por su parte, en la sociedad de Dosquebradas en su conjunto “debe desafiar el actual modelo de apropiación, construcción, control y utilización de la naturaleza para evitar que el futuro de esta sociedad humana siga enfatizando en sus  peores aspectos, no sólo la destrucción del entorno natural, sino también, la desigualdad  social, la guerra, el empobrecimiento biológico y humano, entre otros”.

El municipio debe volver su mirada hacia las quebradas y cambiar la percepción de “patio trasero contenedor de basuras”, apuntar sus esfuerzos en la consolidación de una cultura ambiental basada en procesos continuos de educación ambiental y acciones correctivas a empresarios e industriales; configurando de esta manera puentes de comunicación interinstitucional que valoren y visibilicen los conocimientos y saberes de los pobladores, por medio de los instrumentos de planificación ambiental como lo son la constitución política, la ley 99 del 93 (ley del ambiente), las oficinas de gestión ambiental, las oficinas verdes, los planes de acción ambiental municipales y departamentales, el plan de acción ambiental de la CARDER (bosque modelo 2019) y las directrices ambientales del Ministerio del Ambiente y Desarrollo Sostenible.

Si bien, el panorama descrito resulta ser desolador, es importante tener en cuenta que en las épocas de crisis, en la cultura cafetera, siempre han emergido las soluciones más creativas e integradoras. Por tal motivo, Dosquebradas debe hacer un alto en el camino y empezar a re-construir su identidad desde la idiosincrasia de sus pobladores y en la vasta oferta ambiental de su territorio, entendiendo e interpretando su trascendental papel en el desarrollo regional.

Bibliografía

CARDER. (2012). Diagnostico de riesgos ambientales municipio de Dosquebradas, Risaralda. Obtenido de Corporación Autonoma Regional del Risaralda: En: http://www.carder.gov.co/doc_misionales/riesgos/Diagnostico%20de%20Riesgos%20Dosquebradas.pdf. Recuperado el 25 de Abril de 2012

CORANTIOQUIA. (2001). Manual de conflictos ambientales. Medellín: Corporación Autonoma Regional de Antioquía.

DANE. (2012). Proyecciones de población. Obtenido de Departamento Administrativo Nacional de Estadística: En: http://www.dane.gov.co/index.php?option=com_content&view=article&id=75&Itemid=72. Recuperado el 25 de Abril de 2012

Leff, E. (2002). Saber ambiental. Buenos Aires: Siglo XXI Editores.

Ochoa, M. T. (2007). Aproximación al conflicto ambiental urbano, generado por la contaminación electromágnetica no ionizante en Colombia. Revista Luna Azul. No 25 Julio-Diciembre de 2007, 78-85.

Palacio, G. (2002). Notas sobre el conflicto ambiental. En G. y. Palacio, Repensando la naturaleza. Encuentros y desencuentros disciplinarios en torno a lo ambiental. Bogotá: Universidad Nacional de Colombia, sede Leticia.

Quintana, A. P. (2012). El conflicto ambiental y estrategias de manejo. Obtenido de FUHEM, educación ecosocial: http://www.fuhem.es/media/cdv/file/biblioteca/Conflictos_socioecologicos/conflicto_socioambiental_estrategias%20_manejo.pdf. Recuperado el 10 de marzo de 2012

Ordenamiento Territorial: Consideraciones alrededor de la continuidad en los procesos naturales

Por: Juan David Céspedes Restrepo
Administrador Ambiental
Estudiante Maestría en Hábitat
Universidad Nacional de Colombia -Sede Manizales-
 

Uno de los objetivos que ha perseguido el ordenamiento del territorio en su concepción teórica, y desde los primeros esfuerzos normativos que se han realizado para su ejercicio -desde la ley 9/1989, pasando por la ley 388/1997 y la ley 1454/2011-, consiste en orientar adecuadamente el desarrollo territorial, complementando la planificación económica y social en las ciudades. Sin embargo, pasados cerca de doce años desde la aparición de los primeros Planes de Ordenamiento Territorial [POT], se observa que la mayor parte de las ciudades colombianas se ha configurado de manera fragmentada, hecho que se manifiesta mediante el desarrollo de actuaciones urbanísticas desarticuladas que favorecen la existencia de conflictos en el uso del suelo; los cuales, no solo riñen con la vocación y aptitud local de las ciudades, sino también con el contexto regional del cual hacen parte.

Una de las razones que favorece esta situación descansa en la negación de las condiciones de reciprocidad que existen entre las dimensiones socioculturales, político-institucionales, físico-espaciales y económico-financieras que son inherentes al territorio (Guzmán, 2011). En este sentido, resulta sumamente interesante el planteamiento realizado por Gustavo Adolfo Agredo (2011) quien afirma que esta situación tiene su génesis en la manera como se formula la ciudad, proceso que se realiza bajo un enfoque mecánico y tecnocrático resultado de la ruptura con el medio natural. Este paradigma desdibuja el origen natural del hombre en el interés de éste por construir su “mundo ideal”.

