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Paisaje Cultural Cafetero: El futuro de los caficultores de tradición

Daniel S. Jurado Jaramillo.
Arquitecto Universidad Nacional de Colombia.
Miembro del grupo de trabajo académico de patrimonio urbanístico y arquitectónico de la Universidad Nacional de Colombia, Sede Manizales.
daniel.juradojaramillo@gmail.com

Caficultores de Tradición

Los caficultores que hacen parte del Paisaje Cultural Cafetero (PCC), tienen merito propio en el proceso adelantado durante la inscripción de este paisaje colombiano en la lista de patrimonio mundial de la UNESCO[1]; son actores integrales que impregnan en cada taza una mezcla de historia, constancia y trabajo, aspectos fundamentales para posicionar el café colombiano como uno de los mejores del mundo.

“Café hecho a mano”, recolectado y secado de forma tradicional,  realizando todas las labores de post-cosecha por parte de la familia cafetera, demuestra ese compromiso especial con el producto que sale de su finca.

Hacienda cafetera Cuernabaca, Risaralda, Caldas. Foto Jurado 2012

“La información es fundamentalmente el saber campesino acumulado a través de décadas de experiencias con el cultivo” Cifuentes, (1997:109). Si bien es cierto que su  trabajo honesto, esfuerzo, dedicación permanente, cultura de la calidad y estrecho vínculo entre tradición familiar y el mundo moderno, así como la forma de heredar de padre a hijo este arte de la recolección del café, también se debe reconocer que el aspecto económico no puede en si mismo solventar las necesidades de un caficultor que se enfrenta a un mala cosecha o una caída en los precios en el mercado actual, hecho que cobra importancia cuando la opción de seguir una casta campesina dedicada al cultivo de café, se pone en crisis, ante apuestas utópicas mas urbanas de una salario fijo, prestaciones sociales y una quizás estabilidad económica fruto de otra actividad productiva.

La Magia del Café

El reconocimiento del café a nivel mundial es evidente, una taza de café puede representar una experiencia diferente en cada persona como afirma (Rodríguez, 2005:12)  “el café tiene una magia especial”.  Por eso, bien vale la pena saborear por estos días esta voluptuosa bebida de matices cobrizos y sabor amargo, tostado y afrutado, mientras se disfruta del placer de la tertulia y se aprecian imágenes de los más bellos y tradicionales cafés del mundo. Experiencia que solo puede ser vivida por cada paladar, donde de manera inconsciente el caficultor plasma sus deseos y compromiso especial, se convierte en eje estructurante entre el árbol y la taza de café.

En su ardua tarea de reconocimiento ante la UNESCO, “se ha venido construyendo una noción de paisaje cultural que comenzó haciendo énfasis en los aspectos inmateriales de la cultura cafetera, pasando por la reivindicación de sus valores escénicos, hasta lograr comprender la importancia del paisaje productivo como un factor integrador entre ecosistema y cultura” (Acebedo, 2009). Dichos elementos no palpables que para efectos de un reconocimiento mundial reposan sobre los sentidos, se unen al paisaje, los caficultores y los procesos productivos tradicionales, no percibidos con una simple descripción en la etiqueta. Son concepciones únicas que se materializan en el territorio en forma integral, basándose en una cultura propia de trascendencia y proyección que debe ser cuidada para garantizar ante todo la misma responsabilidad natural en el manejo y cuidado del café, así como en las proezas productivas de esta cosecha de montaña.

La Economía del Caficultor

A principio del siglo XX “El campesino fue asimilado al indio, mas que a una clase social. Esta masa de trabajadores era de personalidad servil, que en principio buscaba trabajo y no tierra”. Machado, (2001: 81), El caficultor cumplía  una labor en función de obtener ingresos a cambio de ello, no existía el vinculo con la tierra que se cultiva y cosecha, que genera ingresos como un plus a ese cuidado.

No es un misterio que todos los ejercicios o labores humanas esperan una remuneración a cambio del servicio prestado. Para los caficultores no es una excepción, pues su cultura cafetera no se sustenta solo en la pasión intrínseca en el grano de café recolectado, también es su forma de obtener un ingreso económico que garantice los futuros procesos de recolección sobre los que gira la familia cafetera, comercio que se da en relación a la producción que se logra en la época de cosecha y las garantías que se ofrezcan por parte de los compradores.

Según Toro, (2012: 01) “Existe hoy en el mundo una gran demanda de productos de origen vegetal, que sirven para el consumo humano, y es bueno reconocer que se pagan sobre precios por las buenas calidades”. Lo anterior podría hacer pensar que el café dado su reconocido nivel de calidad y popularidad mundial, debería ser uno de los productos agrícolas mejor pagados, garantizando que el dinero que se paga en cualquier “Coffee Shop” del mundo, se vea reflejado en un porcentaje justo para el Caficultor.

El productor cafetero en Colombia radica su economía en practicas como las que describe Cifuentes, (1997:102-103) “El campesino concibe el modelo de producción de café con sentido de largo plazo, de uso múltiple del entono y de baja exigencia en insumo, capital y mano de obra. En este caso lo mas importante es garantizar un nivel de producción de grano de café que se mantenga sin grandes variaciones a través del tiempo; la calidad de la producción por unidad de área es un factor secundario.” Este método así como los que han surgido en medio de la necesidad, son empleados por el caficultor en su afán de evitar que la crisis económica (cada vez mayor) lo lleve a buscar alternativas que nada tengan que ver con el campo.

Alternativas por cierto nada “fáciles” ante los ojos de una familia, sometida a múltiples presiones, tales como un evento geológico en donde pierde su cosecha a causa de un deslizamiento de las empinadas laderas donde se cultiva el café, una caída en los precios que hagan de una gran cantidad de bultos de café, una suma que no cubre ni la mitad del costo del proceso de recolección, o una mejor opción en el ámbito Urbano. Todas son posibles alternativas para los jóvenes que han crecido con la cultura del café, que al ver un futuro improbable y no garantizado en algunos casos, buscan soluciones donde un salario inferior al mínimo se vuelve la salida utópica a una vida agrícola inestable.

Este problema se hace mas fuerte cuando dichas soluciones no son tan fáciles de tomar y en el peor de los casos una familia campesina caficultora se ve obligada a desprenderse de su tierra y buscar nuevos oficios, para los cuales su herencia cafetera sirve de poco, obligando a refugiarse en uno de los denominados guetos urbanos para buscar un comienzo rodeado de pobres de ciudad, Así lo advierte Duque, (2012: 01) “Ya los pobres de la ciudad son una mezcla de los pobres urbanos con su particular noción del consumo y peculiares costumbres, y de los pobres rurales hijos de la crisis que asola la ruralidad colombiana”. A esto se suma la idea de que los hijos de los caficultores que carecen de educación irán cerrando esa brecha entre las fronteras de la ilegalidad y espacios de delincuencia, fruto de un desarraigo económico forzado.

