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El Bahareque y el paisaje cultural cafetero. Caso: Manizales.

Por: Cristian Camilo González Largo
Ingeniero civil, estudiante de la maestría en Hábitat

El paisaje cultural se comienza a reconocer  a principios de  1990, específicamente en la convención mundial de patrimonio  realizada en 1992. La convención reconoció que el paisaje cultural representa “el trabajo combinado de la naturaleza  y el hombre”. En el caso del paisaje cultural cafetero se observa cómo están directamente relacionados la naturaleza, representada por los cultivos de café y otros cultivos típicos de la región, y la cultura ancestral de sus habitantes (Suarez, 2011).

La cultura cafetera está asociada al desarrollo económico de Colombia, por ejemplo con la construcción de vías que permitieron conectar el interior del país con los océanos, para así lograr exportar el codiciado grano de café, especialmente hacia los Estados Unidos. Este mercado ayudó a nuestro país no solo a aumentar su infraestructura vial sino también importar tecnologías nuevas como el tren y el cable aéreo. Así mismo, las robustas ganancias que arrojó el café contribuyeron a la construcción de escuelas en todo nuestro territorio y fortalecer ciudades intermedias como el caso de Manizales (Duque, 2011).

Alrededor del paisaje cafetero se fueron creando estándares de vida asociados a la construcción de una cultura nueva, que fue inmiscuyendo las características geográficas, climáticas, políticas y religiosas, esta última asociada a la iglesia católica.

En el caso de la región centro occidente de Caldas, se han desarrollado varias características tanto materiales como inmateriales asociadas a un paisaje cafetero y a una cultura propia. La ciudad en la década de los veinte del siglo XX se vio beneficiada gratamente, producto de la llamada bonanza cafetera. Esta situación permitió que la ciudad tuviera su propia autonomía financiera e industrial, además de un comercio floreciente, lo que la catapultó como la capital más influyente de esa época en Colombia después de Bogotá como capital de la nación. Estas características especiales de la época convirtieron a la ciudad en una población cosmopolita y de cierto nivel cultural y artístico.

Si bien las afortunadas circunstancias económicas contribuyeron con la construcción de nuestra propia cultura, el paisaje cultural cafetero está directamente asociado a nuestras características geográficas. Manizales y el eje cafetero están ubicados en una zona sísmica alta. A mediados del siglo XIX los antioqueños construían en tapia, la cual fue acogida con agrado y confianza al punto que casi la totalidad de sus construcciones tenían este estilo constructivo. Pero este material resultó no ser el apropiado debido a las características sísmicas de la región asociadas al fenómeno de subducción y otras fallas como Romeral. Por este motivo en la época muchas personas se abstenían de venir a Manizales por temor a los sismos (Robledo, 1993).

Manizales debía encontrar una solución para lograr construcciones más seguras a los sismos ó su traslado sería inexorable. Casualmente se construyó una edificación con la primera planta en tapia y la segunda en madera, poco tiempo después se presentó un sismo en 1885 con la sorpresa que dicha construcción respondió bien al sismo. Este hecho generó confianza en la comunidad, lo que desencadenó que todos quisieran emular este sistema constructivo, dando lugar al “estilo temblorero” bautizado así por el Arquitecto Jorge Enrique Robledo (Robledo 1993).

El nuevo estilo constructivo se basó principalmente en el “Bahereque”, es decir muros de cañas y tierras (según el diccionario), y en el caso del eje cafetero, especialmente a las gramíneas como el bambú “guadua” (Muñoz, 2010). Este material es abundante en nuestra región además de ser de fácil acceso y económico para su obtención y adecuación para el desarrollo de las construcciones (Muñoz, 2010). El desarrollo de esta tecnología propia constructiva se ha enunciado como una cultura sísmica local. Llamada así por haber transformado las técnicas constructivas tradicionales heredadas de los españoles y los antioqueños con ciertas características constructivas que fueron desarrolladas por sus propios habitantes en este caso Manizales, adaptando dichas edificaciones a las necesidades de su geografía (Cardona, 2005; Suarez, 2011).

Edificaciones de más de dos pisos seguras y en bahareque, ubicadas en toda la geografía cafetera. Foto: Omar Darío Cardona

Estas características especiales que rodean el bahareque en Manizales lo hacen parte esencial de su historia y su cultura. El hecho de desarrollar un estilo temblorero que con el tiempo se fue convirtiendo en una cultura sísmica local, hacen de este tipo de construcciones vernáculas como uno de los elementos fundamentales en el paisaje cultural cafetero. En Manizales precisamente las grandes construcciones de su centro histórico y de sus fincas cafeteras fueron producto en su mayoría del dinero producido por el café generando un círculo virtuoso. Incluso se podría afirmar que la cultura local sísmica logró mantener una sociedad viva y arraigada a sus tradiciones como es el caso de Manizales.

Sin embargo a pesar del éxito inicial del bahareque y su estilo temblorero, este ha sufrido un desgaste social, relegándose a construcciones ubicadas en zonas de alto riesgo y en urbanizaciones de bajo ingreso socioeconómico. Esto debido en gran parte a los incendios que se presentaron en la ciudad de Manizales en los años 1925 y 1926. Estos incendios proporcionaron a la sociedad una sensación de inseguridad a tal punto de llamar a la ciudad de Manizales como la ciudad de papel (Robledo, 1993).

Producto de estos catastróficos incendios los manizaleños optaron por importar  un nuevo material para sus construcciones, llamado el ferrocemento o concreto reforzado que se obtuvo de Europa y los Estados Unidos. Este material bien utilizado proporciona construcciones que dan seguridad a los sismos, además, de no ser inflamables como lo es el bahareque.

A pesar de la decadencia evidente del Bahereque, la declaración del paisaje cultural cafetero como patrimonio inmaterial de la humanidad por parte de la UNESCO, realizada en el año 2011 con la finalidad de conservar el paisaje actual y su cultura, da nuevas esperanzas al uso de este material que fue incluido en la norma sismoresistente-NSR-10 en su titulo G. Esta situación da un horizonte hacia nuevas construcciones con el rigor necesario para obtener edificaciones seguras que protejan la cultura y vida de las personas. Sin embargo, hay que tener presente que  los actores más importantes en el paisaje cultural cafetero son las personas que lo habitan y han conservado sus tradiciones centenarias, las cuales hoy por fenómenos como la urbanización y globalización, están en peligro de desaparecer.