El distanciamiento hombre-medio natural desconoce la importancia de los sistemas naturales como elemento estructurante del territorio, al tiempo que niega el carácter ambiental de los procesos socioculturales de construcción del mismo; como consecuencia, los esfuerzos en torno al ordenamiento del territorio se componen de intervenciones antropogénicas concebidas unidimensionalmente, que en la mayoría de los casos no guardan relación con las necesidades y potencialidades del contexto. Este escenario, pone en evidencia la necesidad de abordar la problemática ambiental en los procesos de ordenamiento con base en una aproximación al carácter dinámico de los aspectos físico-espaciales y ecosistémicos del medio natural, los cuales son imprescindibles en la construcción de territorio1.

Sin embargo, es preciso recordar que los sistemas naturales son por definición sistemas abiertos, en tanto que permanecen en constante interacción mediante intercambios de trabajo, materia, energía e información con el entorno que los rodea (Ossa, 2004). Esta característica impide delimitar espacialmente los sistemas naturales, que se extienden en casi todos casos más allá del área de planificación definida para ordenar un territorio. Al respecto, Jaume Terradas (2001) citado por Gustavo Agredo (2011: 57), afirma que “(…) las ciudades y otros territorios están organizados de acuerdo con unos límites administrativos que no se corresponden necesariamente, ni con la realidad socioeconómica ni con la ecológica”. Es posible afirmar que los límites administrativos corresponden a trazados rígidos sobre elementos geográficos en un intento por definir la función de propiedad, lo que conlleva a la falta de coherencia y continuidad entre las ciudades y los sistemas naturales.

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Fuente: http://ecolosfera.com/img/ecolosfera/2009/09/incheon_1_pvm2e_69.jpg

Esta brecha entre lo urbano y el medio natural, se hace más evidente al aumentar la escala en la unidad de planificación considerada. En este sentido si se toma como unidad de análisis el departamento, emergen con mayor claridad diferencias paisajísticas, geomorfológicas y biofísicas, las cuales crean barreras, dificultan el acceso y movilidad entre los municipios que lo conforman, lo que se traduce como una ruptura en el desarrollo de las interrelaciones y flujos que configuran la complementariedad funcional en su interior. Este tipo de rupturas impide la adecuada planificación en el territorio al tiempo que obstaculiza el ejercicio de la gobernanza. Además, favorece la desigualdad entre los municipios que conforman un departamento, al dotar de mayores ventajas competitivas y socioeconómicas al municipio localizado en la zona de mayor acceso, hecho que favorece el desarrollo centralizado en un territorio.

El ordenamiento territorial exige por tanto la búsqueda en la continuidad de los procesos naturales de manera independiente a la escala de referencia, condición sine qua non para el funcionamiento del sistema como un todo integrado. Bajo este enfoque, la continuidad se convierte en un eje estructural para la movilidad, la complementariedad de funciones y además, constituye la garantía para la preservación de los bienes y servicios ambientales que nutren el territorio; de manera que el rompimiento de la continuidad en algún punto de la red afecta considerablemente el funcionamiento del todo (Tardín, 2005).

De igual forma, considerar la continuidad conlleva necesariamente a un aumento en la unidad de planificación como medida para garantizar la coherencia entre las funciones y el fortalecimiento de la complementariedad de las ciudades dentro de un contexto regional. Al respecto, existen en la actualidad propuestas sumamente interesantes como la constitución de ecorregiones o la planificación del territorio con base en las cuencas hidrográficas, en las cuales se propone el ordenamiento con base en un espacio determinado -o que pueda ser determinable- con características particulares que le otorguen identidad y potencien algún grado de unidad en lo que se refiere a evitar la interrupción de los procesos naturales (Arango, 2011).

Este tipo de propuestas tienen por objeto mejorar la gestión sobre los bienes y servicios ambientales, el patrimonio natural y la biodiversidad; al tiempo que buscan fortalecer  la articulación de los municipios y las instituciones en la construcción de territorios funcionales y sustentables. A la luz de éstas consideraciones, el estado actual de fragmentación en la mayoría de las ciudades y regiones de Colombia, manifiesta una necesidad creciente de reformular la manera como se planifica y construye el territorio, reduciendo la brecha entre lo urbano y el medio natural en la búsqueda de articular los sistemas urbanos y las procesos naturales. Este escenario exige el desarrollo de instrumentos de integración interinstitucional y normativos que permitan avanzar hacia un ordenamiento del territorio interdisciplinario y transversal, con base en la reformulación de las escalas territoriales para la planificación y el reconocimiento del carácter ambiental2 de los procesos de construcción del territorio.

1Es importante hacer claridad en que los procesos de planificación y ordenamiento del territorio poseen un nivel de complejidad elevado, y que como se mencionó previamente, sobrepasan las dimensiones socioculturales, político-institucionales, físico-espaciales y económico-financieras. La intención al hacer esta afirmación no es la de reducir los procesos de ordenamiento al aspecto ecosistémico; sino exponer la necesidad de considerar este elemento de manera conjunta a la estructura y función de los sistemas sociales que configuran el territorio.   

2 En este sentido, el término ambiental se emplea no sólo para denotar las condiciones biofísicas y espaciales del entorno, sino para el reconocimiento del entorno como tal, incluyendo los aspectos socioculturales, económicos, y político-institucionales.

Bibliografía

Agredo, G. A. 2011. La Cuenca Urbana: Unidad Territorial para el Desarrollo Sostenible de Ciudades de Media Montaña en el Trópico Andino. Revista La Redvista; No.2 Enero-Junio de 2011. pp. 55-74. Sello Editorial Alma Mater; Pereira.

