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La ciudad habita el territorio del agua

 “En el principio, cuando Dios creó los cielos y la tierra, todo era confusión y no había nada en la tierra. Las tinieblas cubrían los abismos mientras el espíritu de Dios aleteaba sobre la superficie de las aguas”[1]

 Por: Norma Constanza Idárraga Hernández

Trabajadora Social, estudiante de la Maestría en Medio Ambiente y Desarrollo, Universidad Nacional de Colombia

Foto

Foto Idárraga, N. (2013) “Plan de Ordenación y Manejo de la Cuenca del río Chinchiná. Consejo de cuenca” , Manizales.  
 

La ciudad habita el territorio del agua. El génesis bíblico propone el agua como elemento necesario desde donde se empieza a construir la vida. Dios aletea sobre el agua como elemento primigenio del que parte la construcción, no de la creación pero sí del planeta como exponente de lo que será después la vida.

Aristóteles nos cuenta  en su obra Metafísica, que Tales de Mileto, filósofo de occidente,  propone el agua como el elemento principal y constitutivo del mundo. El filósofo ve en el líquido, en su naturaleza maleable y necesaria, el principio de la vida y de las cosas.

Pero más allá de elementos teológicos y filosóficos, pragmáticamente el agua es un elemento fundacional en el sentido más literal de la palabra. La especie humana  desde sus orígenes buscaron las riveras de los ríos, la proximidad de fuentes para asentarse. Aún hoy no pueden existir asentamientos sin agua, quienes buscan fundar una población pueden ignorar problemas como el clima, la calidad de la tierra y hasta las pendientes o las alturas, pero no el de la falta del líquido. Es así que la ciudad debe habitar el territorio del agua.

Las cuencas hidrográficas ofrecen numerosos servicios a la ciudad. El suministro mundial de agua dulce para uso doméstico, agrícola e industrial depende de los caudales que se producen y regulan en las cuencas. La agricultura y la seguridad alimentaria dependen en gran medida del agua superficial y los sedimentos recogidos y transportados por las laderas de las cuencas (FAO, 2007; Mountain .Agenda, 1998).

Pero no hay tal cosa como una simbiosis entre la ciudad y su patrimonio  hídrico. La urbe usa el líquido pero no ayuda ni  a conservarlo ni a mantenerlo siquiera limpio. Le roba espacios, tuerce sus cauces y desencadena tragedias producidas por una de las características más interesantes del agua, su versatilidad, su capacidad de escaparse, de encontrar siempre un camino, de no dejarse detener ni estancar.

Desde la antigüedad, el origen de las ciudades se ve relacionado con la presencia de una cuenca hidrográfica que permita el mejoramiento de la calidad de vida de sus habitantes. Sin embargo, también desde el origen de las ciudades en nuestro continente, la  relación Cuenca – ciudad no ha tenido la atención necesaria desde la planificación del territorio y los usos del suelo como lo han demostrado los estudios de la CEPAL (1999: página 22): 

Las riveras de los ríos son intensamente utilizadas por la población de escasos recursos  como medio de vida ya que estas áreas son utilizadas para establecerse y solucionar su problema de vivienda, sin preocuparse por  los riesgos que esto acarrea: inundaciones, deslizamientos, contaminación, falta de salubridad, inseguridad,  deteriorando totalmente su calidad de vida 

Los usos del agua están determinados por la altura. Y esto también tiene que ver, con excepciones, por supuesto, con las identidades de las ciudades. Las partes altas de las cuencas, denominadas páramo o jalca, son el lugar donde se genera y concentra la mayor parte del agua. Sus poblaciones son menores y en la mayoría de las regiones la habitan predominantemente pequeños productores, comunidades campesinas y pueblos indígenas. La cuenca media es el sector relacionado fundamentalmente con el escurrimiento del agua, siendo frecuente la presencia de pequeñas ciudades y gran actividad económica. La parte baja tiene pendientes mínimas, está constituida por amplios valles, donde se desarrolla una intensa actividad agropecuaria, y por medianas y grandes ciudades. Allí también se ubican los grandes proyectos de irrigación con importantes sistemas de embalse. El potencial de aguas subterráneas de estas zonas es alto (Corpocaldas, ASOCARS, Universidad Nacional de Colombia, 2012)

Manizales clasifica como una ciudad de cuenca urbana, (sería interesante la  reflexión acerca de qué hace que una ciudad sea realmente ciudad en relación con los usos y abusos sobre el agua y hacernos la pregunta acerca de si Manizales alcanza el no necesariamente honroso título). Definir si las poblaciones son o no ciudades a partir de los usos del agua sería un interesante ejercicio, que alejaría la discusión de temas solamente urbanísticos, poblacionales o de uso de los suelos.

