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Sobre la Sostenibilidad del Paisaje Cultural Cafetero -Algunas reflexiones en torno a la dinámica de los sistemas sociales y los paisajes culturales-

Inventar el hombre es, inventar al porvenir. E inventar el porvenir es inventar nuevas formas de vida a partir de la comprensión de nuestros paisajes. La imaginación de los paisajes es, por ello, el dominio por excelencia de la planificación de los paisajes, esto es, de la planificación del futuro

Pierre Dansereau[1]

Juan David Céspedes Restrepo
Administrador Ambiental
Estudiante Maestría en Hábitat
Universidad Nacional de Colombia -Sede Manizales-
 

Panoramica del PCC hacia el valle del Cocora -Salento-.
Juan David Céspedes, 2011

 El creciente interés frente a los temas de desarrollo regional que ha despertado el territorio conformado por cuarenta y siete municipios que hacen parte de los departamentos de Caldas, Risaralda, Quindío y Norte del Valle; y que hoy, gracias al reconocimiento de la UNESCO ha sido declarado patrimonio mundial de la humanidad[2], representa una oportunidad estratégica de reformular  los procesos de configuración que le han dado origen, como vía para la construcción colectiva de un modelo territorial endógeno, nacido a partir de las características sociales, económicas, culturales, y biofísicas propias del contexto. Este hecho resulta irrefutable no sólo al interior de los escenarios académicos de reflexión/discusión y los espacios institucionales que impulsaron su reconocimiento por parte de la UNESCO, sino también dentro de la comunidad cafetera, y en menor medida, en algunos grupos de personas que día a día, siguen participando en la construcción de este territorio.

El cultivo del café, que según el Centro de Estudios Regionales Cafeteros y Empresariales -CRECE- tuvo su inició hace aproximadamente 150 años[3] [2005. citado por Pinzón y Gil, 2011. p. 115], trazó la forma y función de las laderas en el territorio mediante el desarrollo de mecanismos propios de producción adaptados a la morfología y características únicas del mismo. La identidad creada con base en este proceso productivo ha tenido desde entonces el reconocimiento tácito de la tradición cafetera como elemento central del paisaje y determinante de las relaciones entre el territorio y sus habitantes. Las practicas e imaginarios en torno al proceso productivo del café, han adquirido luego de la declaratoria de la UNESCO una importancia especial como ejes articuladores tanto de las políticas de ordenamiento territorial, como también de los procesos regionales de desarrollo.

Finca Cafetera -Alcalá-.
Juan David Céspedes, 2008

No obstante pese a las fortalezas presentes en el territorio (representadas no sólo por el reconocimiento de la UNESCO y el interés gubernamental que despertó; sino también por atributos como el atractivo turístico, la complementariedad funcional entre las capitales de los departamentos que lo conforman, entre otros), existen al interior de mismo situaciones que amenazan su capacidad de consolidarse regionalmente de manera sostenible. Información socioeconómica, como la que aporta el Índice de Desarrollo Humano y el Índice de Calidad de Vida, revelan que durante la última década no se han presentado incrementos significativos en el mejoramiento de las condiciones de vida de los habitantes de la región (Red Alma Mater, Universidad Tecnológica de Pereira, 2011) [4].

Esta situación, que a simple vista aparece como un problema de poca relevancia, es particularmente importante en términos de la sostenibilidad del Paisaje Cultural Cafetero, ya que en principio los paisajes culturales son como menciona Saver [1925. Citado por Rincón, 2011. p.3]: “El resultado de la acción de un grupo social sobre un paisaje natural (…) allí la cultura es el agente, lo natural el medio, y el paisaje cultural el resultado”. Esta afirmación implica por tanto, que las afectaciones en los sistemas sociales que hacen parte del territorio de un paisaje cultural, se encuentran relacionadas de manera íntima con éste, lo que se traduce en impactos directos sobre las condiciones del paisaje en sí, y sobre su patrimonio histórico y cultural. De acuerdo a esta hipótesis, los procesos encaminados a su conservación y fortalecimiento precisan como menciona Rincón (2011), la preeminencia de las dimensiones sociocultural e histórica, articuladas en pro de que las condiciones humanas, el uso de los recursos y la capacidad de carga se puedan mantener a perpetuidad.

Este hecho es principalmente importante, y exige ser revisado a profundidad, dado que un gran número de procesos sociales se abordan únicamente desde los elementos económicos que los configuran, lo que da lugar a intervenciones centradas en el crecimiento económico, pero que desconocen los imaginarios sociales y la cultura que configura la relación entre los grupos humanos y el territorio que habitan. Este tipo de procesos “desarrollistas[5] impiden la preservación de los valores culturales y se oponen incluso al carácter natural de la economía en sí, la cual de acuerdo con Nicholas Georgescu-Roegen [1971; citado por Toledo, 2006. p.7], tiene por objeto “contribuir a la creación de un bien inmaterial: La felicidad Humana (…); sin el reconocimiento de este hecho y sin la introducción del concepto de alegría de vivir en nuestro instrumental analítico, no podremos descubrir nunca la fuente real del valor económico, que es el valor que la vida tiene para cada ser vivo”.

Sistema Productivo en una Finca Cafetera -Alcalá-.
Juan David Céspedes, 2008

Los procesos de fortalecimiento y consolidación para la sostenibilidad del Paisaje Cultural Cafetero, no deben por tanto ser abordados unidimensionalmente a partir del discurso “desarrollista” ni a través de la formulación de estructuras territoriales rígidas. Por el contrario dada la importancia de los sistemas sociales humanos, es preciso comprender que la aproximación a éstos no puede realizarse de manera estática o lineal debido al dinamismo y la alta complejidad que los caracteriza (Maldonado, 2003).

Para el caso específico del Paisaje Cultural Cafetero, la complejidad mencionada anteriormente es incluso mayor como consecuencia de la escala espacial del mismo. Este aspecto debe ser igualmente considerado con cuidado para poder identificar situaciones que pongan en riesgo la sostenibilidad del territorio, ya que como explican Rodriguez y Osorio (2008) “es grande el número de amenazas que pueden afectar a un paisaje cultural demasiado extenso”, y éstas, aunque se centran en los factores sociales que determinan la posibilidad de preservación de su identidad, también se relacionan en menor medida con la sostenibilidad de los recursos naturales de base, y las vías para su manejo. Este hecho, pone en evidencia también como explica Edgar Morin [2002. citado por Toledo, 2006], la realidad antroposocial de los sistemas naturales y la realidad biofísica de los sistemas culturales como un complejo entramado de relaciones de doble vía.

Es por estas razones que el fortalecimiento regional sostenible del Paisaje Cultural Cafetero necesariamente debe partir de la resignificación de los habitantes que lo han configurado a lo largo del tiempo, especialmente aquellos que se encuentran relacionados de manera directa con la tradición cafetera. Esta resignificación debe partir del contexto e incluir entre otros elementos la reivindicación de las economías locales y regionales en torno al café -entendidas estas economías desde la búsqueda del bienestar y la plenitud-, por medio de la acción estratégica centrada en las relaciones de doble vía entre los sistemas sociales y las funciones naturales del territorio. Adicionalmente, se debe recordar que la complejidad implica por sí misma dinamismo, lo que significa en términos del territorio cafetero, flexibilidad en las estructuras, las formas y las funciones del paisaje; y se opone a condiciones y relaciones regionales estáticas.

Bibliografía

Maldonado, Carlos Eduardo. (2003). Marco Teórico del Trabajo en Ciencias de la Complejidad y Siete Tesis Sobre la Complejidad [Versión digital .pdf]. Revista Colombiana de Filosofía de la Ciencia, Vol 4, No. 8-9. pp. 139-154. Recuperado el 14 de agosto de 2012; Redalyc, Red de Revistas Científicas de América Latina y el Caribe, España y Portugal:
http://redalyc.uaemex.mx/redalyc/src/inicio/ArtPdfRed.jsp?iCve=41400904
 
Pinzón, Gustavo. Gil, Luis Carlos. (2011). El Paisaje Cultural cafetero en el contexto de la Ley Orgánica de Ordenamiento Territorial. Revista La Redvista; No.2 Enero-Junio de 2011. pp. 107-119. Sello Editorial Alma Mater; Pereira.
 