Arango, O. 2011. Cinco Vacíos en el Proyecto de Ley Orgánica de Ordenamiento Territorial: Una Lectura desde la Ecorregión Eje Cafetero. Revista La Redvista; No.2 Enero-Junio de 2011. pp. 22-39. Sello Editorial Alma Mater; Pereira.

Guzmán, S. D. 2011. Territorios Convencionales, Artificiales e Impuestos. Revista La Redvista; No.2 Enero-Junio de 2011. pp. 14-19. Sello Editorial Alma Mater; Pereira.

Ossa, C. A. 2004. Teoría General de Sistemas, Fundamentos. Pereira: Editorial Gráficas Olímpica. 254 pág.

Tardin, R. 2005. Sistema de Espacios Libres y Reestructuración de los Territorios Urbanos. En La Sustentabilidad Hoy -2005-. pp. 55-65. La Plata: Fondo Editorial Cepa.

Cambios de paradigma en los imaginarios colectivos, la ciudad sustentable

Por Willliams Gilberto Jiménez García

Administrador Ambiental

Estudiante Maestría en Hábitat

La sociedad actual se encuentra en una encrucijada que la concita a una novedosa voluntad por agregar nuevos temas y redefinir conceptos que permitan comprender y analizar integralmente una realidad, hasta el momento muy definida, pero poco interpretada. Los esfuerzos por construir nuevos paradigmas de ciudad que contribuyan a la construcción de imaginarios colectivos que sustenten la acción de las personas, la continuidad de los procesos sociales, el intercambio y construcción de información y la supervivencia del planeta a escala global, en medio de una virtualización de la realidad y una lucha cada vez más evidente por los recursos naturales, son algunas de las manifestaciones de una nueva forma de ver el mundo.

Acercamiento al cambio de paradigma de la ciudad

La ciudad como centro de intercambio y epicentro del desarrollo humano, ve su génesis en antiguas civilizaciones agrícolas, según Sjordberg (1982), citado por Villamil (2000) hace 5500 años, y se ha ido transformando y re-significando en diversos periodos que incluyen la ciudad medieval, la ciudad industrial, la ciudad moderna (con sus matices como ciudad mercantil y ciudad productiva, etc) e incluso hoy se habla de la ciudad del conocimiento y de las eco-ciudades.

Se crearon en la ciudad nuevas formas de organización y participación democrática, el abastecimiento y consumo de nuevos productos, el comercio y renta de tierras. La ciudad también permitió según Lezama (citado por Acebedo, 2012)1, la búsqueda de espacios de libertad (aunque también propició procesos de restricción de la misma). Para Castells (citado por Acebedo 2012)2  la ciudad ayudó a la concentración espacial de los pobladores que transmitían nuevos sistemas de valores y además  generó en las personas nuevas maneras de ocupar, construir, sentir y pensar sus espacios.

Al ser la ciudad, según Villamil (2000), un ente vivo, que ha surgido, florecido y muerto a través de la historia de diversas culturas y espacios geográficos, se encuentra en su contexto práctico actual en crisis por cuenta del paradigma del desarrollo económico global, patrones del capitalismo como la segmentación de los roles, la generación de información, la dualidad de libertad y desigualdad, el agotamiento de recursos naturales, la pobreza y el hacinamiento. Todos estas situaciones hacen de las ciudades centros de la insustenibilidad.

La insustentabilidad en las ciudades no deja de ser la consecuencia del paradigma actual de desarrollo (el cual termina siendo paradójico, pues permitió la reproduciblidad de las ciudades por mucho tiempo) y según Pesci (2009), se puede relacionar todos estos efectos con las grandes extensiones urbanas o metropolitanas que se han convertido en el nicho de la diferenciación social, los impactos ambientales, el aumento de población y la paranoia colectiva. Siendo así necesario un cambio de paradigma que permita el sostenimiento de las ciudades y el ambiente en el tiempo.

La crisis propicia los cambios

El cambio de paradigma necesita un propósito que motive al conjunto de la población pensar, analizar y cambiar su actitud-comportamiento ante una situación cualquiera. Como todo sistema, el ser humano, la ciudad y el ambiente, necesitan de estimulos (externos o internos) que garanticen la reacomodación del sistema ante las nuevas necesidades y propósitos del mismo.

Un estimulo que generó pensar desde la alteridad y la complejidad a la ciudad y el territorio, ya no desde la perspectiva de conglomeración de habitantes y escenario de extracción sino de la relación sujeto/objeto, ha sido la crisis ambiental que emerge no como solución a los problemas no resueltos del desarrollo, sino como el dinamizador de cambios en los modelos económicos, sociológicos y del conocimiento.

El pensar en una crisis a escala planetaria que se manifestaba por la particularidad y la relación de fenómenos naturales y sociales antes vistos de manera aislada por parte de las instituciones de poder, pero que ahora dejaban ver una conexión intrínseca entre ellos y, que además, se intensificaban, puso en jaque a estos grandes conglomerados del poder mundial (entiéndase grupos financieros, estados y grupos científicos, para nombrar los más representativos) y preocupó a corrientes de pensadores que abordaron la problemática con intenciones que iban más allá de entenderla, más bien, comprenderla.

