Archivo de la categoría: Pobreza

Paisaje Cultural Cafetero: El futuro de los caficultores de tradición

Daniel S. Jurado Jaramillo.
Arquitecto Universidad Nacional de Colombia.
Miembro del grupo de trabajo académico de patrimonio urbanístico y arquitectónico de la Universidad Nacional de Colombia, Sede Manizales.
daniel.juradojaramillo@gmail.com

Caficultores de Tradición

Los caficultores que hacen parte del Paisaje Cultural Cafetero (PCC), tienen merito propio en el proceso adelantado durante la inscripción de este paisaje colombiano en la lista de patrimonio mundial de la UNESCO[1]; son actores integrales que impregnan en cada taza una mezcla de historia, constancia y trabajo, aspectos fundamentales para posicionar el café colombiano como uno de los mejores del mundo.

“Café hecho a mano”, recolectado y secado de forma tradicional,  realizando todas las labores de post-cosecha por parte de la familia cafetera, demuestra ese compromiso especial con el producto que sale de su finca.

Hacienda cafetera Cuernabaca, Risaralda, Caldas. Foto Jurado 2012

“La información es fundamentalmente el saber campesino acumulado a través de décadas de experiencias con el cultivo” Cifuentes, (1997:109). Si bien es cierto que su  trabajo honesto, esfuerzo, dedicación permanente, cultura de la calidad y estrecho vínculo entre tradición familiar y el mundo moderno, así como la forma de heredar de padre a hijo este arte de la recolección del café, también se debe reconocer que el aspecto económico no puede en si mismo solventar las necesidades de un caficultor que se enfrenta a un mala cosecha o una caída en los precios en el mercado actual, hecho que cobra importancia cuando la opción de seguir una casta campesina dedicada al cultivo de café, se pone en crisis, ante apuestas utópicas mas urbanas de una salario fijo, prestaciones sociales y una quizás estabilidad económica fruto de otra actividad productiva.

La Magia del Café

El reconocimiento del café a nivel mundial es evidente, una taza de café puede representar una experiencia diferente en cada persona como afirma (Rodríguez, 2005:12)  “el café tiene una magia especial”.  Por eso, bien vale la pena saborear por estos días esta voluptuosa bebida de matices cobrizos y sabor amargo, tostado y afrutado, mientras se disfruta del placer de la tertulia y se aprecian imágenes de los más bellos y tradicionales cafés del mundo. Experiencia que solo puede ser vivida por cada paladar, donde de manera inconsciente el caficultor plasma sus deseos y compromiso especial, se convierte en eje estructurante entre el árbol y la taza de café.

En su ardua tarea de reconocimiento ante la UNESCO, “se ha venido construyendo una noción de paisaje cultural que comenzó haciendo énfasis en los aspectos inmateriales de la cultura cafetera, pasando por la reivindicación de sus valores escénicos, hasta lograr comprender la importancia del paisaje productivo como un factor integrador entre ecosistema y cultura” (Acebedo, 2009). Dichos elementos no palpables que para efectos de un reconocimiento mundial reposan sobre los sentidos, se unen al paisaje, los caficultores y los procesos productivos tradicionales, no percibidos con una simple descripción en la etiqueta. Son concepciones únicas que se materializan en el territorio en forma integral, basándose en una cultura propia de trascendencia y proyección que debe ser cuidada para garantizar ante todo la misma responsabilidad natural en el manejo y cuidado del café, así como en las proezas productivas de esta cosecha de montaña.

La Economía del Caficultor

A principio del siglo XX “El campesino fue asimilado al indio, mas que a una clase social. Esta masa de trabajadores era de personalidad servil, que en principio buscaba trabajo y no tierra”. Machado, (2001: 81), El caficultor cumplía  una labor en función de obtener ingresos a cambio de ello, no existía el vinculo con la tierra que se cultiva y cosecha, que genera ingresos como un plus a ese cuidado.