Red Alma Mater. Universidad Tecnológica de Pereira. (2011). Línea de Base de la Ecorregión Eje Cafetero. Pereira: Universidad Tecnológica de Pereira.
 
Rincón, Fabio. (2011).Paisaje Cultural Cafetero: Aspectos Teóricos y Metodológicos de una Experiencia Práctica. Boletín Ambiental del Instituto de Estudios Ambientales -IDEA-. No. 98, Julio de 2011. Universidad Nacional de Colombia Sede Manizales; Manizales.
 
Rodriguez, Diana María. Osorio, Jorge Enrique. (2008). Sistema Patrimonial Paisaje Cultural Cafetero Modelo cartográfico para la delimitación de la zona principal y buffer. [Versión Digital .pdf]. Jorge Enrique Osorio y Alvaro Acevedo (Ed.), Paisaje Cultural Cafetero –Risaralda- Colombia (1era. ed., pp.23-69). Pereira: Universidad Católica Popular del Risaralda: Universidad Tecnológica de Pereira. Recuperado el 15 de agosto de 2012; Red Alma Mater, página web oficial:
http://www.almamater.edu.co/sitio/Archivos/Documentos/Documentos/00000065.pdf
 
Toledo, Alejandro. (2006). Hacia una Nueva visión de la Relaciones entre el Agua, el Hombre y el Paisaje [Versión digital .pdf]. Gaceta Ecológica- Instituto Nacional de Ecología, No. 078. pp. 5-10. Recuperado el 10 de agosto de 2012; Redalyc, Red de Revistas Científicas de América Latina y el Caribe, España y Portugal:
http://redalyc.uaemex.mx/redalyc/src/inicio/ArtPdfRed.jsp?iCve=530907801

[1] En Toledo, 2006. p.9
 
[2] El territorio fue declarado patrimonio bajo la denominación de Paisaje Cultural Cafetero.
 
[3] Según la información aportada por este estudio, las primeras plantaciones de café comerciales en el área del paisaje cultural cafetero fueron establecidas entre 1861 y 1865.
 
[4] Para los Departamentos que conforman el Paisaje Cultural Cafetero el Índice de Desarrollo Humano [IDH] se encuentra cerca del 0,77 y el Índice de Calidad de Vida presenta un valor promedio de 80.
 
[5] El autor utiliza el término con fines de describir los procesos de desarrollo de naturaleza hegemónica que niegan las características propias del contexto y que se centran únicamente en el crecimiento económico. El término parte del discurso de desarrollo expuesto por Lauchlin Currie en el informe Operación Colombia (1960).
 
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Los arboles no nos dejan ver el bosque: El Paisaje cultural cafetero

Por Williams Gilberto Jiménez García                                    Administrador Ambiental. Universidad Tecnológica de Pereira Estudiante Maestría en Hábitat. Universidad Nacional de Colombia

A un año de la declaratoria del Paisaje Cultural Cafetero (PCC) por parte de la UNESCO, es necesario detenerse a re-pensar los alcances, retos y oportunidades que ofrece la declaratoria en pro de la configuración misma del territorio objeto de análisis, en este caso la ecorregión cafetera de Colombia. Por tal motivo, es importante realizar una descripción del café desde el contexto ambiental, seguido de lo que significa el PCC y las propuestas que se pueden desarrollar a partir del objetivo de conservar el patrimonio material e inmaterial de la ecorregión cafetera colombiana.

 El café una marca de identidad en momentos de crisis

El café configuró y permitió el crecimiento económico de la zona centro-occidental de Colombia (ecorregión cafetera), conformada, según ALMA MATER (2010) por 47 municipios de los departamentos de Caldas, Quindío, Risaralda y norte del Valle del Cauca, que por sus condiciones bioclimáticas y la cultura campesina permitieron el establecimiento del cultivo, hace más de cien años desde su implantación en el oriente del país y la primera exportación del grano, hasta las consecuentes “bonanzas y crisis” en el mercado interno y externo.

El café en esta zona del país, se presentó, según Duque y Rodríguez (2009) “en los inicios de siglo como un policultivo agroforestal” con una alta diversidad biológica propia de las zonas tropicales. Este sistema agrícola permitió, en un principio, una “convivencia armónica” de la selva tropical propia de los valles interandinos de Suramérica con la organización familiar, es decir, se establecía –para ese entonces- una interpretación entre el acervo cultural de los campesinos, el cultivo y el ecosistema, generando así, un escenario que favorecía la biodiversidad.

El marco del paisaje cultural cafetero en Quimbaya, Quindío

El marco del paisaje cultural cafetero en Quimbaya, Quindío. Fuente: Jiménez, 2007

Varios hechos cambiaron la dinámica de relación de los campesinos cafeteros con su ecosistema: el primer hecho es la idea de comercialización del producto, de hecho necesaria, ya que el café no es un producto agrícola que aporte a la nutrición de las familias; el segundo hecho, es el surgimiento de la Federación Nacional de Cafeteros (FNC) como propuesta organizativa del sector cafetero, que generó todo un cambio tecnológico y cultural (hasta burocrático) en la cadena productiva del café; el tercero, es la apertura del país –con sus tropiezos y aciertos- al comercio internacional; y por ultimo la prolongada situación de orden público de esta zona del país, que pasó de ser escenario de conflicto de las guerras liberales-conservadores, las guerrillas-paramilitares-estado colombiano y el narcotráfico.

La combinación de las anteriores circunstancias con factores ambientales como el cambio climático, la pérdida de suelos producto de la sobrexplotación agrícola, la contaminación de fuentes hídricas, la perdida de bosques, la ganadería extensiva y la pobreza han generado un escenario que atenta contra la sustentabilidad del modelo agrícola cafetero, el cual cabe mencionar se ha basado en la micropropiedad, la subsidiariedad y los valores tradicionales a la escala de la familia campesina.

Prácticas agrícolas inadecuadas en el paisaje cultural cafetero, Filandia, Quindío. Fuente: Jiménez, 2007

El café ha influido de manera directa en el desarrollo de la ecorregión cafetera de Colombia, en tiempos anteriores representó una cruzada, según Duque(2012) contra la pobreza y la inequidad, la exclusión y la marginalidad; por su parte en tiempos de crisis cafetera (como ocurre en la actualidad) ha fomentado el desempleo, la migración, la pobreza y hasta la violencia.

Por tal motivo, es preponderante la acción de instrumentos políticos y académicos que permitan de manera racional conservar parte del patrimonio cultural material e inmaterial, legado de varias generaciones de cafeteros. En este escenario y luego de una década de investigaciones, nace la idea de volver patrimonio este territorio y darle una marca de identidad en respuesta a la crisis, conocida como Paisaje Cultural Cafetero.

El Paisaje Cultural Cafetero

Los esfuerzos por generar conceptos claros y precisos acerca de asuntos polisémicos y etéreos como el paisaje, ha hecho que éste como concepto pierda claridad y se simplifique; a pesar de su importancia en la vida del hombre, se ha perdido el sustento del mismo y se ha reducido a  un “supuesto”, que es usado en el lenguaje común y, a veces de manera inapropiada. Para el presente escrito, se puede decir que el paisaje es una construcción social resultado de la acción del hombre en un territorio concreto, según Delgado y Ojeda (2009) “es un producto complejo que se construye lentamente con dinámicas especificas e interrelacionadas de carácter natural, social y cultural”.

El paisaje, según Pinzón (2010) “tiene unas características únicas por la intervención del trabajo humano, que en el caso de la región del eje cafetero colombiano, es una obra colectiva en la que predomina la cultura de la colonización antioqueña que trajo consigo el cultivo del café”. Estas características están representadas en los procesos de selección de semilla, germinadores, siembra, cuidado en el crecimiento de la planta, recolección del fruto, procesamiento del fruto, transporte, comercialización del grano y consumo del mismo, además de las formas de la crianza y reproducibilidad de las familias, el trabajo familiar, las relaciones sociales y de poder, los mitos y leyendas cafeteras, las costumbres, la gastronomía, la arquitectura y la escala de valores cafeteros.