Por su parte Enrique Leff (2007) anota en este sentido y cuando ya el discurso de crisis empieza a configurarse y relacionarse con la forma de pensar, entender y habitar el territorio:

“La crisis ambiental de nuestro tiempo es el signo de una nueva era histórica. Esta encrucijada civilizatoria es ante todo una crisis de la racionalidad de la modernidad y remite a un problema del conocimiento. La degradación ambiental –la muerte entrópica del planeta– es resultado de las formas de conocimiento a través de las cuales la humanidad ha construido el mundo y lo ha destruido por su pretensión de unidad, de universalidad, de generalidad y de totalidad; por su objetivación y cosificación del mundo. La crisis ambiental no es pues una catástrofe ecológica que irrumpe en el desarrollo de una historia natural. Más allá de la evolución de la materia desde el mundo cósmico hacia la organización viviente, de la emergencia del lenguaje y del orden simbólico, el ser de los entes se ha “complejizado” por la re-flexión del conocimiento sobre lo real”

Desde esta perspectiva planteada, la crisis ambiental engloba las demás crisis mundiales (económica, productivista-consumista, materialismo-objetualidad, epistemológica, ciudad moderna) porque la analiza a partir de las formas en las que la humanidad ha interpretado y modificado el mundo, desde el saber y el conocimiento, lo que hace que este fenómeno (la crisis) sea transversal a todas las ciencias y delate una visión integral de la realidad, sin querer indicar una situación catastrófica con visión apocalíptica, sino, un escenario de construcción, re-construcción y de-construcción que busca el concurso de todas las disciplinas y de todos los agentes del desarrollo.

Desde la complejidad de los procesos de desarrollo de las ciudades en un contexto de la globalización es necesario una critica al concepto mismo de desarrollo (en crisis), que se haga desprendidamente de los modelos usuales, que sea un examen colectivo pormenorizado de las posibilidades, individuales, sociales, técnicas, tecnológicas y científicas, de reflexionar y actuar de acuerdo a la construcción de los imaginarios colectivos desde la ciudad hasta el ambiente más amplios, más profundos y, eventualmente, más respetuosos con las visiones ajenas.

Nuestra realidad, un posible nuevo paradigma

La visión compleja del mundo hace necesario cambiar el paradigma y reflexionar de una manera integral a la ciudad. Villamil (2000) propone que a dicha reflexión se le debe dar un sentido humano y no solamente técnico, un sentido político y no solamente disciplinario; un sentido social y no solamente académico, con el fin de generar los espacios de construcción colectivos e interdisciplinarios, aprovechando las sinergias de estos sistemas complejos.

Pensar las ciudades con principios de sustentabilidad (como nuevo paradigma) refiere a la sociedad un paso de interpretar la realidad de flujos lineales a flujos cíclicos, donde según Pesci (2009) la concepción de la realidad debe dejar de entenderse fragmentadamente, es decir de forma parcial (sectorial) a ser vivida de manera holística; las técnicas usadas en conjunto de la sociedad deben pasar de ser especializadas a ser integradoras; el capital debe no limitarse solo a lo económico, sino tener en cuenta todos los tipos (natural, socioeconómico, cultural). Las estrategias no pueden ser más de corto plazo, ya que se incluyen en procesos con todas las escalas de tiempo; los ciclos no pueden ser mas incompletos, para completarse cuando se retroalimenten con sí mismos y con otros ciclos.

Las ciudades con principios de sustentabilidad se basan según Pesci (2012) en cuatro niveles de diagnóstico y propuesta:

Eco-forma: una ciudad que asume sus grandes valores paisajísticos ambientales, la defensa de su biodiversidad y enfrenta los riesgos de su geomorfología y su clima para transformarlos en una matriz creativa que orienta su diseño y evolución.

Socio-forma: una sociedad que consulta los deseos de sus habitantes y trata de concertar soluciones leves (antes que prepotentes) e inclusivas (antes que excluyentes).

Tiempo-forma: una ciudad que sabe evolucionar prudentemente manteniendo sus patrones deseables de ecoforma y socioforma.

Formas de gestión: una ciudad que adopta formas participativas y consorciadas de toma de decisiones, de manera de hacer posibles y sustentables los 3 niveles antes descritos.

Si bien, las ciudades sustentables no son la única formula en procura de la superación de la emergente crisis ambiental global, pueden ser un salvavidas que aunado con las ciudades del conocimiento pueden determinar un nuevo rumbo, un nuevo paradigma en la forma de vivir las ciudades. El gran desafío es mirar a la ciudad en su conjunto y defender los atributos culturales que la significan y a su vez le indican su función orgánica y técnica, verla desde lo individual hasta lo colectivo, desde lo natural hasta lo construido, desde lo mítico hasta lo científico. Pesci (2012)argumenta que es necesario innovar para recuperar un sistema alterado o crear paisajes nuevos, más innovadores porque la naturaleza de los procesos productivos y sociales demandan cambios.

