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La resignificación del territorio como una posibilidad de construir identidad

Por: Edwin Eliecer Casanova Ortiz
Estudiante de la Maestría en Medio Ambiente y Desarrollo

Tierra - Naturaleza. Fuente: Edwin Casanova, 2013

Tierra – Naturaleza. Fuente: Edwin Casanova, 2013

El territorio es en la medida en que le damos sentido, es la apropiación que hacemos de un lugar, de un espacio, es la relación que establecemos con su ecosistema, la forma de habitar, las  sinergias que conforman nuestra vida y que a su vez generan  marcas y huellas  que plasman la historia  y la cultura  de un territorio. Al decir de Noguera (2004: 143) “Estas marcas y huellas, que son presencia de lo que ya no es y ausencia de lo que será, son el potencial ético-estético-ambiental de la vida urbana porque allí se estructuran los valores como prácticas que permiten la permanencia de las cosas en el mundo de la vida.  Dichas relaciones son entonces las que configuran el territorio, porque en el momento en que no podamos establecerlas se pierde la pertenencia a un lugar. Al respecto confirma Bozzano (2009:81) “ […] un territorio no es sólo un barrio, una ciudad, una región o un país, sino un barrio y su vida en alguien, un país y su vida en miles o millones de actores que se apropian, lo ocupan, lo usan, lo valorizan, lo explotan, lo degradan, lo preservan, lo resignifican cada vez”.

Teniendo en cuenta lo anterior, podemos decir que el territorio para el hombre está en una medida de la simbiosis entre lo tangible y lo intangible, ya que este se establece mediante relaciones objetivas y subjetivas entre él y el espacio.

En este sentido es necesario e importante abordar el estudio de los territorios  de una forma holística que nos permita entender que se hace parte  de un todo, de una  casa común: el planeta. Esta  capacidad de reconocer el  gran lugar nos permitirá hablar de responsabilidades que son importantes en la medida en que nacen de la gestión del territorio porque se vuelven responsabilidades sociales, territoriales y planetarias. Dichas consideraciones son explicadas por François Vallaeys (2006:3) cuando plantea:

Los desafíos del planeta tierra: problemas ecológicos, riesgos nucleares, miseria persistente, equilibrios geopolíticos inestables, exigencias democráticas de la sociedad civil, etc. obligan a tratar de poner orden en la casa común (oikos), encontrar la ley del hogar (eco-nomía, eco-logía) que preserve el hogar. Y esto es el interés de todos sin excepción.

Será entonces necesario tener un pensamiento que nos permita atender el entramado de la vida en los territorios desde los grandes retos; el ser humano ha sido generador de desafíos al intentar configurar un lugar a la medida de sus deseos, olvidando en ciertos momentos la lógica de  los limites y los puntos de no retorno, los cuales cobran una importancia vital porque al poder reconocerlos se nos permite gestionar relaciones sociales, económicas, ambientales, políticas y culturales  que allanan un camino hacia la “Sostenibilidad de la sociedad humana” concebida como lo propone Vallaeys (2011) “no en el sentido estrecho del “cuidado de la naturaleza”, sino en el sentido amplio de una justicia presente y futura que rechaza que el bienestar de los unos se pague con el malestar de los otros, sean estos últimos la generación presente de los excluidos o las generaciones futuras de los despojados”.

A partir de estas primeras reflexiones, este ensayo se centrará en generar un análisis de dos (2) elementos  que se consideran claves para entender la dinámica  de un territorio en el cual se reconocen las influencias de  los diferentes actores y la configuración de estos en el proceso de enrutamiento al  camino de  la sostenibilidad; ellos son la desigualdad y la generación de una cultura territorial.

La sostenibilidad como parte de una cultura territorial.

La sostenibilidad de un territorio depende del equilibrio con que se gestionen integralmente  los resultados en tres ámbitos: el económico, el ambiental y el social.  De igual forma es importante concertar el desarrollo de una cultura política  que permee una verdadera construcción democrática como lo afirma el Observatorio para la Sostenibilidad (sf: 23):

La democracia, más allá de una forma de organización política, es el valor fundamental que proporciona al ser humano la capacidad de regir su destino individual y colectivamente. La participación democrática conlleva la integración de todos los componentes que conforman el cuerpo social, descansando la legitimidad del proceso, en gran medida, en las posibilidades que la sociedad civil tiene de expresar su voluntad a través de los diferentes canales de participación disponibles.

