Archivo de la categoría: Patrimonio

Paisaje Cultural Cafetero y patrimonio cultural inmaterial

David Builes 
Sociólogo, Universidad de Antioquia – Sede Medellín
Estudiante Maestría en Hábitat, Universidad Nacional de  Colombia – Sede Manizales

La reciente inclusión de lo que se ha denominado Paisaje Cultural Cafetero (PCC) en la Lista de Patrimonio Mundial de la Organización de las Naciones Unidad para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), propone llamar la atención sobre algunos aspectos que constituyen un importante renglón en las características que le imprimen al PCC su carácter de patrimonio de la humanidad, a saber, aquello que es agrupable bajo el rótulo patrimonio cultural inmaterial o patrimonio cultural intangible.

Esto es particularmente oportuno, si tenemos en cuenta, por un lado, que una parte fundamental del proceso que condujo a la inclusión del PCC en la lista antes mencionada fue la selección de áreas homogéneas o unidades de alta singularidad con arreglo al valor excepcionalidad (Rincón, 2011, p. 8), descompuesto a su vez en atributos como: hábitat humano adaptado, expresiones culturales, tecnologías en la cadena productiva del café, institucionalidad, belleza escénica, entre otros que se considera hacen parte esencial de las unidades que constituyen el PCC; pues estos atributos tienen claros vínculos con las “tradiciones orales, artes del espectáculo, usos sociales, rituales, actos festivos, conocimientos y prácticas relativos a la naturaleza y el universo, y saberes y técnicas vinculados a la artesanía tradicional” (UNESCO, 2012), precisamente aquello que la UNESCO denomina patrimonio cultural inmaterial.

Y, por otro lado, es particularmente oportuno llamar la atención sobre este asunto, en vista de que en la actualidad se están desarrollando esfuerzos que deben conducir a un plan de acción que haga del PCC un sistema sostenible, como el reciente Taller Internacional de Estudios del Paisaje: Los Paisaje Culturales Productivos, eventos que si bien aluden en alguna medida al patrimonio cultural inmaterial del PCC no lo contemplan como un aspecto capital de sus temas de discusión.

La naturaleza de lo que en el PCC puede ser entendido como patrimonio cultural inmaterial, se puede ilustrar mediante la presentación de un par de ejemplos. En primer lugar, vale la pena anotar un asunto que –pese a su vasta magnitud y, entonces, gran importancia– fue casi completamente ignorado en el evento mencionado, realizado en las ciudades de Manizales, Pereira y Armenia, entre los días 30 de Julio y 04 de Agosto de 2012. Se trata de los trabajadores cafeteros, quienes durante muchos años y todavía hoy siguen formando el grupo mayoritario del sector agrícola (Ramírez, 2004, p. 15); específicamente, de la naturaleza de las relaciones laborales que estos han construido en torno a la producción de café en Colombia, particularmente en la zona que ha sido denominada PCC, conformada por 47 municipios de los departamentos de Caldas, Quindío, Risaralda y Valle del Cauca (Saldarriaga, Duis & Arango, 2010, p. 18). La cuestión bien puede abarcar asuntos que van desde un balance sobre las experiencias y procesos agro-industriales previos a la consolidación de la caficultura en la zona, hasta lo que se puede observar en trabajadores específicos en sitios particulares, pasando por una revisión de las formas de tenencia de la tierra destinada a los cultivos, un análisis de los procesos de orden político, social e institucional que afectaron las relaciones laborales de tales trabajadores y una revisión pormenorizada de la fase de tecnificada en el proceso de producción del café, tal como lo hace Renzo Ramírez (2004) en Formación y transformación de la cultura laboral cafetera en el siglo XX.

En segundo lugar, resulta apropiado mencionar una cuestión que se derivada del último punto anotado en el parágrafo anterior. Se trata de las modificaciones que propicia o induce en la vida cotidiana de los trabajadores cafeteros la incorporación de avances técnicos que afectan los procedimientos necesarios para darle al café las características que requiere para entrar en los circuitos de mercado. En 1938 la Federación Nacional de Cafeteros (FNC) creó el Centro Nacional de Investigaciones de Café (Cenicafé). Desde entonces, la tarea de este centro ha sido realizar contribuciones a la generación de tecnologías para promover el mejoramiento de prácticas relacionadas con la producción del café. Con respecto de este propósito, se puede indicar el desarrollo de máquinas e instrumentos como el rastrillo para revolver café en el proceso de secado al sol (Oliveros, López, Sanz & Ramírez, 2006), la paleta plástica para lavar café (Sanz, Oliveros, López, Mejía & Ramírez, 2007) y un sistema de aprovechamiento de la energía calórica generada por estufas usadas en fincas campesinas para el secado del café (Álvarez & Martínez, 2007), entre otros artefactos que cuentan con una característica que los hace muy especiales, a saber: su construcción puede realizarse mediante la adaptación de elementos que es posible conseguir en las fincas cafeteras o en depósitos cercanos a las mismas. Desarrollos de igual naturaleza se les atribuye a diversos diseñadores industriales de la Universidad Católica de Pereira (Gómez, 2011, p. 49). Se trata pues de herramientas que por contar con la cualidad antes señalada se encuentran al alcance de buena parte de quienes están involucrados en la actividad cafetera, con lo cual se convierten en instrumentos que tienen grandes posibilidades de afectar significativamente la concepción que tienen de su entorno los caficultores.

Ya indicado de modo aproximadamente claro qué es aquello que en el PCC puede entenderse como patrimonio cultural inmaterial, vale decir que evidentemente el tipo de objetos que denotan los ejemplos propuestos nutren ampliamente el acervo de cualidades que le imprimen carácter excepcional al PCC; asimismo, vale decir que resulta relativamente evidente que mantener estos temas simplemente como accesorios o cuestiones de fondo en los eventos que promueven la construcción de directrices para la construcción de un PCC sostenible puede acabar por menoscabar la relevancia de una serie de asuntos cuyo potencial, con respecto del propósito que se presume tienen estos eventos, es de magnitud inconmensurable.

Y se afirma que son asuntos con un potencial inconmensurable –básicamente– por dos razones, íntimamente relacionadas: por una parte, el estudio de dichos objetos permite comprender de modo satisfactorio múltiples aspectos de la identidad que los caficultores han desarrollado a lo largo de algo más de un siglo y –¡en esta medida!–, por otra parte, la comprensión de tales aspectos permite desarrollar proyectos que llevarían a la apropiación del PCC por parte de la población caficultora, cuestión que constituye una de las mayores dificultades en el Plan de Manejo del PCC, debido al bajo relevo generacional con que cuenta la actividad cafetera (Ministerio de Cultura – Colombia, 2011, p. 63).