Una Mirada mas Positiva

El gobierno Nacional, en una de sus tantas iniciativas por garantizar los derechos de los campesinos que subsisten de la producción agrícola, debe tener una visión retrospectiva en la cultura del café y mas aún con la inscripción del paisaje cultural cafetero en la lista de patrimonio mundial de la UNESCO. Debe promover planes de acción en los que no deje en manos de Comités y federaciones los alcances sociales y beneficios para los caficultores, deben ser ellos mismos representados por sus alcaldías y gobernaciones quienes busquen una integralidad agro-educativa y promuevan la cultura cafetera como alternativa de vida, llevando esta idea a los demás sectores de la agricultura, donde se garantice que el producto que se cosecha se compra al precio establecido y justo, en el que se beneficie el comprador y el productor, sin ansias de lucro y como un método de fortalecer la economía regional. Las entidades educativas tienen un papel fundamental en la promoción, divulgación e investigación del PCC, así como los temas que tiene que ver con la agroindustria; todo ello para impulsar de forma positiva una empatía en las conciencias colectivas de los colombianos.

Paisaje Cultural Cafetero y Agrícola, sector El Rosario, Manizales, Caldas. Foto Jurado 2012

Bibliografía

Acebedo, L. F. (21 de Diciembre de 2009). Paisaje Cultural Cafetero. En: Caleidoscopios Urbanos. Recuperado el 18 de Agosto de 2012, de http://caleidoscopiosurbanos.blogspot.com/search?updated-min=2009-01-01T00:00:00-05:00&updated-max=2010-01-01T00:00:00-05:00&max-results=36

Cifuentes, L. E. (1997). Panel De Caficultura Sostenible. Costa Rica: ICAFE.

Duque Escobar, G. (31 de Julio de 2012). Institucionalidad en el paisaje cultural cafetero. En: Godues. Recuperado el 17 de Agosto de 2012, de http://godues.wordpress.com/2012/07/31/institucionalidad-en-el-pcc/

Machado, A. (2001). El cafe en Colombia a principios del siglo XX. Bogota D.C: Universidad Nacional de Colombia.

Rodríguez, P. S. (2005). Intelecto y Cafe, Lecturas Fin de Semana. El tiempo.

Toro, R. V. (11 de Agosto de 2012). El Meridiano. Recuperado el 18 de Agosto de 2012, de http://www.elmeridianodecordoba.com.co/index.php?option=com_k2&view=item&id=9826:caficultura&Itemid=127


[1] Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura.

La noción de paisaje, sesgado por un juego de palabras

Por Jeinstom Jensen Gómez 
Arquitecto. Universidad Nacional de Colombia sede Manizales.
Estudiante Maestría en Hábitat. Universidad Nacional de Colombia

El Paisaje Cultural Cafetero ya ha cumplido un año de la declaratoria sustentada por la UNESCO, y deberíamos empezar a considerar los beneficios que ha dejado esta inserción dentro del listado de los paisajes más importantes del mundo; podríamos analizarlo entendiendo un poco la gramática que rodea todo este ámbito de la naturaleza. Por tal motivo nos enfocaremos en la relación de este tipo de hábitat, visto como una instauración didáctica, para propender un desarrollo con sostenibilidad, y la conservación de un patrimonio en la región cafetera como lo es el Paisaje Cultural Cafetero (PPC).

El concepto de Valor, sesgado por la idea básica de Precio.

Cuando hablamos de paisaje, pensamos en algunas ocasiones todo lo que encierra lo natural, lo medio-ambiental, que no nos permite deja ir más allá del significado primordial. Su paráfrasis está condicionada por conceptos económicos que basan sus principios en establecer mecanismos para beneficios comerciales que olvidan el concepto de patrimonio, que pretenciosamente se entiende como lo que es considerado a conservar.

El uso de un nuevo “idioma” o cambio de palabras, ayudarían a reinterpretar los objetivos de la sociedad frente al uso que tenemos de términos enfocados solamente a una realidad económica, por éste motivo según Mitchell (2007, 2009: pág. 90-91) “…nuestro objetivo, el de los que estamos interesados en cómo se generen los paisajes, debe ser entender dichos paisajes como partes sólidas y fundamentales del mundo y también como intérpretes de las relaciones sociales que en él se dan. Los paisajes se crean y se crean en las relaciones sociales y funcionan como parte de la totalidad social.”

¿El paisaje como patrimonio físico o paisaje integral?

El paisaje cultural cafetero lo podemos considerar como parte fundamental del territorio colombiano, que impulsa la economía del país, ¿pero es esto suficiente para el desarrollo de una región?. Deberíamos pensar más a fondo en la huella que deja la relación intrínseca en un paisaje, que esta denotado por un carácter que lo determina y lo aplica a un espacio que llamamos luego “territorio” y lo hacemos propio.

Es necesario pensar en el estudio de las relaciones humanas frente a un paisaje visto como espacio productivo de una manera didáctica para impulsar su valor patrimonial, Hernández (2010: pág. 167-168) nos explica que “El uso del Paisaje Cultural como recurso didáctico nos permite reflexionar sobre la enseñanza de dos de los aspectos fundamentales de las Ciencias Sociales, el Espacio y el Tiempo. Aunque también se puede y se debe emplear para la consecución de contenidos asociados con las Ciencias Naturales – el medio ambiente en que viven las sociedades humanas, la variabilidad de la flora dependiendo del clima imperante, la fauna, …-, favoreciendo con ello aprendizajes interdisciplinares.”.

Las palabras marcan pautas que mal direccionadas pueden ocasionar problemáticas sociales y condicionar al desarrollo de una región, pero es necesario tener claro muchos conceptos que han quedado o están mal interpretados en una región como la del eje cafetero. Según  Ocampo, (2010: pág. 9) “Es evidente la falta de formación sobre el tema del Patrimonio en el marco de la educación ambiental; evidenciándose en la poca participación de las comunidades locales, esto acompañado de la falta de capacitación, comunicación y divulgación para que haya un acceso y manejo adecuado de la información ambiental, lo que repercute en el poco fortalecimiento en la cultura ambiental ciudadana.”. 

Paisaje Cultural cafetero Quimbaya (Quindío). Fuente: Jensen, 2012

Podemos considerar la mixtura que nace de la mezcla de aspectos primordiales en el paisaje cultural cafetero que RAMSAR (2011: pág. 2) expone como “Caracterizados por la integración de las respuestas espirituales, materiales y tecnológicas de los seres humanos a su entorno, los paisajes culturales demuestran la indivisibilidad de la naturaleza y de la cultura.”.

La instauración de nuevos conceptos permitirá la renovación de la noción actual del PPC, frente a su reconocimiento basado en sus aspectos y relaciones de espacio con naturaleza, convertido en territorio, pero que estén sustentados por una identidad de una sociedad como la región cafetera en Colombia. Por esta razón  Vallejo, (2012 pág. 5) nos explica que “El Paisaje Cultural Cafetero (PCC) es una oportunidad y una responsabilidad compartida entre los departamentos que lo conforman y el gobierno nacional. En la reunión realizada, la semana pasada en Chinchiná, con los congresistas, las autoridades departamentales y locales y los gremios del sector privado, el Ministro de Comercio, Industria y Turismo y la Viceministra de Cultura recordaron el gran riesgo que se puede correr, si por falta de acciones, en los territorios de los municipios que componen el PCC, nuestra zona llegase a ser declarada como un paisaje de la humanidad en riesgo”.

Para finalizar, podemos involucrar aspectos que coliguen y sustenten una trama de conceptos abordados a una posible solución, ya que existe una gramática que olvida o utiliza aspectos como la democracia, el patrimonio, el hábitat; y por tal motivo ha condicionado a sus pobladores a un pensamiento cíclico (producto-economía-beneficio) que repercute en los visitantes y en todo el país.