Dicha cultura solo podrá ser consolidada a través de políticas públicas que signifiquen beneficios reales para la población de un territorio y su ecosistema, en términos de procesos organizacionales sistemáticos, libres de enfoques relacionados con la caridad y el asistencialismo. Estos últimos contribuyen a la dormitación de capacidades necesarias para la negociación de una apuesta con actores estratégicos que permitan dialogar acerca de una cultura para la sostenibilidad territorial. Así lo explica la Unesco (1996) en el informe Nuestra Diversidad Creativa:

[…] es inútil hablar de la cultura y el desarrollo como si fueran dos cosas separadas, cuando en realidad el desarrollo y la economía son elementos de la cultura de un pueblo. La cultura no es pues un instrumento del progreso material: es el fin y el objetivo del desarrollo, entendido en el sentido de realización de la existencia humana en todas sus formas y en toda su plenitud.” 

Podemos afirmar entonces que la sostenibilidad territorial  es necesaria en un proceso de  resignificación del concepto de identidad, pues debido al logro de esta se generan espacios sinérgicos (Culturales, económicos, sociales y ambientales) que permiten un desarrollo endógeno[1] e integral  como un primer paso hacia la consolidación de la sostenibilidad territorial, primero de las regiones  y luego del país.

La desigualdad en Latinoamérica y la apuesta de desarrollo territorial.

La historia latinoamericana es un relato acerca de la perdida de nuestra disposición a generar  un territorio para todos (incluyente e igualitario), hecho que se    fundamenta en el desconocimiento de una cultura ancestral  y autóctona que estaba permeada de elementos que configuraron en sus albores matices más cercanos a la sostenibilidad, como son la seguridad alimentaria y el cuidado del medio ambiente. Hoy se han convertido en los grandes retos de la humanidad, pero al parecer, en la lógica de un sistema capitalista sordo y perverso no tendrán respuesta aun en mucho tiempo. El inicio de  esta avanzada  se da luego de la colonización (1492) donde se nos impone toda una serie de normas que regularon la forma de vivir y que se centraron en la eliminación de todos aquellos elementos que configuraban el arraigo con nuestro territorio y la cosmovisión de los habitantes del continente  que luego se llamaría América. En general este proceso de desarraigo lo podemos vislumbrar  en  canciones como la  de Gabino Palomares: La maldición de Malinche (1975):

“Del mar los vieron llegar
mis hermanos emplumados
eran los hombres barbados
de la profecía esperada
oyó la voz del monarca
de que el dios había llegado
y les abrimos las puertas
por temor a lo ignorado (…..)
(….) en ese error entregamos
la grandeza del pasado
y en ese error nos quedamos 300 años esclavos (…)”.
 

Latinoamérica sometida aprendió a vivir entonces como le dijeron que debía hacerlo, y nuestros planes  de vida se configuraron en el sueño de alcanzar los ideales  de vida de otro territorio (Europa). Esto de alguna forma nos llevó a generar cargas que tuvieron sus impactos en los aspectos sociales, ambientales y por supuesto económicos; la desigualdad como  uno de los más graves.

Luego en el siglo XX, lineamientos como los emitidos en la llamada “Revolución Verde” y el “Consenso de Washington” continuaron el ahondamiento de las heridas generadas por los  problemas sociales, económicos y  ambientales que configuraron más aun el camino de la desigualdad, la inequidad y la pérdida de la dignidad en bastas zonas de nuestro territorio. En el primer caso se promovió durante los años 1940-1970 el monocultivo y la aplicación de grandes cantidades de agua, fertilizantes y plaguicidas a  la producción, con graves consecuencias ambientales. En el segundo, se trazaron una serie de políticas económicas para impulsar el crecimiento, impuestas por los organismos financieros internacionales con sede en Washington, sin consideraciones sobre la calidad de vida de las poblaciones.

Con estos antecedentes  es entendible el por qué hoy se hace mucho  más difícil llegar a un consenso de lo que se necesita en nuestra Nación y en  las  regiones para avanzar hacia la construcción de un territorio sostenible que promueva la equidad, la igualdad y reconfigure  el concepto del buen vivir para nuestros ciudadanos.

En este sentido, lo primero que se debe lograr es un equilibrio entre las relaciones y oportunidades que existen entre las sociedades urbanas y las sociedades rurales. Obviamente este equilibrio debe partir de un principio de equidad en donde se reconozca la diferencia pero que permita establecer una meta compartida para la cual se adjudicará con justicia lo que le corresponde a cada quien para el logro de la meta general planteada.  A partir de esta actividad podemos comenzar a resignificar el territorio amparados en el concepto de “Responsabilidad Social Territorial” (RST) explicado por el Grupo de Consultoría Estratégica Alquimia (2012):

La RST, es una efectiva estrategia de desarrollo integral, inclusiva y sostenible que permite hacer un proyecto de territorio, que involucra y moviliza a todas las partes interesadas en su desarrollo, en un proceso de cambio caracterizado por la integración equilibrada de múltiples iniciativas y dimensiones (económicas, sociales, culturales, medioambientales, etc.), junto con la corresponsabilidad de todas las partes afectadas.