REFERENCIAS

Álvarez, J. & Martínez, D. (2007). Aprovechamiento de la energía calórica de estufas campesinas para el secado del café. Avances Técnicos. Cenicafé, 366, p. 01-08.

Gómez, Y. (2011). La cultura material cafetera… Estado del arte. Arquetipo, 01, 02, p. 39 -53.

Ministerio de Cultura. (2011). Paisaje cultural cafetero. Un paisaje cultural productivo en permanente desarrollo. Colombia: Ministerio de Cultura.

Oliveros, C.; López, U.; Sanz, J. & Ramírez, C. (2006). Nuevo rastrillo para revolver café en proceso de secado al sol. Avances Técnicos. Cenicafé, 346, p. 01-04.

Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco). (2012). ¿Qué es el patrimonio cultural inmaterial? [Documento Online: recuperado 24, agosto, 2012]. http://www.unesco.org/culture/ich/index.php?pg=00002

Ramírez, R. (2004). Formación y transformación de la cultura laboral cafetera en el siglo XX. Colombia: Ministerio de Cultura, La Carreta Editores.

Rincón, F. (2011). Paisaje cultural cafetero. Aspectos técnicos y metodológicos de una experiencia práctica. Boletín Ambiental. Instituto de Estudios Ambientales (IDEA), 98, p. 01-12.

Saldarriaga, C.; Duis, U. & Arango, O. (2010). Paisaje Cultural Cafetero Colombiano. Colombia: Universidad Tecnológica de Pereira, Red Alma Mater – Red de Universidades Públicas del Eje Cafetero, Universidad del Quindío y Centro de Estudios e Investigaciones Regionales (CEIR).

Sanz, J.; Oliveros, C.; López, U.; Mejía C. & Ramírez, C. (2007). Paleta plástica para lavar café con menor esfuerzo. Avances Técnicos. Cenicafé, 361, p. 01-04.

Reflexiones ante la sostenibilidad del PCC posterior a la inclusión en la lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO

Mercedes Cristina León Calderón.

Estudiante Maestría en Hábitat.
UNC Sede Manizales.

Con la realización del Taller Internacional Estudios del Paisaje: Paisajes Culturales Productivos llevado a cabo en el Eje Cafetero (Colombia) del 30 de julio al 4 de agosto de 2012, se establece un punto de partida para analizar las diferentes implicaciones generadas por la inclusión del Paisaje Cultural Cafetero de Colombia en la lista de Patrimonio Mundial de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura –UNESCO–.

A nivel general, a lo largo de la historia de Colombia, el café ha sido uno de los determinantes en el desarrollo geopolítico del país, desde los comienzos en los sembradíos a finales del siglo XIX y la expansión de los cultivos a lo largo de la región andina, de la mano de los procesos de colonización (Estrada, 2011, p. 282), pasando por las manos de los pequeños productores, hasta su consolidación como producto protagonista de la economía nacional.—

Lo anterior ha llevado a que el café no sólo deje huella a nivel económico, sino en una diversidad de ambientes entre los que se puede contar incluso los cambios en el territorio, es decir, en el paisaje, la sociedad y su cultura, como se muestra más adelante. A partir de las relaciones entre el café y estos factores, se realiza una reflexión acerca del Paisaje Cultural Cafetero –PCC–, particularmente en lo relacionado con su sostenibilidad. Entendida esta última de manera holística y en el sentido de que este pueda mantenerse o sostenerse por sí mismo.

Café y  Paisaje

Cuando se habla de ‘paisaje’, se debe comenzar por dar una definición clara del mismo. Según la Real Academia de la Lengua Española –RAE– (2001), paisaje significa “extensión de terreno que se ve desde un sitio”. Según se considera, aquí está la clave de la sostenibilidad, porque para poder llegar a ver ese paisaje, no se puede pasar por encima de las características ambientales propias que lo determinan como ecosistema cafetero. Este es el punto crítico, es decir, donde se deben centrar las políticas y medidas que garanticen la sostenibilidad del mismo.

Si se habla de los requerimientos climáticos que tiene el cafeto (Coffea Arabica), hay que considerar que originalmente este viene de zonas que tienen altitud entre 1600 y 2000 metros, con temperaturas en un rango que va de 18 a 22°C. Su consumo de agua es de 125 mm/mes (Jaramillo, 2005, p. 150). Con respecto a esto se advierte una gran falla, ya que no se han considerado unos planes de ordenamiento del territorio cafetero que actúen como un instrumento que dé las pautas que permitan dar una disposición ambiental y estratégica a los cultivos, de tal manera que sean ubicados en terrenos con condiciones optimas para su desarrollo. Lo anterior basado en casos como el de Aerocafé, dispuesto en una zona en la que se deben replantear los procesos agrícolas y productivos basados en el impacto que tendrán los ecosistemas (Duque, 2009, p.3).

Franjas de Cultivos. Chinchiná. La Esmeralda. Fuente: León, 2012.

De esta forma se puede evitar que, por ejemplo, se construya en terrenos que tengan suelos para el sembrado del cafeto o, en sentido opuesto, que se cultive en zonas donde el suelo no tiene la calidad de nutrientes para obtener un buen fruto, suelos no pocas veces más aptos para la construcción. Así mismo, tales pautas pueden tener en consideración también la tala de árboles, ya que se ha comprobado que el sombrío es de alta influencia en la plantación (Botero, 2012).

Cafetal sin sombrío. Manizales. Vereda la Trinidad. Fuente: León, 2012.

En algunos de los casos expuestos, se deben implementar penalidades pedagógicas a los que no cumplan con estas pautas, de tal forma que se asegure un desarrollo de café de calidad, desde su cultivo, además de su producto, como lo es en la actualidad (Ponte, 2003, p. 131).

En consecuencia, surge una preocupación en cuanto a la carencia de una propuesta concisa que considere normativas ambientales que sean lo suficientemente fuertes y solidas en su implementación, para que ayuden en la conservación ambiental del entorno cafetero.