Mélida Restrepo de Fraume enseñaba a Manizales como algo que está mucho más allá que un conjunto de calles y avenidas. Ella advertía sobre la idea errónea  y generalizada de pensar a Manizales como su zona urbana, pero era clara en sus clases, en que no podía olvidarse que Manizales es un territorio que abarca zonas de Páramo y también zona bajas que están entre los 800 y los 2 800 metros sobre el nivel del Mar.

Vista así hay que pensar a Manizales dentro de diferentes territorios del agua, y no solo, como se puede pensar a primera vista, como ubicada en único territorio.

A pesar de la gran importancia que tienen las cuencas hidrográficas, su deterioro sigue siendo evidente. Para el caso específico de la cuenca hidrográfica del río Chinchiná, territorio al que pertenece Manizales, se puede ver cómo a partir de la segunda mitad del siglo XIX se inició su proceso de deterioro. Extensas zonas fueron deforestadas debido a la extracción de madera y leña y a la ampliación de la frontera agropecuaria. Debido al uso equivocado del suelo se ha deteriorado la oferta ambiental, se ha modificado el ciclo hidrológico, hay altos niveles de sedimentación en las captaciones de agua, avanzan procesos erosivos, y hay pérdida de hábitat para la flora y la fauna (Acosta & Muñoz, 2005 página 4).

Este conflicto se genera en la mayoría de las ciudades que cuentan con una cuenca urbana. Existe entonces la necesidad de establecer una íntima relación entre la solución técnica de los planificadores y la vida que allí se desarrolla, es decir la participación de la comunidad que está presente en la cuenca, pues cómo se acaba de ver, la cuenca no se detiene en el territorio de la ciudad, sino que es la  ciudad la que afecta todo el territorio de la cuenca que habita.

Es desde esta idea que se han dado en la ciudad diálogos de saberes que permiten la

(…) conformación de comunidades activas, que interpreten, den significado y transformen su realidad desde sus propios contextos de vida, desde sus propias vivencias. Reconocer que el otro en la comunidad es poseedor del saber, del conocer que en la vivencia cotidiana ha construido, es un camino para pasar de la intervención al encuentro, de la imposición al diálogo y así impedir la dominación de las personas o grupos que realizan los trabajos con la comunidad, aspecto que ha sido muy común en éste tipo de procesos sociales (Cordero y Romero, 2007: página 1)

Estos diálogos permiten redimensionar el territorio a través de construcciones colectivas, no a partir de mapas si no de saberes tejidos en red que se conforman y se reconfiguran con la retroalimentación.

Los diálogos permiten crear conciencias en temas, sin los cuales lo que se hace en áreas como el uso de la madera y la leña en las cuencas serían solo normas que para los habitantes representan formas de represión del Estado y no maneras de convivir con los territorios del agua.

Es cierto que los bosques de las cuencas son una fuente importante de madera y leña y que la vida y los medios de subsistencia de gran parte de la población rural dependen directamente del patrimonio natural de la cuenca, pero no es cierto que las prácticas no puedan cambiar, eso sí, a partir del trabajo directo de la comunidad que se apropia de su cuenca, y no únicamente con medidas de carácter restrictivo o punitivo.

Bibliografía

Aristóteles, Metafísica, traducción de Calvo Martínez T., Gredos, Madrid 2005.

Cordero Rodríguez, Xiomeli; Romero, Elizabeth. (2007). Abordaje comunitario y el diálogo de saberes. Experiencias desde la educación superior.  Universidad Bolivariana de Venezuela ,Sede Zulia, Venezuela

CORPOCALDAS, ASOCAR, Universidad Nacional de Colombia sede Manizales. (2012).  Gestión Integral del recurso hídrico en la cuenca hidrográfica del río Chinchiná. Informe de avance No. 1. 2012, Documento sin publicar.

Acosta Israel, Muñoz Jorge (2005) Proyecto Forestal para la Cuenca del Río Chinchiná Departamento de Caldas. Estudio de caso No 1. Colombia. Procuenca.

Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la agricultura (1998). Mountain Agenda.  Mountains of the world. Watertowers  for the 21st century. Berna, Suiza, Universidad de Berna.

Dourojeanni Axel; Jouravlev Andrei. (1999) Gestión de cuencas y ríos vinculados con centros urbanos. Comisión Económica para América Latina y el Caribe CEPAL.


[1] Biblia Latinoamericana Católica

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Dosquebradas, un dialogo sensible al territorio

Por Williams Gilberto Jiménez García.

Administrador Ambiental de la Universidad Tecnológica de Pereira. Estudiante de la Maestría en Hábitat de la Escuela de Arquitectura de la Universidad Nacional de Colombia, sede Manizales

A manera de introducción

El municipio de Dosquebradas esta localizado al sur del Departamento del Risaralda, en un valle conocido como “el valle de los Quimbayas”, rodeado por los cerros tutelares del Nudo, Alto el Oso, Alto el Boquerón, Alto el Chaquiro y Alto el Toro; separado por el río Otún de los municipios de Pereira y Santa Rosa de Cabal. La ciudad, en su totalidad esta ubicada sobre la cuenca de la quebrada Dosquebradas y sus 32 afluentes, en un área de 70 km2 y con una población, según el DANE (2012) de 193.024 habitantes.