De esta forma es posible plantear un método en donde se construya el espacio para la toma de decisiones  éticas permeadas de transparencia e iniciativas que se amparen en primer lugar en un verdadero compromiso incluyente de los sectores estratégicos; dichos sectores deben ser identificados con el nuevo enfoque  que propone las sostenibilidad territorial en un mapa estratégico de grupos de interés o portadores de retos, como lo menciona Francois Vallaeys (2012) en su conferencia “La ética en 3D: un nuevo concepto basado en virtud, justicia y sostenibilidad”, manifestando, por ejemplo, el compromiso con iniciativas como los Objetivos de Desarrollo del Milenio y los Principios del Pacto Global que obviamente deberán ser adaptados a las particularidades del territorio, pero de entrada son un primer paso.

El segundo paso estará en que podamos configurar un diagnóstico que nos hable de percepciones, intenciones, resultados y expectativas del territorio como lo muestra el Gráfico 1, pues a partir de este se facilitarán puntos de encuentro  que son realmente importantes a la hora de resignificar el territorio. Posteriormente será importante  que se construyan planes de gestión que deben ser una síntesis de un análisis de temas relevantes y puntos de encuentro identificados en el diagnóstico; dichos planes deberán ser sometidos  a un estudio de corresponsabilidad realizado con los grupos  estratégicos de interés antes de ser publicados y ejecutados.

 Gráfico 1. Puntos de encuentros para un análisis inicial de un territorio[3]

Fuente: Elaboración propia a partir del Esquema 6. Punto de intersección de la responsabilidad social universitaria. VALLAEYS, F. (2009).  Manual de primeros pasos en Responsabilidad Social Universitaria. México D.F.

Fuente: Elaboración propia a partir del Esquema 6. Punto de intersección de la responsabilidad social universitaria. VALLAEYS, F. (2009). Manual de primeros pasos en Responsabilidad Social Universitaria. México D.F.

Como proceso final de  responsabilidad social territorial debe generarse el balance de sostenibilidad territorial, el cual es un documento de reporte de logros, pero también de fallos y compromisos por ejecutar, siempre con un enfoque propositivo, de reflexión  y de mejora continua que permita reconocer alternativas de abordaje continuo de las nuevas relaciones que se generan en el territorio socialmente responsable.

A modo de epilogo:

Para resignificar  un territorio se hace necesario partir del entendimiento de este, como nuestra “Casa Común” la que nos afecta a todos; de aquí en adelante se deberá realizar una búsqueda tendiente a crear una cultura territorial equilibrada entre las actividades humanas y las ecosistemicas.

Un proyecto de territorio socialmente responsable permitirá reconocer  los limites y los puntos de no retorno, necesarios para la gestión sostenible del mismo.

La Sostenibilidad territorial  es un fin construido a partir de procesos de responsabilidad social territorial.

Bibliografía y Webgrafía:

Agruco. (2008). Desarrollo Endógeno. Revista compas (Nº 13). Disponible en http://www.agruco.org/compas/pdf/COMPAS%2013.pdf . (23 de octubre de 2013)

Bozzano, Horacio (2009). Territorios posibles. Procesos, lugares y actores. Ediciones Lumiere. Argentina.

Grupo De Consultoría Estratégica Alquimia. (2012). Guía para la incorporación de la Responsabilidad Social Territorial en las políticas de empleo a nivel local. España: Universidad de Valencia.

Observatorio De La Sostebilidad En España, (sf). Patrimonio Natural, Cultural Y Paisajístico Claves Para La Sostenibilidad Territorial. Disponible en: http://www.upv.es/contenidos/CAMUNISO/info/U0556177.pdf. Consultado el 26 de octubre de 2013

UNESCO (1996). Nuestra Diversidad Creativa. informe de la comisión mundial de cultura y desarrollo, Paris..

NOGUERA DE ECHEVERRY, A. P. (2004). El Reencantamiento del Mundo. Colombia: PNUMA – Oficina Regional para América Latina y el Caribe.

VALLAEYS, F. (2006). La Responsabilidad Social de las Organizaciones. Disponible en: http://blog.pucp.edu.pe/media/410/20061011-La%20Responsabilidad%20Social%20de%20las%20organizaciones.pdf. Consultado el 25 de octubre de 2013

VALLAEYS, F. (2009).  Manual de primeros pasos en Responsabilidad Social Universitaria. Ed. Mc Graw Hill, México D.F.