No es un misterio que todos los ejercicios o labores humanas esperan una remuneración a cambio del servicio prestado. Para los caficultores no es una excepción, pues su cultura cafetera no se sustenta solo en la pasión intrínseca en el grano de café recolectado, también es su forma de obtener un ingreso económico que garantice los futuros procesos de recolección sobre los que gira la familia cafetera, comercio que se da en relación a la producción que se logra en la época de cosecha y las garantías que se ofrezcan por parte de los compradores.

Según Toro, (2012: 01) “Existe hoy en el mundo una gran demanda de productos de origen vegetal, que sirven para el consumo humano, y es bueno reconocer que se pagan sobre precios por las buenas calidades”. Lo anterior podría hacer pensar que el café dado su reconocido nivel de calidad y popularidad mundial, debería ser uno de los productos agrícolas mejor pagados, garantizando que el dinero que se paga en cualquier “Coffee Shop” del mundo, se vea reflejado en un porcentaje justo para el Caficultor.

El productor cafetero en Colombia radica su economía en practicas como las que describe Cifuentes, (1997:102-103) “El campesino concibe el modelo de producción de café con sentido de largo plazo, de uso múltiple del entono y de baja exigencia en insumo, capital y mano de obra. En este caso lo mas importante es garantizar un nivel de producción de grano de café que se mantenga sin grandes variaciones a través del tiempo; la calidad de la producción por unidad de área es un factor secundario.” Este método así como los que han surgido en medio de la necesidad, son empleados por el caficultor en su afán de evitar que la crisis económica (cada vez mayor) lo lleve a buscar alternativas que nada tengan que ver con el campo.

Alternativas por cierto nada “fáciles” ante los ojos de una familia, sometida a múltiples presiones, tales como un evento geológico en donde pierde su cosecha a causa de un deslizamiento de las empinadas laderas donde se cultiva el café, una caída en los precios que hagan de una gran cantidad de bultos de café, una suma que no cubre ni la mitad del costo del proceso de recolección, o una mejor opción en el ámbito Urbano. Todas son posibles alternativas para los jóvenes que han crecido con la cultura del café, que al ver un futuro improbable y no garantizado en algunos casos, buscan soluciones donde un salario inferior al mínimo se vuelve la salida utópica a una vida agrícola inestable.

Este problema se hace mas fuerte cuando dichas soluciones no son tan fáciles de tomar y en el peor de los casos una familia campesina caficultora se ve obligada a desprenderse de su tierra y buscar nuevos oficios, para los cuales su herencia cafetera sirve de poco, obligando a refugiarse en uno de los denominados guetos urbanos para buscar un comienzo rodeado de pobres de ciudad, Así lo advierte Duque, (2012: 01) “Ya los pobres de la ciudad son una mezcla de los pobres urbanos con su particular noción del consumo y peculiares costumbres, y de los pobres rurales hijos de la crisis que asola la ruralidad colombiana”. A esto se suma la idea de que los hijos de los caficultores que carecen de educación irán cerrando esa brecha entre las fronteras de la ilegalidad y espacios de delincuencia, fruto de un desarraigo económico forzado.

Una Mirada mas Positiva

El gobierno Nacional, en una de sus tantas iniciativas por garantizar los derechos de los campesinos que subsisten de la producción agrícola, debe tener una visión retrospectiva en la cultura del café y mas aún con la inscripción del paisaje cultural cafetero en la lista de patrimonio mundial de la UNESCO. Debe promover planes de acción en los que no deje en manos de Comités y federaciones los alcances sociales y beneficios para los caficultores, deben ser ellos mismos representados por sus alcaldías y gobernaciones quienes busquen una integralidad agro-educativa y promuevan la cultura cafetera como alternativa de vida, llevando esta idea a los demás sectores de la agricultura, donde se garantice que el producto que se cosecha se compra al precio establecido y justo, en el que se beneficie el comprador y el productor, sin ansias de lucro y como un método de fortalecer la economía regional. Las entidades educativas tienen un papel fundamental en la promoción, divulgación e investigación del PCC, así como los temas que tiene que ver con la agroindustria; todo ello para impulsar de forma positiva una empatía en las conciencias colectivas de los colombianos.