Ubicación geográfica de Dosquebradas. Fuente: Angela María Fernandez. Universidad Tecnológica de Pereira

Ubicación geográfica de Dosquebradas. Fuente: Angela María Fernandez. Universidad Tecnológica de Pereira

De la Crisis a los retos

En la actualidad, el municipio presenta una problemática ambiental asociada al poco conocimiento y sensibilización de las instituciones y la población en general, no solo en temas ambientales, sino en los temas coyunturales de la construcción social del territorio. Para efectos del presente escrito se abordará la problemática de la contaminación de los afluentes de la quebrada Dosquebradas, desde la óptica de los conflictos ambientales.

En 33 años la población de Dosquebradas, según DANE (2012) se ha incrementado en un 363%, producto de fenómenos como la industrialización del municipio, el auge del café, las políticas poblacionales que se dieron en el municipio en los años 40, los planes de vivienda propuestos por las industrias para sus trabajadores (caso de La Rosa, Postobon, Paños Omnes y Valher) y la ubicación contigua a la capital departamental (con quien conforma el Área Metropolitana de Centro Occidente –AMCO-), generando cambios y adaptaciones frente a la ocupación del territorio que necesariamente han derivado, en lo que Palacio (2002) denomina como conflictos ambientales.

Vista panoramica Dosquebradas, desde vereda El Rodeo. Fuente: Propia

Vista panoramica Dosquebradas, desde vereda El Rodeo. Fuente: Propia

La relación que tiene el aumento poblacional con la contaminación de los afluentes hídricos, se encuentra mediada por la poca planificación y visión de futuro en la ocupación del territorio. La ciudad creció conquistando los espacios más planos de la quebrada Dosquebradas, en sus zonas de inundación, en la llanura aluvial de la cuenca; trayendo como consecuencia inundaciones periódicas en diferentes puntos de la ciudad, lo cual sumado a la inexistencia de un alcantarillado y por lo tanto a la necesidad de usar las quebradas para tal fin, han fomentado, según CARDER (2012) una irracionalidad ambiental y una inexistencia de una cultura ambiental para la sostenibilidad, en todos los actores del desarrollo municipal.

A su vez, el poco control ejercido por las autoridades ambientales sobre las industrias del municipio, ha llevado a que se contamine de forma gradual las quebradas de la ciudad, reflejando una desvinculación del sector empresarial con las comunidades y las ofertas naturales del entorno. Todo lo anterior, es impulsado por la deficiente gestión ambiental en el desarrollo urbano del municipio, en donde no existen procesos de ordenación y manejo de las cuencas, poca sostenibilidad de los sistemas de agua potable y saneamiento hídrico, bajos niveles de educación ambiental y desarticulación de los agentes ambientales del municipio.

La problemática asociada a los conflictos ambientales

Entender la problemática ambiental asociada a la contaminación hídrica de Dosquebradas desde la óptica de los conflictos ambientales, permite realizar un estudio amplio de las causas, consecuencias y actores, según Quintana (2012), “el conflicto ambiental se produce en el proceso humano de apropiación y transformación de la naturaleza y los sistemas tecnológicos”, relacionado con un choque de intereses en las relaciones del hombre con el entorno, en donde según Leff (2002), “la complejidad” de dicha relación se ve mediada por los procesos de adaptación cultural en el entorno y las reacciones que tiene él mismo con las poblaciones que habitan en el territorio.

Es necesario diferenciar las concepciones de problemática ambiental y conflictos ambientales, la primera hace referencia simplemente al deterioro o agotamiento del recurso hídrico; la segunda, según CORANTIOQUIA (2001), “hace referencia a los procesos sociales suscitados por el desacuerdo que genera la apropiación, distribución y utilización de los recursos naturales y a la  movilización y denuncia contra los causantes de los daños ecológicos”. Por lo tanto es necesario tener en cuenta la acción de tres actores fundamentales: la sociedad civil, las industrias y las instituciones, desde la visión, según Ochoa, Torres y Agudelo (2007), de “las relaciones sociedad naturaleza y los procesos de transformación positivos o negativos del entorno (impactos ambientales)”.