VALLAEYS, F. (2011). Resumen de la tesis de doctorado “Los fundamentos éticos de la responsabilidad social”. Disponible en: http://www.reddolac.org/profiles/blogs/los-fundamentos-eticos-de-la-responsabilidad-social-resumen-de-te. Consultado el 25 de octubre de 2013


[1] El desarrollo endógeno se basa en los criterios para el desarrollo específicos de los pueblos locales y considera su bienestar material, social y espiritual. Agruco. (2008). Desarrollo Endógeno, Revista compas (Nº 13), Extraído el 23 de octubre de 2013, de http://www.agruco.org/compas/pdf/COMPAS%2013.pdf

Lluvia de ideas en la primera jornada del Taller Internacional Estudios del Paisaje.

Por: Luis Fernando Acebedo Restrepo
Profesor Asociado Universidad Nacional de Colombia.

Panorámica del auditorio en el día de inauguración del Taller Internacional. Foto Acebedo.

Geógrafo Juan Francisco Ojeda Rivera, Universidad Pablo de Olavide de Sevilla, España.

Ayer inició formalmente el “Taller Internacional Estudios del Paisaje. Paisajes Culturales Productivos” en el auditorio principal del Campus La Nubia de la Universidad Nacional de Colombia sede Manizales.  Un selecto grupo de asistentes provenientes de universidades, sociedad civil, empresarios y representantes de instituciones de gobierno, se convocaron para iniciar las reflexiones sobre el presente y futuro de los paisajes productivos, y muy especialmente del Paisaje Cultural Cafetero, inscrito hace un año  en la Lista de Patrimonio Mundial de la UNESCO.

Luego de los himnos de Colombia y España, junto con los de Caldas y Manizales, entonados por la Orquesta de Cámara de Caldas, pasaron al atril los Hermanos Uribe, un dueto musical que amenizó el comienzo de la mañana con canciones tradicionales recreando diferentes facetas de la vida cotidiana en el proceso de conformación del territorio cafetero, bellamente acompañados con los instrumentos musicales de Orquesta.

El profesor Fabio Rincón, anfitrión del evento, recordó el principal reto del Paisaje Cultural Cafetero -PCC- orientado a construir región. Estableció un parangón entre los conceptos de universidad y paisaje por la comunidad de características comunes: diversidad de pensamientos e instituciones, capacidad crítica y analítica, incluso por su carácter subversivo y político en el mejor sentido de estos términos.

Sociólogo Fabio Rincón Cardona. Universidad Nacional de Colombia. Director del OPP.

Precisó la importancia de los observatorios, y específicamente del “Observatorio para la sostenibilidad del patrimonio paisajes” creado por acuerdo de distintas universidades públicas y privadas del Eje Cafetero, como parte fundamental de la institucionalidad del PCC, cuya misión fundamental es dar pistas a todos los actores para actuar en torno al paisaje. El paisaje es crítico, añadió, y la UNESCO lo declara justamente porque está en riesgo, tiene debilidades y debe ser adecuadamente intervenido.

Fernando Quiles García, coordinador de la Red Arquitectura Vernácula Ibeoramericana -AVI- anunció las primeras acciones que se tomarán luego de este primer Taller de Estudios del Paisaje, producto de los acuerdos desarrollados con el Observatorio para la Sostenibilidad del Patrimonio en Paisajes -OPP-. Habrá una plataforma virtual para difundir el patrimonio, dado el interés que han encontrado en la arquitectura y el paisaje cafetero. La red AVI centrará sus esfuerzos de cooperación con Colombia, especialmente valorando la arquitectura tradicional colombiana, debido a los recortes presupuestales producto de la crisis española que retrasarán su proyección a otros países latinoamericanos. En el mes de noviembre se planea una reunión en Sevilla, España, orientado a promocionar el PCC y definir tareas a futuro.

La conferencia inaugural estuvo a cargo del Geógrafo Juan Francisco Ojeda Rivera de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla, España. La temática, “Paisaje, patrimonio y desarrollo contemporáneo”. Su intervención, hecha desde la perspectiva de una clase como él mismo lo planteó, fue muy rica en argumentaciones filosóficas que definen el paisaje desde las culturas más antiguas a partir de la emoción, los sentimientos, las percepciones y significados. Es por lo tanto, un patrimonio colectivo y democrático que no tiene precio, se construye y lo construyen los diferentes actores en su vida cotidiana. Para que un territorio se desarrolle –dice el profesor Ojeda- se necesita cierto crecimiento, pero el excesivo crecimiento económico puede opacar el desarrollo, cuando por crecer se le pone precio de mercado a los valores patrimoniales.