El País necesita un cambio de palabras, para propender un desarrollo basado en Educación y Sustentado en una Cultura.

Bibliografía

Hernandez Carretero, A. M. (2010). El valor del paisaje cultural como estrategia didáctica. Tejuelo, nº9 (2010), págs. 162-178. El valor del paisaje cultural como estrategia didáctica, 167-168.

Mitchell, D. (2007, 2009). Muerte entre la abundancia: los paisajes como sistemas de reproducción social. En J. Nogué (ed.), La construcción social del paisaje (págs. 90-91). Madrid (España): Biblioteca Nueva.

Ocampo Restrepo, M. M. (2010). Lineamientos estratégicos para la gestión cultural ambiental como aporte al plan decenal de Educación ambiental de Risaralda y al plan de manejo del proyecto paisaje cultural cafetero colombiano. Pereira (Risaralda). Pág. 9.

RAMSAR, O. d. (12 de Diciembre de 2011). RAMSAR. Convención sobre los humedales. Recuperado el 19 de agosto de 2012. Disponible en: http://www.ramsar.org/pdf/info/cultural_heritage_s07.pdf

Vallejo De la Pava, A. (Domingo 06 de Mayo de 2012). Recuperado el 19 de Agosto de 2012, Paisaje Cultural Cafetero. En: http://adrianavallejo.blogspot.com/

El Bahareque y el paisaje cultural cafetero. Caso: Manizales.

Por: Cristian Camilo González Largo
Ingeniero civil, estudiante de la maestría en Hábitat

El paisaje cultural se comienza a reconocer  a principios de  1990, específicamente en la convención mundial de patrimonio  realizada en 1992. La convención reconoció que el paisaje cultural representa “el trabajo combinado de la naturaleza  y el hombre”. En el caso del paisaje cultural cafetero se observa cómo están directamente relacionados la naturaleza, representada por los cultivos de café y otros cultivos típicos de la región, y la cultura ancestral de sus habitantes (Suarez, 2011).

La cultura cafetera está asociada al desarrollo económico de Colombia, por ejemplo con la construcción de vías que permitieron conectar el interior del país con los océanos, para así lograr exportar el codiciado grano de café, especialmente hacia los Estados Unidos. Este mercado ayudó a nuestro país no solo a aumentar su infraestructura vial sino también importar tecnologías nuevas como el tren y el cable aéreo. Así mismo, las robustas ganancias que arrojó el café contribuyeron a la construcción de escuelas en todo nuestro territorio y fortalecer ciudades intermedias como el caso de Manizales (Duque, 2011).

Alrededor del paisaje cafetero se fueron creando estándares de vida asociados a la construcción de una cultura nueva, que fue inmiscuyendo las características geográficas, climáticas, políticas y religiosas, esta última asociada a la iglesia católica.

En el caso de la región centro occidente de Caldas, se han desarrollado varias características tanto materiales como inmateriales asociadas a un paisaje cafetero y a una cultura propia. La ciudad en la década de los veinte del siglo XX se vio beneficiada gratamente, producto de la llamada bonanza cafetera. Esta situación permitió que la ciudad tuviera su propia autonomía financiera e industrial, además de un comercio floreciente, lo que la catapultó como la capital más influyente de esa época en Colombia después de Bogotá como capital de la nación. Estas características especiales de la época convirtieron a la ciudad en una población cosmopolita y de cierto nivel cultural y artístico.

Si bien las afortunadas circunstancias económicas contribuyeron con la construcción de nuestra propia cultura, el paisaje cultural cafetero está directamente asociado a nuestras características geográficas. Manizales y el eje cafetero están ubicados en una zona sísmica alta. A mediados del siglo XIX los antioqueños construían en tapia, la cual fue acogida con agrado y confianza al punto que casi la totalidad de sus construcciones tenían este estilo constructivo. Pero este material resultó no ser el apropiado debido a las características sísmicas de la región asociadas al fenómeno de subducción y otras fallas como Romeral. Por este motivo en la época muchas personas se abstenían de venir a Manizales por temor a los sismos (Robledo, 1993).

Manizales debía encontrar una solución para lograr construcciones más seguras a los sismos ó su traslado sería inexorable. Casualmente se construyó una edificación con la primera planta en tapia y la segunda en madera, poco tiempo después se presentó un sismo en 1885 con la sorpresa que dicha construcción respondió bien al sismo. Este hecho generó confianza en la comunidad, lo que desencadenó que todos quisieran emular este sistema constructivo, dando lugar al “estilo temblorero” bautizado así por el Arquitecto Jorge Enrique Robledo (Robledo 1993).

El nuevo estilo constructivo se basó principalmente en el “Bahereque”, es decir muros de cañas y tierras (según el diccionario), y en el caso del eje cafetero, especialmente a las gramíneas como el bambú “guadua” (Muñoz, 2010). Este material es abundante en nuestra región además de ser de fácil acceso y económico para su obtención y adecuación para el desarrollo de las construcciones (Muñoz, 2010). El desarrollo de esta tecnología propia constructiva se ha enunciado como una cultura sísmica local. Llamada así por haber transformado las técnicas constructivas tradicionales heredadas de los españoles y los antioqueños con ciertas características constructivas que fueron desarrolladas por sus propios habitantes en este caso Manizales, adaptando dichas edificaciones a las necesidades de su geografía (Cardona, 2005; Suarez, 2011).

Edificaciones de más de dos pisos seguras y en bahareque, ubicadas en toda la geografía cafetera. Foto: Omar Darío Cardona

Estas características especiales que rodean el bahareque en Manizales lo hacen parte esencial de su historia y su cultura. El hecho de desarrollar un estilo temblorero que con el tiempo se fue convirtiendo en una cultura sísmica local, hacen de este tipo de construcciones vernáculas como uno de los elementos fundamentales en el paisaje cultural cafetero. En Manizales precisamente las grandes construcciones de su centro histórico y de sus fincas cafeteras fueron producto en su mayoría del dinero producido por el café generando un círculo virtuoso. Incluso se podría afirmar que la cultura local sísmica logró mantener una sociedad viva y arraigada a sus tradiciones como es el caso de Manizales.

Sin embargo a pesar del éxito inicial del bahareque y su estilo temblorero, este ha sufrido un desgaste social, relegándose a construcciones ubicadas en zonas de alto riesgo y en urbanizaciones de bajo ingreso socioeconómico. Esto debido en gran parte a los incendios que se presentaron en la ciudad de Manizales en los años 1925 y 1926. Estos incendios proporcionaron a la sociedad una sensación de inseguridad a tal punto de llamar a la ciudad de Manizales como la ciudad de papel (Robledo, 1993).

Producto de estos catastróficos incendios los manizaleños optaron por importar  un nuevo material para sus construcciones, llamado el ferrocemento o concreto reforzado que se obtuvo de Europa y los Estados Unidos. Este material bien utilizado proporciona construcciones que dan seguridad a los sismos, además, de no ser inflamables como lo es el bahareque.

A pesar de la decadencia evidente del Bahereque, la declaración del paisaje cultural cafetero como patrimonio inmaterial de la humanidad por parte de la UNESCO, realizada en el año 2011 con la finalidad de conservar el paisaje actual y su cultura, da nuevas esperanzas al uso de este material que fue incluido en la norma sismoresistente-NSR-10 en su titulo G. Esta situación da un horizonte hacia nuevas construcciones con el rigor necesario para obtener edificaciones seguras que protejan la cultura y vida de las personas. Sin embargo, hay que tener presente que  los actores más importantes en el paisaje cultural cafetero son las personas que lo habitan y han conservado sus tradiciones centenarias, las cuales hoy por fenómenos como la urbanización y globalización, están en peligro de desaparecer.