En el caso específico del Bahareque vemos cómo estas construcciones están desapareciendo  a pesar de ser vernáculas. Es un sistema constructivo que es resistente a los sismos, y con un manejo adecuado es seguro ante el fuego, asociado básicamente al bahareque encementado que se utilizó en la reconstrucción del centro de Manizales luego de los incendios. Por este motivo es necesario encontrar opciones que ayuden a la conservación de las estructuras de bahareque, involucrando la comunidad.

Se ilustra el estilo constructivo en bahareque desarrollado en la región. Foto: Omar Darío Cardona.

En la actualidad existen  estudios técnicos sobre cómo se comporta este material ante los sismos, pero aún así falta mucho por hacer. Por esto  es necesario hacer un estudio de las características actuales de las construcciones en bahareque y así determinar cuál es su vulnerabilidad asociada. Se hace necesario, por otra parte, identificar acciones que  las hagan autosustentables, revitalizando su uso y su productividad económica, evitando  que se conviertan en piezas de museo de gravoso mantenimiento para sus propietarios. Como parte importante de las estrategias de mitigación del riesgo y de preservación del patrimonio cultural construido, por ejemplo del centro histórico de Manizales, será necesario confeccionar herramientas de apoyo financiero  y  transferencia de riesgos a través del otorgamiento de  créditos especiales y pólizas de seguros orientadas a los inmuebles de esta particular categoría.

Bibliografía:

Cardona, O.D. Gestión Integral de Riesgos y Desastres. Curso Maestría en Medio Ambiente y Desarrollo. (2005a) Colombia.

Duque, Escobar Gonzalo. Paisaje Cultural Cafetero: Bioturismo y Ruralidad en la Ecorregión Cafetera.Manizales.2011. Recuperado de http://godues.wordpress.com/2012/03/22/paisaje-cultural-cafetero-pcc/

Suárez, Dora Catalina. El paisaje cultural cafetero y la cultura local del riesgo: estudio del caso Manizales, Colombia. Master Erasmus Mundus Cultural Landscapes-Maclands-.Trabajo de grado. Université Jean Monnet. Università degli studi di Napoli Federico II. Universität Stuttgart.2010

Muñoz Robledo, José Fernando. Tipificación de los sistemas constructivos patrimoniales de “Bahereque”: En el paisaje cultural cafetero de Colombia. Facultad de ingeniería y arquitectura. Universidad Nacional de Colombia. Manizales. 2010.

Robledo, Jorge Enrique. Un siglo del bahareque en el antiguo Caldas. Bogotá.. Primera edición: El Áncora Editores. Colombia, 1993.

Muñoz Caicedo, Marizol; Trejos Delgado Francineth. El patrimonio en los teatros tradicionales del paisaje cultural cafetero: Aspectos históricos,tecnologícos,valoración y diagnostico.Modelo:Teatro cuesta.Riosucio-Caldas. Línea de profundización: Arquitectura y Patrimonio. Facultad de ingeniería y arquitectura. Universidad Nacional de Colombia sede Manizales.2007

Nuestro paisaje cultural cafetero sin declaratoria ¿Sería Paisaje Cultural?

Por: Jeinsbert Jensen Gómez

Arquitecto Universidad Nacional de Colombia, Estudiante de Maestría en Hábitat Universidad Nacional de Colombia.

Teniendo en cuenta la declaración trascendental del paisaje cultural cafetero como patrimonio de la humanidad por parte de la UNESCO (2011), es importante estudiar el porqué de esta declaratoria, y su significado. Además entender que el gran paisaje cultural es el que se ha creado de generación en generación en las distintas zonas cafeteras colombianas.

Colombia es un país que contiene diversos paisajes que difieren en clima, vegetación y fauna, uno de estos paisajes gira en torno al café, una bebida apetecida en nuestro país y por supuesto por muchos países del mundo. Cabe anotar que conservar nuestro paisaje cultural no es solo centrarnos en lo físico de este sino también en lo inmaterial como elemento de gran importancia cultural.

Área de catación, Comité de Cafeteros de Caldas, Chinchiná. Foto Jensen, 2012

¿Por qué hablamos de un paisaje cultural?

La cultura es el motor de una sociedad, es la fuerza articuladora entre muchas comunidades, pero cuando descuidamos la importancia de la naturaleza podemos lesionar directa e indirectamente el paisaje, como nos explica  Maderuelo,( 2006: página 11) “Si bien la naturaleza ha sido una fuente inagotable de inspiracion en las sucesivas interpretaciones del género conocido como pintura del paisaje, la estética del Idealismo, escorada de un modo unilateral hacia la filosofia del arte como teoría del genio, no expulsó por completo a lo bello natural ni a la viviencia estética de la naturaleza, pero les prestó tan escasa atención, que frustró durante largo tiempo una reflexión sobre el paisaje”. Si es claro que todos los seres humanos podemos dar un juicio estético sobre las cosas dentro de un medio (naturaleza) obviamente lo hacemos a través de la cultura. Deberíamos entonces indagar sobre la relación de la cultura con la naturaleza, una relación de contacto donde actualmente la naturaleza es la más perjudicada.

Es evidente que actualmente se pone en duda el titulo paisaje cultural, donde podríamos hablar de solo un paisaje natural producido por culturas que no reconocemos como tal, siendo lo más importante para muchos gremios y empresas privadas (el valor, entendido como precio). Un gran ejemplo que nos muestra un gran descuido del Estado y algunas organizaciones privadas es la falta de agua potable como lo explica CENICAFE, (2011: 60) “Los titulares de derechos son familias campesinas con hombres, mujeres y niños de origen indígena, afro descendiente y mestizo, que son afecatados por la violencia interna y tienen alto indices de necesidades básicas insatisfechas y pobreza extrema con pocas opciones para generar ingresos estables. Esto se refleja , en la falta de acceso a agua potable, que es un derecho fundamental y factor imprescindible para la salud, el bienestar y el desarrollo”. Olvidándonos en este caso de la cultura, de un patrimonio inmaterial que puede estar en decadencia.

