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Una mirada sociológica a la relación de las estructuras del espacio físico y social en Manizales


Por: José Wbaldo Salazar Ramírez

Sociólogo
Estudiante de la Maestría Medio Ambiente y Desarrollo
Universidad Nacional de Colombia, sede Manizales.

Como lo afirma Bourdieu (1999: 179) los agentes sociales  se constituyen como tales, en relación con un espacio social y las cosas, en tanto los agentes se apropien de ellas como suyas; de igual forma, están situados en un lugar del espacio social que pueden caracterizarse por su posición relativa con respecto a otros lugares y por la distancia que los separa de ellos. Con este exordio se da apertura al presente artículo, resaltando la importancia de la mirada a uno de los “rascacielos” de Manizales que se construye al costado oriental del edificio de valor patrimonial en donde funciona la Escuela de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad Nacional, seguido de la observación a una de las pocas “vías rápidas” de la ciudad: la carrera 23, para finalizar con el espacio interior  de la ciudad: el barrio.

Lugares de tránsito

Cuando se llega a la Escuela de Arquitectura y Urbanismo, considerado patrimonio arquitectónico por representar una estación central del cable aéreo que sirvió como lugar de recepción de productos y viajeros entre los “centros urbanos” de Mariquita y Manizales  en los albores del siglo XX, es inevitable mirar por contraste el nuevo edificio modernista (Imagen 1) al costado oriental de este “monumento”. Este edificio de fachadas en vidrio es producto de la libertad de la que disponen los arquitectos contemporáneos para jugar con la forma, el material y el color de sus obras. Como diría Bauman (2008:104) cuando analiza la Plaza de La Défense en París, los edificios de formas fantásticas que rodean algunos emplazamientos urbanos están hechos para ser mirados, no para entrar en ellos: “envueltos de arriba/abajo en cristal espejado, no parecen tener ventanas ni puertas de acceso”; con gran ingenio consiguen darle la espalda a los otros monumentos, a los otros lugares que lo rodean.

Imagen 1. Vista del edificio en construcción, desde el interior de la Escuela de Arquitectura y Urbanismo. Fuente: J.W.S.R

Imagen 1. Vista del edificio en construcción, desde el interior de la Escuela de Arquitectura y Urbanismo. Fuente: J.W.S.R

A la vista, resultan ser imperiosos e impenetrables desde la concepción de Bauman (2006:104) ya que ambas cualidades se complementan y se refuerzan mutuamente, es decir que, desde sus estructuras físicas transmiten sensaciones de exclusión pero a la vez de selección, por tanto, no todos pueden acceder a él ni mucho menos establecer relaciones dentro de él. Son como diría Bauman lugares inhóspitos, inspiran respeto pero desalientan la permanencia. Estas fortalezas herméticamente selladas, están en un lugar, pero no pertenecen a él, dada la otra arquitectura tradicional e histórica instaurada allí durante décadas.

Los requerimientos para definir su ubicación dentro del espacio físico, deben contar con la aprobación de la autoridad (Oficina de Planeación y Curaduría Urbana) que con alcance administrativo otorgan las diferentes licencias, generando un vacío sobre la primacía de la conservación patrimonial y arquitectónica del paisaje. Una vez más se observa que la lógica del mercado y el capitalismo mediado por grupos inmobiliarios estructuran y modelan las nuevas percepciones del espacio físico y social, así como también, el mismo espacio físico cosificado, producto del capital, modela la conducta del agente; luego, quienes entran en un espacio deben cumplir las condiciones que éste exige tácitamente de sus ocupantes/visitantes.

Por ello, los diferentes espacios sociales reificados (Bourdieu; 1999:182), es decir, físicamente objetivados o realizados, presentan así, una distribución diferenciada de bienes y servicios y también, de agentes individuales o grupos localizados físicamente provistos de oportunidades más o menos efectivas de esos bienes y servicios.

“La relación entre la distribución de los agentes y la distribución de los bienes en el espacio, define el valor de las diferentes regiones del espacio social reificado” (1999: 183).

Así, el acceso a esos bienes y servicios también están mediados por el capital y la distancia con respecto a ellos, además de la instrumentalización del conocimiento al momento de planificar la ciudad; para resolver este planteamiento es importante contar con el desarrollo vial y otros factores de equipamiento colectivo para que los agentes vivan la ciudad tanto comunitaria como individualmente.

La carrera 23 en Manizales: una vía para re-correr y con-sumir la ciudad

Se afirmaba en los párrafos anteriores que el capital da cierto poder sobre el espacio y se manifiesta en sus diversas formas sobre el espacio “habitado” o apropiado en palabras de Bourdieu (1999: 184) bajo la forma de una determinada “relación entre la estructura espacial de distribución de los agentes y la estructura espacial de distribución de los bienes y servicios, privados o públicos”. La posición de un ciudadano en el espacio social con respecto a la avenida Santander (Imagen 2), se expresa en el lugar en el que está situado y por la posición relativa en cuanto a desplazamiento y tiempo para llegar a ésta avenida que por su diseño y ubicación, hace de la ciudad de Manizales una comunicación bidireccional en sentido oriente-occidente, marcando el progreso traído por la “cultura cafetera”. Es decir que, los diferentes espacios sociales físicamente objetivados, tienden a oponerse en algunos casos.