En medio del café. Circasia, Quindío. Fuente: Jiménez, 2007

Teniendo en cuenta lo anterior, el paisaje según Delgado y Ojeda (2007) se carga de un cumulo de saberes vivenciales y emocionales, que en el caso del PCC hablan de la forma de contemplar y sentir el mundo que expresan y transmiten identidad, tristeza, placer, nostalgia o rechazo, a la vez que genera lucro económico, subsistencia, recreo y seguridad, en otras palabras condiciona la creación del hábitat de sus pobladores.

El café se ha convertido en la identidad de una región y de un país de regiones, es el “logo comercial” por el que Colombia es reconocido ante el mundo; gracias al cultivo del café se han educado miles de colombianos, se han construido cientos de kilómetros de carreteras, se ha aumentado el PIB de la nación por muchos años, se han constituidos cientos de centros poblados y tres ciudades capitales departamentales; y es precisamente el café, el detonador de las principales problemáticas sociales en el país.

La declaratoria del PCC representa una oportunidad de visibilizar ante Colombia y el mundo el carácter del paisaje de esta zona del país y las serias problemáticas que afrontan las 500.000 familias que viven de este cultivo, así mismo, puede ser un “salvavidas” para reactivar, según Duque (2012) la actual recesión de la economía rural cafetera; y además puede representar un oportunidad para repensar y revaluar los modelos de transformación agrícola del territorio y las relaciones humanas, según Duque y Rodríguez (2009) con los agroecosistemas.

A manera de conclusión y propuestas

La declaratoria del PCC es una oportunidad de revaloración de las costumbres y hechos que dieron lugar a lo que es la actual ecorregión cafetera de Colombia. Se debe traspasar la idea de que esta declaratoria es solamente una oportunidad comercial turística, que generará empleo a corto plazo y no incentivará la generación de conciencia critica en cuanto a toda la cadena productiva agrícola, no solo del café, sino de todos los productos agrícolas relacionados con el mismo, como es el caso del plátano, la yuca, las orquídeas, el ganado entre otros.

Así mismo, en pro de la sostenibilidad de los atributos del PCC, se debe garantizar que la distribución de los recursos económicos que se generen a partir de la gestión de este patrimonio mundial sean repartidos con equidad entre las personas que construyen en realidad el PCC y, no las instituciones de carácter politiquero, las Federaciones agremiadas con alto poder burocrático, los narcotraficantes o las agencias turísticas.

A su vez, se debe trabajar de la mano con todos los grupos etarios que viven en el PCC y, en especial con los jóvenes, en los siguientes temas: empoderamiento del territorio, generación y transformación de una renovada identidad cafetera; democratización de las nuevas tecnologías en el proceso productivo del café; ampliación en la cobertura de educación de calidad y contextual; establecimiento de conexiones terrestres y de comunicaciones y; visibilización de la cultura cafetera y de sus valores como hecho de construcción social.

Para finalizar, el paisaje es un componente del bienestar social y particular, un recurso colectivo construido por múltiples generaciones, es democrático porque es de todos y es de nadie y es un componente circunstancial del patrimonio material e inmaterial. Por tal motivo el cuidado, la conservación, la sostenibilidad y la valoración (en cuanto al valor y no al precio) es una tarea de todas las instituciones, la sociedad civil, la academia, los campesinos y demás grupos humanos, de sus pobladores y de sus visitantes.

En síntesis, el recuento anterior nos permitirá ver el bosque sin que la declaratoria nos quite la visión de lo que hoy acontece en el PCC.

BIBLIOGRAFÍA

ALMAMATER. (2010). Paisaje Cultural Cafetero. Obtenido de http://www.almamater.edu.co/sitio/contenido-paisaje-cultural-cafetero-59.html. Recuperado el 9 de Agosoto de 2012

Delgado, B., & Ojeda, J. (2007). Metáforas contemporáneas de paisajes andaluces. En V. Paul, & D. Tort, Territorios, paisajes y lugares (págs. 433-449). Barcelona: Galerada. Disponible en: http://www.upo.es/ghf/giest/documentos/paisaje/delgadoyojeda06_metaforas.pdf.

Delgado, B., & Ojeda, J. (. Boletin de la A.G.E No 51. de 2009). La comprensión de los paisajes agrarios españoles. Aproximación a través de sus representaciones. Boletín de la Asociacion de Geografos españoles No 51. Disponible en: 93-126 http://age.ieg.csic.es/boletin/51/05-delgado.pdf, 93-126. Obtenido de Asociación de Geografos españoles.

Duque, A., & Rodriguez, D. (2009). El Paisaje Cultural Cafetero: Reflexiones desde la diversidad agrícola y las percepciones historicas de la naturaleza y la cultura. En C. E. Lopez, & U. Hernandez, Diálogos de saberes, cienciase ideologías en torno a lo ambiental (págs. 121-128). Pereira: Universidad Tecnologica de Pereira.

Duque, G. (2012). Institucionalidad en el Paisaje Cultural Cafetero. Obtenido de Godues.wordpress: http://godues.wordpress.com/2012/07/31/institucionalidad-en-el-pcc/. Recuperado el 9 de Agosto de 2012

Pinzón, G. (2010). Factores reales y valores en el Paisaje Cultural Cafetero. Obtenido de Red Alma mater: http://www.almamater.edu.co/sitio/Archivos/Documentos/Documentos/00000110.pdf. Recuperado el 9 de Agosto de 2012

Lluvia de ideas en la primera jornada del Taller Internacional Estudios del Paisaje.

Por: Luis Fernando Acebedo Restrepo
Profesor Asociado Universidad Nacional de Colombia.

Panorámica del auditorio en el día de inauguración del Taller Internacional. Foto Acebedo.

Geógrafo Juan Francisco Ojeda Rivera, Universidad Pablo de Olavide de Sevilla, España.

Ayer inició formalmente el “Taller Internacional Estudios del Paisaje. Paisajes Culturales Productivos” en el auditorio principal del Campus La Nubia de la Universidad Nacional de Colombia sede Manizales.  Un selecto grupo de asistentes provenientes de universidades, sociedad civil, empresarios y representantes de instituciones de gobierno, se convocaron para iniciar las reflexiones sobre el presente y futuro de los paisajes productivos, y muy especialmente del Paisaje Cultural Cafetero, inscrito hace un año  en la Lista de Patrimonio Mundial de la UNESCO.

Luego de los himnos de Colombia y España, junto con los de Caldas y Manizales, entonados por la Orquesta de Cámara de Caldas, pasaron al atril los Hermanos Uribe, un dueto musical que amenizó el comienzo de la mañana con canciones tradicionales recreando diferentes facetas de la vida cotidiana en el proceso de conformación del territorio cafetero, bellamente acompañados con los instrumentos musicales de Orquesta.

El profesor Fabio Rincón, anfitrión del evento, recordó el principal reto del Paisaje Cultural Cafetero -PCC- orientado a construir región. Estableció un parangón entre los conceptos de universidad y paisaje por la comunidad de características comunes: diversidad de pensamientos e instituciones, capacidad crítica y analítica, incluso por su carácter subversivo y político en el mejor sentido de estos términos.

Sociólogo Fabio Rincón Cardona. Universidad Nacional de Colombia. Director del OPP.

Precisó la importancia de los observatorios, y específicamente del “Observatorio para la sostenibilidad del patrimonio paisajes” creado por acuerdo de distintas universidades públicas y privadas del Eje Cafetero, como parte fundamental de la institucionalidad del PCC, cuya misión fundamental es dar pistas a todos los actores para actuar en torno al paisaje. El paisaje es crítico, añadió, y la UNESCO lo declara justamente porque está en riesgo, tiene debilidades y debe ser adecuadamente intervenido.