Así mismo, defendió la necesidad de defender y promocionar las singularidades patrimoniales como una característica fundamental de la inserción en las redes globales. Esto no debe suponer la pérdida de los principios básicos y éticos de la distinción cultural en un mundo ricamente diverso, pero desafortunadamente tendiente a la homogenización despersonalizada. Finalmente, defendió el carácter dinámico del paisaje y la necesidad de recrearlo permanentemente introduciendo innovaciones que lo cualifiquen y protejan.

Reflexiones en torno al territorio y los pueblos indígenas.

Sólo existía la oscuridad.
Bajo ella Sabaseba creó lo que somos hoy: “Luz”.
En medio de la belleza de un espacio infinito,
Sabaseba creó la vida y con ella la razón de existir
de un pueblo: Ishtana, la Tierra.
Todo era oscuro, no había en la tierra,
sol ñana, agua, estrellas, totobira selva,
pescado, básico fuego, karera ni gente alguna,
sólo existía piña, Nankadura, y pequeños arbustos
donde se encontraban Sabaseba, nuestro Creador
y Saymadoyi, nuestros antepasados.
KA, INSHQUI SACKAYBA

Por: Efraím Quintero Manzano
Estudiante de la Maestría en Medio Ambiente y Desarrollo.
Universidad Nacional de Colombia, sede Manizales.

Si asumimos que el hábitat se construye socialmente y no simplemente se llega a ocupar, entenderemos el territorio como aquella forma simbólica de propiedad que da cuenta del sentido de pertenencia a un determinado lugar. El territorio adquiere no sólo forma en las relaciones sociales que allí se tejen, sino también sentido. Así, nos encontramos con dos aspectos referidos por Yori (2009): el sentido de lo material concebido como el proceso de construcción social-material del espacio físico “producción social del espacio construido”, hábitat; y el sentido de lo simbólico donde alude a los procesos de construcción social de la realidad y del hábitat propiamente dichos, no tanto al hacer la vivienda, pero sí a su modo de vida o de habitar de esa realidad.

Por otra parte y de una manera abstracta, Acebedo (2010) sostiene que la consolidación del territorio en cada momento histórico parece estar determinado por “la conjugación de por lo menos cuatro (4) fuerzas motoras que interactúan de manera dialéctica: Espacio, tiempo, técnica y movimiento. Dependiendo de las características de la sociedad y del modo de producción que predomine, las fuerzas motoras le imprimen al territorio sus características y connotaciones básicas”. Con este otro planteamiento, aunque enfocado desde ese proceso de tránsito de la sociedad industrial a la sociedad del conocimiento, se referencian esos elementos conceptuales que permiten construir un territorio por las actividades que se suceden en dicho territorio, en cualquier tiempo o espacio conocido.

A partir de los criterios anteriores, intentaremos vislumbrar lo que sucede en un territorio indígena como el Bari, localizado en torno a la cuenca del río Catatumbo al nororiente colombiano. Estos dos acercamientos teóricos, posibilitan encontrar las relaciones del sujeto estudiado con su territorio y manifiestan la construcción de un hábitat particular en esa dimensión espacio-temporal, modulada por sus actividades en procesos de acomodación al lugar.

El concepto de territorio para los pueblos indígenas implica integralidad ecológica, un proceso construido desde el engranaje de diversos aspectos constitutivos de su cultura, en su espacio-tiempo, su movimiento y reconocimiento constante de lo que camina y su historia particular: Sus imperativos culturales se remiten a su mundo cosmogónico que integran el todo y la naturaleza; incluyen procesos de apropiación de territorios que implican experimentación, adaptación y decantación de prácticas y conocimientos.

La apropiación, movimiento, innovación en tecnologías apropiadas al contexto y la convivencia con los territorios, se interrelacionan con complejas dinámicas de socialización cultural mediadas por las autoridades tradicionales o sabios, “…personas o instituciones reconocidas por el respectivo pueblo indígena como las Autoridades legítimas que administran y ejercen justicia en los territorios indígenas de conformidad con sus usos, costumbres, normas, procedimientos, reglamentos de convivencia y la legislación especial indígena. Que (manifiestan) la pervivencia y la construcción cultural territorial.” (Piñacué, 2003). Es entendible que la existencia y desarrollo de un pueblo indígena no es posible sin el territorio que han construido, apropiado y defendido culturalmente en miles de años (Salazar, 2005).

Es importante anotar en este aspecto de administración del territorio un componente importante, el Consejo de Caciques y sus asambleas semestrales, integrado por todos los habitantes mayores de edad y “registrados formalmente”, son las instancias donde se deposita la soberanía de todos los comuneros y se toman las decisiones de mayor trascendencia mediante procedimientos participativos de democracia directa. Autoridades que ejercen su conocimiento de las normas y procedimientos propios. (Bondia Garcia, 2009).