Notas

1 Lezama, J.L. Características de la ciudad moderna. Seminario Sociedad Espacio Naturaleza.  Luis Fernando Acebedo, Marzo 2 de 2012. Maestría en Hábitat, Universidad Nacional de Colombia, Sede Manizales

2 Castells, M. Fenómeno de urbanización. Seminario Sociedad Espacio Naturaleza.  Luis Fernando Acebedo, Marzo 2 de 2012. Maestría en Hábitat, Universidad Nacional de Colombia, Sede Manizales

Referencias Bibliográficas

Leff, E. (2007). La Complejidad Ambiental. Polis. Revista académica de la universidad bolivariana. Revista en Línea. Recuperado el 4 de Marzo de 2012, de: http://www.revistapolis.cl/16/leff.htm

Pesci, R. (2009). FLACAM, Pensamiento y Acción. Facultad de Arquitectura del Paisaje. Universidad Central, Santiago de Chile. Recuperado el 6 de Marzo de: http://www.flacam-red.com.ar/centrodocumentacion/documentacion/Reflexiones%20sobre%20la%20praxis%20socio-ambiental.pdf

Pesci, R. (7 de Marzo de 2012). Reflexiones desde la praxis socio-ambiental de CEPA / FLACAM y contribuciones a la teoría de la ciudad del conocimiento. Foro Latinoamericano de Ciencias Ambientales FLACAM. Recuperado el 8 de Marzo de: http://www.flacam-red.com.ar/centrodocumentacion/documentacion/Reflexiones%20sobre%20la%20praxis%20socio-ambiental.pdf

Sjordberg, G. (1982). Origen y evolución de las ciudades. En Scientific American, 1-26. En: Villamil, L. (2000). La ciudad colombiana : Una reflexion desde lo disciplinario y lo social. Revista Bitacora. Urbano Regional. Vol 1 No 4.Facultad de Artes Universidad Nacional de Colombia, sede Bogotá, 73-77.

Villamil, L. (2000). La ciudad colombiana : Una reflexion desde lo disciplinario y lo social. Revista Bitacora. Urbano Regional. Vol 1 No 4. Facultad de Artes Universidad Nacional de Colombia, sede Bogotá, 73-77.

Generación de conocimiento ambiental en la ciudad región del Eje Cafetero.

Por: Gonzalo Zuluaga López
Alumno Maestría en Medio Ambiente y Desarrollo.

El Eje Cafetero visto desde el panorama de una región construida para la generación de conocimiento requiere un análisis desde diferentes perspectivas, tanto políticas, económicas y sociales como desde el ámbito ambiental. Es en torno a la integración de estas miradas en la planificación desde donde se pueden observar las distintas coyunturas y determinantes para la sustentabilidad de un proyecto territorial de generación y construcción de conocimiento con el objetivo de determinar sus necesidades y potencialidades de desarrollo.

El desarrollo del Eje Cafetero y de la ciudad-región que hoy reconocemos se articula en la “ linealidad metropolitana” de la conurbación Manizales-Pereira-Armenia, avanza jalonado por el comercio espontaneo que se propicia por las necesidades básicas de su población y el floreciente ritmo económico que se ha inyectado en la última década con el auge del ecoturismo; Allí se encuentran también fuentes de desarrollo en las empresas e industrias localizadas aleatoriamente en la región y en núcleos de conocimiento abanderados por las universidades., Todo ello integrado permitiría más fácilmente apreciar un panorama más cercano a la construcción territorial de conocimiento.

Sin duda alguna la perspectiva política influye en la construcción del conocimiento en el contexto del Eje Cafetero en la medida en que los tres Departamentos que conforman la eco-región, generan autónoma -y a veces autárquicamente- programas y planes de desarrollo estructurantes, sin tomar en cuenta procesos y dinámicas que superan los límites político-administrativos. Esta realidad pone en evidencia las dificultades para tomar medidas acordes y coherentes con el medo físico que comparten, donde las cuencas de los ríos y el potencial hídrico desde donde se abastecen la mayoría de los acueductos municipales, entre otros temas de naturaleza regional, son comunes entre ellos. En este mismo sentido se expresan las necesidades de abastecimiento de productos de la canasta básica, el manejo de residuos sólidos, y en general, las infraestructuras y equipamientos metropolitanos que no solo propician ahorro de recursos, sino que ponen en una perspectiva más lógica la ordenación del territorio.

Ha sido común entender que los Departamentos de Caldas, Quindío y Risaralda, deban adelantar sus planes de desarrollo y adelantar los estudios y análisis de sus necesidades y políticas de inversión para sus infraestructuras independientemente, pero esto no ha sido posible ni siquiera desde el contexto ambiental, a pesar de algunos procesos de integración de las corporaciones ambientales. El manejo de planes independientes y la orientación sectorizada que se propone para distintos frentes, hace que muchos programas sean estériles, ya que se debe empezar a generar el desarrollo de conocimiento socio-ambiental conjunto. Así sucede, por ejemplo, con el renglón turístico. El trabajo conjunto entre gobierno, empresarios, academia y sociedad, debería permitir avanzar en la evaluación de estrategias comunes e integrales que redunde en el mejor aprovechamiento del potencial turístico con el que cuenta la región pero partiendo de la cualificación y protección desus potencialidades ambientales.

Pero exactamente, aun no se conoce y tampoco se desarrollan planes de evaluación para conocer el impacto que la sociedad produce en el medio ambiente en su conjunto, con el que se pueda organizar el territorio y llegar a la visión compleja que propone Acebedo (2010) en la construcción de territorios del conocimiento, en donde la planeación física debe reconocer los proyectos críticos en donde se desarrollan procesos de innovación, aprendizaje y asociatividad, para convertirlos en verdaderos territorios inteligentes, sustentados en la participación ciudadana, la promoción de  redes de proyectos socioproductivos comprometidos con el medio ambiente y la ecología del paisaje.