En el caso específico del Bahareque vemos cómo estas construcciones están desapareciendo  a pesar de ser vernáculas. Es un sistema constructivo que es resistente a los sismos, y con un manejo adecuado es seguro ante el fuego, asociado básicamente al bahareque encementado que se utilizó en la reconstrucción del centro de Manizales luego de los incendios. Por este motivo es necesario encontrar opciones que ayuden a la conservación de las estructuras de bahareque, involucrando la comunidad.

Se ilustra el estilo constructivo en bahareque desarrollado en la región. Foto: Omar Darío Cardona.

En la actualidad existen  estudios técnicos sobre cómo se comporta este material ante los sismos, pero aún así falta mucho por hacer. Por esto  es necesario hacer un estudio de las características actuales de las construcciones en bahareque y así determinar cuál es su vulnerabilidad asociada. Se hace necesario, por otra parte, identificar acciones que  las hagan autosustentables, revitalizando su uso y su productividad económica, evitando  que se conviertan en piezas de museo de gravoso mantenimiento para sus propietarios. Como parte importante de las estrategias de mitigación del riesgo y de preservación del patrimonio cultural construido, por ejemplo del centro histórico de Manizales, será necesario confeccionar herramientas de apoyo financiero  y  transferencia de riesgos a través del otorgamiento de  créditos especiales y pólizas de seguros orientadas a los inmuebles de esta particular categoría.

Bibliografía:

Cardona, O.D. Gestión Integral de Riesgos y Desastres. Curso Maestría en Medio Ambiente y Desarrollo. (2005a) Colombia.

Duque, Escobar Gonzalo. Paisaje Cultural Cafetero: Bioturismo y Ruralidad en la Ecorregión Cafetera.Manizales.2011. Recuperado de http://godues.wordpress.com/2012/03/22/paisaje-cultural-cafetero-pcc/

Suárez, Dora Catalina. El paisaje cultural cafetero y la cultura local del riesgo: estudio del caso Manizales, Colombia. Master Erasmus Mundus Cultural Landscapes-Maclands-.Trabajo de grado. Université Jean Monnet. Università degli studi di Napoli Federico II. Universität Stuttgart.2010

Muñoz Robledo, José Fernando. Tipificación de los sistemas constructivos patrimoniales de “Bahereque”: En el paisaje cultural cafetero de Colombia. Facultad de ingeniería y arquitectura. Universidad Nacional de Colombia. Manizales. 2010.

Robledo, Jorge Enrique. Un siglo del bahareque en el antiguo Caldas. Bogotá.. Primera edición: El Áncora Editores. Colombia, 1993.

Muñoz Caicedo, Marizol; Trejos Delgado Francineth. El patrimonio en los teatros tradicionales del paisaje cultural cafetero: Aspectos históricos,tecnologícos,valoración y diagnostico.Modelo:Teatro cuesta.Riosucio-Caldas. Línea de profundización: Arquitectura y Patrimonio. Facultad de ingeniería y arquitectura. Universidad Nacional de Colombia sede Manizales.2007

Nuestro paisaje cultural cafetero sin declaratoria ¿Sería Paisaje Cultural?

Por: Jeinsbert Jensen Gómez

Arquitecto Universidad Nacional de Colombia, Estudiante de Maestría en Hábitat Universidad Nacional de Colombia.

Teniendo en cuenta la declaración trascendental del paisaje cultural cafetero como patrimonio de la humanidad por parte de la UNESCO (2011), es importante estudiar el porqué de esta declaratoria, y su significado. Además entender que el gran paisaje cultural es el que se ha creado de generación en generación en las distintas zonas cafeteras colombianas.

Colombia es un país que contiene diversos paisajes que difieren en clima, vegetación y fauna, uno de estos paisajes gira en torno al café, una bebida apetecida en nuestro país y por supuesto por muchos países del mundo. Cabe anotar que conservar nuestro paisaje cultural no es solo centrarnos en lo físico de este sino también en lo inmaterial como elemento de gran importancia cultural.

Área de catación, Comité de Cafeteros de Caldas, Chinchiná. Foto Jensen, 2012

¿Por qué hablamos de un paisaje cultural?

La cultura es el motor de una sociedad, es la fuerza articuladora entre muchas comunidades, pero cuando descuidamos la importancia de la naturaleza podemos lesionar directa e indirectamente el paisaje, como nos explica  Maderuelo,( 2006: página 11) “Si bien la naturaleza ha sido una fuente inagotable de inspiracion en las sucesivas interpretaciones del género conocido como pintura del paisaje, la estética del Idealismo, escorada de un modo unilateral hacia la filosofia del arte como teoría del genio, no expulsó por completo a lo bello natural ni a la viviencia estética de la naturaleza, pero les prestó tan escasa atención, que frustró durante largo tiempo una reflexión sobre el paisaje”. Si es claro que todos los seres humanos podemos dar un juicio estético sobre las cosas dentro de un medio (naturaleza) obviamente lo hacemos a través de la cultura. Deberíamos entonces indagar sobre la relación de la cultura con la naturaleza, una relación de contacto donde actualmente la naturaleza es la más perjudicada.

Es evidente que actualmente se pone en duda el titulo paisaje cultural, donde podríamos hablar de solo un paisaje natural producido por culturas que no reconocemos como tal, siendo lo más importante para muchos gremios y empresas privadas (el valor, entendido como precio). Un gran ejemplo que nos muestra un gran descuido del Estado y algunas organizaciones privadas es la falta de agua potable como lo explica CENICAFE, (2011: 60) “Los titulares de derechos son familias campesinas con hombres, mujeres y niños de origen indígena, afro descendiente y mestizo, que son afecatados por la violencia interna y tienen alto indices de necesidades básicas insatisfechas y pobreza extrema con pocas opciones para generar ingresos estables. Esto se refleja , en la falta de acceso a agua potable, que es un derecho fundamental y factor imprescindible para la salud, el bienestar y el desarrollo”. Olvidándonos en este caso de la cultura, de un patrimonio inmaterial que puede estar en decadencia.

El patrimonio inmaterial dentro de este paisaje se ha dado a través de los años desde la producción del café, nutriéndose  de muchas vivencias tristes y felices de sus caficultores, creando así hábitat, un hábitat que no puede describirse solamente entorno a lo económico.

La gran cultura cafetera expresa un gran sentimiento sobre la tierra, no solo porque es el elemento que les permite lograr “el pan de cada día”, sino que es algo intrínseco entre el hombre y la naturaleza. Así lo reafirma ALMA MATER (2010: 01) cuando sostine “el paisaje cultural es una parte del territorio, resultado de la acción humana y su influencia sobre factores naturales. El paisaje es el resultado de un proceso histórico  natural y cultural de relaciones de una comunidad con un medio ambiente determinado”.

Es necesario estudiar a fondo la importancia que les hemos dado a las comunidades cafeteras en un sentido social, que actualmente exigen con más fuerza debido a la declaratoria de la UNESCO.