Fernando Quiles García, coordinador de la Red Arquitectura Vernácula Ibeoramericana -AVI- anunció las primeras acciones que se tomarán luego de este primer Taller de Estudios del Paisaje, producto de los acuerdos desarrollados con el Observatorio para la Sostenibilidad del Patrimonio en Paisajes -OPP-. Habrá una plataforma virtual para difundir el patrimonio, dado el interés que han encontrado en la arquitectura y el paisaje cafetero. La red AVI centrará sus esfuerzos de cooperación con Colombia, especialmente valorando la arquitectura tradicional colombiana, debido a los recortes presupuestales producto de la crisis española que retrasarán su proyección a otros países latinoamericanos. En el mes de noviembre se planea una reunión en Sevilla, España, orientado a promocionar el PCC y definir tareas a futuro.

La conferencia inaugural estuvo a cargo del Geógrafo Juan Francisco Ojeda Rivera de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla, España. La temática, “Paisaje, patrimonio y desarrollo contemporáneo”. Su intervención, hecha desde la perspectiva de una clase como él mismo lo planteó, fue muy rica en argumentaciones filosóficas que definen el paisaje desde las culturas más antiguas a partir de la emoción, los sentimientos, las percepciones y significados. Es por lo tanto, un patrimonio colectivo y democrático que no tiene precio, se construye y lo construyen los diferentes actores en su vida cotidiana. Para que un territorio se desarrolle –dice el profesor Ojeda- se necesita cierto crecimiento, pero el excesivo crecimiento económico puede opacar el desarrollo, cuando por crecer se le pone precio de mercado a los valores patrimoniales.

Así mismo, defendió la necesidad de defender y promocionar las singularidades patrimoniales como una característica fundamental de la inserción en las redes globales. Esto no debe suponer la pérdida de los principios básicos y éticos de la distinción cultural en un mundo ricamente diverso, pero desafortunadamente tendiente a la homogenización despersonalizada. Finalmente, defendió el carácter dinámico del paisaje y la necesidad de recrearlo permanentemente introduciendo innovaciones que lo cualifiquen y protejan.

Manizales: ¿una ciudad universitaria que le apuesta al conocimiento?

Imagen

Imagen tomada de infografía Jorge Morales

Por Daniel Posada
Arquitecto, Estudiante de la Maestría en Hábitat
Universidad Nacional de Colombia, sede Manizales.

Varios años atrás, se ha venido formando en el imaginario de los manizaleños y de la región en general, la posibilidad de catapultar a Manizales como una ciudad del conocimiento; es decir, una ciudad que le apuesta a las dinámicas del conocimiento como materia viva de su diario vivir, al poseer en su infraestructura urbana, centros educativos, de investigación y universidades de alta calidad que soporten dicha actividad a través de la creatividad y la innovación. Ahora bien, ¿será que la presencia de instituciones educativas, es suficiente para acuñar un término tan densamente complejo y cargado de más aditamentos, en tanto condiciona la imagen y estructura de la ciudad?,  o ¿existe en la memoria urbana antecedentes que permitan valorarla en este sentido por otras acciones? Para ello, quiero indagar un poco a partir de si la ciudad de Manizales realmente ha hecho del conocimiento foco de intereses comunes y visión del territorio a futuro.

Históricamente, las ciudades colombianas han desplegado su forma de vivir y de sostenerse con actividades agrícolas que resaltan la actividad económica propia de sus tradiciones, y con ello, proyectan su visión respaldada en dichas actividades. A la par, se desarrollan perspectivas diferenciadas de tipo cultural a nivel nacional, mientras que en el ámbito regional se definen rasgos y parentescos sociales de acuerdo a identidades compartidas, dando forma a una prospectiva integral del territorio en pasado, presente y futuro. Ambos, en la labor reciproca de permanecer, valerse y ser auténticos para acercar la idea de un lugar diferente, peculiar, bohemio, un lugar para la cultura y las artes, tanto vernáculas como importadas; no en contraposición a las demás maneras de forjar territorio, sino en el reconocimiento de la diversidad social, un país de países como es la región del eje cafetero Colombiano.

El documento recientemente publicado en página web por diferentes organizaciones sociales, culturales y productivas de Manizales, titulado “El anhelo ciudadano. Manizales una ciudad del conocimiento con educación de calidad como requisito indispensable para lograr desarrollo”, hace un desglose más que sintético, preciso y no por ello mínimo, de la vocación educativa que en los primeros habitantes se vislumbraba, gracias a la economía fuerte del café que, impulsó, además de una tradición para el mundo con paisajes de filos en ferrocarril aromatizados por el mejor café del mundo, viajes a Europa. Estos resultarían decisivos en la manera  como la ciudad abordaría el tema espacial inundando el entorno con arquitectura ecléctica y dejando a su paso un centro histórico consolidado; en asocio, el tema educativo que suponía para ellos en la memoria ya creciente de sus quereres, la inclusión del conocimiento como la manera en que sus hijos heredarían la tierra.

Toda una tradición de escenarios educativos estaban proyectados, con el fin de introducir a una ciudad de montaña y neblina, las formas de habitar de las ciudades inglesas con sus calles de boulevard, cafés, y edificios de ensueño; “En 1900 los hijos de los fundadores resolvieron convertir a Manizales en la aldea más importante del país, y estaban convencidos de que esto no se lograba sólo con dinero, sino que era indispensable la educación y la cultura” (ACRIP, s/f). Una cultura propia exógenizada por las escenografías urbanas europeas. Para aquella época, realmente se vivía ese ambiente.

“En junio de 1852, solo dos años después de la Fundación, se abrió oficialmente la primera escuela en la ciudad, y  se nombró a don Felipe Moreno como su primer maestro.” Desde ese instante, y hasta la fecha, se ha hecho inversión en edificios educativos que se han configurado como proyectos de arquitectura de avanzada para su época y sin reparo en gastos ni estilos. “Lograron antes de culminar la primera década del nuevo siglo que Manizales fuera reconocida en todo el país por cuenta del café, y conectaron, a través de este producto,  la ciudad con el mundo, haciendo las primeras exportaciones a Londres. En 1910 inauguraron la primera Biblioteca Pública y el Primer Museo, como anticipo del deseo profundo de sus habitantes de tener educación universitaria disponible en la ciudad, que hasta entonces era provista en el Cauca para todos aquellos que deseaban y podían tenerla. […] También se fundaron en esta época las dos escuelas  normales (1909 y 1910), […] Se fundó el Colegio de Cristo en 1907. En 1914 se creó el Instituto Universitario, en donde se han formado miles de estudiantes,[…]La Escuela de Artes y Oficios se creó en 1931, soporte luego, como Escuela de Bellas Artes, de la Universidad de Caldas. En 1943 se estableció la “Universidad Popular”, por Ordenanza, pero sin alcanzar a ofrecer programas de educación superior, lo cual se consigue en 1948 con el establecimiento en Manizales de la Universidad Nacional de Colombia y en 1950 con la Universidad de Caldas. Con posterioridad se crean la Universidad Católica (1954), la Universidad de Manizales (1972) y la Universidad Autónoma (1979). (ACRIP, s/f)”

El recorrido seguido ha llevado consigo un bagaje de obras construidas para la formación que aún están en funcionamiento, y que han dado a Manizales en estos últimos años la imagen de ciudad universitaria; con la cual, ha forjado una proyección de plataforma educadora y con potencialidades en cuanto a lo académico, pero, ¿es únicamente la presencia de establecimientos educativos y en mayor medida, la educación superior y universitaria quien puede darle soporte como una ciudad del conocimiento?