Paisaje Cultural Cafetero y Agrícola, sector El Rosario, Manizales, Caldas. Foto Jurado 2012

Bibliografía

Acebedo, L. F. (21 de Diciembre de 2009). Paisaje Cultural Cafetero. En: Caleidoscopios Urbanos. Recuperado el 18 de Agosto de 2012, de http://caleidoscopiosurbanos.blogspot.com/search?updated-min=2009-01-01T00:00:00-05:00&updated-max=2010-01-01T00:00:00-05:00&max-results=36

Cifuentes, L. E. (1997). Panel De Caficultura Sostenible. Costa Rica: ICAFE.

Duque Escobar, G. (31 de Julio de 2012). Institucionalidad en el paisaje cultural cafetero. En: Godues. Recuperado el 17 de Agosto de 2012, de http://godues.wordpress.com/2012/07/31/institucionalidad-en-el-pcc/

Machado, A. (2001). El cafe en Colombia a principios del siglo XX. Bogota D.C: Universidad Nacional de Colombia.

Rodríguez, P. S. (2005). Intelecto y Cafe, Lecturas Fin de Semana. El tiempo.

Toro, R. V. (11 de Agosto de 2012). El Meridiano. Recuperado el 18 de Agosto de 2012, de http://www.elmeridianodecordoba.com.co/index.php?option=com_k2&view=item&id=9826:caficultura&Itemid=127


[1] Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura.

El Reconocimiento a una cultura que clama por la dignidad: a un año de la declaración de un territorio en crisis.

Por: Erick Marcelo Marín Ortiz
Arquitecto. Universidad Nacional de Colombia, Estudiante de la Maestría en Hábitat. Universidad Nacional de Colombia

El café en proceso de trillado (Chinchiná, Caldas). Foto: Marcelo Marín, 2012

El aniversario de la declaratoria del Paisaje Cultural Cafetero por parte de la UNESCO, coincide con una de las peores crisis  que vive este sector en nuestro país.   Desde los años 90´s no se habían presentado movilizaciones por parte de los caficultores como las presentadas el 12 de agosto de 2012 en Manizales,  donde cerca de 15 mil agricultores  de todo el territorio colombiano reclamaban ser escuchados por parte del estado, que según ellos prefiere priorizar sus recursos en  locomotoras de productividad basadas específicamente en proyectos  de explotación minera, dejando de lado uno de los modelos agrícolas tradicionales del país, MEJÍA,(2012).Por culpa de diversos factores de tipo económico, el café se ve sumido en una profunda crisis que está generando altos índices de desplazamiento, desempleo y deserción hacia las ciudades. Siendo esto, una clara amenaza para la conservación de la tradición cafetera, que por casi un siglo se consolidó, no solo como un modelo económico de interés nacional sino también, como un sistema cultural de una envergadura tal, que logró el reconocimiento internacional, siendo este, un llamado de atención más que un premio, para los gestores y responsables de dicho patrimonio.

La Crisis Cafetera como punto de abordaje al reto PCC

Antes que el reconocimiento obtenido, el patrimonio plantó sus bases en una tradición que comenzó a principios del siglo XX gracias a gestiones unificadas de diversos sectores que permitieron tomar el impulso necesario en las primeras décadas posteriores, para convertirse en un motor de gestión de recursos que hicieron de la región una de las mas prosperas del país, siendo esta, base de desarrollo tecnológico y social.

De allí se consolidó una región que según Duque,(2012) acentuó y moldeó el carácter definitivo del cafetero, al crearse una sociedad igualitaria con una cultura que se nutrió a través del café.