Las instituciones inscritas en la situación conflictiva derivada en la contaminación de los afluentes hídricos de la ciudad se pueden clasificar en: las relacionadas con la administración municipal y  las de control. En cuanto a la administración municipal es evidente la falta de voluntad política para atender la contaminación de los afluentes, por ejemplo, en el actual plan de desarrollo “Dosquebradas empresa de todos” 2012-2015 (presentado al concejo municipal recientemente), la mesa de planificación ambiental ha determinado que la principal acción ambiental del municipio radica en el fortalecimiento de la Unidad de Gestión Ambiental Municipal –UGAM-, (lo cual en un principio es positivo), desconociendo y aplazando la imperante necesidad de saneamiento ambiental a los cuerpos de agua contaminados (o al menos la construcción de un sistema de alcantarillado o la articulación al del Pereira)

Las instituciones de control como la CARDER y la contraloría municipal terminan siendo cómplices por omisión de las acciones de intervención y contaminación que se llevan a cabo en las microcuencas del municipio, limitándose en muchas ocasiones al cobro de la tasa retributiva. Cabe recordar que en el municipio hay industria altamente contaminante en medio de las zonas habitacionales, que además no existe alcantarillado y hay una presencia de altos niveles de precipitación, lo que hace que se incrementen los índices de contaminación por presencia de metales pesados, disminución del oxígeno, el coloramiento de las aguas y la proliferación de agentes infecciosos.

Quebrada La Soledad, Barrio Los Naranjos, Dosquebradas Fuente: Diario del Otún. http://www.eldiario.com.co/seccion/DOSQUEBRADAS/3-mil-millones-recibe-dosquebradas-para-obras-de-mitigaci-n100820.html

Quebrada La Soledad, Barrio Los Naranjos, Dosquebradas
Fuente: Diario del Otún. http://www.eldiario.com.co/seccion/DOSQUEBRADAS/3-mil-millones-recibe-dosquebradas-para-obras-de-mitigaci-n100820.html

Por su parte, la comunidad se ve afectada por las acciones y omisiones de instituciones e industrias, ya que son quienes conviven en el ambiente altamente deteriorado, producto del establecimiento de relaciones de explotación del medio inadecuadas con la oferta ambiental. Sin embargo, se debe tener en cuenta la baja sensibilización ambiental por parte de los pobladores, los cuales se asientan en áreas altamente vulnerables, invadiendo y modificando el curso natural de las quebradas; disponen los residuos solidos en los cuerpos de agua, a pesar de que existe una cobertura del 100% de recolección de los residuos por parte de la empresa de Aseo; en varias ocasiones no denuncian los abusos que se hacen contra las quebradas, denotando una crisis de identidad con el territorio. Situaciones que en su conjunto llevan a que las personas perciban a los cuerpos de agua como amenazas y no como patrimonio natural del municipio.

Las instituciones reclaman el concurso de la comunidad y la comunidad exige la presencia oportuna de las instituciones para atender la problemática ambiental local, en donde la industria contribuye a la contaminación, pero poco atiende a su responsabilidad social con el entorno. Las instituciones buscan controlar la contaminación con la aplicación de los instrumentos correctivos dispuestos por la ley, pero las industrias argumentan que estos controles se convierten en restricciones para su operación, haciendo que la administración local flexibilice estos controles con el supuesto de no incrementar la crisis de desempleo en el AMCO, generando así un circulo vicioso, que aumenta en directa proporción la contaminación de las quebradas.

A manera de conclusión

Es evidente la actual crisis ambiental que enfrenta el municipio de Dosquebradas producto de la contaminación ambiental de las quebradas, por lo que se deben generar acciones contundentes por parte de los agentes que intervienen en la construcción del territorio (sociedad civil, instituciones e industria), que sea de manera coordinada y que apunten a una estrategia de desarrollo endógeno, que sirva de oportunidad para el mejoramiento de la calidad de vida y generación de empleo.

Los conflictos ambientales deben ser vistos, según Quintana (2012) “como una fuente creadora de nuevas opciones”. Por su parte, en la sociedad de Dosquebradas en su conjunto “debe desafiar el actual modelo de apropiación, construcción, control y utilización de la naturaleza para evitar que el futuro de esta sociedad humana siga enfatizando en sus  peores aspectos, no sólo la destrucción del entorno natural, sino también, la desigualdad  social, la guerra, el empobrecimiento biológico y humano, entre otros”.

El municipio debe volver su mirada hacia las quebradas y cambiar la percepción de “patio trasero contenedor de basuras”, apuntar sus esfuerzos en la consolidación de una cultura ambiental basada en procesos continuos de educación ambiental y acciones correctivas a empresarios e industriales; configurando de esta manera puentes de comunicación interinstitucional que valoren y visibilicen los conocimientos y saberes de los pobladores, por medio de los instrumentos de planificación ambiental como lo son la constitución política, la ley 99 del 93 (ley del ambiente), las oficinas de gestión ambiental, las oficinas verdes, los planes de acción ambiental municipales y departamentales, el plan de acción ambiental de la CARDER (bosque modelo 2019) y las directrices ambientales del Ministerio del Ambiente y Desarrollo Sostenible.