Imagen 2. Vista de la Carrera 23 o Avenida Santander, entre las calles 60 y 65. Fuente: J.W.S.R

Imagen 2. Vista de la Carrera 23 o Avenida Santander, entre las calles 60 y 65.
Fuente: J.W.S.R

En esta avenida se encuentra un gran abanico de comercio que tiene en común posiciones elevadas por su inclusividad/exclusividad de su actividad y objeto comercial, pero también por las propiedades y calidades de las mercancías, haciéndose atractivo para ciertos grupos etarios, por lo tanto, puede ser una forma de mantener a distancia y excluir toda clase de intrusión indeseable. Se encuentra también sobre la misma, la mayoría de los agentes que ocupan posiciones dominantes, como también un amplio comercio para aquellos sujetos de poco capital, por no decir medido según sus condiciones sociales[1].

Las grandes oposiciones sociales objetivadas en el espacio físico tienden a reproducirse en el pensamiento y el lenguaje bajo la forma de oposiciones constitutivas de un principio de visión y división, es decir, en tanto que categorías de percepción y apreciación o de estructuras mentales” (Bourdieu; 1999: 184).

El llamado de éste autor es el de revelar sobre el sistema de preferencias que se instalan dentro del espacio físico apropiado a través de las cuales las estructuras sociales se convierten progresivamente en estructuras mentales, originando con ello, imaginarios de exclusión, una clase de poseedores que cada vez más disminuye en la lógica del mercado actual, y en dónde Manizales por su escaza industria y por la pocas posibilidades de generación de empleo y toda la problemática de falta de sinergia entre la ciencia y la industria, entre otras, reafirma esta hipótesis, además del interés y la connivencia de los expertos en privilegiar a grupos inmobiliarios con su conocimiento de localización, posición y ocupación de los espacios físicos y sociales.

Manizales no escapa a la realidad de las grandes megalópolis, donde el poder que da el capital en sus diferentes formas sobre el espacio es también un poder sobre el tiempo, la proximidad en el espacio físico permite que el espacio social produzca todos sus efectos al facilitar la acumulación de capital social y, más concretamente, al posibilitar encuentros previsibles y fortuitos que asegura el hecho de frecuentar los lugares; de la misma manera, quienes carecen de capital son mantenidos a distancia.

El interior de la ciudad: el barrio.

Tener y poseer capital intensifica la experiencia de infinitud: la posibilidad del desplazamiento, movilidad, gozar, vivir y consumir la ciudad a su antojo, gusto y semejanza; y en el lado opuesto, carecer de capital intensifica la experiencia de la finitud: anclaje a un lugar.

Las capacidades de apropiación de los diferentes bienes y servicios por un agente ya sea público o privado, en definitiva está mediado por el capital que posee; en efecto, ciertos espacios, y en particular los más cerrados, los más selectos, exigen no sólo un capital económico y cultural sino también un capital social. En la mirada interior (Imagen 3) los procesos de exclusión que se observan en ciertos lugares residenciales de Manizales como el barrio Palermo, refleja la realidad de un país donde los poseedores/tenedores cuentan con todo el acceso a los lugares, espacios y sitios para el tránsito o para el encuentro según su localización privilegiada.

Imagen 3. Vista del Barrio Palermo, Manizales. Fuente J.W.S.R

Imagen 3. Vista del Barrio Palermo, Manizales. Fuente J.W.S.R

En Manizales, como en Colombia, existen algunas “fronteras naturales” en la condición de límite al interior de la ciudad. Así como existen barrios para la clase dominada, como aquellos localizados al norte y sur de la ciudad; existen barrios para la clase dominante en el oriente y occidente, como una manera de “selección natural”, donde unos y otros por sus preferencias y por las posibilidades de acceso al capital se ubican de acuerdo a su condición de existencia material. Estos barrios como el que se aprecia en la imagen, denotan posiciones de exclusión e indiferencia con respecto a la miseria de los más desvalidos, aunque en la práctica comparten fronteras.

Casi siempre son barrios fantasmas. En la monótona regularidad de los horarios, sus moradores salen a tempranas horas y regresan a altas horas de la noche, razón por la cual en el tiempo restante del día, el barrio es un lugar sin actividad, sin vida; y en oposición, los “otros” barrios y sus mundos de vida, son más comunitarios, más propensos hacia el encuentro, en la esquina, en la calle o en escenarios recreativos y lúdicos, propiciando cierta clase de identidad con el territorio y el barrio.