Sin embargo, en los años 70 la producción se vió afectada seriamente por los constantes cambios que también según Duque,(2011), modificaron los pluricultivos a monocultivos, procesos estos que dejaron vulnerables las quebradas permitiendo la aparición de las plagas, que afectaron seriamente los cultivos, además de la tecnificación de procesos que para campesinos con un nivel de escolaridad bajo, resultó difícil de adoptar, alejando a estos de sus actividades originales.

Todo esto sumado a problemáticas de tipo social y económico debido a la revaluación del grano, están haciendo del café un modo de producción cada vez menos rentable para los campesinos que asumen que este, les está dejando “solo perdidas”, siendo una percepción que pone en peligro la continuidad cultural que en las nuevas generaciones es evidente, que se ha ido diluyendo pues sus pretensiones están siendo enfocadas a otros modos de producción más rentable, como por ejemplo la minería.

Como resultado, es necesario el abordaje del problema de la sostenibilidad del paisaje cultural y su declaración desde la raíz que se encuentra  en la crisis actual del café, pues suena lógico pensar que sin una producción agrícola qué realizar, es cuestión de tiempo que el paisaje sufra de irreversibles afectaciones y por ende todo el esfuerzo realizado en conseguir dicho reconocimiento se verá perdido.

Para ello es indispensable que actores como el estado y la academia entren a jugar un papel trascendental, para que se pueda superar el bache que la agricultura cafetera presenta en la actualidad para que luego, cuando este obstáculo sea sobrepasado, poder pensar, ahí sí, en el desarrollo de los métodos que hagan de este patrimonio de la humanidad un atractivo mundial.

El paisaje, un complemento para el  sustento de un modelo económico.

Es claro que la declaratoria por parte de la UNESCO significa un desafío importante para la sociedad cafetera, pues requiere de inversiones que pueden resultar cuantiosas para poder aprovechar al máximo lo que un reconocimiento de este tipo puede aportar para el colectivo cultural.

Sin embargo, según SABATÉ, (2004), aún más que la inversión económica, es importante el reconocimiento oficial. El soporte legal y administrativo adicional a la declaración internacional significa para los propios residentes del patrimonio una gran inyección anímica, es claro que títulos de este tipo generan más obligaciones que recursos, pero a su vez, resultan de gran atracción para visitantes e inversores, que constituyen una marca de calidad para cualquier actividad de la que se pretenda mostrar, en este caso el café. De este modo la autoestima de los residentes se verá magnificada, tan pronto su credibilidad se vea reforzada dejarán se sentirse en un territorio en crisis, para verse como elementos integradores de un futuro viable, con base en sus propios recursos patrimoniales.

Son los propios residentes la parte fundamental de un proyecto económico que busque consolidar el PCC como un atractivo, pues en ellos es que se encuentra la historia y la memoria del patrimonio cafetero. De este modo la declaratoria llega en un momento que el gremio cafetero necesita y que a su vez sabe que puede aprovechar, por eso es importante que en los pasos a seguir sea tenido en cuenta como protagonista principal del proceso y no como un elemento marginado. En este punto es importante tener en cuenta a la academia como medio documentador que se encargaría del abordaje de estas tradiciones para registrarlas y tener un punto de trasmisión escrita de la rica cultura cafetera, pues es claro que la memoria es un recurso patrimonial básico que necesita ser consignado de manera escrita para ser transmitido.

Conclusión

A la par de la crisis surge la oportunidad de la declaratoria como un medio de reflexión cultural que permite dirigir de nuevo la mirada a la región cafetera y su historia, pero esto apenas es el punto de partida que, claro está, tiene un fuerte empujón por parte de la UNESCO.

Desde 1972 este organismo impulsa el deseo de conservación de patrimonios naturales y culturales, de allí en adelante los paisajes de trabajo según Pozo y Sabaté,(2006), están teniendo gran importancia en el desarrollo económico regional de base local. Pero esto no debe interpretarse como el final de un recorrido. Dichos paisajes pueden llegar a constituir un vehículo, un eficaz instrumento para alcanzar el objetivo de construir entornos más diversos y cargados de identidad  para reactivar determinados territorios.