Si bien, el panorama descrito resulta ser desolador, es importante tener en cuenta que en las épocas de crisis, en la cultura cafetera, siempre han emergido las soluciones más creativas e integradoras. Por tal motivo, Dosquebradas debe hacer un alto en el camino y empezar a re-construir su identidad desde la idiosincrasia de sus pobladores y en la vasta oferta ambiental de su territorio, entendiendo e interpretando su trascendental papel en el desarrollo regional.

Bibliografía

CARDER. (2012). Diagnostico de riesgos ambientales municipio de Dosquebradas, Risaralda. Obtenido de Corporación Autonoma Regional del Risaralda: En: http://www.carder.gov.co/doc_misionales/riesgos/Diagnostico%20de%20Riesgos%20Dosquebradas.pdf. Recuperado el 25 de Abril de 2012

CORANTIOQUIA. (2001). Manual de conflictos ambientales. Medellín: Corporación Autonoma Regional de Antioquía.

DANE. (2012). Proyecciones de población. Obtenido de Departamento Administrativo Nacional de Estadística: En: http://www.dane.gov.co/index.php?option=com_content&view=article&id=75&Itemid=72. Recuperado el 25 de Abril de 2012

Leff, E. (2002). Saber ambiental. Buenos Aires: Siglo XXI Editores.

Ochoa, M. T. (2007). Aproximación al conflicto ambiental urbano, generado por la contaminación electromágnetica no ionizante en Colombia. Revista Luna Azul. No 25 Julio-Diciembre de 2007, 78-85.

Palacio, G. (2002). Notas sobre el conflicto ambiental. En G. y. Palacio, Repensando la naturaleza. Encuentros y desencuentros disciplinarios en torno a lo ambiental. Bogotá: Universidad Nacional de Colombia, sede Leticia.

Quintana, A. P. (2012). El conflicto ambiental y estrategias de manejo. Obtenido de FUHEM, educación ecosocial: http://www.fuhem.es/media/cdv/file/biblioteca/Conflictos_socioecologicos/conflicto_socioambiental_estrategias%20_manejo.pdf. Recuperado el 10 de marzo de 2012

Territorio, agua y riesgo.

Por: Sebastián Gómez Mejía.
Ingeniero.
Estudiante Maestría en Medio Ambiente y Desarrollo

Si bien es cierto que los asentamientos humanos en su gran mayoría se hacen en las zonas aledañas a los ríos, lagos o cerca de un cuerpo de agua, es común encontrar conflictos entre habitantes de costas opuestas o que se sirven del mismo cauce para suplir sus necesidades hídricas; disputas de todo orden: entre propietarios de lotes, entre juntas veredales, entre concejos municipales, o bien entre unos y otros con intereses propios sobre la misma agua.

Si se miran las divisiones políticas de departamentos, municipios, veredas y parcelas de Colombia, se encuentra que en la gran mayoría de los casos, los linderos son justo por el cauce de algún cuerpo de agua, sin importar su tamaño, pues el rio parece una división natural en el paisaje que se ha escrito en la  tierra durante siglos, un obstáculo natural que sin duda divide un territorio de otro, que plantea una frontera natural. Para citar uno de mil casos: El rio Chinchiná conforma la  división territorial entre los municipios de Villa María y Manizales, dando origen a conflictos en cuanto al saneamiento del cauce, pues mientras un municipio, Manizales,  pretende construir un colector de aguas negras que conduzca el agua residual hacia una futura planta de tratamiento de aguas residuales (PTAR) e impida el vertimiento directo de las aguas contaminadas sobre el cauce (situación actual), el otro, Villa María, plantea, casi por el mismo trazado que el anterior, un colector similar que cumpla la misma función.

La situación es algo confusa, la primera disputa se plantea por la ubicación de ambos colectores, pues por conveniencia el dueño del territorio no querrá cederlo a su vecino para que lo use con el mismo fin. Una solución que salta prácticamente a la vista, es el de usar un solo colector que conduzca el agua de ambos municipios a la futura PTAR encargada de tratar el agua residual de ambos municipios para su posterior vertimiento de agua ya tratada al rio Chinchiná. Para esta alternativa hace falta que las autoridades de ambos municipios actúen en forma conjunta para llegar a un solución consensuada, situación que en la práctica se hace lenta y difusa, propia de la mirada reduccionista que el hombre moderno hace de la naturaleza.

Ilustración 1. Faja protectora. Resolución número 053.