Asumir el territorio como construcción social con características particulares de acuerdo a una situación específica, un tiempo que transcurre, unos caminos y espacios recorridos, más unas maneras de hacer las cosas y con una simbología manifiesta en un tiempo ponderado, requiere plantear o proponer dos enfoques que vislumbren el quehacer de la comunidad dentro del territorio y por qué tanta anomalía para perdurar en lo espacial.

Un primer enfoque va argumentado desde los derechos de los Pueblos Indígenas y de los Grupos Étnicos junto con sus Territorios en el concepto de reconocimiento y protección de la diversidad étnica y cultural. (Salazar, 2005). Y un segundo enfoque visto desde la perspectiva que genera el caos y el cosmos como elemento estructurante de la creación del hábitat y su concerniente habitar.

Según Piñacué (2003) “Los Territorios Indígenas se entienden como las áreas poseídas en forma regular y permanente por un pueblo indígena y aquellas que, aunque no están poseídas en dicha forma, constituyen su hábitat o el ámbito tradicional de sus actividades sagradas o espirituales, sociales, económicas y culturales, así otros grupos étnicos o poblacionales habiten en dicho territorio”. Para las Naciones Unidas (Citado por Bondia García, 2008) “Son comunidades, pueblos y naciones indígenas los que, teniendo una continuidad histórica con las sociedades anteriores a la invasión y pre coloniales que se desarrollaron en su territorio, se consideran distintos de otros sectores de las sociedades que ahora prevalecen en esos territorios o en partes de ellos. Constituyen ahora sectores no dominantes de la sociedad y tienen la determinación de preservar, desarrollar y transmitir a futuras generaciones sus territorios ancestrales y su identidad étnica como base de su existencia continuada como pueblo, de acuerdo con sus propios patrones culturales, sus instituciones sociales y sus sistemas legales” (SUBCOMISIÓN DE PREVENCIÓN DE DISCRIMINACIONES Y PROTECCIÓN A LAS MINORÍAS DE LAS NACIONES UNIDAS: Estudio del Problema de la Discriminación contra las Poblaciones Indígenas, Doc. ONU E/CN.4/Sub.2/1986/7/Add.4, párr. 379).

El apego a las tierras ancestrales y a los hábitats en que viven es precisamente una de las características que distingue a estos pueblos. (Shelton Davis, 1991, citado por Salazar, 2005). Bajo este criterio es primordial identificar el mapa del territorio tradicional ancestral, el cual va aportar fundamentos interesantes al imaginario colectivo del pueblo Bari para defender sus derechos a su integridad étnica y cultural, sobre sus territorios tradicionales, frente a –por ejemplo- las solicitudes de exploración de grandes proyectos petroleros y carboníferos en su territorio.

El territorio es imprescindible para la supervivencia tanto física como cultural de los pueblos indígenas. Permite medirse, asumirse como conocido, facilita la interacción de sus componentes, involucra el pensamiento y la magia de lo desconocido poniendo en el imaginario simbologías abstraídas de la naturaleza y su creación por sujetos fuera de lo palpable y observable.

Es la posibilidad de encontrar esos territorios permeados por el tiempo, incrustados en la memoria de aquellos que se untaron con la valentía de los que venían, transfugados en las magnitudes de las montañas y los senderos evasivos, posicionados en la topofilia que requiere de ese espacio transitado de un lugar a otro lugar (Yi-Fu Tan) o la topofobia mesurada de lo no conocido pero también la toponimia referenciada en el relato arrullador de la abuela que marrulla el tabaco de la tierra cultivada con las pisadas de pies abiertos y desnudos.

La leyes de los libertadores son para nosotros un menor derecho no igual jamás al de los indígenas que tenemos desde antes nuestro derecho mayor…por eso nos hemos puesto a recordar y a pensar que todo el tiempo, desde siempre, los indígenas hemos vivido en estas tierras y mucho más … esta es la verdad, la más grande verdad, porque nadie en el mundo puede negar que este continente fue ocupado, habitado, trabajado antes que nadie por nuestros habitantes, luego por nuestros padres y hoy por nosotros mismos. De ahí, de esta verdad mayor nace nuestro derecho mayor. Manifiesto Guambiano, Cabildo de Guambía, 1980.

Su cosmovisión y su forma de vida trascienden. “…la vida social en los poblados originarios se estructura con base en el criterio comunitario, según el cual los intereses y derechos individuales no se le atribuyen al sujeto por el mero hecho de su calidad de ser humano individual, sino, antes bien, por ser miembro de su comunidad… Ello determina que el sujeto esté más integrado y obligado en la comunidad. (Bondia Garcia, año).