Café y  Sociedad

A través del tiempo, la influencia de los cultivos de café en la sociedad ha tenido fluctuaciones basadas en la productividad y los precios del grano, dándole de esta manera el impulso económico para el desarrollo de un territorio. Existen casos de poblados en los que el café fue el motor agrícola del progreso, a pasar a ser poblaciones que se encuentran estancadas desde un punto de vista económico en la actualidad. Es el caso de municipios como el Líbano, en el Departamento del Tolima, que fue directamente beneficiado por la llegada de la bonanza cafetera, pero que en la actualidad se encuentra estancado en cuanto al desarrollo y la infraestructura urbana, construida desde esa época. (Millán y Rodríguez. 2004, p.31)

Este comportamiento se ve plasmado en las transformaciones que tiene cada una de las poblaciones, caso que es muy recurrente, al observar algunos poblados en el Eje Cafetero y Norte del Valle, pues es posible ver que tienen edificios y elementos de infraestructura urbana que no han tenido cambios desde mediados del siglo XX (Valencia, 1996, p. 281); época en la que hubo un boom en la productividad, en el precio y en la cantidad de exportaciones; por lo cual, además de los beneficios directos hacia los productores, también las instituciones gubernamentales municipales recibieron regalías del Estado, de tal manera que se construyeron obras para equipamiento urbano. Sin embargo, años después, en el momento en que los precios cambiaron, todo este impulso fue frenado. De allí que se encuentren actualmente poblaciones que tienen, por ejemplo, grandes colegios, hospitales e incluso centros deportivos, de la mano de toda la infraestructura para la comercialización del café (trilladoras, bodegas, etc.) y la presencia de instituciones como la Federación Nacional de cafeteros, Comité de Cafeteros, Almacafé, entre otros; pero que ya no reciben la cantidad de producción necesaria para aprovechar al máximo este tipo de infraestructura o, en algunos casos, para soportar la demanda en el mercado.

Esto último, pone una reflexión sobre la mesa, a saber: ante el proceder de las instituciones, aunque dieron un bienestar a la sociedad, no alcanzaron a generar un plan integral que impulsara ese motor, dejándolo depender casi de las implicaciones económicas que conllevaba la producción cafetera, es decir, aunque hubo unos planes de acción social que incluyeron los diferentes actores implicados en el proceso cafetero, no fueron suficientemente potentes, de tal forma que tuviesen un impacto real en la conciencia de los futuros caficultores, a diferencia de los primeros cultivadores que lo hacían con convicción (Nieto, 1949: p. 66).

Café y  Cultura

La relación entre café y cultura, particularmente importante en este pequeño texto, no sólo hay que mirarlo desde el icono que quieren vender a la sociedad, es decir, no es sólo la imagen de Juan Valdez, sino a través de ese telón de fondo que constituyen los actores que se ven implicados en el proceso, por su participación cultural en la construcción del paisaje, es decir, en la forma en que generan su propia identidad, a partir de todas sus interacciones, considerando sus vivencias, costumbres, vestimenta, hábitat y arquitectura, entre otros.

Así, a continuación de establecer la valoración señalada, es preciso realizar campañas que permitan la introducción de procesos educativos, de tal manera que las nuevas generaciones y las ya existentes, ayuden a preservar el patrimonio, su propio entorno, con el fin de que lleguen a valorar su propio quehacer, pues esto permitiría que actualmente los hijos de esos caficultores, de los comercializadores e incluso de los exportadores, valoraran sus territorios y quisieran seguir cultivando, comercializando y exportando, con sentido de pertenencia del producto. Cuestión contraria a la realidad que se presenta hoy en día, es decir: la migración cultural: por ejemplo, el hijo del caficultor que busca ir hacia la ciudad o el hijo del exportador, a falta de interés, va en busca de otros países y otros mercados muy distantes al ámbito que había sido primordial para sus padres.

En Vías a la Sostenibilidad del PCC

Recogiendo los tres aspectos enunciados: café y paisaje, café y sociedad, y café y cultura, se procede entonces a analizarlos de manera integrada. Tal como lo asegura Ojeda (2012):

hay que considerar también que el paisaje está compuesto por una serie de realidades complejas en las que convergen: elementos naturales, ordenados históricamente en un territorio determinado, representados o simbolizados por la sociedad.

En el momento en que se tiene esta visión holística, es cuando instituciones gubernamentales y académicas pueden trabajar en pro de ese producto, creando programas o planes que permitan trabajar mancomunadamente la conservación y gestión del paisaje, como parte de un sistema de piezas ensambladas de tal forma  que pueda llegar a ser sostenible por sí mismo.

Para finalizar, además de realizar las reflexiones sobre el tema, son múltiples los retos que quedan ante la inclusión del Paisaje Cultural Cafetero en la Lista del Patrimonio Mundial, ya que a largo plazo,  puede llegar a verse desde una utilidad turística, más que hacia una verdadera preocupación, que permita generar un plan integral del manejo del paisaje y la cultura cafetera ante la práctica real de la labor cotidiana de los caficultores y, con esto, llegar a ser un beneficio directo para la sostenibilidad del mismo.

REFERENCIAS

Botero, J. (2012). Biología de la Conservación. Conferencia presentada en: Taller Internacional de Estudios del Paisaje. Paisajes Culturales Productivos. (01: 30 de Julio – 04 de Agosto).

Duque, G. (2009). Elementos para la visión prospectiva de Aerocafé. [Documento online].http://www.bdigital.unal.edu.co/1597/1/gonzaloduqueescobar.20092. pdf

Estrada, F. (2011). Por los senderos del café. La bebida del diablo: historia económica y política del café en Colombia. Revista Credencial Historia, 261.

Jaramillo, Á. (2005). Clima Andino y Café en Colombia. Colombia, Chinchina: Cenicafé.

Millán, G. Rodríguez, L .(2004). Valoración e intervención del centro tradicional del Líbano Tolima. Tesis para optar al título de arquitecta. Universidad Nacional de Colombia – Sede Manizales.

Nieto, L. (1949). El café en la sociedad colombiana. Bogotá. El Áncora Editores.

Ojeda, J. (2012). Leer, valorar, patrimonializar los paisajes cotidianos (Métodos de Aproximación). Conferencia presentada en: Taller Internacional de Estudios del Paisaje. Paisajes Culturales Productivos. (01: 30 de Julio – 04 de Agosto).

Ponte, S. (2003). Normas, Comercio y Equidad: Lecciones de la Industria de los cafés especiales. Revista ensayos sobre economía cafetera, 16, 19, p. 131-140.