Pensar en ciudad, es pensar en sociedad, en cada uno de los ladrillos que conforman esta construcción social y cultural. Uno de estos ladrillos es la educación y el conocimiento; una sociedad en cualquier lugar del mundo, basa su forma de existir en el conocer y reconocer su ambiente, sus practicas, su contexto, de allí deviene el conocimiento de ese  lugar al cual pertenece; entonces, ¿que hace que un entorno sea especial al otro en términos de conocimiento? “la sociedad del conocimiento se entendió a menudo como aquella en donde los sectores que utilizan el conocimiento de una forma intensiva son los que más contribuyen al crecimiento de la economía (Rohrbach, 2007).[…] No obstante, desde una perspectiva más compleja del desarrollo algunos autores proponen una definición que las identifica como “aquellas capaces de generar, incorporar y aplicar diversas formas de conocimiento para mejorar la competitividad económica, el bienestar de la población, la sostenibilidad ambiental, una mayor participación ciudadana en los asuntos públicos y una gobernanza más eficaz del territorio.” (Romeiro, 2008) A partir de estas definiciones, se entiende una ciudad del conocimiento no simplemente como un artefacto que tiene forma de campus, o de aula, sino, una integración de factores sociales, económicos, culturales y políticos ligados a la apuesta de saberes. Estar respaldado por la fuerza educativa, no es el fin, es el medio para alcanzar la totalidad de las dinámicas complejas de una región, que por fortuna, tiene el conocimiento en la palma de su mano.

Es cierto que la presencia de campus universitarios posibilita economías de migrantes en la ciudad que estabilizan sectores productivos, como el mercado inmobiliario en la figura de residencias universitarias, o los mercados de comidas para la solución de necesidades básicas de alimentación y el mercado nocturno que asegura el esparcimiento de miles de estudiantes que diariamente lo habitan, entre otros; pero, ¿hay algún tipo de control(políticas) sobre estas dinámicas en beneficio de los usuarios (los estudiantes), del sector (plusvalías y mejoramientos), de la economía (comerciantes locales) y del ambiente (ética ambiental)?

Ahora bien, es evidente la desarticulación entre ciudad y universidad, cayendo en el error de la negación total y desinteresada de su contexto, una rueda suelta a la manera de claustro académico medieval cerrado y ensimismado; o inversamente, la cooperación de la universidad a los mercados de consumo y multinacionales que fijan su atención en las instituciones que trabajan por el conocimiento, como las universidades, para usarlas en pos de su crecimiento económico; una institución que trabaja por la empresa no local en detrimento de la sociedad que sustenta su misión.

La universidad no es la única responsable de la apuesta de Manizales como una ciudad del conocimiento, pero alcanza un valor significativo en la transformación del sentido hacia otros horizontes, ya que primero, debe trabajar en el cambio mental de una sociedad que poco a poco pierde su identidad cafetera y cultural, por una del conocimiento como principal valor agregado, lo cual no implica negar su potencial productivo de carácter histórico. Es necesario reconocer el compromiso de mirar sinérgicamente las interrelaciones de los diferentes actores sociales, políticos, institucionales, económicos, culturales y ambientales; y el propósito del diálogo de esas experiencias para la construcción de nuevas e innovadoras formas de re-crear mejores condiciones para la productividad y la calidad de vida de sus habitantes. Algo muy diferente a un desarrollo de “call center” o “casinos” evidenciados por doquier. “Bien es sabido que estas empresas de servicios se mueven por el mundo con una gran flexibilidad de acuerdo a la desregulación de las leyes laborales y a la oferta y la demanda de los mercados, lo cual impacta negativamente al empleo productivo de alta y baja capacitación, precarizándolo por igual.” (Acebedo, 2010)

Es necesario preparar el terreno para que las diferentes formas de hacer ciudad se organicen positivamente en el encuentro de sus saberes propiciando mejores alternativas de trabajo y estabilidad, entendiendo tanto las dinámicas urbanas y rurales como la participación ciudadana en ellas.

Bibliografía

Acebedo, L. F. (12 de Febrero de 2010). Manizales: de Eje del Conocimiento a Call Center. Recuperado el 06 de Mayo de 2012, de http://caleidoscopiosurbanos.blogspot.com/2010/02/manizales-de-eje-del-conocimiento-call.html

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R. MENDEZ, J. M. (2006, XXXVIII). Redes institucionales e innovacion en ciudades intermedias para el desarrollo territorial. Ciudad y Territorio, Estudios Territoriales , 377-395.

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Romeiro, P. (2008). LAS CIUDADES DEL CONOCIMIENTO: REVISIÓN CRÍTICA Y POSIBILIDADES DE APLICACIÓN A LAS CIUDADES INTERMEDIAS. Barcelona.

LA DIVERSIDAD CULTURAL Y AMBIENTAL CLAVES EN EL TERRITORIO DEL CONOCIMIENTO DE LA ECORREGIÓN EJE CAFETERO

Por Williams Gilberto Jiménez García                                   Administrador Ambiental de la Universidad Tecnológica de Pereira. Estudiante de la Maestría en Hábitat de la Escuela de Arquitectura de la Universidad Nacional de Colombia, sede Manizales

Desde su génesis la ecorregión Eje Cafetero ha estado ligada a una estrategia de gestión ambiental, denominada Proyecto Colectivo Ambiental.     Este proyecto de integración se basa en la consolidación de Caldas, Quindío y Risaralda en territorios que articulan sus procesos de desarrollo con la base ambiental, a partir de las potencialidades que cada departamento posee, ya sea desde su ubicación geoestratégica y sus vocaciones comerciales, turísticas, educativas e industriales.

Es así, cómo desde una propuesta académica, se articulan las visiones prospectivas de los departamentos, para complementar las economías en un contexto histórico compartido, una base ambiental muy diversa, un desarrollo tecnológico y educativo (apoyado por cuatro universidades públicas) y, una cultura cafetera icónica que consolidó los procesos de identidad de esta región, representativos a escala nacional e internacional.

Los retos que afrontan los tres departamentos seguirán en la articulación y complementación (proceso en consenso aún) de las economías, uso apropiado de la naturaleza, el manejo de cuencas, la superación de problemas sociales como la violencia y el desempleo y, la revaloración y transmisión de la cultura de esta región. Para asumir estos retos, con el compromiso que requieren las próximas generaciones (y por qué no, las actuales) se han propuestos modelos de ciudad, región y territorio, entre los cuales encontramos los territorios del conocimiento[1], los que se abordaran como una propuesta de desarrollo endógeno en un contexto natural y cultural diverso.

La propuesta de un territorio del conocimiento en la Ecorregión Eje Cafetero

En la actualidad muchas ciudades se presentan como ciudades del conocimiento, o diseñan mecanismos de gestión para planificar su desarrollo estratégico con el fin de volverse territorios del conocimiento. Según Castell y Hall ((1994) citado por Acosta, 2011, pág. 33) “un territorio del conocimiento se puede entender como un medio creador e innovador conformado por un gran sistema de estructuras sociales, institucionales, organizativas, económicas y territoriales que crea condiciones para la generación continua de sinergias”, las cuales se presentan entre los diferentes agentes públicos, privados y las universidades de la ecorregión del eje cafetero (EEC)

El fin de la articulación entre los agentes y el entorno de las ciudades de la EEC, debe ser según Acosta (2011, pág. 33), “el desarrollo de nuevas industrias y de nuevos servicios que incorporan conocimiento y creatividad del más alto valor agregado, a partir del conocimiento generado en los sistemas de educación, ciencia y tecnología, a través de infraestructuras de investigación y desarrollo y, de la capacidad creadora de la respectiva cultura”.

En el caso de la EEC, es importante reflexionar sobre un liderazgo que consolide un territorio del conocimiento, que articule la investigación científica con las potencialidades que ofrece esta región, tales como la diversidad cultural y ambiental. En consecuencia, al reconocer al conocimiento como propio de cada cultura, se podría establecer que para garantizar la sustentabilidad del territorio del conocimiento en el tiempo, se debería enmarcar el desarrollo, según Acebedo (2010) en una visión endógena, es decir que tenga en cuenta los capitales (económicos, culturales, humanos, tecnológico, ambiental, etc) de la región y se proyecte a los mercados mundiales desde el interior hacia el exterior.