Es pues una oportunidad propicia para que la región adquiera el sentido necesario sin dejar de lado la raíz natural, pues esta, es la que le dio su esencia cultural, allí también entran las distintas instituciones estatales que por medios legislativos garanticen la conservación natural de dichos bienes acompañados de planes de manejo especial, tal como se hacen con los bienes inmuebles, resulta útil plantearlos para bienes de este tipo, que como cualquier otro de interés social tiene amenazas naturales y antró-picas que ponen en riesgo el sistema cultural, de herencia  del pasado y motivo de preservación futura como lo afirma Duque, (2012).

No se puede obviar que los paisajes son estructuras en constante movimiento, cambiantes, que no se congelan, el cambio constante resulta natural y necesita ser abordado de manera positiva ya que en la actualidad hay bases para la pérdida de lo que costó más de un siglo en producirse.

El paisaje entonces como lo afirma, Ojeda (2006), como convergencia de percepciones subjetivas  y como tal patrimonio natural –cultural de una comunidad humana.

Se  requiere entonces de modelos de gestión multidisciplinar, una reunión de saberes académicos que puedan generar medios para afrontar problemas de tipo económico, ambiental, institucional, social, entre otros, que son parte de la actualidad cafetera y que deben ser tenidos en cuenta por estas instituciones si se pretende que el paisajes cultural cafetero tome el impulso para al menos tener un punto de partida hacia un progreso consolidado y sea en especial el complemento a un sistema de producción estable.

Bibliografía

SABATÉ, J. B. (2004). De la preservación del patrimonio a la ordenación del paisaje. ESPAIS . Obtenido de: http://upcommons.upc.edu/revistes/bitstream/2099/1885/1/Preservaci%C3%B3n.pdf  Recuperado el 17 de Agosto de 2012.

DUQUE, G. E. (11 de 06 de 2012). El caracter amable, pujante y laborioso del cafetero. LA PATRIA . Obtenido de: http://www.bdigital.unal.edu.co/6731/1/gonzaloduqueescobar.201226.pdf. Recuperado el 18 de Agosto de 2012.

DUQUE, G. E. (06 de 08 de 2012). EL PAISAJE CULTURAL CAFETERO. LA PATRIA . Obtenido de: http://www.bdigital.unal.edu.co/7193/1/gonzaloduqueescobar.201232.pdf Recuperado el 18 de Agosto de 2012.

DUQUE, G. E. (18 de 07 de 2011). Paisaje cultural cafetero: Disrupción para un desarrollo sostenible. LA PATRIA .Obtenido de: http://www.bdigital.unal.edu.co/3757/1/gonzaloduqueescobar.201146.pdf Recuperado el 18 de Agosto de 2012.

MEJÍA, F. U. (13 de 08 de 2012). Caficultores piden un billón de pesos para salir de la crisis. EL TIEMPO . Obtenido de: http://www.eltiempo.com/colombia/eje-cafetero/ARTICULO-WEB-NEW_NOTA_INTERIOR-12124325.html

Recuperado el 18 de Agosto de 2012.

Pozo, P. B. y  SABATÉ, J.B. (2006). PAISAJES CULTURALES Y PROYECTO TERRITORIAL: un balance de treinta años de experiencia. Barcelona.

Obtenido de: http://upcommons.upc.edu/revistes/handle/2099/10716. Recuperado el 18 de Agosto de 2012.