Finalmente y sin el ánimo de localizar los planteamientos acá expuestos en la teoría de la marginalidad que bien fue planteada y criticada  hasta los años 60 del siglo pasado, en el espacio físico y social en Manizales se aprecian diferencias económicas y sociales que invitan a una observación más interna del desarrollo del urbanismo y la planificación de la ciudad, que complejice la mirada propiamente externa como consecuencia del acceso al capital; es decir, que el camino que siguió esta mirada es desde un punto de vista más singular desde las diferentes tramas que construyen los sujetos que habitan la ciudad en tanto categoría de percepción y apreciación, y la alusión al capital es simplemente para denotar metodológicamente la mediación de la sociedad capitalista en el consumo y las múltiples maneras del habitar, llegando a configurar lo que desde el gusto y la psicología económica se llama el sistema de preferencias.

Bibliografía

BAUMAN, Zygmunt. (2006). Modernidad Líquida. Fondo de Cultura Económica. Argentina.

BOURDIEU, Pierre. (1999). La Miseria del Mundo, efectos de lugar. Fondo de Cultura Económica. Argentina


[1] En ésta reflexión, no se abordará el tema de los estudiantes universitarios, siendo Manizales una ciudad universitaria por excelencia, dado que cualquier lector podrá preguntarse  cómo éstos sujetos en tanto capital (social y cultural) habitan y consumen la ciudad debido a sus jornadas escolares y por la localización de la institucionalidad educativa sobre ésta avenida.

LA INVESTIGACIÓN Y LA EDUCACIÓN COMO ELEMENTOS DEL DESARROLLO ENDÓGENO EN LAS CIUDADES DEL CONOCIMIENTO

Por: Juan David Céspedes Restrepo
Administrador Ambiental
Estudiante Maestría en Hábitat
Universidad Nacional de Colombia -Sede Manizales-


A manera de introducción

Desde finales del siglo XX, la mayor parte de las ciudades y sociedades del mundo están experimentando diversas trasformaciones estructurales que tienen su origen en la revolución tecnológica que ha ocurrido durante las últimas décadas, y que ha dado lugar a un crecimiento acelerado en las tecnologías de la información y comunicación. Éstas han reconfigurado de manera radical las concepciones clásicas de tiempo y espacio; y de manera paralela, han generado un escenario favorable para la globalización de la economía, afectando de manera directa la forma como se produce, consume, gestiona, informa y piensa al interior de las sociedades (Acebedo, 2010).

Con el incremento en las comunicaciones, el consecuente aumento en los flujos de información ha fortalecido el protagonismo del conocimiento dentro de los procesos que se llevan a cabo en pro del desarrollo de los territorios. Esta situación posiciona en la actualidad al conocimiento como un factor indispensable para el progreso de las ciudades; y en muchos casos incluso, lo define como el factor estructural para el desarrollo de las mismas. Ésta concepción ha dado lugar a la creación de ciudades del conocimiento; las cuales son, de acuerdo con la definición de Patricia Romeiro y Roberto Méndez (2008): “aquellas capaces de generar, incorporar y aplicar diversas formas de conocimiento para mejorar la competitividad económica, el bienestar de la población, la sostenibilidad ambiental, la participación ciudadana en los asuntos públicos y lograr una gobernanza más eficaz del territorio”.

Por esta razón, el modelo de ciudad del conocimiento ha despertado gran interés en la actualidad, y se consolida hoy como paradigma de desarrollo al interior de muchas ciudades a lo largo del mundo, dentro de las cuales se encuentran algunas ciudades intermedias de Colombia y Latinoamérica. Entre éstas, ciudades como Manizales y Medellín -incluso Bogotá- son reconocidas a nivel nacional como ejemplos de este modelo, ya que apuntan parte de sus estrategias territoriales hacia la consolidación del conocimiento como un eje estructural dentro sus dinámicas económicas y sociales. Sin embargo, dado que el modelo tiene su origen en algunos países Europeos, aún resta desarrollar reflexiones profundas sobre su articulación con los aspectos culturales, económicos, políticos y ecosistémicos que hacen parte del contexto colombiano.

Colombia en la Generación de Ciudades del Conocimiento

Un gran número de las ciudades en Colombia -al igual que en muchos países latinoamericanos- se han configurado como ciudades intermedias pequeñas y medianas. Ésta condición, lejos de las consideraciones que pudieran realizarse bajo la concepción clásica del desarrollo[1], otorga a estas ciudades un abanico de ventajas competitivas en relación con las ciudades de mayor tamaño. Ciudades medianas y pequeñas presentan generalmente características de menor deterioro ambiental, reducción en los tiempos para el desplazamiento, mayor sentimiento de identidad en sus habitantes, y mayores niveles de seguridad –los cuales se asocian a la capacidad de control que puede desarrollarse sobre el territorio- (Romeiro y Méndez, 2008). De manera adicional, las ciudades con estas características presentan vocaciones y fortalezas bien definidas, lo que  permite formular modelos de gobernanza participativos; condición sumamente favorable para la búsqueda de oportunidades de desarrollo con base en el conocimiento.