La perspectiva endógena que ofrece el territorio del conocimiento, según Acebedo (2010, pág. 26) “se fundamenta en el valor del territorio como objeto y sujeto en la generación de conocimientos e innovación. Esta relación de interdependencia e interacción le da al territorio una connotación dual entre objeto material que es transformado por la sociedad y sujeto generador de conocimiento y cultura, que a su vez contribuye a transformar las relaciones sociales”

El desarrollo de la EEC basado en el conocimiento puede fomentar la generación de empleo y la cualificación del mismo, la reconversión de los actuales procesos industriales contaminantes, la revaloración de los saberes tradicionales, el uso e investigación de la biodiversidad, la investigación asociada a las prácticas agroecológicas y el fomento de la biotecnología. Lo anterior, claro está, se logra incentivando una cultura de intercambio de conocimiento entre la red de universidades publicas (ALMA MATER), re-diseñando el espacio público de las ciudades, construyendo redes de las TIC’s[2], mejorando la infraestructura vial, propiciando espacios de reconocimiento cultural y consolidando confianza en el sector público-administrativo.

En este orden de ideas, Acebedo (2010) en su tesis doctoral diagnostica “las características espaciales y territoriales que tiene la EEC dentro del propósito de ser considerada como un territorio del conocimiento, y formular unas líneas estratégicas de actuación para avanzar en esa dirección desde una visión endógena y sinérgica”, para lo cual en el siguiente capitulo se abordará la temática desde la base cultural y ambiental de la EEC.

La base cultural y ambiental del territorio del conocimiento

Partiendo de la intención de fomentar una visión endógena de la EEC para la constitución del territorio del conocimiento, es necesario revisar en que sector se centraran los esfuerzos para generar un desarrollo científico. Para el presente articulo, se tomaran dos sectores, (la cultura y el contexto ambiental, sin excluir los demás sectores) y se analizaran a la luz de su importancia endógena y sinérgica.

La EEC es biodiversa, puesto que tiene un variado potencial de pisos térmicos, ecosistemas y culturas. En una misma región se pueden encontrar diversas zonas de vida, que van desde las zonas nivales en el Parque Nacional Natural de los Nevados, hasta las selvas tropicales del Chocó biogeográfico; además, en la región están las cuencas hidrográficas (arterias de Colombia) del Río Cauca y del Río Grande de La Magdalena; y también es posible identificar un sinnúmero de cultivos asociados a los pisos térmicos (donde el principal es el café) y a las culturas relacionadas con el cultivo (entre otros aspectos)

Lo anterior, permite evidenciar que se cuenta en la región con una variedad de posibilidades de investigación en el área ambiental y cultural. En la región se deben destacar esfuerzos como los realizados por la Facultad de Ciencias Ambientales de la Universidad Tecnológica de Pereira, la cual desde hace 20 años viene formando profesionales en el área de los Saberes Ambientales y, desarrollando procesos de investigación relacionados con la variabilidad genética de las especies, la agroecología, las interfaces rur-urbanas, la gestión ambiental empresarial, urbana, rural, hídrica y cultural, desde la óptica de las problemáticas ambientales.

A su vez, en la ciudad de Manizales se encuentra el Instituto de Estudios Ambientales –IDEA- de la Universidad Nacional de Colombia. Este instituto busca incentivar a través de la docencia, la investigación y la extensión, una mejor gestión política, científica y tecnológica en la solución de los problemas ambientales de la región. Por su parte en la ciudad de Armenia, se encuentra el Instituto de Investigación en Recursos Biológicos Alexander von Humboldt (IAvH), que tiene como función la investigación científica sobre biodiversidad para su uso sustentable en las áreas de la salud, desarrollo, agua y ecosistemas.

Así mismo, en el sistema cultural, se encuentra un proyecto de revaloración y visibilización de la cultura cafetera, reconocido por la UNESCO como Paisaje Cultural Cafetero (PCC). Esta iniciativa liderada por el ALMA MATER, reconoce la relación especial evidente en esta zona del país de su sustrato natural con las actividades humanas (relacionadas con la modificación o alteración de los elementos naturales) y las actividades productivas (relacionadas con el componente funcional de la economía, formas de vida, cultura).

El PCC ofrece un marco contextual que puede servir de referencia para la innovación y la tecnología asociada al conocimiento tradicional de los pobladores cafeteros, revalorando a partir de la investigación aplicada los saberes consuetudinarios y los mecanismos de adaptación de estas poblaciones al contexto ambiental actual. Se parte de apreciar la cultura cafetera, según ALMA MATER (2010), “desde la cohesión social, la belleza escénica, las actividades productivas, la protección a los recursos naturales y el uso racional del suelo”, para llegar a incentivar una cultura de aprendizaje colectivo y de difusión de conocimiento de todos los agentes (mencionados anteriormente), generando así, un escenario adecuado para la promoción del desarrollo endógeno basado en el conocimiento.

 A manera de conclusión

Las tres ciudades del eje cafetero (Armenia, Manizales y Pereira) deben unificar sus criterios de planeación hacia proyectos colectivos que generen identidad y reduzcan la duplicidad de esfuerzos, por ejemplo, el caso de la EEC como territorio del conocimiento, el ALMA MATER y el PCC, en el contexto educativo y ambiental; sin desconocer otros procesos de integración como las autopistas del Café y el Distrito regional de la Policía Nacional.

La consolidación de la EEC como territorio del conocimiento será posible en la medida que se haga desde una perspectiva endógena, que complemente las economías de los tres departamentos. Lo anterior es posible, si se reconoce la diversidad de la base ambiental y cultural de toda la región en su conjunto, en un contexto de inclusión de todos los sectores de la economía articulados a la oferta ambiental del territorio y al saber tradicional de los pobladores.

La EEC es pionera en procesos de investigación ambiental y cultural. Es en el estudio de la base ambiental, de la biodiversidad y de la diversidad cultural, donde se pueden basar las políticas regionales de fomento a la investigación en las tres ciudades (y sus institutos de investigación), los planes de desarrollo institucionales y los presupuestos públicos con el fin de establecer la plataforma de la innovación y el desarrollo en el territorio del conocimiento.

Bibliografía

Acebedo, L. F. (Octubre de 2010). Territorios del conocimiento en la Ecoregión Eje Cafetero. Calidoscopios a partir de tres espejos de representación: Sociedad + Espacio + Conocimiento. Obtenido de Caleidoscopios Urbanos: http://caleidoscopiosurbanos.blogspot.com/search?updated-min=2010-01-01T00:00:00-05:00&updated-max=2011-01-01T00:00:00-05:00&max-results=42. Recuperado el 28 de Mayo de 2012

Acebedo, L. F. (2010). Territorios del conocimiento en la Ecorregión Eje Cafetero. Calidoscopios a partir de tres espejos de representación: Sociedad + Espacio + Conocimiento. Tesis Doctoral para optar al título de Ph.D de Urbanismo. Caracas: Instituto de Urbanismo. Universidad Central de Venezuela.

Acosta, J. (2011). Ciudades de América Latina en la sociedad del conocimiento. Experiencias de investigación, innovación y creatividad. ARENOTECH. Revista en línea , 25-50.

ALMA MATER, R. (Octubre de 2010). Paisaje CUltural Cafetero. Obtenido de Red Alma Mater: http://www.almamater.edu.co/sitio/contenido-paisaje-cultural-cafetero-59.html. Recuperado el 23 de Mayo de 2012

Castell, M., & Hall, P. (1994). Las tecnópolis del mundo. La formación de los complejos industriales del seglo XXI. Madrid: Alianza Editorial. Obtenido de Acosta, J. (2011). Ciudades de América Latina en la sociedad del conocimiento. Experiencias de investigación, innovación y creatividad. ARENOTECH. Revista en línea , 25-50.