El patrimonio inmaterial dentro de este paisaje se ha dado a través de los años desde la producción del café, nutriéndose  de muchas vivencias tristes y felices de sus caficultores, creando así hábitat, un hábitat que no puede describirse solamente entorno a lo económico.

La gran cultura cafetera expresa un gran sentimiento sobre la tierra, no solo porque es el elemento que les permite lograr “el pan de cada día”, sino que es algo intrínseco entre el hombre y la naturaleza. Así lo reafirma ALMA MATER (2010: 01) cuando sostine “el paisaje cultural es una parte del territorio, resultado de la acción humana y su influencia sobre factores naturales. El paisaje es el resultado de un proceso histórico  natural y cultural de relaciones de una comunidad con un medio ambiente determinado”.

Es necesario estudiar a fondo la importancia que les hemos dado a las comunidades cafeteras en un sentido social, que actualmente exigen con más fuerza debido a la declaratoria de la UNESCO.

El paisaje como elemento social

La trama de la ciudad principalmente está basada por condiciones que son direccionadas por hitos que configuran su estructura; el paisaje también resalta un hábitat, que se “presenta” y se rige por un sistema productivo, que busca de alguna manera el desarrollo de un sector agropecuario de alguna zona en la región cafetera.

Lamentablemente puede considerarse que los lazos sociales pueden estar sumergidos por la imposición de la economía, no obstante podemos indagar sobre las obligaciones sociales que tiene el Gobierno Nacional sobre estos pobladores, ya que ellos impulsan a la dinámica del presupuesto Nacional; es de aclarar que el estado “adopta” un perfil meramente monetario y condicionado a intereses políticos.

La academia a través de muchos estudios ha intentado y lo ha logrado en algunos aspectos, pero hace falta el acompañamiento por falta del Gobierno, se puede llegar a una dinámica social, para establecer un balance que pueda estructurar la vida de los pobladores proporcionalmente con el desarrollo de un territorio, Giraldo Zuluaga (2012: 17) nos explica que laLa construcción de las prácticas culturales y sociales asociadas a la producción agrícola, permiten establecer la forma como se inscriben dichas relaciones en una nueva territorialidad. En la zona cafetera a partir del predominio de la finca familiar, se convierte en la unidad básica de explotación, en donde se combina el cultivo del café con los cultivos de pan coger. Esta forma de tenencia expresa al máximo el uso de la racionalidad campesina, que para tal efecto utiliza estrategias económicas domésticas como el aprovechamiento al máximo de la mano de obra familiar y el uso intensivo del suelo.”.

La problemática social es evidente, es causal a un desarrollo meramente individual y político, pero podemos aclarar que nuestros pobladores están sumergidos en una monotonía que denota intenciones personales, que de alguna forma condicionan y demuestran las consecuencias de un contraste visible en la vidas de los pobladores o agricultores, teniendo como valor agregado muchas problemáticas que atañen a nuestro País como la corrupción, la violencia, y muchos inconvenientes que resuenan en muchos regiones del País. En el informe de la Universidad del Quindío: Paisaje Cultural Cafetero y Valoración Social del Patrimonio en Paisajes Culturales (2009: 25) nos explica que “de igual forma los problemas más comunes hacen referencia a la crisis económica, la falta de educación, la desintegración, entre otros. Para la mayoría de las acciones de cambio se responsabiliza al individuo, a la comunidad y la Junta de Acción Comunal para la recuperación de valores, el mejoramiento del diálogo, la unión, la integración, y la concientización de la comunidad”.

A modo de conclusión

Se nota la necesidad de exaltar todas las costumbres de estas comunidades cafeteras. Esta declaratoria es una oportunidad no solo para conocer más sobre nuestras culturas colombianas sino también para protegerla y promoverlas.

Entender que además del café existen diversos productos agrícolas que también conforman este paisaje cultural. Y por último rescatar todos estos valores culturales de los habitantes de estas zonas cafeteras, trabajando con instituciones públicas y privadas en la búsqueda de un sentido social.

No olvidar que esta declaratoria no puede ser solo el elemento importante en  el conocimiento y promoción de nuestro paisaje. El estudio de la  cultura cafetera es la base para entender que nuestro paisaje sin una declaratoria es un gran Paisaje Cultural Cafetero.

Bibliografía

CENICAFE, F. N. (2011). Construyendo el modelo para la gestión integrada del recurso hídrico en la caficultura Colombiana. Chinchiná.

Maderuelo, J. (2006). Paisaje y Pensamiento. Madrid: Abada Editores.

ALMA MATER, (2010). RED ALMA MATER. Recuperado el 18 de 08 de 2012, de http://www.almamater.edu.co/sitio/contenido-paisaje-cultural-cafetero-59.html

Giraldo Zuluaga, A. L. (2012). PAISAJE CULTURAL CAFETERO. Abril Indiscreto, Universidad de Pamplona Facultad de Ingeniería y Arquitectura Departamento de Arquitectura y Diseño Industrial. pág.17

UNIVERSIDAD DEL QUINDÍO, (2009). CEIR- SOCIALIZACION DE LOS AVANCES DEL PROYECTO PAISAJE CULTURAL CAFETERO Y VALORACIÓN SOCIAL DEL PATRIMONIO EN PAISAJES CULTURALES-informe final. Armenia. Recuperado el 18 de Agosto de 2012, de http://portal.uniquindio.edu.co/fac/humanas/documentos/ceir/proyectos/11socializpcc.pdf

Las comunidades son protectoras potenciales del patrimonio que se construye a partir de un territorio

Gonzalo Zuluaga López.

Arquitecto, Especialista en Gerencia de Proyectos.
Estudiante de la Maestría en Medio Ambiente y Desarrollo, Universidad Nacional de Colombia, Sede Manizales.