No obstante, a pesar de las fortalezas asociadas con la escala geográfica de las ciudades colombianas, los procesos de construcción de territorio a través de los cuales se han desarrollado, no están articulados -en la mayoría de los casos- a los elementos culturales, socioeconómicos y ambientales que configuran el contexto local y regional de las mismas. Esta situación tiene su origen en el carácter exógeno del modelo bajo el cual se circunscribe el desarrollo del país[2], y representa un impedimento que no puede ignorarse dentro de la formulación de ciudades estructuradas con base en el conocimiento –o en cualquier otro factor estratégico-; ya que como explica Jaime Ornelas (2009) el éxito y la sustentabilidad de las ciudades latinoamericanas se puede garantizar sólo mediante modelos de desarrollo fundados en el reconocimiento de que éste -el desarrollo- es un proceso social, que como tal nace de la cultura y las características particulares de cada contexto.

En este sentido, un modelo de desarrollo no-endógeno impide que las acciones para generar territorios del conocimiento sean compatibles con la ciudad, hecho debilita la apropiación social de los procesos que se desarrollan. Adicionalmente, se requiere comprender que en lugar de la creación de un modelo rígido que permita la generación de ciudades de conocimiento en Colombia, se debe potenciar la consolidación de éstas a través de procesos flexibles basados en sistemas de aprendizaje colectivo en torno a la construcción del territorio, así como de búsqueda de sinergias entre los distintos tipos de conocimiento que están presentes en una ciudad (Romeiro y Mendez, 2008).

Investigación y educación

De manera general, como lo explica Jaime Acosta (2009) el desarrollo con base en el conocimiento tiene lugar dentro de ciertos ámbitos concretos de la ciudad: las universidades -y sus centros de investigación/desarrollo de tecnología-, los centros de emprendimiento avanzado y los diálogos formales e informales entre los ciudadanos que comparten y transfieren sus saberes. Esta situación pone en evidencia el carácter fundamental de la dimensión social en la configuración de ciudades del conocimiento[3], ya que es a partir de allí que se desarrollan los procesos de generación de conocimiento y creatividad. Razón por la cual, elementos como la formación investigativa y el modelo educativo adquieren importancia dentro de los procesos de planificación de ciudad.

En este sentido, la gestión en torno a los procesos de formación académica no debe centrarse únicamente en los niveles de educación superior, sino también revisar la estructura y los modelos pedagógicos de la educación básica y media como medida para que las actividades basadas en el conocimiento que genera la ciudad, se integren de manera profunda a la dinámica urbana. Los sistemas de educación demandan una revisión de contenidos y métodos que incorporen los saberes que surgen de la interacción sociedad-territorio, y que hacen referencia de manera específica al contexto dentro del cual se desenvuelve la ciudad (Aranguren y Antúnez, 2005).

Este hecho es fundamental dado que la razón que ocasiona que la educación colombiana –y latinoamericana en general- sea considerada como poco pertinente y de menor calidad, descansa sobre el hecho de que el conocimiento que se imparte es principalmente “conocimiento reproducido” que ha sido generado para contextos ajenos al propio; razón por la cual no produce capacidades cognitivas propias y diferenciadas, hecho que consecuentemente define el tipo de investigación aplicada que se desarrolla en el país; la cual, como su nombre indica se centra en la aplicación del conocimiento generado en otras latitudes (Acosta, 2009).

Es por esta razón que una educación para la generación de ciudades del conocimiento debe centrarse en la calidad y la pertinencia; aspectos que solo pueden incorporarse al sistema educativo si existen procesos investigativos -tanto de investigación en ciencias básicas y sociales- que se aventuren a la generación de nuevos conocimientos acordes al territorio donde actúan. De esta forma, el conocimiento generado a partir de las particularidades del contexto y la cultura, da lugar identidades locales y ventajas competitivas dentro de un contexto internacional, en contraste con el rezago que puede significar la perpetuación de la estructura de reproducir conocimiento descontextualizado. La investigación se presenta entonces como una condición básica articulada al sistema educativo en el desarrollo de la identidad cultural de las ciudades colombianas, y como base para la búsqueda de modelos endógenos en la construcción de ciudades del conocimiento.