Real Academia de la Lengua Española –RAE–. (2001). Entrada para el término ‘paisaje’. [Documento Online]. http://lema.rae.es/drae/?val=paisaje

Valencia, A. (1996). Vida Cotidiana y desarrollo regional en la colonización Antioqueña. Colombia, Manizales: Centro Editorial Universidad de Caldas.

Minientrada

Por: Alejandra Marin Foto 1: Platanal y café, ilustra los policultivos de la caficultura, en municipio de Quinchía- Risaralda. 2008 A pesar de las escasas referencias normativas al tema paisaje, las múltiples implicaciones de los paisajes culturales[i], hacen que en … Sigue leyendo

Las comunidades son protectoras potenciales del patrimonio que se construye a partir de un territorio

Gonzalo Zuluaga López.

Arquitecto, Especialista en Gerencia de Proyectos.
Estudiante de la Maestría en Medio Ambiente y Desarrollo, Universidad Nacional de Colombia, Sede Manizales.

Las comunidades se relacionan y comunican a través de elementos que conforman el paisaje y los hacen a la vez afines a su territorio,  de esta manera se conectan internamente logrando que todos sus miembros alcancen una simbiosis que les permite construir un tejido social común. Gómez Álzate  (2010:96), en este sentido anota:

“  En la formación del paisaje, la cultura es el agente, el paisaje natural es el medio, y el paisaje cultural el resultado. Al referirse a los ambientes naturales y culturales interrelacionados, considerados como conjunto, dentro de los cuales el ser humano habita, Mumford habla acerca de la necesidad del ser humano como organismo, y define que su  medio ambiente es la cultura y su cultura se convierte en su medio ambiente”.

Ese tejido se acrecienta, se fortalece y logra permanecer en el tiempo porque se alimenta a diario del  sentido de pertenencia que esa comunidad siente por el territorio donde se asientan sus legados y tradiciones.

El sentido de pertenencia y ese significado de coherencia social que han alcanzado, quienes hoy habitan la región cafetera de Colombia, a partir de cosas que hacen parte de la cotidianidad, como la palabra, el folclor, la comida, como cultivar la tierra  o la manera de habitar, que se experimentan continuamente en el territorio y fortalecen acciones inconscientes de reconocimiento social que potencialmente los convierten en protectores del legado y mas que salvaguardar involuntariamente una tradición, se apropian del sentido de esos elementos para fortalecer sus lazos como comunidad. De esta manera entendemos lo indicado por Lynch (1992:120) al señalar “ las imágenes ambientales son estructuras organizadas de reconocimiento y relación. También están impregnadas con significado, sentimiento y valor”.

Vereda La paz (Chinchiná, Caldas) 2012. Autor: Gonzalo Zuluaga L.

Las comunidades, como las del “café”, que se originaron y que  han crecido y ocupado un territorio, en torno a un monocultivo como el del café, son potenciales protectoras del patrimonio que se construye desde el territorio, porque entienden inconscientemente, que su riqueza, no está en el café mismo, sino que está presente a diario en eso que es intangible, pero que a la vez,  es el medio  para hacerse a bienes y propiedades, que  se acrecientan, a partir del conocimiento y transferencia de tradiciones entre generaciones.

Se reconoce en el cultivo del café el motor de  la ocupación que del territorio se ha hecho. Desde que se inició la migración que dio origen a lo que hoy denominamos como colonización Antioqueña, vemos que este  territorio por la misma apropiación que de él se hizo, lo reconocemos como territorio del café, por encima de cualquier consideración de tipo cultural o antropológico, como puede suponerse para reconocer cualquier medio natural en el mundo. Se debe resaltar que ese territorio se mantiene vivo,  gracias a la fortaleza de la estructura social del pueblo que se conformó en torno al cultivo del café.

Por medio de esa herencia intangible que se ha legado, se han  podido construir a medida que avanzan las generaciones, mejores moradas que las que conocieron sus antepasados, hoy se  cosecha la  misma tierra, pero de mejor manera y se extrae de ella nuevos cultivos y mejores o más abundantes frutos.

La más efímera noción de desarrollo se funda en principios de conocimiento en lo ya experimentado por sociedades predecesoras, esas mismas son las que han dejado una historia y han legado un patrimonio, sobre el cual se cimenta el desarrollo del presente y la estabilidad del futuro, y en sí mismo estos conceptos que se traducen en la supervivencia y el mejor vivir, confrontan la idea inequívoca que los pueblos que se han construido en la región cafetera de Caldas, Quindío y Risaralda, serán por antonomasia, enclaves comprometidos con la protección de su legado y del patrimonio que se construye como estandarte de una raza.

El sentido más simple de conservación, el cual en su idea más primaria alude a la supervivencia, que no olvidemos, fue el eje de la premisa colonizadora de los pobladores que viniendo de Antioquia,  como lo anota Parsons (1997:24), “ el pueblo que hoy, cometiendo una herejía etnológica se llama así mismo la raza antioqueña”, se internó en estas tierras cuando aún eran montañas selváticas, explica porque el hombre y esta comunidad en especial, siempre abogara por la conservación de la vida y en este mismo sentido son protectoras del patrimonio, porque en él, además de encontrar el conocimiento,  encuentran el abrigo y potencian su confort, e implícitamente sienten que a partir del patrimonio construyen más y mejores los medios con los cuales garantizan su vida futura para propios y herederos.

Vereda La paz (Chinchiná, Caldas) 2012. Autor: Gonzalo Zuluaga L.

Proteger el patrimonio, no solo alberga el concepto de que los bienes tanto materiales – como la casa de la finca – o inmateriales – como el conocimiento del cultivo del café- alcancen el estatismo en el tiempo, si no, por el contrario, deben aludir a las acciones que adelanta esta comunidad, ya sea conscientemente  o por necesidad, para preservar el patrimonio vivo en la vida de ellos.