La generación de estrategias para conquistar paradigmas basados en el Policentrismo, tal y como los describe Acebedo, nos permite conocer un enfoque del urbanismo en el cual la generación de proyectos urbanos inteligentes de carácter endógeno redundan en mayor equilibrio social, calidad de vida y sustentabilidad ambiental.

La ciudad región del Eje Cafetero debe incorporar el concepto de territorio del conocimiento a partir de la suma de conceptos en donde el espacio genera y recoge el aporte del conocimiento y la sociedad. Acebedo (2010) describe la metáfora del calidoscopio, en donde el territorio del conocimiento está compuesto por el espacio, el tiempo, la innovación y el movimiento; bajo estas premisas nos permite identificar un territorio, donde la región del Eje Cafetero en un espectro de tiempo deberá generar innovación a partir de la sinergia de distintos actores con el fin de alcanzar sostenibilidad, gobernabilidad, productividad y equilibrio social.

La Ciudad Región del Eje cafetero, deberá profundizar en áreas fundamentales de I+D, con el fin de realizar un uso sostenible de la biodiversidad, lograr el aprovechamiento y preservación de los recursos hídricos, desarrollo de investigación en ciencias de la salud y estudios referidos a la paz y la cohesión social, como lo describe el programa de políticas públicas- Colombia Construye y Siembra Futuro 2008.

Referencias bibliográficas:

Acebedo Restrepo, Luis Fernando. (2010). Territorios del conocimiento en la Ecoregión Eje Cafetero. Calidoscopios a partir de tres espejos de representación: Sociedad + Espacio + Conocimiento. Tesis para optar el título de Doctor en Urbanismo, Instituto de Urbanismo, Universidad Central de Venezuela, Caracas.

Colciencias. (2008). Colombia construye y siembra futuro. Política Nacional de Fomento a la Investigación y la Innovación. Documento para la discusión. Bogotá. Disponible en: http://www.colciencias.gov.co/centro_recursos/colombia-construye-y-siembra-futuro-pol-tica-nacional-de-fomento-la-investigaci-n-y-. Consultado el 24 de noviembre de 2011.

LA SOCIEDAD DEL CONOCIMIENTO EN LOS PROCESOS DE TRANSFORMACIÓN DEL HÁBITAT

Por: Juan Carlos Marín Villegas

Estudiante Maestría en Medio Ambiente y Desarrollo

La crisis ambiental contemporánea, con asentamientos urbanos como principal hábitat del hombre, ya no precisa solamente de soluciones para el tema de la salubridad, como en la ciudad industrial, o de la función o el confort como en la urbe moderna, sino que comprende una necesaria preocupación por las condiciones del medio natural y construido, por la obtención del bienestar humano y por el acceso equitativo a los recursos y a los beneficios obtenidos de ellos. La posibilidad de alcanzar este equilibrio se encuentra basada en las formas de relación ecosistema-cultura. En este sentido, los avances científicos de los últimos años, constructores de una nueva sociedad -la sociedad del conocimiento-, se constituyen como soporte de las nuevas formas de relación social y de transformación productiva del espacio.

Lo ambiental como realidad englobante de las comprendidas en el hábitat, es “el campo de la realidad en el cual se establecen y definen interacciones entre las esferas de la naturaleza y la sociedad” (Fernández, 2000:3). El hábitat humano puede entenderse como un sistema vivo y por lo tanto complejo de interrelaciones, en el que se desarrollan procesos de construcción material y simbólica a distintas escalas, entre las estructuras sociales y las estructuras físicas. Según Fique (2008:120), “Los procesos de apropiación y transformación del medio físico (natural y construido), mediante los cuales se configura un hábitat, tienen un carácter productivo”. La resolución de la interacción sociedad-espacio, entendida de esta manera, es un proceso productivo de hábitat, que según el mismo autor  “es el conjunto de acciones y retroacciones -materiales y simbólicas- desarrolladas en unos contextos específicos, entre numerosos y diversos agentes para el desarrollo o consecución y utilización de los recursos necesarios para la gestión, planeación, producción, distribución, uso, mantenimiento y/o transformación del medio físico.”

Como se advertía, en el hábitat se desarrollan procesos de producción material y simbólica. Simonds (1958), citado por Fique (2008), ya había propuesto distinguir entre, por un lado, una acción humana sobre el medio y, por otro, una acción simbólica sobre el ser humano. El interés del presente documento es analizar, de manera general, algunas de las repercusiones de la configuración de la sociedad del conocimiento en los procesos productivos del hábitat, principalmente en los concernientes a la transformación social del espacio, tomando como caso específico a  la ciudad-región de Manizales.

La sociedad del conocimiento es considerada como la tercera revolución tecnológica del capitalismo. Según Borja y Castells (1997:21), citados por Acebedo (2010), “Las ciudades y sociedades de todo el mundo están experimentando en este fin de siglo XX una profunda transformación histórica cultural. En el centro de dicha transformación se halla una revolución tecnológica, organizada en torno a las tecnologías de información. Basándose en la nueva infraestructura tecnológica, el proceso de globalización de la economía y la comunicación ha cambiado nuestras formas de producir, consumir, gestionar, informar y pensar.”