 Bibliografía

Acebedo, Luis Fernando. (2010). Territorios del Conocimiento en la Ecoregión Eje Cafetero. Calidoscopios a partir de tres espejos de representación: Sociedad + Espacio + Conocimiento. . Tesis Doctoral, Doctorado en Urbanismo. Caracas: Universidad Central de Venezuela
 
Acosta, Jaime. (2009). Ciudades de América Latina en la Sociedad del Conocimiento [Versión digital .pdf]. Bogotá: División de Planeación Estratégica y Evaluación de Colciencias. Recuperado el 31 de mayo de 2012, Red Europea de Ciudades Digitales, página web Oficial:
http://www.villesnumeriques.org/rvn/bc_doc.nsf/0/ae29a8cbeb9aff10c12578c90061916b/$File/ciudades_conocimiento_america_latina.pdf
 
Aranguren, Carmen. Antúnez, Ángel. (2005). Proyecto Socioeducativo de Ciudad: un Escenario para el Conocimiento y la Formación de Valores Ciudadanos [Versión digital .pdf]. Revista de Teoría y Didáctica de las Ciencias Sociales. No. 10. Págs. 35-48. Recuperado el 29 de mayo de 2012; Redalyc, Red de Revistas Científicas de América Latina y el Caribe, España y Portugal:
http://redalyc.uaemex.mx/redalyc/src/inicio/ArtPdfRed.jsp?iCve=65201003
 
Escobar, Arturo. 2007. La Invención del Tercer Mundo Construcción y Deconstrucción del Desarrollo. Caracas: Fundación Editorial el Perro y la Rana.
 
Garrido, Rafael. (2012). Currie, Lauchlin, Ficha Bibliográfica [Versión digital]. Recuperado el 13 de mayo de 2012, Biblioteca Virtual Luis Ángel Arango, espacio dedicado a la biblioteca dentro de la página cultural del Banco de la República:
http://www.banrepcultural.org/blaavirtual/biografias/currlauc.htm
 
Ornelas, Jaime. (2009). Hacia Una Teoría Latinoamericana Del Desarrollo [Versión digital .pdf]. Revista Argentina de Sociología. Año 7 No. 12. Págs.47-75. Recuperado el 30 de mayo de 2012. Scientific Electronic Library Online-Scielo-, sitio web:
http://www.scielo.org.ar/scielo.php?pid=S1669-32482009000100003 &script=sci_arttext
 
Romeiro, Patricia. Méndez, Roberto. (2008). Las Ciudades del Conocimiento: Revisión Crítica y Posibilidades de Aplicación a Las Ciudades Intermedias [Versión digital .pdf]. Revista Scripta Nova, Revista Electrónica de Geografía y Ciencias Sociales, Vol. XII, núm. 270 (50). Recuperado el 1 de junio de 2012; Universidad de Barcelona, página web oficial:
http://www.ub.edu/geocrit/sn/sn-270/sn-270-50.htm

[1] De Acuerdo con Arturo Escobar (2007) la premisa básica del modelo de desarrollo que se originó en la posguerra, fue la creencia del papel de la modernización como única fuerza capaz de destruir supersticiones y relaciones arcaicas, sin importar el costo social, cultural y político que representara. La industrialización y la urbanización eran consideradas rutas progresivas e inevitables hacia esta modernización razón por la cual, una ciudad que no crecía en su estructura urbana, se consideraba una ciudad estancada en su proceso de desarrollo.

[2] Este modelo tiene su origen en el informe “Operación Colombia” –publicado en 1960- un estudio económico llevado a cabo por el economista canadiense Lauchlin Currie con el fin de descifrar las causas del “atraso” de Colombia y encontrar soluciones. De acuerdo al documento, estas soluciones debían centrarse en llevar la fuerza de trabajo de los campos a las ciudades, destinándola a actividades que requirieran obreros no calificados, como la construcción de viviendas. Igualmente, se enfatizó sobre la importancia de tecnificar la agricultura y la ganadería para elevar la productividad (Garrido, 2012).

[3] No se pretende con esto negar la importancia de otros elementos fundamentales en la creación de una cultura de intercambio de conocimiento como son un diseño apropiado del espacio urbano, la existencia de redes de TIC’s, la innovación en el componente industrial, o la integración y articulación territorial -por nombrar algunos-; pero dada la inquietud del autor frente al tema, esté será el aspecto que se aborde durante el presente escrito.

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Quebrada Manizales, un escenario ambiental. Por: Sebastián Gómez Mejía Ing. Civil, Hidráulico y Ambiental, candidato a máster en Medio Ambiente y Desarrollo, Universidad Nacional de Colombia sede Manizales. Dada la importancia que tiene el territorio de la cuenca de la … Sigue leyendo

LA DINÁMICA DE LAS CIUDADES INTERMEDIAS EN LA CONFIGURACION DEL ESCENARIO URBANO DEL EJE CAFETERO.

Por: Juan Alejandro Marulanda Gaviria
Arquitecto
Estudiante Maestría en Medio Ambiente y Desarrollo
Universidad Nacional de Colombia -Sede Manizales.
 
 

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Fuente: http://godues.blogspot.com/2010_11_01_archive.html

Actualmente la influencia del desarrollo en los centros urbanos latinoamericanos ha generado una serie de condicionantes  en la configuración y estructuras de las ciudades.  Estas importantes transformaciones producto del  ritmo de crecimiento urbano  y a los fenómenos como la metropolizacion, megapolizacion y la suburbanizacion, se han consolidado a través del tiempo marcando una tendencia  establecida por la dinámica de los modelos de desarrollo actuales en que se insertan nuestras ciudades. Sin embargo son muy pocos los casos dentro del urbanismo latinoamericano donde la influencia de estas nuevas dinámicas abre las puertas hacia la búsqueda de escenarios favorables que promuevan  la integración y complementariedad  en centros  urbanos próximos entre sí.