Las comunidades son potenciales protectoras del patrimonio, cuando su manera de vivir o la realización de acciones en pro de la comunidad, permiten que el lenguaje y que por medio de este, la tradición oral y con la riqueza de la palabra, se transmitan saberes y dones propios de esa misma comunidad, este concepto se ve valorado por Rivera (2010:7) cuando dice “Ello será muy importante porque desde estos momentos el concepto de Patrimonio se enriquece de manera notable al introducir ya no solo las arquitecturas menores de las que había hablado y escrito Gustavo Giovannoni en el primer tercio del siglo XX sino también las arquitecturas sin arquitecto ni maestro constructor, obras de entidad básica de las localidades con una historia doméstica fundada sobre todo en la transmisión oral”. Así pues los pueblos serán más ricos en relación con la capacidad de transmitir y  adaptar los saberes y el conocimiento ya aprendidos aunque ello implique  lo que ya desde antaño se conocía, de las condiciones de transitoriedad que se le atribuían al cultivo del café, como lo anota Parsons (1997:226), cuando hace referencia a:

“Mariano Ospina Rodríguez, reconoció el problema de la erosión en su opúsculo de 1880, el cultivo del café cuando escribió: El café crece y fructifica también en terrenos de un declive muy rápido, pero la plantación no puede ser de mucha duración, porque habiendo necesidad de mantener desnudo de yerbas y malezas el terreno, las copiosas lluvias tropicales arrastran la tierra y desarraigan los arboles”.

El patrimonio será potencial  agente de interés de una comunidad, en virtud de las capacidades o bienes que los individuos que conforman esa comunidad pueden lucrarse de él. Lamentablemente, no todos los elementos patrimoniales con los que cuenta una comunidad son potencialmente  “protegibles”, por ella misma, ya que esta comunidad está conformada por individuos  que en principio hacen parte de la naturaleza y como tales, se comportan bajo las premisas que se dictan desde la óptica de las necesidades del principio de conservación y bajo el principio de vida de esta premisas, todos los seres  que conforman esta comunidad, como cualquier ser vivo, sacrificará el legado y sus tradiciones para garantizarse un mejor vivir.

Lo potencialmente protegible es todo aquello que permitirá a la comunidad alcanzar mejores estándares de vida o aumentar sus bienes, la comunidad protegerá y conservará de su patrimonio todo aquello que por sus valores o características de preservación para la especie le sean necesarios, en caso contrario actuará sobre ese patrimonio tanto tangible, como intangible, material o inmaterial, natural o cultural como animal rapaz que obtendrá de él lo mejor que pueda obtener o en caso contrario, lo dejará a un lado porque entenderá que en las  entrañas de ese elemento que ayudó a construir el territorio, no encuentra el alimento que le permita preservar su vida.

En este orden de ideas es sustancial la advertencia y desde allí, la protección que se pueda estructurar desde la perspectiva de la declaratoria de este territorio que construido desde el motor del desarrollo del café, impregnó una característica única, que lo hace merecedor de distinciones  y como claramente lo anotan Sanz, Molina y López (579:2004) al indicar que “el reconocimiento de los paisajes como elementos del patrimonio mundial, constituye una oportunidad para algunos paisajes rurales de valor excepcional que, tras una larga  trayectoria histórica y productiva, se encuentran hoy amenazados por el abandono de sus funciones tradicionales o la sustitución de las mismas por funciones nuevas que compiten con las anteriores sobre el mismo territorio”.

Referencia bibliográfica.

Lynch, Kevin. Administración del paisaje, Editorial Norma, Bogotá, 1992.

Parsons, James. La colonización antioqueña en el occidente de Colombia, Banco de la Republica, El Áncora editores, Bogotá 1997.

Rivera Blanco, Javier, Paisaje y patrimonio, Escuela T. S. de Arquitectura y Geodesia, Universidad de Alca alá, España. Tomado de: http://www.todopatrimonio.com/pdf/cicop2010/06_Actas_Cicop2010.pdf, 2010.Fecha de consulta: agosto 19 de 2012.

Gómez Álzate, Adriana. El paisaje como patrimonio cultural, ambiental y productivo, Revista KEPES, Año 7 No. 6, , págs. 91-106, enero-diciembre de 2010.

Concepción Sanz, Herráiz. Patrimonio cultural y medio ambiental en paisajes rurales. Universidad Autónoma de Madrid, Madrid 2004.

Lugares comunes y lugares inéditos del Paisaje Cultural Cafetero

Por Diego Echeverry Rengifo

Profesional en Gestión Cultural y Comunicativa. Productor  y Realizador Audiovisual. Estudiante Maestría en Hábitat,Universidad Nacional de Colombia Sede Manizales.  Sigue leyendo

Sobre la Sostenibilidad del Paisaje Cultural Cafetero -Algunas reflexiones en torno a la dinámica de los sistemas sociales y los paisajes culturales-

Inventar el hombre es, inventar al porvenir. E inventar el porvenir es inventar nuevas formas de vida a partir de la comprensión de nuestros paisajes. La imaginación de los paisajes es, por ello, el dominio por excelencia de la planificación de los paisajes, esto es, de la planificación del futuro

Pierre Dansereau[1]

Juan David Céspedes Restrepo
Administrador Ambiental
Estudiante Maestría en Hábitat
Universidad Nacional de Colombia -Sede Manizales-
 

Panoramica del PCC hacia el valle del Cocora -Salento-.
Juan David Céspedes, 2011

 El creciente interés frente a los temas de desarrollo regional que ha despertado el territorio conformado por cuarenta y siete municipios que hacen parte de los departamentos de Caldas, Risaralda, Quindío y Norte del Valle; y que hoy, gracias al reconocimiento de la UNESCO ha sido declarado patrimonio mundial de la humanidad[2], representa una oportunidad estratégica de reformular  los procesos de configuración que le han dado origen, como vía para la construcción colectiva de un modelo territorial endógeno, nacido a partir de las características sociales, económicas, culturales, y biofísicas propias del contexto. Este hecho resulta irrefutable no sólo al interior de los escenarios académicos de reflexión/discusión y los espacios institucionales que impulsaron su reconocimiento por parte de la UNESCO, sino también dentro de la comunidad cafetera, y en menor medida, en algunos grupos de personas que día a día, siguen participando en la construcción de este territorio.

El cultivo del café, que según el Centro de Estudios Regionales Cafeteros y Empresariales -CRECE- tuvo su inició hace aproximadamente 150 años[3] [2005. citado por Pinzón y Gil, 2011. p. 115], trazó la forma y función de las laderas en el territorio mediante el desarrollo de mecanismos propios de producción adaptados a la morfología y características únicas del mismo. La identidad creada con base en este proceso productivo ha tenido desde entonces el reconocimiento tácito de la tradición cafetera como elemento central del paisaje y determinante de las relaciones entre el territorio y sus habitantes. Las practicas e imaginarios en torno al proceso productivo del café, han adquirido luego de la declaratoria de la UNESCO una importancia especial como ejes articuladores tanto de las políticas de ordenamiento territorial, como también de los procesos regionales de desarrollo.