Las tecnologías de la información y la comunicación estructuran la aparición de la ciudad informacional, interconectada con el resto del mundo para la prestación de servicios, a través de sistemas tecnológicos avanzados, lo que las lleva a asumir roles dentro de las nuevas jerarquías urbanas y metropolitanas. El territorio pierde importancia y sólo se encuentran transformaciones espaciales, procesos productivos materiales de hábitat, en los nodos del sistema informacional. En este sentido, para el caso de Manizales, la posición asumida en los últimos años es la de prestador de servicios informacionales poco avanzados como los call centers, basados principalmente en mano de obra poco calificada y de bajo coste. La oferta de este tipo de servicios se realiza en grandes edificios conectados por redes de comunicación informacional.

Bajo la premisa de la competitividad, otro de los papeles asumidos por la ciudad es el de ser productor de materias primas, basado en los recursos naturales de que dispone el territorio. Para esto se dio prioridad a la construcción de infraestructura física que garantice la concreción de una economía principalmente exportadora (Aero palestina, autopista del café). Todo esto acompañado por el estímulo a la inversión extranjera. Estas políticas descritas se encuentran enmarcadas en la concepción exógena  de la gestión del territorio- hábitat urbano, visión que según Acebedo (2010:25), consiste “en entender la sociedad del conocimiento como un paradigma tecno científico basado en la competitividad y el libre mercado (…)”. Se trata entonces de acciones que no alcanzan a permear los distintos niveles del hábitat y que persiguen la inclusión en el sistema global bajo el cumplimiento de ciertos estándares impuestos como soluciones universales.

Surge entonces otra manera de abordar la sociedad del conocimiento, la visión endógena, fundamentada en “el valor del territorio como objeto y sujeto en la  generación de conocimientos e innovación (…)” Acebedo (2010:25).  Esta concepción reconoce la cooperación en lugar de la competitividad, el aprendizaje colectivo como manera de alcanzar el desarrollo humano, las potencialidades particulares de los territorios así como su autonomía.

La ciudad de Manizales, inmersa en la Ecoregión del Eje Cafetero, posee cualidades que podrían permitir la construcción de procesos productivos de hábitat, enmarcados en la visión endógena como alternativa a la concepción exógena que ha preponderado en su gestión político-económica. El aprovechamiento de las condiciones complementarias de las ciudades y el territorio de la Ecoregión, la articulación de las universidades en los procesos de innovación tecnológica para la resolución de los problemas de la industria local, el uso de las tecnologías de la información y comunicación (TIC’s) para la formación académica de la población, así como la implementación de sistemas de transporte avanzados, pero consecuentes con las condiciones socioculturales de los habitantes, (recordando con esto al fracaso del famoso Sistema de Transporte Integrado de Manizales, “TIM”), son apenas algunas de las políticas que podrían asegurar mejores condiciones de vida para quienes habitan la ciudad, y en todo caso redundar en un mejor tratamiento del medio natural y construido.

Bibliografía

FERNANDEZ, Roberto. (2000). La ciudad Verde. Teoría de la Gestión ambiental urbana. Buenos Aires: Espacio Editorial.

FIQUE, Pinto Luis. (2008). hábitat: hacia un modelo de comprensión. En Pensando en Clave de Hábitat: una búsqueda por algo más que un techo. Pp 102-129. Universidad Nacional de Colombia, Sede Bogotá.

ACEBEDO, Luis Fernando. (2010). El concepto de territorio y el tránsito de la sociedad industrial a la sociedad del conocimiento. En cuadernos de clase nº 01-03, elementos para una teoría del desarrollo territorial. Pp. 10-29. Maestría en desarrollo regional y planificación territorial, Universidad Autónoma de Manizales.

HÁBITAT Y DESARROLLO

Por: Juan Carlos Marín Villegas

Estudiante Maestría en Medio Ambiente y Desarrollo
Universidad Nacional de Colombia, Sede Manizales.

Hoy más que nunca el concepto de desarrollo aparece inmerso en todas las esferas culturales de la humanidad, entre ellas las concernientes al hábitat. Las causas para la estructuración del desarrollo como construcción social de primera importancia pueden encontrarse en la  segunda posguerra, dada la necesidad de la reorganización del sistema económico mundial como estrategia para afrontar la pobreza en la que se encontraron los países europeos y la reconstrucción de las áreas devastadas por la contienda.  Según ESCOBAR (1999) el desarrollo es “el proceso dirigido a preparar el terreno para reproducir en la mayor parte de Asia, África y América Latina las condiciones que se suponía que caracterizaban a las naciones económicamente más avanzadas del mundo: industrialización, alta tasa de urbanización y de educación, tecnificación de la agricultura y adopción generalizada de los valores y principio de la modernidad, incluyendo formas concretas de orden, de racionalidad y de actitud individual”.

Estos modelos de desarrollo, fueron aplicados como  única manera de solucionar todos los problemas de los países que, para efectos del mismo discurso, fueron denominados como “subdesarrollados”, así que fuera pobreza, guerra o poca productividad, lo importante es que la solución se encontraba en los modelos ofrecidos por los países del norte.