Las comunidades se relacionan y comunican a través de elementos que conforman el paisaje y los hacen a la vez afines a su territorio,  de esta manera se conectan internamente logrando que todos sus miembros alcancen una simbiosis que les permite construir un tejido social común. Gómez Álzate  (2010:96), en este sentido anota:

“  En la formación del paisaje, la cultura es el agente, el paisaje natural es el medio, y el paisaje cultural el resultado. Al referirse a los ambientes naturales y culturales interrelacionados, considerados como conjunto, dentro de los cuales el ser humano habita, Mumford habla acerca de la necesidad del ser humano como organismo, y define que su  medio ambiente es la cultura y su cultura se convierte en su medio ambiente”.

Ese tejido se acrecienta, se fortalece y logra permanecer en el tiempo porque se alimenta a diario del  sentido de pertenencia que esa comunidad siente por el territorio donde se asientan sus legados y tradiciones.

El sentido de pertenencia y ese significado de coherencia social que han alcanzado, quienes hoy habitan la región cafetera de Colombia, a partir de cosas que hacen parte de la cotidianidad, como la palabra, el folclor, la comida, como cultivar la tierra  o la manera de habitar, que se experimentan continuamente en el territorio y fortalecen acciones inconscientes de reconocimiento social que potencialmente los convierten en protectores del legado y mas que salvaguardar involuntariamente una tradición, se apropian del sentido de esos elementos para fortalecer sus lazos como comunidad. De esta manera entendemos lo indicado por Lynch (1992:120) al señalar “ las imágenes ambientales son estructuras organizadas de reconocimiento y relación. También están impregnadas con significado, sentimiento y valor”.

Vereda La paz (Chinchiná, Caldas) 2012. Autor: Gonzalo Zuluaga L.

Las comunidades, como las del “café”, que se originaron y que  han crecido y ocupado un territorio, en torno a un monocultivo como el del café, son potenciales protectoras del patrimonio que se construye desde el territorio, porque entienden inconscientemente, que su riqueza, no está en el café mismo, sino que está presente a diario en eso que es intangible, pero que a la vez,  es el medio  para hacerse a bienes y propiedades, que  se acrecientan, a partir del conocimiento y transferencia de tradiciones entre generaciones.

Se reconoce en el cultivo del café el motor de  la ocupación que del territorio se ha hecho. Desde que se inició la migración que dio origen a lo que hoy denominamos como colonización Antioqueña, vemos que este  territorio por la misma apropiación que de él se hizo, lo reconocemos como territorio del café, por encima de cualquier consideración de tipo cultural o antropológico, como puede suponerse para reconocer cualquier medio natural en el mundo. Se debe resaltar que ese territorio se mantiene vivo,  gracias a la fortaleza de la estructura social del pueblo que se conformó en torno al cultivo del café.

Por medio de esa herencia intangible que se ha legado, se han  podido construir a medida que avanzan las generaciones, mejores moradas que las que conocieron sus antepasados, hoy se  cosecha la  misma tierra, pero de mejor manera y se extrae de ella nuevos cultivos y mejores o más abundantes frutos.

La más efímera noción de desarrollo se funda en principios de conocimiento en lo ya experimentado por sociedades predecesoras, esas mismas son las que han dejado una historia y han legado un patrimonio, sobre el cual se cimenta el desarrollo del presente y la estabilidad del futuro, y en sí mismo estos conceptos que se traducen en la supervivencia y el mejor vivir, confrontan la idea inequívoca que los pueblos que se han construido en la región cafetera de Caldas, Quindío y Risaralda, serán por antonomasia, enclaves comprometidos con la protección de su legado y del patrimonio que se construye como estandarte de una raza.

El sentido más simple de conservación, el cual en su idea más primaria alude a la supervivencia, que no olvidemos, fue el eje de la premisa colonizadora de los pobladores que viniendo de Antioquia,  como lo anota Parsons (1997:24), “ el pueblo que hoy, cometiendo una herejía etnológica se llama así mismo la raza antioqueña”, se internó en estas tierras cuando aún eran montañas selváticas, explica porque el hombre y esta comunidad en especial, siempre abogara por la conservación de la vida y en este mismo sentido son protectoras del patrimonio, porque en él, además de encontrar el conocimiento,  encuentran el abrigo y potencian su confort, e implícitamente sienten que a partir del patrimonio construyen más y mejores los medios con los cuales garantizan su vida futura para propios y herederos.

Vereda La paz (Chinchiná, Caldas) 2012. Autor: Gonzalo Zuluaga L.

Proteger el patrimonio, no solo alberga el concepto de que los bienes tanto materiales – como la casa de la finca – o inmateriales – como el conocimiento del cultivo del café- alcancen el estatismo en el tiempo, si no, por el contrario, deben aludir a las acciones que adelanta esta comunidad, ya sea conscientemente  o por necesidad, para preservar el patrimonio vivo en la vida de ellos.

Las comunidades son potenciales protectoras del patrimonio, cuando su manera de vivir o la realización de acciones en pro de la comunidad, permiten que el lenguaje y que por medio de este, la tradición oral y con la riqueza de la palabra, se transmitan saberes y dones propios de esa misma comunidad, este concepto se ve valorado por Rivera (2010:7) cuando dice “Ello será muy importante porque desde estos momentos el concepto de Patrimonio se enriquece de manera notable al introducir ya no solo las arquitecturas menores de las que había hablado y escrito Gustavo Giovannoni en el primer tercio del siglo XX sino también las arquitecturas sin arquitecto ni maestro constructor, obras de entidad básica de las localidades con una historia doméstica fundada sobre todo en la transmisión oral”. Así pues los pueblos serán más ricos en relación con la capacidad de transmitir y  adaptar los saberes y el conocimiento ya aprendidos aunque ello implique  lo que ya desde antaño se conocía, de las condiciones de transitoriedad que se le atribuían al cultivo del café, como lo anota Parsons (1997:226), cuando hace referencia a:

“Mariano Ospina Rodríguez, reconoció el problema de la erosión en su opúsculo de 1880, el cultivo del café cuando escribió: El café crece y fructifica también en terrenos de un declive muy rápido, pero la plantación no puede ser de mucha duración, porque habiendo necesidad de mantener desnudo de yerbas y malezas el terreno, las copiosas lluvias tropicales arrastran la tierra y desarraigan los arboles”.