Este es el caso de las ciudades intermedias donde los centros urbanos cuentan con una población que varía desde el medio millón hasta los dos millones, tienen un rango administrativo más alto, cuentan con una mayor concentración tanto de servicios  públicos como de recursos y se encuentran mejor ubicados con relación a los sistemas de transporte regional y nacional. En relación con el contexto latinoamericano, Colombia es el escenario donde  la dinámica de las ciudades intermedias ha estado marcada por la vinculación, directa o a distancia, con un centro superior durante largos períodos, a su crecimiento poblacional y a condiciones físico-espaciales únicas. Algunas ciudades han pasado de ser simples centros de intercambio agro-comercial a tener su propia base productiva y económica, generando así una identidad urbana basada en sus características socioculturales.

Podemos afirmar que El Eje cafetero es el escenario de dicho fenómeno, en el cual interactúan tres centros urbanos significativos –Manizales, Pereira y Armenia que, debido a sus condiciones de proximidad, morfología, enfoque económico y cultural, han de proyectarse como ciudades intermedias, donde el concepto de “ciudad región” dependerá exclusivamente de que dichos centros logren articularse, no rivalicen entre sí,  se integren a otras ciudades de similar importancia funcionando como un complemento de servicios y cuya proximidad sea relativamente corta promoviendo su competitividad frente a los centros urbanos de mayor escala.

Dichas ciudades se enmarcan dentro de un sistema cuyo desarrollo dependerá de las condiciones de retroalimentación y posición estratégica, que pese a ser centros urbanos de mínima relevancia, lograrían mayor progreso que aquellos que funcionan como centros urbanos autónomos (Medellín y Cali) en el caso de nuestro país.

Según Duque (2006) “Las ciudades intermedias tienen urgencias muy diferentes a las de las grandes megalópolis. Las 400 megalópolis que tendrá el mundo en sus próximas décadas, deben orientar sus esfuerzos a lograr su competitividad internacional y, sobre todo, a manejar problemas estructurales realmente insolubles. Al otro lado y como tercera categoría en el escenario de lo urbano, también están los pequeños poblados cuyo futuro dependerá exclusivamente de su posibilidad para articularse a un centro urbano de importancia, por gozar de algún atributo en el cual este pueda especializar una función complementaria para dicho centro.”

A partir de esto, es necesario reflexionar sobre las estrategias con las cuales se logrará la construcción de este “mega eje de desarrollo” y modelo de “ciudad región”, donde es básica no solo la participación del planificador sino también de los diferentes actores en diversas áreas, que permitan la viabilidad de dicho modelo en los próximos años y la  consolidación del eje cafetero como punto estratégico en la dinámica económica de nuestro país.  De igual forma  la configuración de “la ciudad región” va a depender de la búsqueda de alternativas que establezcan una apertura económica mas significativa por medio de los sistemas de trasporte, así mismo es necesario intervenir en las problemáticas  fundamentales  que hoy existen en sus estructuras urbanas  como son la incoherencia y los conflictos de las funciones del medio urbano en sus zonas industrial, residencial, comercial y de servicios, afrontando los retos en el marco del escenario urbano que actualmente carece de una adecuada gestión en la plantificación del territorio, el tratamiento del riesgo físico social y local en la periferia de la ciudad y políticas en la regulación del suelo, cuya falencia ha dado paso  al  crecimiento del rururbanismo y/o suburbanizacion, fenómeno que ha incentivado el crecimiento inadecuado  y condiciones de fragmentación socio- espacial a lo largo del escenario que comprende las ciudades del  eje cafetero.

Según Duque (2008)  “Al examinar las ciudades del Eje Cafetero, se ha observado la formación de complejos  residenciales periurbanos para sectores de altos ingresos y el repoblamiento de zonas  centrales depreciadas, por sectores de bajos ingresos. Incluso, la aparición de los primeros  ocasiona el desplazamiento de los pobladores originales hacia los segundos cuando se va encareciendo el precio de la tierra. Esta dinámica  muestra la necesidad de mantener una  visión planificadora soportada en las características y el funcionamiento de la ciudad”.

En efecto, Manizales, Pereira y Armenia por su condición de centros urbanos intermedios  al igual que ciudades principales como: Bogotá, Medellín, Cali y Barranquilla, han desarrollando diferentes circunstancias socio-espaciales de suburabanizacion en sus alrededores, tales como: la conurbación, conformación de bordes  urbanos, ampliación de áreas de influencia  así  como  la fragmentación urbana en el caso de Manizales.  Por lo tanto “la ciudad región” debe sugerir acciones que permitan resolver la integración del centro con los sectores suburbanos y consolidar la integración física en el área metropolitana.