El Desarrollo como fin único y último de la sociedad, se redujo a crecimiento económico y  urbano cuantitativo. La rápida urbanización, la concentración de la población urbana en grandes ciudades, la expansión de las ciudades en zonas geográficamente más amplias y el rápido crecimiento de las megalópolis se encuentran entre las transformaciones más importantes de los asentamientos humanos en las últimas décadas. Como se afirma en los Cuadernos del PNUD- UN Hábitat (2004) “Los asentamientos urbanos encierran una promesa de desarrollo y de protección de los recursos naturales gracias a su capacidad para mantener a muchas personas limitando al mismo tiempo su impacto sobre el medio natural. Sin embargo, muchas ciudades están experimentando procesos dañinos de crecimiento, de producción y consumo, de pobreza, de uso del suelo, de movilidad y de degradación de su estructura física. Esos problemas están con frecuencia asociados con la contaminación del suelo, el aire y el agua, al uso irracional de los recursos y la destrucción de los recursos naturales.”

                                        Asentamiento precario en Nairobi, Kenia
                                                   Foto: Amnistía Internacional
 

Esta situación, de la que no escapan las ciudades colombianas, es un reflejo palpable de la profunda crisis social y ecosistémica del hábitat urbano, donde las desigualdades se mantienen y los niveles de pobreza en todos los ámbitos no se logran disminuir a niveles aceptables, a pesar del crecimiento económico.

Como alternativa a la visión reduccionista del desarrollo centrada en el crecimiento económico, aparece el concepto de “Desarrollo humano”, definido por algunos de sus divulgadores, entre estos French (2003) como “el manejo de la tensión inevitable entre economía y sociedad para asegurar el despliegue simultáneo de la riqueza, la habilitación de las personas y la integración de la sociedad”. Pero el control social del desarrollo económico, su orientación en beneficio de la sociedad por parte de las instituciones públicas, sin ahogar el impulso económico de la empresa privada, es un viejo dilema que se encuentra en el corazón de todos los procesos de desarrollo. Para Wally N´Dow (s.f.), citado en Cuadernos del PNUD- UN Hábitat (2004), Secretario General de la Conferencia de las Naciones Unidas en Estambul y director de Hábitat durante varios años, gobierno y sector privado deben de actuar coordinadamente con las organizaciones sociales ya que  “por sí solos no son capaces de administrar nuestras ciudades”. El énfasis entonces, debe ponerse en la cooperación entre los diversos actores que intervienen en la configuración del espacio urbano, resaltándose cómo la ciudad es el principal hábitat del hombre contemporáneo.

En este punto es útil traer a consideración las reflexiones de Currie (1976), para quien el desarrollo económico, y por ende el desarrollo urbano, no era meramente un asunto de aritmética o de indicadores que se pudiesen obtener de primera mano; era un cierto control sobre el ambiente en todos sus aspectos, tanto sociales como físicos: “la línea divisoria que yo trazaría entre los países más desarrollados y los menos desarrollados no puede ser establecida en términos de crecimiento del PIB, ni tampoco con base en el ingreso per cápita o su distribución, sino en la creación de lo que parecen ser las condiciones esenciales para ejercer un control significante y consiente sobre el medio ambiente, en bien de la supervivencia en primer lugar, y en segundo, del bienestar. (…) la esencia de lo que a veces se denomina el enfoque institucional es escudriñar la justificación psicológica, social, política y cultural para la formación de ciertos conceptos. El desarrollo es uno de ellos.”

Pero pareciera que en la construcción del concepto de “desarrollo humano” existe muy poca preocupación por  los problemas ecosistémicos generados por el desarrollo en su sentido clásico, haciendo énfasis únicamente en la resolución de  factores de bienestar social, sin considerar la importancia de la protección del medio natural para garantizar la satisfacción de las necesidades básicas humanas.

El desarrollo históricamente lineal, de crecimiento ilimitado y acumulativo ha significado la configuración de un medio ambiente urbano pletórico de violencias, exclusiones, miseria y desolación. La clásica escisión entre hombre- naturaleza alimentada por las religiones occidentales, la filosofía moderna y la economía del capital ha supuesto la profunda crisis ecosistema-cultura en la que nos encontramos.

BIBLIOGRAFÍA:

ESCOBAR,  Arturo.  El buen salvaje. Naturaleza, cultura y política en la antropología contemporánea. Bogotá: ICAN Cerec, 1999.

Cuadernos PNUD-UN Hábitat. Hábitat y desarrollo humano. Publicación del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, el Programa de las Naciones Unidas para los Asentamientos Humanos -UN Hábitat y el Centro de Estudios de la Construcción y el Desarrollo Urbano Regional. Bogotá: CENAC, 2004.

FFRENCH- DAVIS, Ricardo. Desarrollo humano y economía: América Latina en la actual era de la globalización. Ponencia en el taller “Desarrollo Humano y Economía”. Santiago de Chile, 2003. En: Revista Latinoamericana de Desarrollo Humano www.revistadedesarrollohumano.org. Consulta efectuada el 25 de Septiembre de 2011.

CURRIE, Lauchlin. Taming the Megapolis: A Desing for Urban Growth. Publicado en español como “Urbanización y desarrollo: un diseño para el crecimiento metropolitano”. Bogotá, Camacol – Universidad de los Andes, 1988.