El patrimonio será potencial  agente de interés de una comunidad, en virtud de las capacidades o bienes que los individuos que conforman esa comunidad pueden lucrarse de él. Lamentablemente, no todos los elementos patrimoniales con los que cuenta una comunidad son potencialmente  “protegibles”, por ella misma, ya que esta comunidad está conformada por individuos  que en principio hacen parte de la naturaleza y como tales, se comportan bajo las premisas que se dictan desde la óptica de las necesidades del principio de conservación y bajo el principio de vida de esta premisas, todos los seres  que conforman esta comunidad, como cualquier ser vivo, sacrificará el legado y sus tradiciones para garantizarse un mejor vivir.

Lo potencialmente protegible es todo aquello que permitirá a la comunidad alcanzar mejores estándares de vida o aumentar sus bienes, la comunidad protegerá y conservará de su patrimonio todo aquello que por sus valores o características de preservación para la especie le sean necesarios, en caso contrario actuará sobre ese patrimonio tanto tangible, como intangible, material o inmaterial, natural o cultural como animal rapaz que obtendrá de él lo mejor que pueda obtener o en caso contrario, lo dejará a un lado porque entenderá que en las  entrañas de ese elemento que ayudó a construir el territorio, no encuentra el alimento que le permita preservar su vida.

En este orden de ideas es sustancial la advertencia y desde allí, la protección que se pueda estructurar desde la perspectiva de la declaratoria de este territorio que construido desde el motor del desarrollo del café, impregnó una característica única, que lo hace merecedor de distinciones  y como claramente lo anotan Sanz, Molina y López (579:2004) al indicar que “el reconocimiento de los paisajes como elementos del patrimonio mundial, constituye una oportunidad para algunos paisajes rurales de valor excepcional que, tras una larga  trayectoria histórica y productiva, se encuentran hoy amenazados por el abandono de sus funciones tradicionales o la sustitución de las mismas por funciones nuevas que compiten con las anteriores sobre el mismo territorio”.

Referencia bibliográfica.

Lynch, Kevin. Administración del paisaje, Editorial Norma, Bogotá, 1992.

Parsons, James. La colonización antioqueña en el occidente de Colombia, Banco de la Republica, El Áncora editores, Bogotá 1997.

Rivera Blanco, Javier, Paisaje y patrimonio, Escuela T. S. de Arquitectura y Geodesia, Universidad de Alca alá, España. Tomado de: http://www.todopatrimonio.com/pdf/cicop2010/06_Actas_Cicop2010.pdf, 2010.Fecha de consulta: agosto 19 de 2012.

Gómez Álzate, Adriana. El paisaje como patrimonio cultural, ambiental y productivo, Revista KEPES, Año 7 No. 6, , págs. 91-106, enero-diciembre de 2010.

Concepción Sanz, Herráiz. Patrimonio cultural y medio ambiental en paisajes rurales. Universidad Autónoma de Madrid, Madrid 2004.

Lugares comunes y lugares inéditos del Paisaje Cultural Cafetero

Por Diego Echeverry Rengifo

Profesional en Gestión Cultural y Comunicativa. Productor  y Realizador Audiovisual. Estudiante Maestría en Hábitat,Universidad Nacional de Colombia Sede Manizales.  Sigue leyendo

Ordenamiento Territorial: Consideraciones alrededor de la continuidad en los procesos naturales

Por: Juan David Céspedes Restrepo
Administrador Ambiental
Estudiante Maestría en Hábitat
Universidad Nacional de Colombia -Sede Manizales-
 

Uno de los objetivos que ha perseguido el ordenamiento del territorio en su concepción teórica, y desde los primeros esfuerzos normativos que se han realizado para su ejercicio -desde la ley 9/1989, pasando por la ley 388/1997 y la ley 1454/2011-, consiste en orientar adecuadamente el desarrollo territorial, complementando la planificación económica y social en las ciudades. Sin embargo, pasados cerca de doce años desde la aparición de los primeros Planes de Ordenamiento Territorial [POT], se observa que la mayor parte de las ciudades colombianas se ha configurado de manera fragmentada, hecho que se manifiesta mediante el desarrollo de actuaciones urbanísticas desarticuladas que favorecen la existencia de conflictos en el uso del suelo; los cuales, no solo riñen con la vocación y aptitud local de las ciudades, sino también con el contexto regional del cual hacen parte.

Una de las razones que favorece esta situación descansa en la negación de las condiciones de reciprocidad que existen entre las dimensiones socioculturales, político-institucionales, físico-espaciales y económico-financieras que son inherentes al territorio (Guzmán, 2011). En este sentido, resulta sumamente interesante el planteamiento realizado por Gustavo Adolfo Agredo (2011) quien afirma que esta situación tiene su génesis en la manera como se formula la ciudad, proceso que se realiza bajo un enfoque mecánico y tecnocrático resultado de la ruptura con el medio natural. Este paradigma desdibuja el origen natural del hombre en el interés de éste por construir su “mundo ideal”.

El distanciamiento hombre-medio natural desconoce la importancia de los sistemas naturales como elemento estructurante del territorio, al tiempo que niega el carácter ambiental de los procesos socioculturales de construcción del mismo; como consecuencia, los esfuerzos en torno al ordenamiento del territorio se componen de intervenciones antropogénicas concebidas unidimensionalmente, que en la mayoría de los casos no guardan relación con las necesidades y potencialidades del contexto. Este escenario, pone en evidencia la necesidad de abordar la problemática ambiental en los procesos de ordenamiento con base en una aproximación al carácter dinámico de los aspectos físico-espaciales y ecosistémicos del medio natural, los cuales son imprescindibles en la construcción de territorio1.