Esta mirada independiente del rio, que entiende como cauce solo al sitio en el que corre agua, se adopta en la legislación vigente para determinar la protección de los cauces en Colombia mediante la Resolución No. 053 de 2011 (Por la cual se fijan los lineamientos para determinar la faja de protección de los cauces naturales de las corrientes urbanas y las reglas para su intervención). Esta directriz pretende proteger los cauces basados en dos zonas principales de protección (Ilustración 1): La primera es la Zona de Protección Hidráulica (ZPHA) y la segunda una Zona de Protección de Servicios (ZPS). Cada una de estas zonas está compuesta por varias zonas más, y el resultado será la suma de de ambas fajas principales. (Ilustración 2). Al cabo del cálculo de las zonas de protección se encuentra una distancia determinada desde el eje del cauce hacia ambos lados, dando al territorio comprendido entre estas márgenes un carácter especial en el que solo se pueden dar algunos usos específicos al suelo como el de la construcción de obras de estabilidad de taludes, obras para los servicios públicos, recreación pasiva, sembrados de vegetación nativa entre otras.

La confusión continua al encontrar que en el caso de un evento, la delimitación de estas fajas no son  suficientes y que solo se mitigan algunos de los problemas que son de suma importancia en la prevención de pérdidas humanas, pero que al final siguen siendo solo una parte del gran conjunto de factores que se ven afectados.

 

 Ilustración 2. Fajas protectoras para la quebrada Minitas. Corpocaldas

El planteamiento a continuación es el de dejar a un lado el pensamiento cartesiano que encasilla la mirada a solo una zona del rio y su faja protectora, que si bien ya es un avance al pensar el rio   no solo como el terreno que es ocupado constantemente por el agua, sino el de darle al rio un espacio en el que pueda desenvolverse en épocas en las que el lecho promedio no es suficiente para transportar sus aguas; sigue sin ser este el acople y entendimiento de las relaciones entre seres humanos y naturaleza que plantea el pensamiento ambiental complejo.

El rio, sin dudas, es mucho más que el lugar en el que corre el agua, es el territorio ocupado por diferentes especies que conviven ya sea en armonía o no; es la cuenca que desde sus partes más altas aporta al comportamiento del cauce,  son una serie de escenarios y actores en los que sucede la vida, personas que ríen, bailan, sufren, lloran, se admiran; sancochos de hoya a la orilla del Pance, transporte de emociones que llegan y se van con sus aguas, comunidades que celebran mediante rituales la maravilla de la vida misma, animales y plantas que dan soporte al mismo rio, que se aparean y procrean, que depredan y a su vez son sustento de otras; es un territorio complejo en el que el mundo de las relaciones rige más que su forma de ser, su vida misma, el rio es pues, un manto que cobija la cuenca en toda su extensión, que permea la vida y es permeado, que es y deja de ser para volver a ser, terreno que liga una ladera con otra, una cultura con otra, un pensamiento con otro; costura que trae entre si la exuberancia  de la vida, una expresión de la naturaleza que a punta de golpes finos de gotas de agua va tallando en la tierra un surco maravilloso para llevar la vida hasta el último rincón de este planeta.

Sin entender de fronteras ni de barreras, con la única intención de brindar apoyo y compartir con la naturaleza sus infinitas cualidades, el rio es uno más de los magníficos artistas de la naturaleza.

Bibliografía.

Bermúdez, Oscar Buitrago. (s.f). Planificación de cuencas hidrográficas. Algunos principios básicos. Caso de la cuenca del rio Cali. Disponible en:

http://entornogeografico.univalle.edu.co/numero4/planificacion_cuencas_hidrograficas.pdf. Consultado en Marzo 19 de 2012.

Corporación Autónoma Regional de Caldas -CORPOCALDAS-. (2011). Resolución 053 (11 de Febrero) Por la cual se fijan los lineamientos para determinar la faja de protección de los cauces naturales de las corrientes urbanas y las reglas para su intervención. Disponible en: http://www.camacolcaldas.com/web/downloads/RESOLUCION053.PDF. Consultado en Marzo 18 de 2012.

Zuluaga Delgado, Diego Mauricio (2012). LA COMPLEJIDAD AMBIENTAL EN LA PLANEACIÓN DEL DESARROLLO URBANO DEL MUNICIPIO-CUENCA DE DOSQUEBRADAS, COLOMBIA.  Trabajo de investigación como requisito para optar al título de Magister en Medio Ambiente y Desarrollo. Universidad Nacional de Colombia, sede Manizales.

Retos para consolidar territorios del Conocimiento

Sara Ivone Marín Castro

Trabajadora Social
Estudiante de Maestría en Medio Ambiente y Desarrollo
Universidad Nacional de Colombia sede Manizales

Fuente: http://blog.comfia.net/sap. Consultada 28 de Noviembre 2011.

Las urbes contemporáneas están insertas en las tensiones del desarrollo científico y tecnológico, que plantean nuevos caminos, nuevas visiones que configuran las sociedades y sus relaciones con el territorio.