Rivera, J. F. (s.f.). METÁFORAS CONTEMPORÁNEAS DE PAISAJES ANDALUCES. PAÜL, V. y TORT, J. (Eds.) , 433-449. Obtenido de: http://age.ieg.csic.es/boletin/51/05-DELGADO.pdf. Recuperado el 17 de Agosto de 2012

Pobreza y Vulnerabilidad

Por Williams Gilberto Jiménez García
Administrador Ambiental
Estudiante Maestría en Habitat

Ajustando más de cincuenta años en la búsqueda del desarrollo, en los países del tercer mundo y en transición, la reducción de la pobreza se ha mantenido como la prioridad central del desarrollo. En instituciones, academia y sociedad se han condensando una serie de enfoques conceptuales y metodológicos acerca de los significados y las mediciones de la pobreza, también se han cuestionado las políticas y la viabilidad de las intervenciones actuales para reducir la pobreza, así como se han confundido situaciones relacionadas con la misma, como es el caso de la vulnerabilidad.

Génesis del concepto de pobreza

Uno de los conceptos más complejos que la cultura occidental ha abordado es la pobreza. Desde su “descubrimiento” en África, América Latina y Asia ha sido la base para una transformación cultural, política y económica del mundo en el contexto homogeneizador de la globalización, justificando la intervención sobre grupos humanos a expensas de la identidad, la alteridad, la habitabilidad y las relaciones de convivencia con sus entornos.

En el inicio de la segunda posguerra, el discurso bélico se desplazo hacia el tercer mundo, el enemigo común empezó a ser la pobreza y se definió un sinnúmero de estrategias y programas para combatirla y vencerla, siendo los Estados Unidos y los países Europeos los “responsables” de acabar con esta “epidemia”, a partir de la formulación de un paquete tecnológico llamado desarrollo, el cual tenía que ser alcanzado y ejecutado por los países subdesarrollados a fin de establecer una lógica de supervivencia y de adaptación humana al nuevo contexto económico y productivo global .

Para combatir el nuevo fenómeno, el cual no era nuevo, como sostiene Sachs (1990) puesto que antes de 1940 se hablaba de la imposibilidad de las colonias para el uso y creación de ciencia y tecnología como síntoma de pobreza, se hizo necesario según Escobar (2007) se generaran dos aspectos a saber: El rompimiento de las concepciones de pobreza, las cuales fueron divulgadas por el capitalismo a través de la economía del mercado rompiendo lazos comunitarios y privando a millones de personas el acceso a la tierra y; la administración de la pobreza que creó sistemas de instituciones y valores para la asistencia a los pobres, los cuales se convirtieron en agentes visibles de la pobreza y susceptibles de intervención.

La creación del subdesarrollo y de los pobres asistidos ha tenido graves consecuencias, según Escobar (2007) (Escobar & Pedrosa, 1995) significo no solo la ruptura de las relaciones tradicionales, sino también el establecimiento de nuevos mecanismos de control. Los “nuevos pobres” se convirtieron en un problema social para las naciones (subdesarrolladas) que requería del concurso de los países desarrollados, permitiendo que la sociedad global conquiste nuevos escenarios y territorios de intervención justificados en el tratamiento de la pobreza, con la intención de originar una política de la pobreza (Procacci, 1991), la cual según Escobar (2007) tenía como intenciones crear consumidores y transformar a la sociedad, convirtiendo a los pobres en objetos de conocimiento y administración.

Representaciones de pobreza

En el mundo de las representaciones, Escobar (2007) afirma que los pobres se empezaron a definir como carentes de aquello que los ricos tenían en términos de dinero y posesiones materiales, llevando de manera fractal la escala de personas pobres hacia los países, los cuales también se volvieron pobres de acuerdo a patrones de riqueza de las naciones con economías mas “desarrolladas”. Siendo el ingreso anual percapita el parámetro ideal de medición y comparación, Sachs (1990) expone que la percepción de la pobreza “no fue mas que el resultado de operaciones estadísticas comparativas”, para esto el Banco Mundial, según Escobar (2007) parametrizo como pobres a aquellos países con un ingreso percapita inferior a 100 dólares, lo cual condujo que dos tercios de la población mundial fueran transformados en sujetos pobres, con lo cual se argumentó que la solución ante el problema de pobreza, era el crecimiento y desarrollo económico (Escobar, 2007) (Escobar & Pedrosa, 1995)