[1] Figura que va mas allá de las ciudades del conocimiento en cuanto al contexto geográfico, pues lo que se busca es que las tres capitales del eje cafetero se integren a este modo de re-pensar y re-construir la identidad de estas ciudades

[2] Abreviatura de “Tecnologías de la información y la comunicación”

Planificación y Desarrollo Regional con Base en el Reconocimiento de la Complejidad del Territorio

Por: Juan David Céspedes Restrepo
Administrador Ambiental
Estudiante Maestría en Hábitat
Universidad Nacional de Colombia -Sede Manizales-

 Fuentes:                                                                        http://www.viajescolombia.net/wp-content/uploads/2011/06/eje-cafetero.jpg  http://http://www.armeniahotel.com.co/wp-content/uploads/2011/02/armenia.jpg  http://imagenesyfotos.info/wp-content/uploads/2011/06/Viaducto_pereira.jpg

Actualmente, uno de los desafíos que adquiere cada vez más importancia para el país en materia de planificación, se centra en desarrollar procesos de ordenamiento del territorio que reconozcan y resignifiquen aquellas relaciones territoriales que han surgido y se han fortalecido históricamente entre diferentes municipios y/o departamentos. Rutas comerciales, arterías viales, flujos de información y materiales, productos, prestación de servicios, relaciones económicas y continuidad en los sistemas naturales[1]; son sólo algunos ejemplos de aspectos que al interior de un territorio sobrepasan los límites político-administrativos establecidos para los municipios y departamentos de Colombia. No obstante pese a la innegable existencia de estas interrelaciones, el desconocimiento de la naturaleza transversal de las mismas dentro de los instrumentos de planificación -tales como Planes de Ordenamiento Territorial [en adelante POT] y Planes de Desarrollo- continúa favoreciendo la fragmentación del territorio y fortaleciendo el crecimiento desmesurado de los núcleos urbanos y las ciudades capitales.

Esta situación en sí misma, representa una contradicción directa a la premisa básica del ordenamiento del territorio; el cual, de acuerdo a lo expuesto en la Ley 1454 de 2011 (Congreso de Colombia, 2011) se constituye como “un proceso de construcción colectiva de país, (…) tendiente a lograr una adecuada organización político administrativa del Estado en el territorio, para facilitar el desarrollo institucional, el fortalecimiento de la identidad cultural y el desarrollo territorial; entendido este como desarrollo económicamente competitivo, socialmente justo, ambiental y fiscalmente sostenible, regionalmente armónico, culturalmente pertinente, atendiendo a la diversidad cultural y físico-geográfica de Colombia”.

Bajo esta consideración, la armonía regional de las ciudades es una condición sine qua non para garantizar la funcionalidad y sostenibilidad en el marco del desarrollo territorial. Para tal fin, ésta debe fundamentarse en el reconocimiento de la complejidad que reviste el territorio, mediante el abandono del sesgo espacialista que ha marcado históricamente la relación del ser humano con éste. La fragmentación existente demanda en primer lugar, una trasformación del paradigma tradicional que considera al territorio como una plataforma inerte donde se llevan a cabo procesos para el desarrollo; en este sentido es indispensable profundizar en la comprensión del territorio y su interrelación con los aspectos socioculturales de quienes lo ocupan. Como explican Echeverría y Rincón (2000) se debe partir “desde los procesos y grupos sociales que lo han transformado e intervenido haciéndolo parte de su devenir”. Estos aspectos son fundamentales dado que la relación entre el sujeto transformador y el espacio transformado no es unidireccional sino de retroalimentación, lo que implica que al tiempo que el sujeto modifica el territorio éste último actúa sobre el sujeto transformándolo también[2].

 Es por esta razón que en los procesos de planificación orientados al desarrollo regional, la identificación profunda de las territorialidades[3] -elementos constitutivos y estructurantes del territorio- representa el eje fundamental para la definición de una región, al permitir diferenciar los límites del territorio con base en las relaciones que se originan en su interior. Sin embargo, cabe resaltar que dado el carácter supraespacial que poseen, numerosas territorialidades –con diverso alcance espacial- pueden existir simultáneamente y de manera superpuesta en torno a un núcleo regional diferenciado. Este hecho dificulta los procesos de planificación regional ya que implica el establecimiento de límites flexibles y múltiples para la conformación de una región (Arango, 2011). La existencia de regiones estáticas y rígidas en cuanto a su delimitación va en contra del carácter dinámico propio de la naturaleza del territorio y atenta contra su capacidad funcional. Por esto, la existencia de múltiples delimitaciones regionales al interior de un territorio se presenta como una condición indispensable para el desarrollo regional, y evidencia el fracaso de algunas regiones que dentro del contexto nacional se establecen como sistemas cerrados y estáticos. Casos como las relaciones territoriales existentes entre departamento de Risaralda con el Chocó y Valle de Cauca, o de Caldas y Quindío con Tolima y parte del valle del río Magdalena, dejan en claro la necesidad de trascender y dinamizar la delimitación de región rígida hacia el interior y exterior del eje cafetero, para evitar el aislamiento y el deterioro de las territorialidades que rebasan las fronteras establecidas.

La escasa capacidad de los POT actuales frente a esta condición, deja en claro las limitaciones de las ciudades para articularse al contexto regional dentro del cual se hallan inmersas; hecho que ha acentuado la fragmentación del territorio a escala regional, e incluso a escalas más reducidas como el municipio, donde la visión instrumental de definición de usos de suelo ha generado rompimientos al interior de los sistemas urbanos que “se manifiestan en el  espacio de urbanizaciones y barrios que no establecen conectividad con el tejido urbano, con  el espacio público o con la viabilidad externa, y que por el contrario se marginan creando límites y barreras” (Centro de Estudios del Hábitat Popular [CEHAP], 1998).

Además de las consideraciones que deben integrarse a los instrumentos de planificación del país frente al establecimiento de límites regionales, otro elemento de suma importancia se centra en la complementariedad que debe existir entre las ciudades que hacen parte de una región[4]. Bajo el enfoque de la teoría general de sistemas, un territorio puede categorizarse como un sistema abierto, el cual dada su naturaleza y progresivo crecimiento tiende a estados de complejidad cada vez mayores. Este tipo de sistemas alcanzan su estabilidad a través de dos características básicas denominadas Integración y Diferenciación (Ossa, 2004). La Integración hace referencia a la necesidad de que exista un elemento “coordinador” o “dominante” que se encargue mantener los elementos relacionados entre sí; y la Diferenciación se refiere a la mecanización progresiva que experimenta un sistema a medida que aumenta en complejidad, la cual se traduce como la división y especialización de funciones en los elementos que lo conforman[5]. De manera similar, la garantía de una distribución adecuada de las cargas y beneficios al interior de una región, descansa en el hecho de que las ciudades que la conforman puedan complementarse con base en las funciones que desarrollan frente a la prestación de servicios y elaboración de productos, objetivo que sólo puede lograrse por medio del desarrollo de las identidades individuales y la reducción de la competencia.

Sin embargo, aún en medio la división de funciones propia de la complementariedad, se hace necesario que siga existiendo un elemento “coordinador” al interior de la región, sin que éste absorba las funciones de las demás ciudades, ni restrinja las posibilidades de desarrollo de cada una. Esta noción de complementariedad descansa entonces en la descentralización de las capacidades de gestión y las funciones administrativas pero reconoce la necesidad de una coordinación de funciones que facilite la continuidad en las interrelaciones propias de la región.

Para el caso de la ecorregión eje Cafetero, las capitales de los departamentos de Risaralda, Caldas y Quindío -las cuales cumplen la función de núcleos regionales-, se han constituido por su relevancia económica y tamaño como las ciudades de mayor jerarquía en la región; hecho que ha permitido explorar sus fortalezas para el desarrollo propio y su armonización regional: Manizales se proyecta como un eje de conocimiento, con base en la prestación de servicios y la proyección de ciudad universitaria, a lo que se suman las diferentes actividades industriales que se llevan a cabo en la periferia; Pereira por su ubicación estratégica en la zona de confluencia de varias arterias viales del país, se ha consolidado como una ciudad de aptitud comercial; igualmente, Armenia ha logrado articularse a los demás municipios del Quindío en torno al aprovechamiento de la belleza paisajística del departamento, lo cual sumado una importante inversión en infraestructura, la consolida como uno de los destinos turísticos de mayor calidad en el país. Esta situación de complementariedad entre las capitales cafeteras -salvo algunos asuntos que aún deben resolverse- ha brindado a éstas la posibilidad de desarrollarse libres de competencia

Sin embargo, a pesar del logro que esto representa, un alto porcentaje de los restantes 89 municipios que conforman la ecorregión eje cafetero, no ha explorado de manera adecuada su vocación ni ha desarrollado su identidad funcional. Esta situación hace que permanezcan  relegados frente a las ciudades capitales y favorece el arraigo de paradigmas que presentan al turismo y la agroindustria como soluciones quiméricas a las debilidades locales[6]; hecho que impide la integración regional.