El auge del crecimiento desmedido, la globalización económica y la hibridación cultural, ha puesto en escena el conocimiento, la tecnología y la innovación, elementos fundamentales para aumentar la producción, el capital financiero y humano de un territorio. Es por ello que la definición de contenidos en torno al conocimiento, la tecnología y la innovación, resultan cada vez más definitivos a la hora de precisar las líneas de acción de los instrumentos de planificación de la política pública  en los diferentes entes gubernamentales. El país no puede seguir ajeno a este panorama; los retos y desafíos son cada vez más son inminentes.

Al respecto argumenta Duque (2011):

“…De ahí que las posibilidades y consecuencias de la creación del conocimiento y de su aplicación como asuntos que dependen de las relaciones sociales de producción, obliguen a pensar en el papel del Estado colombiano y en el rol nuestro como ciudadanos en el marco de una sociedad del conocimiento como la que se desarrolla en los tiempos actuales, a pesar de las asimetrías entre las diferentes ecorregiones de la Patria y para las cuales urge priorizar la formación de capital social sobre el crecimiento económico, dado que el mercado ha terminado por deshumanizar la economía y fraccionar esta sociedad, y la tecnología por atropellar el medio ambiente”.

Entre las asimetrías divulgadas por el modelo de desarrollo imperante, son los actores (Empresa, Estado, Universidad y Sociedad Civil) los  articuladores de una visión caleidoscópica de la realidad, quienes posibilitan construir territorio del conocimiento. Sin embargo,  la complejidad de las relaciones que se tejen entre estos actores y la dinámica implícita de la ciudad, han estructurado visiones exógenas que imponen la homogenización del conocimiento entendido como mercancía.

Esta forma de concebir el conocimiento ha permeado las relaciones sociales, especialmente las de producción, cuyo fin es insertarse en las carreras de la competitividad para mejorar las condiciones de calidad de vida y traer “progreso” a la población.

Bajo el lema de generar “progreso” a una región como la del Eje Cafetero, cuyo potencial agroindustrial,  ecosistémico, turístico, tecnológico e innovador, es innegable, las ciudades se han concentrado en lograr incrementos al PIB del país, pero a costa de comprometer la sustentabilidad humana, social, cultural y ambiental de la región. Esta realidad se ve reflejada en los impactos negativos generados sobre el medio ecosistémico especialmente sobre las cuencas hidrográficas, cuya fragilidad ambiental está poniendo en riesgo asuntos tan básicos como la satisfacción de las necesidades humanas y su gestión gubernamental.

Con el afán de responder a las dinámicas competitivas de los mercados, los tres departamentos que integran la Ecoregión Eje Cafetero, han insertado en sus líneas de deseo (instrumentos de planificación) como plantea Acebedo (2011) unas orientaciones gubernamentales reflejadas en programas, proyectos y recursos que logren posicionar cada uno de los entes territoriales a las nuevas demandas económicas aunque no respondan a las realidades locales y endógenas, en este sentido, Acebedo (2011) construye las siguientes tendencias:

“1. Atracción de capitales extranjeros como base para la financiación de proyectos estratégicos.

2. Énfasis en “economía exportadora” para una producción de mediana o baja tecnología.

3. Bajas inversiones en CT&i, orientadas a “modernizar” el aparato productivo local, principalmente.

4. Lento desarrollo de cadenas productivas agroindustriales.

5. Lento avance de infraestructuras viales regionales y nacionales.

6. La construcción de Región a partir de los macroproyectos”.

El reto es sin duda, superar la visión fragmentada, ajena  y  atomizada del territorio, para interiorizar y poner en práctica los fundamentos del territorio del conocimiento planteados por  Acebedo (2011): la consolidación del territorio a partir de los tangible e intangible, entendiendo su complejidad caleidoscópica, cuyos límites ético-políticos se basen en el interés público y colectivo, partiendo del todo sin desconocer las partes y cuyo sistema territorial parta de la región como unidad base de análisis, impulsado por la asociatividad y el aprendizaje colectivo.

Bibliográfica

ACEBEDO, Luis Fernando (2011) Territorios del Conocimiento en la Ecoregión Eje Cafetero. Calidoscopio a partir de tres espejos de representación: Sociedad – Espacio – Conocimiento. Tesis para optar el título de Doctor en Urbanismo, Universidad Central de Venezuela.

DUQUE, Gonzalo (2011). Planes departamentales de CT&I. Circular RAC 627.

Observación Astronómico de Manizales. En:  http://www.bdigital.unal.edu.co/4693/1/gonzaloduqueescobar.201163.pdf

LA ORDENACIÓN TERRITORIAL DE LA CUENCA RESPUESTA A LA CRISIS

Sara Ivone Marín

Trabajadora Social

Estudiante de la Maestría en Medio Ambiente y Desarrollo.

El ser humano en el transcurso del tiempo se ha apropiado del territorio para la satisfacción de las necesidades de subsistencia como especie, así mismo le ha asignado una connotación simbólica, dándole sentido y significado a su relación interdependiente con el espacio, el cual ha habitado y transformado a su propio beneficio y ha configurado sus prácticas sociales, económicas y culturales.