Finca Cafetera -Alcalá-.
Juan David Céspedes, 2008

No obstante pese a las fortalezas presentes en el territorio (representadas no sólo por el reconocimiento de la UNESCO y el interés gubernamental que despertó; sino también por atributos como el atractivo turístico, la complementariedad funcional entre las capitales de los departamentos que lo conforman, entre otros), existen al interior de mismo situaciones que amenazan su capacidad de consolidarse regionalmente de manera sostenible. Información socioeconómica, como la que aporta el Índice de Desarrollo Humano y el Índice de Calidad de Vida, revelan que durante la última década no se han presentado incrementos significativos en el mejoramiento de las condiciones de vida de los habitantes de la región (Red Alma Mater, Universidad Tecnológica de Pereira, 2011) [4].

Esta situación, que a simple vista aparece como un problema de poca relevancia, es particularmente importante en términos de la sostenibilidad del Paisaje Cultural Cafetero, ya que en principio los paisajes culturales son como menciona Saver [1925. Citado por Rincón, 2011. p.3]: “El resultado de la acción de un grupo social sobre un paisaje natural (…) allí la cultura es el agente, lo natural el medio, y el paisaje cultural el resultado”. Esta afirmación implica por tanto, que las afectaciones en los sistemas sociales que hacen parte del territorio de un paisaje cultural, se encuentran relacionadas de manera íntima con éste, lo que se traduce en impactos directos sobre las condiciones del paisaje en sí, y sobre su patrimonio histórico y cultural. De acuerdo a esta hipótesis, los procesos encaminados a su conservación y fortalecimiento precisan como menciona Rincón (2011), la preeminencia de las dimensiones sociocultural e histórica, articuladas en pro de que las condiciones humanas, el uso de los recursos y la capacidad de carga se puedan mantener a perpetuidad.

Este hecho es principalmente importante, y exige ser revisado a profundidad, dado que un gran número de procesos sociales se abordan únicamente desde los elementos económicos que los configuran, lo que da lugar a intervenciones centradas en el crecimiento económico, pero que desconocen los imaginarios sociales y la cultura que configura la relación entre los grupos humanos y el territorio que habitan. Este tipo de procesos “desarrollistas[5] impiden la preservación de los valores culturales y se oponen incluso al carácter natural de la economía en sí, la cual de acuerdo con Nicholas Georgescu-Roegen [1971; citado por Toledo, 2006. p.7], tiene por objeto “contribuir a la creación de un bien inmaterial: La felicidad Humana (…); sin el reconocimiento de este hecho y sin la introducción del concepto de alegría de vivir en nuestro instrumental analítico, no podremos descubrir nunca la fuente real del valor económico, que es el valor que la vida tiene para cada ser vivo”.

Sistema Productivo en una Finca Cafetera -Alcalá-.
Juan David Céspedes, 2008

Los procesos de fortalecimiento y consolidación para la sostenibilidad del Paisaje Cultural Cafetero, no deben por tanto ser abordados unidimensionalmente a partir del discurso “desarrollista” ni a través de la formulación de estructuras territoriales rígidas. Por el contrario dada la importancia de los sistemas sociales humanos, es preciso comprender que la aproximación a éstos no puede realizarse de manera estática o lineal debido al dinamismo y la alta complejidad que los caracteriza (Maldonado, 2003).

Para el caso específico del Paisaje Cultural Cafetero, la complejidad mencionada anteriormente es incluso mayor como consecuencia de la escala espacial del mismo. Este aspecto debe ser igualmente considerado con cuidado para poder identificar situaciones que pongan en riesgo la sostenibilidad del territorio, ya que como explican Rodriguez y Osorio (2008) “es grande el número de amenazas que pueden afectar a un paisaje cultural demasiado extenso”, y éstas, aunque se centran en los factores sociales que determinan la posibilidad de preservación de su identidad, también se relacionan en menor medida con la sostenibilidad de los recursos naturales de base, y las vías para su manejo. Este hecho, pone en evidencia también como explica Edgar Morin [2002. citado por Toledo, 2006], la realidad antroposocial de los sistemas naturales y la realidad biofísica de los sistemas culturales como un complejo entramado de relaciones de doble vía.

Es por estas razones que el fortalecimiento regional sostenible del Paisaje Cultural Cafetero necesariamente debe partir de la resignificación de los habitantes que lo han configurado a lo largo del tiempo, especialmente aquellos que se encuentran relacionados de manera directa con la tradición cafetera. Esta resignificación debe partir del contexto e incluir entre otros elementos la reivindicación de las economías locales y regionales en torno al café -entendidas estas economías desde la búsqueda del bienestar y la plenitud-, por medio de la acción estratégica centrada en las relaciones de doble vía entre los sistemas sociales y las funciones naturales del territorio. Adicionalmente, se debe recordar que la complejidad implica por sí misma dinamismo, lo que significa en términos del territorio cafetero, flexibilidad en las estructuras, las formas y las funciones del paisaje; y se opone a condiciones y relaciones regionales estáticas.

Bibliografía

Maldonado, Carlos Eduardo. (2003). Marco Teórico del Trabajo en Ciencias de la Complejidad y Siete Tesis Sobre la Complejidad [Versión digital .pdf]. Revista Colombiana de Filosofía de la Ciencia, Vol 4, No. 8-9. pp. 139-154. Recuperado el 14 de agosto de 2012; Redalyc, Red de Revistas Científicas de América Latina y el Caribe, España y Portugal:
http://redalyc.uaemex.mx/redalyc/src/inicio/ArtPdfRed.jsp?iCve=41400904
 
Pinzón, Gustavo. Gil, Luis Carlos. (2011). El Paisaje Cultural cafetero en el contexto de la Ley Orgánica de Ordenamiento Territorial. Revista La Redvista; No.2 Enero-Junio de 2011. pp. 107-119. Sello Editorial Alma Mater; Pereira.
 
Red Alma Mater. Universidad Tecnológica de Pereira. (2011). Línea de Base de la Ecorregión Eje Cafetero. Pereira: Universidad Tecnológica de Pereira.
 
Rincón, Fabio. (2011).Paisaje Cultural Cafetero: Aspectos Teóricos y Metodológicos de una Experiencia Práctica. Boletín Ambiental del Instituto de Estudios Ambientales -IDEA-. No. 98, Julio de 2011. Universidad Nacional de Colombia Sede Manizales; Manizales.
 