El paisaje como elemento social

La trama de la ciudad principalmente está basada por condiciones que son direccionadas por hitos que configuran su estructura; el paisaje también resalta un hábitat, que se “presenta” y se rige por un sistema productivo, que busca de alguna manera el desarrollo de un sector agropecuario de alguna zona en la región cafetera.

Lamentablemente puede considerarse que los lazos sociales pueden estar sumergidos por la imposición de la economía, no obstante podemos indagar sobre las obligaciones sociales que tiene el Gobierno Nacional sobre estos pobladores, ya que ellos impulsan a la dinámica del presupuesto Nacional; es de aclarar que el estado “adopta” un perfil meramente monetario y condicionado a intereses políticos.

La academia a través de muchos estudios ha intentado y lo ha logrado en algunos aspectos, pero hace falta el acompañamiento por falta del Gobierno, se puede llegar a una dinámica social, para establecer un balance que pueda estructurar la vida de los pobladores proporcionalmente con el desarrollo de un territorio, Giraldo Zuluaga (2012: 17) nos explica que laLa construcción de las prácticas culturales y sociales asociadas a la producción agrícola, permiten establecer la forma como se inscriben dichas relaciones en una nueva territorialidad. En la zona cafetera a partir del predominio de la finca familiar, se convierte en la unidad básica de explotación, en donde se combina el cultivo del café con los cultivos de pan coger. Esta forma de tenencia expresa al máximo el uso de la racionalidad campesina, que para tal efecto utiliza estrategias económicas domésticas como el aprovechamiento al máximo de la mano de obra familiar y el uso intensivo del suelo.”.

La problemática social es evidente, es causal a un desarrollo meramente individual y político, pero podemos aclarar que nuestros pobladores están sumergidos en una monotonía que denota intenciones personales, que de alguna forma condicionan y demuestran las consecuencias de un contraste visible en la vidas de los pobladores o agricultores, teniendo como valor agregado muchas problemáticas que atañen a nuestro País como la corrupción, la violencia, y muchos inconvenientes que resuenan en muchos regiones del País. En el informe de la Universidad del Quindío: Paisaje Cultural Cafetero y Valoración Social del Patrimonio en Paisajes Culturales (2009: 25) nos explica que “de igual forma los problemas más comunes hacen referencia a la crisis económica, la falta de educación, la desintegración, entre otros. Para la mayoría de las acciones de cambio se responsabiliza al individuo, a la comunidad y la Junta de Acción Comunal para la recuperación de valores, el mejoramiento del diálogo, la unión, la integración, y la concientización de la comunidad”.

A modo de conclusión

Se nota la necesidad de exaltar todas las costumbres de estas comunidades cafeteras. Esta declaratoria es una oportunidad no solo para conocer más sobre nuestras culturas colombianas sino también para protegerla y promoverlas.

Entender que además del café existen diversos productos agrícolas que también conforman este paisaje cultural. Y por último rescatar todos estos valores culturales de los habitantes de estas zonas cafeteras, trabajando con instituciones públicas y privadas en la búsqueda de un sentido social.

No olvidar que esta declaratoria no puede ser solo el elemento importante en  el conocimiento y promoción de nuestro paisaje. El estudio de la  cultura cafetera es la base para entender que nuestro paisaje sin una declaratoria es un gran Paisaje Cultural Cafetero.

Bibliografía

CENICAFE, F. N. (2011). Construyendo el modelo para la gestión integrada del recurso hídrico en la caficultura Colombiana. Chinchiná.

Maderuelo, J. (2006). Paisaje y Pensamiento. Madrid: Abada Editores.

ALMA MATER, (2010). RED ALMA MATER. Recuperado el 18 de 08 de 2012, de http://www.almamater.edu.co/sitio/contenido-paisaje-cultural-cafetero-59.html

Giraldo Zuluaga, A. L. (2012). PAISAJE CULTURAL CAFETERO. Abril Indiscreto, Universidad de Pamplona Facultad de Ingeniería y Arquitectura Departamento de Arquitectura y Diseño Industrial. pág.17

UNIVERSIDAD DEL QUINDÍO, (2009). CEIR- SOCIALIZACION DE LOS AVANCES DEL PROYECTO PAISAJE CULTURAL CAFETERO Y VALORACIÓN SOCIAL DEL PATRIMONIO EN PAISAJES CULTURALES-informe final. Armenia. Recuperado el 18 de Agosto de 2012, de http://portal.uniquindio.edu.co/fac/humanas/documentos/ceir/proyectos/11socializpcc.pdf

Prevención de desastres en la ciudad del conocimiento.

Por: Sebastián Gómez.
Estudiante Maestría en Medio Ambiente y Desarrollo.

Históricamente, la ocurrencia de los desastres climáticos y su oportuna prevención, ha sido un asunto de gran interés para las autoridades gubernamentales y la ciudadanía en general. Este tema plantea un desafío en la implementación de herramientas que permitan dar respuesta oportuna y tomar las medidas pertinentes en tiempo real para minimizar los impactos, tanto humanos como naturales. En ocasiones priman los sentidos frente a lo que se percibe de un fenómeno natural; esta percepción puede ser subjetiva y no corresponder a la realidad. Para el investigador de las ciencias de la tierra, es indispensable reconocer la valoración cuantitativa con el fin de comparar datos y predecir así los acontecimientos y sus consecuencias.

En el marco de los postulados de la sociedad del conocimiento, el papel activo de las tecnologías y herramientas comunicacionales como las TIC han sustentado en la actualidad las formas de producir, gestionar, informar -y para este caso- prevenir posibles desastres naturales en las ciudades. Bajo esta dinámica se han modificado las dimensiones espacio-temporales que han virtualizado la información a través de flujos y redes, posibilitando la accesibilidad y difusión de la información. Tal como plantea Acebedo (2010) “Esta nueva relación espacio-temporal estaría marcando la aparición de la “ciudad informacional”, basada en el conocimiento, organizada en torno a redes y compuesta en parte por flujos. Por lo tanto, no sería una forma, sino un proceso, caracterizado por el dominio estructural del espacio de los flujos”.

Bajo esta nueva concepción de la información, la ciudad de Manizales le ha apostado a esta nuevas formas de procesamiento de la información, especialmente con relación a los desastres naturales, su monitoreo y consecuentes acciones; según la Universidad Nacional sede Manizales (2005) “Para ello, existen hoy instrumentos de medida modernos, económicos, que no solo permiten esa medición sino que ella se haga en tiempo real y de manera remota. En el caso del clima, estos instrumentos se agrupan en ESTACIONES METEOROLÓGICAS O CLIMÁTICAS, que pueden operar en red gracias a las ventajas de las telecomunicaciones modernas”.

Esta iniciativa representa un esfuerzo conjunto interinstitucional entre la Universidad Nacional a través del Instituto de Estudios Ambientales (IDEA), la Administración Municipal por medio de le Oficina Municipal para la Atención de Desastres (OMPAD) y la empresa privada a través de la empresa Metropolitana de Aseo EMAS S.A., Esta alianza se ha sostenido desde el año 2003, contándose con seis estaciones distribuidas en la zona urbana que posibilitan la generación de datos con fines investigativos, académicos, de diseño, de planificación y prevención.