Finalmente,  es importante recalcar que sumado a las consideraciones expuestas en este texto, la construcción de las regiones debe partir de las relaciones económicas, sociales y políticas existentes; ya que sólo a partir de estos elementos tiene real significado la formalización de éstas ante la ley. Por esta razón en la perspectiva del ordenamiento territorial no sólo es esencial que cada región que se proponga haya tenido su propia dinámica histórica, sino que su configuración jurídica responda además a la decisión de una efectiva consulta ciudadana, a las características propias del contexto y a la realidad territorial en que se encuentra inmersa.



[1] Esta continuidad puede verse representada a través de características comunes en la geoforma, la continuidad ecosistémica, o la utilización de bienes y servicios ambientales compartidos como en el caso en que diferentes ciudades se encuentran dentro de una misma cuenca o región natural.  

[2] Esta relación de doble vía entre el hombre y el territorio ocurre principalmente por medio de la cultura.

 [3] De acuerdo con Luis Felipe Marquéz (2010), las territorialidades son las “acciones sobre el territorio, que se ejercen y se practican por el hombre y la sociedad”  las cuales se fundamentan en la propiedad y la defensa del mismo. Las territorialidades se constituyen como uno de los factores que otorgan al territorio un estado de permanente configuración, con un carácter dinámico y  cambiante en el cual, lo físico es apenas una de las tantas dimensiones en las que la territorialidad se expresa.

 [4] La existencia de esta condición garantiza la sostenibilidad y favorece los procesos de descentralización al interior del territorio

 [5] Aunque parezca paradójico, ambas características coexisten en los sistemas complejos sin que por ello exista una centralización que desconozca a los demás elementos que los conforman.

 [6] Esta tendencia –en el caso del turismo- se evidencia de manera clara en los planes de desarrollo de un gran número de municipios de la ecorregión, especialmente en el departamento de Risaralda. El éxito de muchos municipios del Quindío frente al turismo ha generado la idea errónea de que el modelo puede ser replicado en otros contextos, ignorando las particularidades de cada municipio.

Bibliografía

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República de Colombia, Congreso. 2011. Ley 1454 de 2011 [versión digital] Recuperado el 1 de mayo de 2012, Secretaría del Senado página web: http://www.secretariasenado.gov.co/senado/basedoc/ley/2011/ley_1454_2011.html

Generación de conocimiento ambiental en la ciudad región del Eje Cafetero.

Por: Gonzalo Zuluaga López
Alumno Maestría en Medio Ambiente y Desarrollo.

El Eje Cafetero visto desde el panorama de una región construida para la generación de conocimiento requiere un análisis desde diferentes perspectivas, tanto políticas, económicas y sociales como desde el ámbito ambiental. Es en torno a la integración de estas miradas en la planificación desde donde se pueden observar las distintas coyunturas y determinantes para la sustentabilidad de un proyecto territorial de generación y construcción de conocimiento con el objetivo de determinar sus necesidades y potencialidades de desarrollo.

El desarrollo del Eje Cafetero y de la ciudad-región que hoy reconocemos se articula en la “ linealidad metropolitana” de la conurbación Manizales-Pereira-Armenia, avanza jalonado por el comercio espontaneo que se propicia por las necesidades básicas de su población y el floreciente ritmo económico que se ha inyectado en la última década con el auge del ecoturismo; Allí se encuentran también fuentes de desarrollo en las empresas e industrias localizadas aleatoriamente en la región y en núcleos de conocimiento abanderados por las universidades., Todo ello integrado permitiría más fácilmente apreciar un panorama más cercano a la construcción territorial de conocimiento.

Sin duda alguna la perspectiva política influye en la construcción del conocimiento en el contexto del Eje Cafetero en la medida en que los tres Departamentos que conforman la eco-región, generan autónoma -y a veces autárquicamente- programas y planes de desarrollo estructurantes, sin tomar en cuenta procesos y dinámicas que superan los límites político-administrativos. Esta realidad pone en evidencia las dificultades para tomar medidas acordes y coherentes con el medo físico que comparten, donde las cuencas de los ríos y el potencial hídrico desde donde se abastecen la mayoría de los acueductos municipales, entre otros temas de naturaleza regional, son comunes entre ellos. En este mismo sentido se expresan las necesidades de abastecimiento de productos de la canasta básica, el manejo de residuos sólidos, y en general, las infraestructuras y equipamientos metropolitanos que no solo propician ahorro de recursos, sino que ponen en una perspectiva más lógica la ordenación del territorio.

Ha sido común entender que los Departamentos de Caldas, Quindío y Risaralda, deban adelantar sus planes de desarrollo y adelantar los estudios y análisis de sus necesidades y políticas de inversión para sus infraestructuras independientemente, pero esto no ha sido posible ni siquiera desde el contexto ambiental, a pesar de algunos procesos de integración de las corporaciones ambientales. El manejo de planes independientes y la orientación sectorizada que se propone para distintos frentes, hace que muchos programas sean estériles, ya que se debe empezar a generar el desarrollo de conocimiento socio-ambiental conjunto. Así sucede, por ejemplo, con el renglón turístico. El trabajo conjunto entre gobierno, empresarios, academia y sociedad, debería permitir avanzar en la evaluación de estrategias comunes e integrales que redunde en el mejor aprovechamiento del potencial turístico con el que cuenta la región pero partiendo de la cualificación y protección desus potencialidades ambientales.

Pero exactamente, aun no se conoce y tampoco se desarrollan planes de evaluación para conocer el impacto que la sociedad produce en el medio ambiente en su conjunto, con el que se pueda organizar el territorio y llegar a la visión compleja que propone Acebedo (2010) en la construcción de territorios del conocimiento, en donde la planeación física debe reconocer los proyectos críticos en donde se desarrollan procesos de innovación, aprendizaje y asociatividad, para convertirlos en verdaderos territorios inteligentes, sustentados en la participación ciudadana, la promoción de  redes de proyectos socioproductivos comprometidos con el medio ambiente y la ecología del paisaje.

La generación de estrategias para conquistar paradigmas basados en el Policentrismo, tal y como los describe Acebedo, nos permite conocer un enfoque del urbanismo en el cual la generación de proyectos urbanos inteligentes de carácter endógeno redundan en mayor equilibrio social, calidad de vida y sustentabilidad ambiental.

La ciudad región del Eje Cafetero debe incorporar el concepto de territorio del conocimiento a partir de la suma de conceptos en donde el espacio genera y recoge el aporte del conocimiento y la sociedad. Acebedo (2010) describe la metáfora del calidoscopio, en donde el territorio del conocimiento está compuesto por el espacio, el tiempo, la innovación y el movimiento; bajo estas premisas nos permite identificar un territorio, donde la región del Eje Cafetero en un espectro de tiempo deberá generar innovación a partir de la sinergia de distintos actores con el fin de alcanzar sostenibilidad, gobernabilidad, productividad y equilibrio social.

La Ciudad Región del Eje cafetero, deberá profundizar en áreas fundamentales de I+D, con el fin de realizar un uso sostenible de la biodiversidad, lograr el aprovechamiento y preservación de los recursos hídricos, desarrollo de investigación en ciencias de la salud y estudios referidos a la paz y la cohesión social, como lo describe el programa de políticas públicas- Colombia Construye y Siembra Futuro 2008.

Referencias bibliográficas:

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