Rodriguez, Diana María. Osorio, Jorge Enrique. (2008). Sistema Patrimonial Paisaje Cultural Cafetero Modelo cartográfico para la delimitación de la zona principal y buffer. [Versión Digital .pdf]. Jorge Enrique Osorio y Alvaro Acevedo (Ed.), Paisaje Cultural Cafetero –Risaralda- Colombia (1era. ed., pp.23-69). Pereira: Universidad Católica Popular del Risaralda: Universidad Tecnológica de Pereira. Recuperado el 15 de agosto de 2012; Red Alma Mater, página web oficial:
http://www.almamater.edu.co/sitio/Archivos/Documentos/Documentos/00000065.pdf
 
Toledo, Alejandro. (2006). Hacia una Nueva visión de la Relaciones entre el Agua, el Hombre y el Paisaje [Versión digital .pdf]. Gaceta Ecológica- Instituto Nacional de Ecología, No. 078. pp. 5-10. Recuperado el 10 de agosto de 2012; Redalyc, Red de Revistas Científicas de América Latina y el Caribe, España y Portugal:
http://redalyc.uaemex.mx/redalyc/src/inicio/ArtPdfRed.jsp?iCve=530907801

[1] En Toledo, 2006. p.9
 
[2] El territorio fue declarado patrimonio bajo la denominación de Paisaje Cultural Cafetero.
 
[3] Según la información aportada por este estudio, las primeras plantaciones de café comerciales en el área del paisaje cultural cafetero fueron establecidas entre 1861 y 1865.
 
[4] Para los Departamentos que conforman el Paisaje Cultural Cafetero el Índice de Desarrollo Humano [IDH] se encuentra cerca del 0,77 y el Índice de Calidad de Vida presenta un valor promedio de 80.
 
[5] El autor utiliza el término con fines de describir los procesos de desarrollo de naturaleza hegemónica que niegan las características propias del contexto y que se centran únicamente en el crecimiento económico. El término parte del discurso de desarrollo expuesto por Lauchlin Currie en el informe Operación Colombia (1960).
 

Los arboles no nos dejan ver el bosque: El Paisaje cultural cafetero

Por Williams Gilberto Jiménez García                                    Administrador Ambiental. Universidad Tecnológica de Pereira Estudiante Maestría en Hábitat. Universidad Nacional de Colombia

A un año de la declaratoria del Paisaje Cultural Cafetero (PCC) por parte de la UNESCO, es necesario detenerse a re-pensar los alcances, retos y oportunidades que ofrece la declaratoria en pro de la configuración misma del territorio objeto de análisis, en este caso la ecorregión cafetera de Colombia. Por tal motivo, es importante realizar una descripción del café desde el contexto ambiental, seguido de lo que significa el PCC y las propuestas que se pueden desarrollar a partir del objetivo de conservar el patrimonio material e inmaterial de la ecorregión cafetera colombiana.

 El café una marca de identidad en momentos de crisis

El café configuró y permitió el crecimiento económico de la zona centro-occidental de Colombia (ecorregión cafetera), conformada, según ALMA MATER (2010) por 47 municipios de los departamentos de Caldas, Quindío, Risaralda y norte del Valle del Cauca, que por sus condiciones bioclimáticas y la cultura campesina permitieron el establecimiento del cultivo, hace más de cien años desde su implantación en el oriente del país y la primera exportación del grano, hasta las consecuentes “bonanzas y crisis” en el mercado interno y externo.

El café en esta zona del país, se presentó, según Duque y Rodríguez (2009) “en los inicios de siglo como un policultivo agroforestal” con una alta diversidad biológica propia de las zonas tropicales. Este sistema agrícola permitió, en un principio, una “convivencia armónica” de la selva tropical propia de los valles interandinos de Suramérica con la organización familiar, es decir, se establecía –para ese entonces- una interpretación entre el acervo cultural de los campesinos, el cultivo y el ecosistema, generando así, un escenario que favorecía la biodiversidad.

El marco del paisaje cultural cafetero en Quimbaya, Quindío

El marco del paisaje cultural cafetero en Quimbaya, Quindío. Fuente: Jiménez, 2007

Varios hechos cambiaron la dinámica de relación de los campesinos cafeteros con su ecosistema: el primer hecho es la idea de comercialización del producto, de hecho necesaria, ya que el café no es un producto agrícola que aporte a la nutrición de las familias; el segundo hecho, es el surgimiento de la Federación Nacional de Cafeteros (FNC) como propuesta organizativa del sector cafetero, que generó todo un cambio tecnológico y cultural (hasta burocrático) en la cadena productiva del café; el tercero, es la apertura del país –con sus tropiezos y aciertos- al comercio internacional; y por ultimo la prolongada situación de orden público de esta zona del país, que pasó de ser escenario de conflicto de las guerras liberales-conservadores, las guerrillas-paramilitares-estado colombiano y el narcotráfico.

La combinación de las anteriores circunstancias con factores ambientales como el cambio climático, la pérdida de suelos producto de la sobrexplotación agrícola, la contaminación de fuentes hídricas, la perdida de bosques, la ganadería extensiva y la pobreza han generado un escenario que atenta contra la sustentabilidad del modelo agrícola cafetero, el cual cabe mencionar se ha basado en la micropropiedad, la subsidiariedad y los valores tradicionales a la escala de la familia campesina.

Prácticas agrícolas inadecuadas en el paisaje cultural cafetero, Filandia, Quindío. Fuente: Jiménez, 2007

El café ha influido de manera directa en el desarrollo de la ecorregión cafetera de Colombia, en tiempos anteriores representó una cruzada, según Duque(2012) contra la pobreza y la inequidad, la exclusión y la marginalidad; por su parte en tiempos de crisis cafetera (como ocurre en la actualidad) ha fomentado el desempleo, la migración, la pobreza y hasta la violencia.

Por tal motivo, es preponderante la acción de instrumentos políticos y académicos que permitan de manera racional conservar parte del patrimonio cultural material e inmaterial, legado de varias generaciones de cafeteros. En este escenario y luego de una década de investigaciones, nace la idea de volver patrimonio este territorio y darle una marca de identidad en respuesta a la crisis, conocida como Paisaje Cultural Cafetero.