Figura 1. Red de estaciones meteorológicas y sus aéreas de influencia en la ciudad de Manizales

Las condiciones particulares climáticas y territoriales del municipio asociadas a una zona de alta vulnerabilidad a la ocurrencia de desastres naturales, propiciaron el surgimiento de este proyecto. Estas condiciones son:
• Localización de zona andina (2150 msnm).
• Clima característico ecuatorial de montaña. (pendientes de ladera pronunciada)
• Precipitación de tipo bimodal, uno entre marzo y mayo y otro entre septiembre diciembre.
• Precipitación media de 2000 mm anuales.
• Suelos de origen volcánico.

La ubicación de la ciudad coincide con la zona más amenazada en el país y está sometida principalmente a las amenazas de deslizamientos, terremotos, erupciones volcánicas y en menor medida inundaciones.

Un aspecto fundamental en la creación de la red de monitoreo ambiental de la ciudad de Manizales se refiere a la innovación, puesto que en el momento en que se generó la iniciativa no existía localmente la tecnología necesaria para el desarrollo de la red. Era necesario acudir a países europeos para adquirir los instrumentos y metodologías que permitieran la conformación del sistema; esta situación hacía inviable el proyecto debido al alto costo tanto en la inversión inicial como en la operacional y de mantenimiento. Ante este evento la universidad se dio a la tarea de generar tecnologías propias, sacando provecho a la carrera de Ingeniería Electrónica que existe en la sede; se adelantaron investigaciones que permitieron producir a nivel local algunos de los componentes de la red disminuyendo los costos al uno por ciento del presupuesto inicial y permitiendo la viabilidad del proyecto.

La potencialidad de este proyecto es enorme para la ciudad, la región y el país. Permite en el futuro expandir la red a territorios más extensos como la consolidación de una red para la atención y prevención de desastres a nivel regional fomentando el desarrollo endógeno de tecnologías.

Gracias a la acción conjunta entre universidad, estado y empresa privada, se logra contar hoy en día con un proyecto bien definido, no solo para la acción ante un evento natural repentino, si no que se cuenta con una estructura que permite el desarrollo de estudios de carácter ambiental que permita el accionar en la prevención y mitigación de acontecimientos naturales desastrosos.

Bibliografía.
Gestión de riesgos / Identificación del riesgo / Estaciones.
Estaciones Meteorológicas. Universidad Nacional de Colombia sede Manizales.
http://www.manizales.unal.edu.co/gestion_riesgos/estaciones.php

RED DE ESTACIONES METEOROLÓGICAS PARA PREVENCIÓN
DE DESASTRES EN MANIZALES – CALDAS (COLOMBIA)
INSTITUTO DE ESTUDIOS AMBIENTALES IDEA
UNIVERSIDAD NACIONAL DE COLOMBIA SEDE MANIZALES
Manizales, Septiembre 28-29 de 2006
http://www.manizales.unal.edu.co/gestion_riesgos/descargas/gestion/redestaciones.pdf

Elementos para una teoría del desarrollo territorial. Cuadernos de clase 1 de 3. Elementos para una teoría del desarrollo territorial. Grupo de investigación en desarrollo regional sostenible. 2010 – 2012.
UN Manizales Líder en la Gestión del Riesgo en desastres.
http://noticias.universia.net.co/vida-universitaria/noticia/2009/06/16/237237/manizales-lider-gestion-riesgo-desastres.html

Manizales: ¿una ciudad universitaria que le apuesta al conocimiento?

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Imagen tomada de infografía Jorge Morales

Por Daniel Posada
Arquitecto, Estudiante de la Maestría en Hábitat
Universidad Nacional de Colombia, sede Manizales.

Varios años atrás, se ha venido formando en el imaginario de los manizaleños y de la región en general, la posibilidad de catapultar a Manizales como una ciudad del conocimiento; es decir, una ciudad que le apuesta a las dinámicas del conocimiento como materia viva de su diario vivir, al poseer en su infraestructura urbana, centros educativos, de investigación y universidades de alta calidad que soporten dicha actividad a través de la creatividad y la innovación. Ahora bien, ¿será que la presencia de instituciones educativas, es suficiente para acuñar un término tan densamente complejo y cargado de más aditamentos, en tanto condiciona la imagen y estructura de la ciudad?,  o ¿existe en la memoria urbana antecedentes que permitan valorarla en este sentido por otras acciones? Para ello, quiero indagar un poco a partir de si la ciudad de Manizales realmente ha hecho del conocimiento foco de intereses comunes y visión del territorio a futuro.

Históricamente, las ciudades colombianas han desplegado su forma de vivir y de sostenerse con actividades agrícolas que resaltan la actividad económica propia de sus tradiciones, y con ello, proyectan su visión respaldada en dichas actividades. A la par, se desarrollan perspectivas diferenciadas de tipo cultural a nivel nacional, mientras que en el ámbito regional se definen rasgos y parentescos sociales de acuerdo a identidades compartidas, dando forma a una prospectiva integral del territorio en pasado, presente y futuro. Ambos, en la labor reciproca de permanecer, valerse y ser auténticos para acercar la idea de un lugar diferente, peculiar, bohemio, un lugar para la cultura y las artes, tanto vernáculas como importadas; no en contraposición a las demás maneras de forjar territorio, sino en el reconocimiento de la diversidad social, un país de países como es la región del eje cafetero Colombiano.

El documento recientemente publicado en página web por diferentes organizaciones sociales, culturales y productivas de Manizales, titulado “El anhelo ciudadano. Manizales una ciudad del conocimiento con educación de calidad como requisito indispensable para lograr desarrollo”, hace un desglose más que sintético, preciso y no por ello mínimo, de la vocación educativa que en los primeros habitantes se vislumbraba, gracias a la economía fuerte del café que, impulsó, además de una tradición para el mundo con paisajes de filos en ferrocarril aromatizados por el mejor café del mundo, viajes a Europa. Estos resultarían decisivos en la manera  como la ciudad abordaría el tema espacial inundando el entorno con arquitectura ecléctica y dejando a su paso un centro histórico consolidado; en asocio, el tema educativo que suponía para ellos en la memoria ya creciente de sus quereres, la inclusión del conocimiento como la manera en que sus hijos heredarían la tierra.

Toda una tradición de escenarios educativos estaban proyectados, con el fin de introducir a una ciudad de montaña y neblina, las formas de habitar de las ciudades inglesas con sus calles de boulevard, cafés, y edificios de ensueño; “En 1900 los hijos de los fundadores resolvieron convertir a Manizales en la aldea más importante del país, y estaban convencidos de que esto no se lograba sólo con dinero, sino que era indispensable la educación y la cultura” (ACRIP, s/f). Una cultura propia exógenizada por las escenografías urbanas europeas. Para aquella época, realmente se vivía ese ambiente.