El concepto de territorio indígena pertenece al campo del pensamiento indígena, a su llamado derecho consuetudinario, y que constituye uno de los soportes de su cosmovisión. (Sánchez, 92 citado por Salazar, 2005). El territorio viene a ser la morada del principio creador, su cosmovisión magnifica lo contenido, permea todo concepto diferente a sus creencias religiosas o subjetivas sobre su posicionamiento en el lugar. Un principio generador “…de un universo de seres sobrenaturales que comúnmente ejercen potestad sobre la naturaleza”.

“Los Bari no se preguntan tanto por el origen mismo del mundo sino por la necesidad de alguien que ordene las cosas, las gentes y su conducta para que cada elemento esté en su sitio. Este proceso ocurre en la interacción entre Sabaseba, sus enviados y los Bari mismos… Viene con el viento desde el poniente donde vivía con su familia y llega a la tierra que encuentra “oscura, sin estructura, sin forma determinada, caótica (…). Con su trabajo la ordena, la modela, dándole una nueva forma hasta conseguir su situación actual: llanita y con sentido para poder ser habitada y disfrutada”. (Castillo 1981:290, citado por Jaramillo, 1992). Un territorio desconocido, extranjero, sin ocupar (lo que quiere decir con frecuencia: sin ocupar por «los nuestros»), continúa participando de la modalidad fluida y larvaria del «Caos». Al ocuparlo y, sobre todo, al instalarse en él, el hombre lo transforma simbólicamente en Cosmos por una repetición ritual de la cosmogonía. Lo que ha de convertirse en «nuestro mundo» tiene que haber sido «creado» previamente, y toda creación tiene un modelo ejemplar: la Creación del Universo por los dioses.

A manera de concluir este trabajo remito dos connotaciones presentadas en este, el considerar la construcción del territorio como algo que va con las especies y más con los seres humanos, fortalecidos con su poder de seleccionar y cuestionar un determinado lugar como emblemático o posibilitador de acciones inherentes a un mundo subjetivo que va a estructurar esa segunda connotación de crear un imaginario dotado de variedad de situaciones permeadas por los cuestionamientos de cómo se suceden las cosas o como aparecieron ellos en este enclave territorial. “…No nos interesa, por tanto, el hábitat reducido al análisis de unas propiedades físicas sino en tanto expresión de los procesos subjetivos de quienes lo gestionan y construyen. La idea de que el territorio es construido socialmente supone, por tanto, la construcción de una micro-sociedad, esto es, de un acuerdo social sobre el espacio”. (Yori, 2009)

Ahora, ¿Como vislumbrar un pensamiento generado o construido desde el territorio usurpado o tomado por otros? o ¿Que nos dicen los últimos que han llegado para permanecer en los lugares que fueron de otros retirados a la fuerza?; ¿Será que esa construcción de ese territorio por los nuevos poseedores es parecida a esa historia contada desde los conquistadores o colonizadores en estos más de quinientos años recorridos? “Desde siempre, la cuestión indígena ha sido, sobre todo, una cuestión territorial y por tanto, parte del sistema mundo moderno-colonial y, por esta razón, es uno de los meollos de la cuestión nacional.

Referencias.

Acebedo, Luis Fernando. (2010). El Concepto de Territorio y el Tránsito de la Sociedad Industrial a la Sociedad del Conocimiento. En: Cuadernos de clase 01-03. Elementos para una teoría del desarrollo territorial. Universidad Autónoma de Manizales. Pp: 235-263.
Ashcayra Arabadora Acrora. La explotación petrolera en el Catatumbo -Colombia; Genocidio al Pueblo Bari. Disponible en: http://www.cdca.it/IMG/doc/explotacion_petroleo_documento_de_los_bari.doc. Búsqueda realizada el 5 de septiembre de 2011.
Bondia Garcia, David. De lo Global a lo Local o de lo Local a lo Global. Informe Relator Especial ONU para los Derechos de los Pueblos Indígenas, Julio de 2009. Instituto Colombiano de cultura hispánica. Geografía Humana de Colombia.
Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República. http://www.lablaa.org/blaavirtual/bio.htm. Búsqueda realizada el 5 de Septiembre 2011
Páez Quintero, David Alonso. MUNDO BARÍ. Un pueblo que se niega a desaparecer. 2010.
Piñacue Achicue, Jesús Enrique.(2003). Colombia: Proyecto de Ley sobre Jurisdicción Especial Indígena. http://alertanet.org/proyecto-colombia.htm. Búsqueda realizada el 4 de septiembre de 2011.
Porto-Gonçalves, Carlos Walter. Los indígenas y la cuestión nacional (o de ONG y transnacionales). http://www.rebelion.org/noticia.php?id=116460. Búsqueda realizada el 5 de Septiembre 2011
Salazar J., Carlos Augusto. ISHTANA, el Territorio Tradicional BARÍ. Informe final sobre territorio tradicional del Pueblo Indígena Bari, Región del Catatumbo, Norte de Santander. OXFAM-CECOIN. Agosto – 2005
Yori, Carlos Mario. (año). La Construcción Social del Hábitat. Una aproximación antropogeográfica a la ciudad latinoamericana, en “clave de La Construcción Social del Hábitat. Una aproximación antropogeográfica a la ciudad latinoamericana, en “clave de derechos derechos”, orientada a la recualificación de las políticas públicas en materia de hábitat y calidad de vida. Los casos de Ciudad de México y Bogotá, período 1995-2009.