El Paisaje Cultural Cafetero

Los esfuerzos por generar conceptos claros y precisos acerca de asuntos polisémicos y etéreos como el paisaje, ha hecho que éste como concepto pierda claridad y se simplifique; a pesar de su importancia en la vida del hombre, se ha perdido el sustento del mismo y se ha reducido a  un “supuesto”, que es usado en el lenguaje común y, a veces de manera inapropiada. Para el presente escrito, se puede decir que el paisaje es una construcción social resultado de la acción del hombre en un territorio concreto, según Delgado y Ojeda (2009) “es un producto complejo que se construye lentamente con dinámicas especificas e interrelacionadas de carácter natural, social y cultural”.

El paisaje, según Pinzón (2010) “tiene unas características únicas por la intervención del trabajo humano, que en el caso de la región del eje cafetero colombiano, es una obra colectiva en la que predomina la cultura de la colonización antioqueña que trajo consigo el cultivo del café”. Estas características están representadas en los procesos de selección de semilla, germinadores, siembra, cuidado en el crecimiento de la planta, recolección del fruto, procesamiento del fruto, transporte, comercialización del grano y consumo del mismo, además de las formas de la crianza y reproducibilidad de las familias, el trabajo familiar, las relaciones sociales y de poder, los mitos y leyendas cafeteras, las costumbres, la gastronomía, la arquitectura y la escala de valores cafeteros.

En medio del café. Circasia, Quindío. Fuente: Jiménez, 2007

Teniendo en cuenta lo anterior, el paisaje según Delgado y Ojeda (2007) se carga de un cumulo de saberes vivenciales y emocionales, que en el caso del PCC hablan de la forma de contemplar y sentir el mundo que expresan y transmiten identidad, tristeza, placer, nostalgia o rechazo, a la vez que genera lucro económico, subsistencia, recreo y seguridad, en otras palabras condiciona la creación del hábitat de sus pobladores.

El café se ha convertido en la identidad de una región y de un país de regiones, es el “logo comercial” por el que Colombia es reconocido ante el mundo; gracias al cultivo del café se han educado miles de colombianos, se han construido cientos de kilómetros de carreteras, se ha aumentado el PIB de la nación por muchos años, se han constituidos cientos de centros poblados y tres ciudades capitales departamentales; y es precisamente el café, el detonador de las principales problemáticas sociales en el país.

La declaratoria del PCC representa una oportunidad de visibilizar ante Colombia y el mundo el carácter del paisaje de esta zona del país y las serias problemáticas que afrontan las 500.000 familias que viven de este cultivo, así mismo, puede ser un “salvavidas” para reactivar, según Duque (2012) la actual recesión de la economía rural cafetera; y además puede representar un oportunidad para repensar y revaluar los modelos de transformación agrícola del territorio y las relaciones humanas, según Duque y Rodríguez (2009) con los agroecosistemas.

A manera de conclusión y propuestas

La declaratoria del PCC es una oportunidad de revaloración de las costumbres y hechos que dieron lugar a lo que es la actual ecorregión cafetera de Colombia. Se debe traspasar la idea de que esta declaratoria es solamente una oportunidad comercial turística, que generará empleo a corto plazo y no incentivará la generación de conciencia critica en cuanto a toda la cadena productiva agrícola, no solo del café, sino de todos los productos agrícolas relacionados con el mismo, como es el caso del plátano, la yuca, las orquídeas, el ganado entre otros.

Así mismo, en pro de la sostenibilidad de los atributos del PCC, se debe garantizar que la distribución de los recursos económicos que se generen a partir de la gestión de este patrimonio mundial sean repartidos con equidad entre las personas que construyen en realidad el PCC y, no las instituciones de carácter politiquero, las Federaciones agremiadas con alto poder burocrático, los narcotraficantes o las agencias turísticas.

A su vez, se debe trabajar de la mano con todos los grupos etarios que viven en el PCC y, en especial con los jóvenes, en los siguientes temas: empoderamiento del territorio, generación y transformación de una renovada identidad cafetera; democratización de las nuevas tecnologías en el proceso productivo del café; ampliación en la cobertura de educación de calidad y contextual; establecimiento de conexiones terrestres y de comunicaciones y; visibilización de la cultura cafetera y de sus valores como hecho de construcción social.

Para finalizar, el paisaje es un componente del bienestar social y particular, un recurso colectivo construido por múltiples generaciones, es democrático porque es de todos y es de nadie y es un componente circunstancial del patrimonio material e inmaterial. Por tal motivo el cuidado, la conservación, la sostenibilidad y la valoración (en cuanto al valor y no al precio) es una tarea de todas las instituciones, la sociedad civil, la academia, los campesinos y demás grupos humanos, de sus pobladores y de sus visitantes.

En síntesis, el recuento anterior nos permitirá ver el bosque sin que la declaratoria nos quite la visión de lo que hoy acontece en el PCC.

BIBLIOGRAFÍA

ALMAMATER. (2010). Paisaje Cultural Cafetero. Obtenido de http://www.almamater.edu.co/sitio/contenido-paisaje-cultural-cafetero-59.html. Recuperado el 9 de Agosoto de 2012

Delgado, B., & Ojeda, J. (2007). Metáforas contemporáneas de paisajes andaluces. En V. Paul, & D. Tort, Territorios, paisajes y lugares (págs. 433-449). Barcelona: Galerada. Disponible en: http://www.upo.es/ghf/giest/documentos/paisaje/delgadoyojeda06_metaforas.pdf.

Delgado, B., & Ojeda, J. (. Boletin de la A.G.E No 51. de 2009). La comprensión de los paisajes agrarios españoles. Aproximación a través de sus representaciones. Boletín de la Asociacion de Geografos españoles No 51. Disponible en: 93-126 http://age.ieg.csic.es/boletin/51/05-delgado.pdf, 93-126. Obtenido de Asociación de Geografos españoles.

Duque, A., & Rodriguez, D. (2009). El Paisaje Cultural Cafetero: Reflexiones desde la diversidad agrícola y las percepciones historicas de la naturaleza y la cultura. En C. E. Lopez, & U. Hernandez, Diálogos de saberes, cienciase ideologías en torno a lo ambiental (págs. 121-128). Pereira: Universidad Tecnologica de Pereira.

Duque, G. (2012). Institucionalidad en el Paisaje Cultural Cafetero. Obtenido de Godues.wordpress: http://godues.wordpress.com/2012/07/31/institucionalidad-en-el-pcc/. Recuperado el 9 de Agosto de 2012

Pinzón, G. (2010). Factores reales y valores en el Paisaje Cultural Cafetero. Obtenido de Red Alma mater: http://www.almamater.edu.co/sitio/Archivos/Documentos/Documentos/00000110.pdf. Recuperado el 9 de Agosto de 2012