Sin embargo, es preciso recordar que los sistemas naturales son por definición sistemas abiertos, en tanto que permanecen en constante interacción mediante intercambios de trabajo, materia, energía e información con el entorno que los rodea (Ossa, 2004). Esta característica impide delimitar espacialmente los sistemas naturales, que se extienden en casi todos casos más allá del área de planificación definida para ordenar un territorio. Al respecto, Jaume Terradas (2001) citado por Gustavo Agredo (2011: 57), afirma que “(…) las ciudades y otros territorios están organizados de acuerdo con unos límites administrativos que no se corresponden necesariamente, ni con la realidad socioeconómica ni con la ecológica”. Es posible afirmar que los límites administrativos corresponden a trazados rígidos sobre elementos geográficos en un intento por definir la función de propiedad, lo que conlleva a la falta de coherencia y continuidad entre las ciudades y los sistemas naturales.

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Fuente: http://ecolosfera.com/img/ecolosfera/2009/09/incheon_1_pvm2e_69.jpg

Esta brecha entre lo urbano y el medio natural, se hace más evidente al aumentar la escala en la unidad de planificación considerada. En este sentido si se toma como unidad de análisis el departamento, emergen con mayor claridad diferencias paisajísticas, geomorfológicas y biofísicas, las cuales crean barreras, dificultan el acceso y movilidad entre los municipios que lo conforman, lo que se traduce como una ruptura en el desarrollo de las interrelaciones y flujos que configuran la complementariedad funcional en su interior. Este tipo de rupturas impide la adecuada planificación en el territorio al tiempo que obstaculiza el ejercicio de la gobernanza. Además, favorece la desigualdad entre los municipios que conforman un departamento, al dotar de mayores ventajas competitivas y socioeconómicas al municipio localizado en la zona de mayor acceso, hecho que favorece el desarrollo centralizado en un territorio.

El ordenamiento territorial exige por tanto la búsqueda en la continuidad de los procesos naturales de manera independiente a la escala de referencia, condición sine qua non para el funcionamiento del sistema como un todo integrado. Bajo este enfoque, la continuidad se convierte en un eje estructural para la movilidad, la complementariedad de funciones y además, constituye la garantía para la preservación de los bienes y servicios ambientales que nutren el territorio; de manera que el rompimiento de la continuidad en algún punto de la red afecta considerablemente el funcionamiento del todo (Tardín, 2005).

De igual forma, considerar la continuidad conlleva necesariamente a un aumento en la unidad de planificación como medida para garantizar la coherencia entre las funciones y el fortalecimiento de la complementariedad de las ciudades dentro de un contexto regional. Al respecto, existen en la actualidad propuestas sumamente interesantes como la constitución de ecorregiones o la planificación del territorio con base en las cuencas hidrográficas, en las cuales se propone el ordenamiento con base en un espacio determinado -o que pueda ser determinable- con características particulares que le otorguen identidad y potencien algún grado de unidad en lo que se refiere a evitar la interrupción de los procesos naturales (Arango, 2011).

Este tipo de propuestas tienen por objeto mejorar la gestión sobre los bienes y servicios ambientales, el patrimonio natural y la biodiversidad; al tiempo que buscan fortalecer  la articulación de los municipios y las instituciones en la construcción de territorios funcionales y sustentables. A la luz de éstas consideraciones, el estado actual de fragmentación en la mayoría de las ciudades y regiones de Colombia, manifiesta una necesidad creciente de reformular la manera como se planifica y construye el territorio, reduciendo la brecha entre lo urbano y el medio natural en la búsqueda de articular los sistemas urbanos y las procesos naturales. Este escenario exige el desarrollo de instrumentos de integración interinstitucional y normativos que permitan avanzar hacia un ordenamiento del territorio interdisciplinario y transversal, con base en la reformulación de las escalas territoriales para la planificación y el reconocimiento del carácter ambiental2 de los procesos de construcción del territorio.

1Es importante hacer claridad en que los procesos de planificación y ordenamiento del territorio poseen un nivel de complejidad elevado, y que como se mencionó previamente, sobrepasan las dimensiones socioculturales, político-institucionales, físico-espaciales y económico-financieras. La intención al hacer esta afirmación no es la de reducir los procesos de ordenamiento al aspecto ecosistémico; sino exponer la necesidad de considerar este elemento de manera conjunta a la estructura y función de los sistemas sociales que configuran el territorio.   

2 En este sentido, el término ambiental se emplea no sólo para denotar las condiciones biofísicas y espaciales del entorno, sino para el reconocimiento del entorno como tal, incluyendo los aspectos socioculturales, económicos, y político-institucionales.

Bibliografía

Agredo, G. A. 2011. La Cuenca Urbana: Unidad Territorial para el Desarrollo Sostenible de Ciudades de Media Montaña en el Trópico Andino. Revista La Redvista; No.2 Enero-Junio de 2011. pp. 55-74. Sello Editorial Alma Mater; Pereira.

Arango, O. 2011. Cinco Vacíos en el Proyecto de Ley Orgánica de Ordenamiento Territorial: Una Lectura desde la Ecorregión Eje Cafetero. Revista La Redvista; No.2 Enero-Junio de 2011. pp. 22-39. Sello Editorial Alma Mater; Pereira.

Guzmán, S. D. 2011. Territorios Convencionales, Artificiales e Impuestos. Revista La Redvista; No.2 Enero-Junio de 2011. pp. 14-19. Sello Editorial Alma Mater; Pereira.

Ossa, C. A. 2004. Teoría General de Sistemas, Fundamentos. Pereira: Editorial Gráficas Olímpica. 254 pág.

Tardin, R. 2005. Sistema de Espacios Libres y Reestructuración de los Territorios Urbanos. En La Sustentabilidad Hoy -2005-. pp. 55-65. La Plata: Fondo Editorial Cepa.

Una mirada crítica a las ciudades de conocimiento

Por Dalia Nuit Roncancio R

Bióloga

Estudiante Maestría en Medio Ambiente y Desarrollo

Para empezar a entender una ciudad de conocimiento es necesario saber qué es una ciudad desde un punto de vista conceptual.