Según CHAVES (2001) “el territorio es el espacio físico, histórico y relacional donde una población disfruta y re-crea su vida de acuerdo con sus referentes culturales, realizando actividades políticas, económicas, sociales y culturales”.

El territorio ha representado un espacio de reproducción humana, poseedor de los bienes y servicios ambientales, como generador de condiciones de desarrollo. En tal sentido, la acción humana sobre el territorio ha producido deterioros significativos sobre los ecosistemas geoestratégicos con prácticas extractivas que han alterado la capacidad de autoabastecimiento y poniendo en riesgo la sostenibilidad del territorio para las generaciones futuras.

 

Fuente: http://ecobodhi.org/guide/meditation/

Sobre la especie humana está la tarea de repensar su forma de habitar el territorio y cambiar su acción colectiva sobre el medio ambiente, donde se pueda visionar un nuevo horizonte  para cualquier forma de vida y su medio, especialmente sobre el territorio cuyo potencial es el patrimonio hídrico como lo es la cuenca hidrográfica, que ésta notablemente afectada por los procesos de urbanización e industrialización, el aumento de la población, el manejo insostenible de la riqueza natural fundamentalmente las fuentes hídricas que posee y ofrece la cuenca hidrográfica.

Frente a este panorama, las administraciones gubernamentales, los entes territoriales, las organizaciones no gubernamentales, las comunidades en concordancia a las directrices normativas han planteado una estrategia de planeación y ordenamiento territorial para encausar acciones integrales para mitigar y conservar dichos espacios territoriales de interés colectivo.

El ordenamiento territorial, es instrumento fundamental para generar cambios significativos sobre la cuenca hidrográfica, mediante de una visión integral del territorio se puede establecer una estrategia de acción materializada en la formulación y ejecución de proyectos que buscan satisfacer las necesidades colectivas de los pobladores y el equilibrio interactivo del medio ambiente. Es decir, el ordenamiento del territorio crea las condiciones básicas que sustentan las acciones para el desarrollo medio ambiental de una región.

“Al hablar de ordenamiento ambiental territorial, se está hablando de la prevención, identificación y corrección de conflictos y/o problemas de orden socioeconómico- territorial, a fin de mejorar la calidad de vida de la población y conservar el medio natural; del establecimiento de mecanismos que orienten la posición de los miembros de la sociedad en relación con el ambiente y la calidad de vida; de la promoción de la participación de las organizaciones sociales en el proceso de definición de acciones e intervención sobre el territorio; de la organización de la estructura institucional, administrativa y legal adecuada para la gestión del proceso de planificación territorial y administración estatal y de la definición de las acciones necesarias para proteger o recuperar áreas de valor ambiental estratégico o con riesgos naturales, en razón de su valor ecológico o social”.

Es así que la ordenación territorial de una cuenca hidrográfica se presenta como una oportunidad por un lado de construcción social del territorio, de reconocer la importancia de un ecosistema estratégico para el desarrollo de un grupo poblacional y por el otro lado como una forma de armonizar las interrelaciones entre el ser humano-el medio natural-la cultura.

Es así, que se destaca en la planificación de cuencas  que “La gestión ambiental territorial introduce tres elementos principales: La construcción social del territorio, la planificación participativa y la estructuración de la inversión ambiental local y territorial”. Asumir el proceso de gestión sostenible  de una cuenca debe concebir dicha gestión como un proceso dinámico y complejo en el que intervienen diversos factores sociales, políticos, administrativos, económicos, institucionales.

Acorde con la normatividad ambiental (Decreto 1729 del 2002) las cuencas hidrográficas del país deben estar cobijadas por un Plan de Ordenación y Manejo Ambiental, el cual plantea la jerarquía normativa superior de los Planes de Ordenación y Manejo Ambiental (POMA) prima sobre los Planes de Ordenamiento Territorial (POT). Sin embargo, en el proceso de materialización y puesta en marcha de estos instrumentos de planificación no se tiene en cuenta esta condición jerárquica, puesto que la visión fragmentada del territorio de las autoridades gubernamentales no permite sobredimensionar los límites político administrativo y reconocer la interdependencia de los problemas ambientales de las cuencas.

Bibliografía

CHAVES, Jairo Luis. (2001). La Cartografía Social, Un Procedimiento para la planeación participativa en el nivel local. Santiago de Cali.

COLOMBIA, Ministerio  de medio ambiente y desarrollo territorial.Decreto 1729 del 2002.

Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales IDEAM, (2004). Guía Técnico Científica para la Ordenación y Manejo de Cuencas. Bogotá, D.C.

Observatorio Ambiental de Bogotá del Sistema Ambiental del Distrito Capital (SIAC). Territorios, ambiente y participación  En: http://observatorio.dama.gov.co.