“En junio de 1852, solo dos años después de la Fundación, se abrió oficialmente la primera escuela en la ciudad, y  se nombró a don Felipe Moreno como su primer maestro.” Desde ese instante, y hasta la fecha, se ha hecho inversión en edificios educativos que se han configurado como proyectos de arquitectura de avanzada para su época y sin reparo en gastos ni estilos. “Lograron antes de culminar la primera década del nuevo siglo que Manizales fuera reconocida en todo el país por cuenta del café, y conectaron, a través de este producto,  la ciudad con el mundo, haciendo las primeras exportaciones a Londres. En 1910 inauguraron la primera Biblioteca Pública y el Primer Museo, como anticipo del deseo profundo de sus habitantes de tener educación universitaria disponible en la ciudad, que hasta entonces era provista en el Cauca para todos aquellos que deseaban y podían tenerla. […] También se fundaron en esta época las dos escuelas  normales (1909 y 1910), […] Se fundó el Colegio de Cristo en 1907. En 1914 se creó el Instituto Universitario, en donde se han formado miles de estudiantes,[…]La Escuela de Artes y Oficios se creó en 1931, soporte luego, como Escuela de Bellas Artes, de la Universidad de Caldas. En 1943 se estableció la “Universidad Popular”, por Ordenanza, pero sin alcanzar a ofrecer programas de educación superior, lo cual se consigue en 1948 con el establecimiento en Manizales de la Universidad Nacional de Colombia y en 1950 con la Universidad de Caldas. Con posterioridad se crean la Universidad Católica (1954), la Universidad de Manizales (1972) y la Universidad Autónoma (1979). (ACRIP, s/f)”

El recorrido seguido ha llevado consigo un bagaje de obras construidas para la formación que aún están en funcionamiento, y que han dado a Manizales en estos últimos años la imagen de ciudad universitaria; con la cual, ha forjado una proyección de plataforma educadora y con potencialidades en cuanto a lo académico, pero, ¿es únicamente la presencia de establecimientos educativos y en mayor medida, la educación superior y universitaria quien puede darle soporte como una ciudad del conocimiento?

Pensar en ciudad, es pensar en sociedad, en cada uno de los ladrillos que conforman esta construcción social y cultural. Uno de estos ladrillos es la educación y el conocimiento; una sociedad en cualquier lugar del mundo, basa su forma de existir en el conocer y reconocer su ambiente, sus practicas, su contexto, de allí deviene el conocimiento de ese  lugar al cual pertenece; entonces, ¿que hace que un entorno sea especial al otro en términos de conocimiento? “la sociedad del conocimiento se entendió a menudo como aquella en donde los sectores que utilizan el conocimiento de una forma intensiva son los que más contribuyen al crecimiento de la economía (Rohrbach, 2007).[…] No obstante, desde una perspectiva más compleja del desarrollo algunos autores proponen una definición que las identifica como “aquellas capaces de generar, incorporar y aplicar diversas formas de conocimiento para mejorar la competitividad económica, el bienestar de la población, la sostenibilidad ambiental, una mayor participación ciudadana en los asuntos públicos y una gobernanza más eficaz del territorio.” (Romeiro, 2008) A partir de estas definiciones, se entiende una ciudad del conocimiento no simplemente como un artefacto que tiene forma de campus, o de aula, sino, una integración de factores sociales, económicos, culturales y políticos ligados a la apuesta de saberes. Estar respaldado por la fuerza educativa, no es el fin, es el medio para alcanzar la totalidad de las dinámicas complejas de una región, que por fortuna, tiene el conocimiento en la palma de su mano.

Es cierto que la presencia de campus universitarios posibilita economías de migrantes en la ciudad que estabilizan sectores productivos, como el mercado inmobiliario en la figura de residencias universitarias, o los mercados de comidas para la solución de necesidades básicas de alimentación y el mercado nocturno que asegura el esparcimiento de miles de estudiantes que diariamente lo habitan, entre otros; pero, ¿hay algún tipo de control(políticas) sobre estas dinámicas en beneficio de los usuarios (los estudiantes), del sector (plusvalías y mejoramientos), de la economía (comerciantes locales) y del ambiente (ética ambiental)?

Ahora bien, es evidente la desarticulación entre ciudad y universidad, cayendo en el error de la negación total y desinteresada de su contexto, una rueda suelta a la manera de claustro académico medieval cerrado y ensimismado; o inversamente, la cooperación de la universidad a los mercados de consumo y multinacionales que fijan su atención en las instituciones que trabajan por el conocimiento, como las universidades, para usarlas en pos de su crecimiento económico; una institución que trabaja por la empresa no local en detrimento de la sociedad que sustenta su misión.

La universidad no es la única responsable de la apuesta de Manizales como una ciudad del conocimiento, pero alcanza un valor significativo en la transformación del sentido hacia otros horizontes, ya que primero, debe trabajar en el cambio mental de una sociedad que poco a poco pierde su identidad cafetera y cultural, por una del conocimiento como principal valor agregado, lo cual no implica negar su potencial productivo de carácter histórico. Es necesario reconocer el compromiso de mirar sinérgicamente las interrelaciones de los diferentes actores sociales, políticos, institucionales, económicos, culturales y ambientales; y el propósito del diálogo de esas experiencias para la construcción de nuevas e innovadoras formas de re-crear mejores condiciones para la productividad y la calidad de vida de sus habitantes. Algo muy diferente a un desarrollo de “call center” o “casinos” evidenciados por doquier. “Bien es sabido que estas empresas de servicios se mueven por el mundo con una gran flexibilidad de acuerdo a la desregulación de las leyes laborales y a la oferta y la demanda de los mercados, lo cual impacta negativamente al empleo productivo de alta y baja capacitación, precarizándolo por igual.” (Acebedo, 2010)

Es necesario preparar el terreno para que las diferentes formas de hacer ciudad se organicen positivamente en el encuentro de sus saberes propiciando mejores alternativas de trabajo y estabilidad, entendiendo tanto las dinámicas urbanas y rurales como la participación ciudadana en ellas.

Bibliografía

Acebedo, L. F. (12 de Febrero de 2010). Manizales: de Eje del Conocimiento a Call Center. Recuperado el 06 de Mayo de 2012, de http://caleidoscopiosurbanos.blogspot.com/2010/02/manizales-de-eje-del-conocimiento-call.html

ACRIP, A. A. (s/f). El anhelo ciudadano. Manizales una ciudad del conocimiento con educación de calidad como requisito indispensable para lograr desarrollo. Recuperado el 25 de 05 de 2012, de http://mseducacion.files.wordpress.com/2012/02/documento-final-pdf1.pdf

R. MENDEZ, J. M. (2006, XXXVIII). Redes institucionales e innovacion en ciudades intermedias para el desarrollo territorial. Ciudad y Territorio, Estudios Territoriales , 377-395.

ROHRBACH, D. (2007). The development of knowledge societies in 19 OECD countries between 1970 and 2002. Social Science information, Vol. 46, núm. 4 , 655-689.

Romeiro, P. (2008). LAS CIUDADES DEL CONOCIMIENTO: REVISIÓN CRÍTICA Y POSIBILIDADES DE APLICACIÓN A LAS CIUDADES INTERMEDIAS. Barcelona.

Ordenamiento Territorial: Consideraciones alrededor de la continuidad en los procesos naturales

Por: Juan David Céspedes Restrepo
Administrador Ambiental
Estudiante Maestría en Hábitat
Universidad Nacional de Colombia -Sede Manizales-
 

Uno de los objetivos que ha perseguido el ordenamiento del territorio en su concepción teórica, y desde los primeros esfuerzos normativos que se han realizado para su ejercicio -desde la ley 9/1989, pasando por la ley 388/1997 y la ley 1454/2011-, consiste en orientar adecuadamente el desarrollo territorial, complementando la planificación económica y social en las ciudades. Sin embargo, pasados cerca de doce años desde la aparición de los primeros Planes de Ordenamiento Territorial [POT], se observa que la mayor parte de las ciudades colombianas se ha configurado de manera fragmentada, hecho que se manifiesta mediante el desarrollo de actuaciones urbanísticas desarticuladas que favorecen la existencia de conflictos en el uso del suelo; los cuales, no solo riñen con la vocación y aptitud local de las ciudades, sino también con el contexto regional del cual hacen parte.