Cabe concluir que la consolidación como ciudades intermedias de los centros urbanos del eje cafetero dependerán  de una adecuada formulación del POT que  abarque problemas de  tipo  estructural en las funciones urbanas y  la consolidación de sus  zonas metropolitanas, desarrollando ventajas entre sí que promuevan la articulación e interacción a nivel social, cultural y económico para así enfrentar este tipo de fenómenos hoy presentes en el urbanismo local al igual que los impactos producidos por los futuros proyectos  en la región.

 

Referencias bibliográficas:

Blitzer S. (1983) Las Ciudades intermedias y pequeñas en América Latina. Centro de Estudios Urbanos y Regionales, CEUR, 1983 – 137

Duque. G. (2008). Aspectos urbanos del eje cafetero. Manizales. Universidad Nacional.Bd digital.

Duque. G. (2006). Fundamentos de economía y transportes: El Eje Cafetero en el escenario de las Ciudades Intermedias. Manizales. Revista Eje XXI Nº 23.

Duque. G. (2012). Manizales: funciones urbanas y metropolitanas. Manizales. Revista Eje XXI.

González. J. (2008). Estado actual de la periurbanización y el hábitat periurbano en Manizales. Manizales. Universidad Nacional. Bd digital.

Enlaces externos:

http://www.bdigital.unal.edu.co/1910/2/aspectos-urbanos-eje-cafetero.pdf

http://gduquees.blogspot.com/2012/03/eje-cafetero-perfil-de-las-ciudades.html

http://godues.wordpress.com/2012/01/23/manizales-funciones-urbanas-y-metropolitanas/

El Discurso del Desarrollo en los Procesos de Construcción del Riesgo

Por: Juan David Céspedes Restrepo
Administrador Ambiental
Estudiante Maestría en Hábitat
Universidad Nacional de Colombia -Sede Manizales-

De acuerdo con el Estudio Económico de América Latina y el Caribe publicado por la CEPAL (2011), las proyecciones para el 2011 anunciaban “una tasa de crecimiento del PIB regional del 4,7%, (…) y un aumento del 3,6% en el PIB por habitante” para Latinoamérica. Tal y como se presenta en dicho estudio, la proyección fue elaborada con base en la tendencia creciente que en términos generales, se ha observado en esta parte del continente durante los últimos 10 años1. En contraste, la Estrategia Internacional para la Reducción de Desastres [en adelante ISDR] (2010) ha identificado como zonas de concentración de riesgo de desastres los países de renta media y baja, lo que incluye la mayor parte de los países de América Latina; situación que ya había sido mencionada previamente por el Banco Mundial (2000) cuando afirmó que “el 97% de las muertes relacionados con los desastres naturales cada año ocurren en los países en desarrollo” [citado por Thomas, 2011].

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Municipio de La Virginia -Risaralda- Zona de la Madrevieja, antiguo Cauce del río Risaralda
Fuente: Desarrollo de una Red Neuronal Artificial -RNA- para el Estudio de los Factores Asociados a la Amenaza de Inundación en la Cuenca del Rio Cauca-Municipio de La Virginia- Grupo de Investigación en Gestión Ambiental Territorial -GAT-; Universidad Tecnológica de Pereira -UTP-.
 

En Colombia la situación se presenta de manera similar: conjuntamente con el incremento observado en indicadores -del desarrollo- como el PIB, PIB per cápita, e ingreso medio entre otros; se observa también un aumento considerable en la manifestación de los desastres y en las pérdidas asociadas a los mismos. Un claro ejemplo lo representan las cerca de 341.000 viviendas, 813 centros educativos y 751 vías, que fueron afectadas en 28 de los 32 departamentos del país como consecuencia de los deslizamientos y desbordamientos provocados por el fenómeno de La Niña en el año 20102 (Departamento Nacional de Planeación [DNP], 2011).

Ahora bien, según como se presenta el discurso del desarrollo, los avances que se realicen el pro de éste favorecen condiciones de crecimiento económico, social, político, e institucional, que dan lugar a escenarios favorables para el crecimiento cualitativo del individuo y de la comunidad, situación que finalmente se traduce en progreso para una sociedad determinada (Thomas, 2011). Esta concepción acentúa el carácter paradójico de los hechos expuestos al inicio de este articulo, especialmente si tomamos en cuenta que como explica Allan Lavell (n.d.) la vulnerabilidad (condición sine qua non para la manifestación de un desastre) se configura a partir de una “serie de características diferenciadas de la sociedad, o subconjuntos de la misma, que le predisponen a sufrir daños frente al impacto de un evento físico externo, y que dificultan su posterior recuperación”. Entendidas de esta manera, las características diferenciadas de la sociedad mencionadas por Lavell que predisponen a una comunidad para ser afectada por una amenaza, se encuentran en su mayoría directamente relacionadas con las capacidades de acceso -económico- de los hogares, la existencia de políticas adecuadas, y el fortalecimiento institucional frente a la gestión del riesgo de desastres, elementos que de acuerdo al discurso, se fortalecen cuando se presentan condiciones favorables de desarrollo.