Según Vásquez-Barquero (2005, citado por Acosta, 2011), una ciudad se ha convertido en el espacio preferente para el desarrollo de las economías. La proximidad de empresas y de actores facilita los intercambios en buenas condiciones económicas; la diversidad del sistema productivo potencia la dinámica económica; la interacción entre las empresas y actores facilita las negociaciones y los acuerdos entre ellos, así como la difusión de la información y del conocimiento; y la concentración de recursos humanos e institucionales, unida a la presencia de servicios a las empresas convierten a las ciudades en espacios para la creación y difusión de las innovaciones, estimulando el aprendizaje de la cultura emprendedora y competitiva por parte de los individuos y las organizaciones.

Por otro lado Nel. Lo (2002, citador por Acosta, 2011) expone que la ciudad, además, es el lugar de interacción por excelencia. Los lugares de encuentro de los decisores económicos, políticos, culturales y sociales; de los artistas, diseñadores, técnicos, investigadores, profesionales y trabajadores que están normalmente, en la ciudad. En ella se localizan las oficinas de las administraciones y las sedes de las empresas en las que se toman decisiones de inversión, los centros de formación y de investigación, los centros de emprendimiento, los recintos feriales y de exhibición de productos, los lugares de ocio y de la cultura. La ciudad es un espacio de relaciones e intercambios que permite la formación de redes a través de interacciones culturales, económicas, sociales, científicas y políticas. Las relaciones de red reducen la incertidumbre y facilitan los intercambios, por lo que garantizan mejores resultados económicos a las empresas y sistemas productivos locales.

Entendiendo ahora sí, desde una mirada conceptual que es una ciudad y que se genera en ella, se puede conocer el concepto de la ciudad del conocimiento, la cual se puede resumir de la siguiente manera: La ciudad del conocimiento se puede definir como un medio creador e innovador conformado por un gran sistema de estructuras sociales, institucionales, organizativas, económicas y territoriales que crea condiciones para la generación continua de sinergias (Castells y Hall, 1994; citado por Acosta, 2011), entre actores públicos, privados y universidades, para el desarrollo de nuevas industrias y de nuevos servicios que incorporan conocimiento y creatividad del más alto valor agregado, a partir del conocimiento generado en los sistemas de educación, ciencia y tecnología, a través de infraestructuras de investigación y desarrollo, y de la capacidad creadora de la respectiva cultura. (Acosta, 2011)

Pero que tanto se tiene en cuenta la cultura en todo este proceso? Si bien es un boom que se está viviendo ahora, y que es necesario para el progreso de las ciudades, será que de verdad se está tomando en cuenta las culturas que integran la ciudad o simplemente es una forma acelerada de buscar el progreso económico y capitalista de la misma para atraer más inversión extranjera y generar avances y confort para ellos?. La idea de tener estos progresos suena fenomenal, pero si de verdad existiera una igualdad social, en donde todos los integrantes de una ciudad tuvieran los mismos recursos y oportunidades, funcionaria de maravilla, pero en la realidad eso no ocurre.

Estas ciudades de conocimiento son limitadas ya que su plataforma está casi siempre reducida a una base digital, de nuevas tecnologías, a las cuales solo los que tiene conocimiento de estas pueden acceder y por tanto generar nuevas tecnologías que ayuden al progreso de la ciudad en todos sus aspectos. Además como lo plantea Prince K, et al (citado por Romero y Del Valle, 2008) la ciudad digital debe alinearse con los paradigmas de la Sociedad del Conocimiento: la convergencia de cada cosa, persona u organización, de cada parte de la sociedad, con las características que describen y guían los cambios en este pasaje de la era industrial a la era digital. Porque eso es lo que está viviendo la sociedad hoy en día, un cambio vertiginoso de tecnología, innovación y conocimiento abrumador, de la cual no todas las ciudades y sociedades están preparadas.

Lo cual lleva a que las actuales coyunturas mundiales exigen una renovación en los estudios y prácticas sobre la interfase entre redes electrónicas y ciudades. Debido a que surgen nuevos conceptos, nuevas nociones y las ciudades comienzan a ser vistas como medios innovadores, tanto para sus ciudadanos como en relación a las regiones circundantes y a sus países de pertenencia. Estas ciudades como medios innovadores significan desarrollo, progreso e integración a la Sociedad del Conocimiento (Finquelievich 2007, Prince 2004; citados por Romero y Del Valle, 2008).

Pero de verdad están preparadas las ciudades, en especial las que los economistas llaman del tercer mundo o subdesarrolladas? La verdad, el camino que estas ciudades deben recorrer es muy largo y aunque existe la teoría y la intensión de llevarlas a cabo les va tomar mucho tiempo, dinero, coyuntura y unión de todos los sectores para hacerlas realidad, aunque ya existen modelos y pinitos de desarrollo de estas ciudades, es apenas el comienzo y el camino es lo más importante en el logro de estas ciudades de ensueño en donde todos los ciudadanos puedan tener oportunidades para generar, crear y poner en marcha ese conocimiento.

Referencias bibliográficas

PUERTAS, ACOSTA. Jaime. 2011. Ciudades de américa latina en la sociedad del conocimiento. Experiencias de investigación, innovación y creatividad. Revista en línea ARENOTECH, julio 2011.

ROMEIRO, Patricia; MÉNDEZ GUTIÉRREZ DEL VALLE, Ricardo. 2008. Las ciudades del conocimiento: revisión crítica y posibilidades de aplicación a las ciudades intermedias. Scripta Nova. Revista Electrónica de Geografía y Ciencias Sociales.  Barcelona: Universidad de Barcelona, 1 de agosto de 2008, vol. XII, núm. 270 (50). <http://www.ub.es/geocrit/sn/sn-270/sn-270-50.htm&gt; [ISSN: 1138-9788]

LA SOCIEDAD DEL CONOCIMIENTO EN LOS PROCESOS DE TRANSFORMACIÓN DEL HÁBITAT

Por: Juan Carlos Marín Villegas

Estudiante Maestría en Medio Ambiente y Desarrollo

La crisis ambiental contemporánea, con asentamientos urbanos como principal hábitat del hombre, ya no precisa solamente de soluciones para el tema de la salubridad, como en la ciudad industrial, o de la función o el confort como en la urbe moderna, sino que comprende una necesaria preocupación por las condiciones del medio natural y construido, por la obtención del bienestar humano y por el acceso equitativo a los recursos y a los beneficios obtenidos de ellos. La posibilidad de alcanzar este equilibrio se encuentra basada en las formas de relación ecosistema-cultura. En este sentido, los avances científicos de los últimos años, constructores de una nueva sociedad -la sociedad del conocimiento-, se constituyen como soporte de las nuevas formas de relación social y de transformación productiva del espacio.