En la actualidad la pobreza se mide usando instrumentos estadísticos como la línea de la pobreza, ingreso percápita, producto interno bruto, índice de salarios mínimos, índice de las necesidades básicas insatisfechas, índice de pobreza humana, índice de desarrollo humano, entre otros, que tratan de cuantificar y estandarizar la pobreza para que sea gestionada por parte de los gobiernos y las instituciones. Estos índices son imprecisos producto de las diferencias conceptuales de la pobreza y de los métodos con los que se recoge la información y generalmente se modifican con la intención de alcanzar las metas a las que son condicionados –aún- los países en vía de desarrollo.

En este orden de ideas, la línea de pobreza en la que se basa el reporte de desarrollo humano de la ONU (y que el Banco Mundial toma como unidad) (UN-HABITAT, 2001), establece que el límite imaginario de la pobreza es de 2 dólares diarios y con base en este parámetro, se formulan las políticas para atender el porcentaje de población mundial que obtiene menos de este valor económico. Este valor relativo de pobreza hace a un lado toda la problemática asociada a ella y desconoce los factores que la originan, puesto que el esfuerzo de los gobiernos se centra en asistir la consecución del dinero que supere el umbral de pobreza, generando así una atención parcializada y asistencialista que reproduce el imaginario que los “creadores del desarrollo” tenían acerca del tercer mundo, que Escobar (2007) citando las palabras de George Kennan1 reseña como una “serie de países infantiles que no eran capaces de solucionar sus problemas y que había que empezar a tratar como adultos”

Teniendo en cuenta que las causas, consecuencias y condiciones de la pobreza se circunscriben en un termino relativo e imaginario, cosificando el fenómeno y a los pobres –siendo esto por demás un problema ético-, han entrado en la construcción y deconstrucción (citando a Escobar, (2007)) de este concepto corrientes y pensadores como Amartya Sen (2000) que establecen que la pobreza debe concebirse como la privación de capacidades básicas y no meramente como la falta de ingresos, que es el criterio habitual con el que se identifica la pobreza. Sin embargo Sen (2000) deja claro que la falta de renta (ingresos o dinero) si puede ser sinónimo de pobreza, ya que es la ausencia de recursos uno de los condicionantes para que las libertades no existan.

Aunque en la actualidad las relaciones de ingreso/consumo como patrones delimitantes de pobreza (Ravallion, 1992) tienen reconocimiento y aplicabilidad en los informes descriptivos de la problemática, otros estudios han demostrado que se puede enfocar la pobreza desde la integralidad y la singularidad. Por tal motivo, Ramírez (2003) en sus “trabajos descriptivos cualitativos de la pobreza” demuestra que los pobres no son entidades pasivas homogéneas y que no existe una pobreza, sino, por el contrario muchas pobrezas, tantas como pobres puedan existir.

Detrás del dualismo que genera el concepto de pobreza, que pone por un lado a quienes la abordan desde contextos mercantilistas y por otro a quienes la emprenden desde contextos integradores y humanistas, se tejen una serie de debates conceptuales, recomendaciones de políticas y crisis ambientales que han cambiado fundamentalmente el panorama de las discusiones, según Moser (1998) mediante la introducción de conceptos tales como vulnerabilidades y capacidades.

Pobreza y vulnerabilidad no es lo mismo

La vulnerabilidad con regularidad es confundida con la pobreza, para Moser (1998) es importante que se clarifiquen los conceptos y establece que la diferencia radica en que los indicadores de pobreza se fijan en el tiempo, convirtiendo a la pobreza en un concepto estático, mientras que la vulnerabilidad es dinámica, pues cambia y se transforma en el tiempo-espacio y, su análisis requiere, según Foschiatti (2012) el examen de las condiciones y factores de riesgo, a la vez que trata de explicar cuales son las causas de la pobreza, según Fillgueira y Peri (2004) asociándose a la noción de activos y recursos que las personas y hogares disponen para su desempeño social.