Una de las razones que favorece esta situación descansa en la negación de las condiciones de reciprocidad que existen entre las dimensiones socioculturales, político-institucionales, físico-espaciales y económico-financieras que son inherentes al territorio (Guzmán, 2011). En este sentido, resulta sumamente interesante el planteamiento realizado por Gustavo Adolfo Agredo (2011) quien afirma que esta situación tiene su génesis en la manera como se formula la ciudad, proceso que se realiza bajo un enfoque mecánico y tecnocrático resultado de la ruptura con el medio natural. Este paradigma desdibuja el origen natural del hombre en el interés de éste por construir su “mundo ideal”.

El distanciamiento hombre-medio natural desconoce la importancia de los sistemas naturales como elemento estructurante del territorio, al tiempo que niega el carácter ambiental de los procesos socioculturales de construcción del mismo; como consecuencia, los esfuerzos en torno al ordenamiento del territorio se componen de intervenciones antropogénicas concebidas unidimensionalmente, que en la mayoría de los casos no guardan relación con las necesidades y potencialidades del contexto. Este escenario, pone en evidencia la necesidad de abordar la problemática ambiental en los procesos de ordenamiento con base en una aproximación al carácter dinámico de los aspectos físico-espaciales y ecosistémicos del medio natural, los cuales son imprescindibles en la construcción de territorio1.

Sin embargo, es preciso recordar que los sistemas naturales son por definición sistemas abiertos, en tanto que permanecen en constante interacción mediante intercambios de trabajo, materia, energía e información con el entorno que los rodea (Ossa, 2004). Esta característica impide delimitar espacialmente los sistemas naturales, que se extienden en casi todos casos más allá del área de planificación definida para ordenar un territorio. Al respecto, Jaume Terradas (2001) citado por Gustavo Agredo (2011: 57), afirma que “(…) las ciudades y otros territorios están organizados de acuerdo con unos límites administrativos que no se corresponden necesariamente, ni con la realidad socioeconómica ni con la ecológica”. Es posible afirmar que los límites administrativos corresponden a trazados rígidos sobre elementos geográficos en un intento por definir la función de propiedad, lo que conlleva a la falta de coherencia y continuidad entre las ciudades y los sistemas naturales.

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Fuente: http://ecolosfera.com/img/ecolosfera/2009/09/incheon_1_pvm2e_69.jpg

Esta brecha entre lo urbano y el medio natural, se hace más evidente al aumentar la escala en la unidad de planificación considerada. En este sentido si se toma como unidad de análisis el departamento, emergen con mayor claridad diferencias paisajísticas, geomorfológicas y biofísicas, las cuales crean barreras, dificultan el acceso y movilidad entre los municipios que lo conforman, lo que se traduce como una ruptura en el desarrollo de las interrelaciones y flujos que configuran la complementariedad funcional en su interior. Este tipo de rupturas impide la adecuada planificación en el territorio al tiempo que obstaculiza el ejercicio de la gobernanza. Además, favorece la desigualdad entre los municipios que conforman un departamento, al dotar de mayores ventajas competitivas y socioeconómicas al municipio localizado en la zona de mayor acceso, hecho que favorece el desarrollo centralizado en un territorio.

El ordenamiento territorial exige por tanto la búsqueda en la continuidad de los procesos naturales de manera independiente a la escala de referencia, condición sine qua non para el funcionamiento del sistema como un todo integrado. Bajo este enfoque, la continuidad se convierte en un eje estructural para la movilidad, la complementariedad de funciones y además, constituye la garantía para la preservación de los bienes y servicios ambientales que nutren el territorio; de manera que el rompimiento de la continuidad en algún punto de la red afecta considerablemente el funcionamiento del todo (Tardín, 2005).

De igual forma, considerar la continuidad conlleva necesariamente a un aumento en la unidad de planificación como medida para garantizar la coherencia entre las funciones y el fortalecimiento de la complementariedad de las ciudades dentro de un contexto regional. Al respecto, existen en la actualidad propuestas sumamente interesantes como la constitución de ecorregiones o la planificación del territorio con base en las cuencas hidrográficas, en las cuales se propone el ordenamiento con base en un espacio determinado -o que pueda ser determinable- con características particulares que le otorguen identidad y potencien algún grado de unidad en lo que se refiere a evitar la interrupción de los procesos naturales (Arango, 2011).

Este tipo de propuestas tienen por objeto mejorar la gestión sobre los bienes y servicios ambientales, el patrimonio natural y la biodiversidad; al tiempo que buscan fortalecer  la articulación de los municipios y las instituciones en la construcción de territorios funcionales y sustentables. A la luz de éstas consideraciones, el estado actual de fragmentación en la mayoría de las ciudades y regiones de Colombia, manifiesta una necesidad creciente de reformular la manera como se planifica y construye el territorio, reduciendo la brecha entre lo urbano y el medio natural en la búsqueda de articular los sistemas urbanos y las procesos naturales. Este escenario exige el desarrollo de instrumentos de integración interinstitucional y normativos que permitan avanzar hacia un ordenamiento del territorio interdisciplinario y transversal, con base en la reformulación de las escalas territoriales para la planificación y el reconocimiento del carácter ambiental2 de los procesos de construcción del territorio.

1Es importante hacer claridad en que los procesos de planificación y ordenamiento del territorio poseen un nivel de complejidad elevado, y que como se mencionó previamente, sobrepasan las dimensiones socioculturales, político-institucionales, físico-espaciales y económico-financieras. La intención al hacer esta afirmación no es la de reducir los procesos de ordenamiento al aspecto ecosistémico; sino exponer la necesidad de considerar este elemento de manera conjunta a la estructura y función de los sistemas sociales que configuran el territorio.   

2 En este sentido, el término ambiental se emplea no sólo para denotar las condiciones biofísicas y espaciales del entorno, sino para el reconocimiento del entorno como tal, incluyendo los aspectos socioculturales, económicos, y político-institucionales.

Bibliografía

Agredo, G. A. 2011. La Cuenca Urbana: Unidad Territorial para el Desarrollo Sostenible de Ciudades de Media Montaña en el Trópico Andino. Revista La Redvista; No.2 Enero-Junio de 2011. pp. 55-74. Sello Editorial Alma Mater; Pereira.

Arango, O. 2011. Cinco Vacíos en el Proyecto de Ley Orgánica de Ordenamiento Territorial: Una Lectura desde la Ecorregión Eje Cafetero. Revista La Redvista; No.2 Enero-Junio de 2011. pp. 22-39. Sello Editorial Alma Mater; Pereira.

Guzmán, S. D. 2011. Territorios Convencionales, Artificiales e Impuestos. Revista La Redvista; No.2 Enero-Junio de 2011. pp. 14-19. Sello Editorial Alma Mater; Pereira.

Ossa, C. A. 2004. Teoría General de Sistemas, Fundamentos. Pereira: Editorial Gráficas Olímpica. 254 pág.

Tardin, R. 2005. Sistema de Espacios Libres y Reestructuración de los Territorios Urbanos. En La Sustentabilidad Hoy -2005-. pp. 55-65. La Plata: Fondo Editorial Cepa.