Lo ambiental como realidad englobante de las comprendidas en el hábitat, es “el campo de la realidad en el cual se establecen y definen interacciones entre las esferas de la naturaleza y la sociedad” (Fernández, 2000:3). El hábitat humano puede entenderse como un sistema vivo y por lo tanto complejo de interrelaciones, en el que se desarrollan procesos de construcción material y simbólica a distintas escalas, entre las estructuras sociales y las estructuras físicas. Según Fique (2008:120), “Los procesos de apropiación y transformación del medio físico (natural y construido), mediante los cuales se configura un hábitat, tienen un carácter productivo”. La resolución de la interacción sociedad-espacio, entendida de esta manera, es un proceso productivo de hábitat, que según el mismo autor  “es el conjunto de acciones y retroacciones -materiales y simbólicas- desarrolladas en unos contextos específicos, entre numerosos y diversos agentes para el desarrollo o consecución y utilización de los recursos necesarios para la gestión, planeación, producción, distribución, uso, mantenimiento y/o transformación del medio físico.”

Como se advertía, en el hábitat se desarrollan procesos de producción material y simbólica. Simonds (1958), citado por Fique (2008), ya había propuesto distinguir entre, por un lado, una acción humana sobre el medio y, por otro, una acción simbólica sobre el ser humano. El interés del presente documento es analizar, de manera general, algunas de las repercusiones de la configuración de la sociedad del conocimiento en los procesos productivos del hábitat, principalmente en los concernientes a la transformación social del espacio, tomando como caso específico a  la ciudad-región de Manizales.

La sociedad del conocimiento es considerada como la tercera revolución tecnológica del capitalismo. Según Borja y Castells (1997:21), citados por Acebedo (2010), “Las ciudades y sociedades de todo el mundo están experimentando en este fin de siglo XX una profunda transformación histórica cultural. En el centro de dicha transformación se halla una revolución tecnológica, organizada en torno a las tecnologías de información. Basándose en la nueva infraestructura tecnológica, el proceso de globalización de la economía y la comunicación ha cambiado nuestras formas de producir, consumir, gestionar, informar y pensar.”

Las tecnologías de la información y la comunicación estructuran la aparición de la ciudad informacional, interconectada con el resto del mundo para la prestación de servicios, a través de sistemas tecnológicos avanzados, lo que las lleva a asumir roles dentro de las nuevas jerarquías urbanas y metropolitanas. El territorio pierde importancia y sólo se encuentran transformaciones espaciales, procesos productivos materiales de hábitat, en los nodos del sistema informacional. En este sentido, para el caso de Manizales, la posición asumida en los últimos años es la de prestador de servicios informacionales poco avanzados como los call centers, basados principalmente en mano de obra poco calificada y de bajo coste. La oferta de este tipo de servicios se realiza en grandes edificios conectados por redes de comunicación informacional.

Bajo la premisa de la competitividad, otro de los papeles asumidos por la ciudad es el de ser productor de materias primas, basado en los recursos naturales de que dispone el territorio. Para esto se dio prioridad a la construcción de infraestructura física que garantice la concreción de una economía principalmente exportadora (Aero palestina, autopista del café). Todo esto acompañado por el estímulo a la inversión extranjera. Estas políticas descritas se encuentran enmarcadas en la concepción exógena  de la gestión del territorio- hábitat urbano, visión que según Acebedo (2010:25), consiste “en entender la sociedad del conocimiento como un paradigma tecno científico basado en la competitividad y el libre mercado (…)”. Se trata entonces de acciones que no alcanzan a permear los distintos niveles del hábitat y que persiguen la inclusión en el sistema global bajo el cumplimiento de ciertos estándares impuestos como soluciones universales.

Surge entonces otra manera de abordar la sociedad del conocimiento, la visión endógena, fundamentada en “el valor del territorio como objeto y sujeto en la  generación de conocimientos e innovación (…)” Acebedo (2010:25).  Esta concepción reconoce la cooperación en lugar de la competitividad, el aprendizaje colectivo como manera de alcanzar el desarrollo humano, las potencialidades particulares de los territorios así como su autonomía.

La ciudad de Manizales, inmersa en la Ecoregión del Eje Cafetero, posee cualidades que podrían permitir la construcción de procesos productivos de hábitat, enmarcados en la visión endógena como alternativa a la concepción exógena que ha preponderado en su gestión político-económica. El aprovechamiento de las condiciones complementarias de las ciudades y el territorio de la Ecoregión, la articulación de las universidades en los procesos de innovación tecnológica para la resolución de los problemas de la industria local, el uso de las tecnologías de la información y comunicación (TIC’s) para la formación académica de la población, así como la implementación de sistemas de transporte avanzados, pero consecuentes con las condiciones socioculturales de los habitantes, (recordando con esto al fracaso del famoso Sistema de Transporte Integrado de Manizales, “TIM”), son apenas algunas de las políticas que podrían asegurar mejores condiciones de vida para quienes habitan la ciudad, y en todo caso redundar en un mejor tratamiento del medio natural y construido.

Bibliografía

FERNANDEZ, Roberto. (2000). La ciudad Verde. Teoría de la Gestión ambiental urbana. Buenos Aires: Espacio Editorial.

FIQUE, Pinto Luis. (2008). hábitat: hacia un modelo de comprensión. En Pensando en Clave de Hábitat: una búsqueda por algo más que un techo. Pp 102-129. Universidad Nacional de Colombia, Sede Bogotá.

ACEBEDO, Luis Fernando. (2010). El concepto de territorio y el tránsito de la sociedad industrial a la sociedad del conocimiento. En cuadernos de clase nº 01-03, elementos para una teoría del desarrollo territorial. Pp. 10-29. Maestría en desarrollo regional y planificación territorial, Universidad Autónoma de Manizales.