RESIGNIFICACIÓN DEL TERRITORIO

Por: Sara Ivone Marín
Trabajadora Social
Estudiante de la Maestría en Medio Ambiente y Desarrollo.

Hoy más que nunca en Colombia el territorio y su ordenación es el tema central de la agenda pública, en razón a la caducidad de los planes de ordenamiento territorial. La gran mayoría de municipios están abocados a su reformulación como tarea principal.

Es pertinente cuestionar ¿Cómo ordenar un territorio diverso, dinámico y multidimensional?

El carácter polisémico del territorio propio de la construcción subjetiva de la humanidad en su relación con el espacio físico y social, ha hecho que en el trasegar de la historia se replantee, repiense y reconfigure constantemente. Tal como lo sustenta Nates (2010): “Que existan territorios estáticos no es posible, no sólo porque las sociedades sean dinámicas, sino porque los métodos de contacto social y de representación espacial son disímiles”. En este sentido, es fundamental para el ordenamiento y planificación del territorio, construir un concepto que lo reconozca como un sistema complejo, en el que las partes y el todo están dialécticamente concatenados, para manifestarse, expresarse y percibirse a través de la ciudad y su urbanización.

La urbanización ha traído consigo un entramado de sentidos y significados que han permeando las prácticas sociales y culturales, con distintas percepciones, valoraciones y actitudes que se complementan recíprocamente en la ciudad. Es así que no se puede desconocer su cualidad multidimensional, referida en tres elementos interrelacionados que plantea Nates (2010):  “…el territorio permite moverse entre la realidad geográfica, psique individual y las representaciones colectivas. La realidad geográfica pone en evidencia cómo se registra la acción humana y se trasforma por sus efectos. La psique individual y las representaciones colectivas, aparte de develarnos la emocionalidad, nos deja examinar la relación estrecha entre territorio, identidad e ideología”. Lo que esto quiere decir es que los seres humanos recrean permanentemente ese contacto con el espacio o el lugar donde habitan.

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De igual manera, en la actualidad tal como lo referencia Acebedo (2010) en el proceso histórico del territorio existen cuatro (4) fuerzas motoras que se conjugan para moldearlo y definirlo: espacio, tiempo, innovación y movimiento, “Dependiendo de las características de la sociedad y del modo de producción que predomine, las fuerzas motoras le imprimen al territorio sus características y connotaciones básicas”.

Bajo estas afirmaciones es necesario empezar a reevaluar y reformular la idea que se tiene del ordenamiento del territorio entendiéndose como un instrumento, una sumatoria de programas, proyectos y acciones ordenadas, secuenciales y sistemáticas, asimilándolo como una retícula que se esquematiza y regula; idea que se ha implantado en el país desde la década de los noventa, reflejado en el soporte normativo, político e institucional que replica este modelo.

El reto para los planificadores es complejizar el territorio desde una visión multidisciplinar, reconociendo que como lo manifiesta Nates “Los cambios socio-territoriales han implicado en todas las épocas reacomodos, nuevos sentidos, resimbolización, inclusiones y exclusiones de personas, objetos, relaciones y prácticas”. Para lograr no ordenar sino más bien reconstruir y resignificar el territorio.

Bibliografía

ACEBEDO, Luis Fernando. (2010) El concepto de territorio y el tránsito de la sociedad industrial a la sociedad del conocimiento. Cuadernos de clase nº 01 – 03: Elementos para una teoría del desarrollo territorial. Universidad Autónoma de Manizales.
GÓMEZ, Alberto. (2000). El Territorio urbano regional de cara al nuevo milenio: Trayectorias y perspectivas. Revista Bitácora Urbano Territorial, n° 004. Universidad Nacional de Colombia sede Bogotá.
NATES, Beatriz. (2010). Nuevos Territorios. En: Revista Anthropos Nº 227 Nuevos territorios e innovación digital. España.