En el contexto de deconstrucción de los conceptos y de estas realidades, es importante aunar esfuerzos con el fin de explorar los acercamientos metodológicos a esta compleja problemática. Uno de estos esfuerzos de integración, lo ha liderado Foschiatti (2012) determinando que el desarrollo de los enfoques de vulnerabilidad, se origina en el reconocimiento de las situaciones sociales perjudiciales, que han sido abordadas y tratadas por las políticas públicas que mitigan la pobreza en los países. Foschiatti, continua su discurso exponiendo que las estimaciones de la pobreza proporcionan una imagen estática de un fenómeno dinámico, pues los hogares entran y salen de esa condición en forma aleatoria, además, muchos (hogares) se encuentran en condiciones de vulnerabilidad ante la pobreza, porque algunas fluctuaciones económicas pueden convertirlos a ellos en pobres por ingresos.

Sin problematizar la diferenciación de los enfoques de vulnerabilidad o pobreza, lo que realmente importa en la re-construcción del “nuevo” discurso es resaltar método, análisis, apropiación y re-significación de estas realidades, que permitan visibilizar a los actores invisibles que actúan como victimas, reproductores de la pobreza y, las condiciones sociales que se generan. La vulnerabilidad es compleja y está formada por varias dimensiones, que confluyen en aspectos relacionados con individuos, ambiente, economía, cultura y política, lo que la convierte en un concepto integrador y holístico que puede re-contextualizar a la pobreza, desde un concepto organizador y objeto de una nueva problematización (Escobar, 2007), a un escenario de inclusión, generador de identidades y libertades, que permita modificar las acciones y re-acciones entre hombre-naturaleza, con el fin de entregar la categoría de “sujeto” al pobre.

1 Jefe de planeación de políticas del departamento de estado de los Estados Unidos en la década de los 40’s

Bibliografía

Escobar, A. (2007). La invención del Tercer Mundo. Construcción y deconstrucción del desarrollo. Caracas: Fundación Editorial el perro y la rana.
Escobar, A., & Pedrosa, A. (1995). Pacífico ¿Desarrollo o diversidad?. Estado, capital y movimientos sociales en el Pacífico colombiano. Bogotá: Editorial Gente Nueva.
Filguiera, C., & Peri, A. (2004). América Latina: Los rostros de la pobreza y sus causas determinantes. Serie Población y Desarrollo No 54.
Foschiatti. (2012). Vulnerabilidad Global y Pobreza. Consideraciones conceptuales. Obtenido de Facultad de Humanidades. Universidad Nacional del Nordeste: http://hum.unne.edu.ar/revistas/geoweb/Geo2/contenid/vulner1.htm
Moser, C. (1998). Reassessing urban poverty reduction strategies: The asset vulnerability framework. World development Vol 26 (1), 1-19.
Procacci, G. (1991). Social economy and the goverment of poverty. En G. Burchell, C. Gordon, & P. Miller, The Foucault Effect (págs. 151-168). Chicago: University of Chicago press.
Ramirez, R. (2003). El paradigma cualitativo de la Pobreza Urbana. En M. Balbo, R. Jordán, & D. Simioni, Cuadernos de la CEPAL, la Ciudad Inclusiva (págs. 29-58). Santiago de Chile: Naciones Unidas.
Ravallion, M. (1992). Poverty comparison: A guide to concepts and methods. En T. W. Bank, Living Standards Measurement Study. Washington D.C: The World Bank.
Sachs, W. (1990). The archaelogy of the development idea. Interculture, 1-37.
Sen, A. (2000). Desarrollo y Libertad. Buenos Aires: Editorial Planeta.
UN-HABITAT. (2001). Cities in a globalizing world. Global report on human settlement 2001. Londres: Earthscan publications.