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Barrio conformado por migrantes de la zona rural a la ciudad de Lima, Perú.
Fuente: http://pe.kalipedia.com/kalipediamedia/historia/media/200806/12/hisperu/20080612klphishpe_23_Ies_SCO.jpg
 

Bajo esta perspectiva resulta inconsistente hablar simultáneamente de un incremento en el desarrollo y en los desastres, dada la estrecha condición recíproca que existe entre ambos. Sin embargo, Arturo Escobar (2007) expone un argumento de gran valor frente al tema, cuando menciona en cuanto al origen histórico del discurso del desarrollo que “(…) la premisa básica era la creencia del papel de la modernización como única fuerza capaz de destruir supersticiones y relaciones arcaicas, sin importar el costo social, cultural y político. La industrialización y la urbanización eran consideradas rutas progresivas e inevitables hacia esta modernización”3. Esta premisa además de haber hecho parte del modelo de desarrollo que ha configurado el territorio durante las últimas décadas, aún sobrevive al interior del discurso, lo que puede evidenciarse en varias de las declaraciones realizadas por la Organización de las Naciones Unidas que señalan la importancia de fortalecer los procesos de crecimiento de las ciudades como medida indispensable en la búsqueda de la disminución de la pobreza, argumento que descansa sobre la afirmación de que “cerca de un 75% de las personas que viven por debajo del umbral internacional de pobreza de 1,25 dólares diarios residen y trabajan en el medio rural”(ISDR, 2009); argumento que carece de validez cuando se pretende realizar una aseveración de este tipo4.

 La consecuencia lógica de un discurso de desarrollo centrado en la necesidad de fortalecer los centros urbanos bajo la consideración del componente rural como “núcleo de acumulación de pobreza”, es la creación de imaginarios colectivos que impulsan a los habitantes de un territorio a migrar a todo costo hacia las ciudades, las cuales se convierten en quiméricos símbolos de progreso, bienestar y prosperidad. Esta dinámica, en lugar de disminuir las condiciones de riesgo a las cuales está expuesta una población, las acrecenta bajo dos consideraciones fundamentales:

En primer lugar, el incremento y concentración poblacional en áreas urbanas generado bajo el imaginario del crecimiento de la ciudad como bandera del desarrollo (y como consecuencia de la migración de la población rural), ocurre en la mayoría de los casos bajo situaciones precarias en lo que se refiere a tipologías, técnicas, materiales constructivos y acceso a servicios públicos domiciliarios. Esta situación se refuerza además por las limitaciones para el acceso equitativo al suelo urbano, que de manera concreta obliga a las comunidades migrantes a localizarse en zonas inadecuadas y potencialmente peligrosas.

En segundo lugar, el interés por acrecentar y densificar las ciudades obliga a la interrupción de las funciones naturales del territorio, lo que conduce a la deforestación y degradación de cuencas hidrográficas y laderas con un consecuente incremento en la probabilidad de que se manifiesten amenazas relacionadas con fenómenos de remoción en masa e inundaciones.

Ambas consideraciones evidencian que tal como afirma Georgina Calderón (2001) los desastres no son naturales ni ocurren de manera aleatoria, sino que en cambio representan la manifestación de condiciones de acceso desigual dentro de una sociedad. Dicha, condición se acentúa como consecuencia de la degradación del medio natural y la negación de los sistemas propios y naturales de adaptación, lo que genera nuevas condiciones de vulnerabilidad. El reconocimiento del riesgo como construcción social es indispensable para comprender las presiones que sobre la sociedad ejerce el modelo de desarrollo actual. Solo de esta forma será posible avanzar hacia procesos integrales de gestión del riesgo centrados en la reducción y prevención de condiciones de vulnerabilidad.

1 Esta tendencia creciente se observa no sólo en el Producto Interno Bruto -PIB-, sino también la tasa de ocupación -empleo-, salarios y productividad laboral; hechos que de acuerdo al estudio llevado a cabo por la CEPAL representan avances en materia de disminución de la pobreza.
 
2 De acuerdo  a la información difundida por los medios de comunicación, las pérdidas de dicho fenómeno se aproximan a los siete billones de pesos, sin contar el dinero que fue utilizado en la atención de las familias y ciudades damnificadas (RCN La Radio, 2011)
 
3 Un argumento similar es expuesto por Javier Enrique Thomas (2011) quien menciona que los cuatro fundamentos del discurso del desarrollo son: a) acumulación de capital (ahorro-inversión); b) industrialización- urbanización; c) planeación del desarrollo; y d) ayuda externa (endeudamiento).
 
4 Es un hecho bien conocido que el análisis de situaciones de pobreza en hogares rurales no puede reducirse únicamente a la capacidad financiera o monetaria de los mismos, dado que existen elementos no cuantificables bajo esta metodología que aportan al bienestar y calidad de vida; como es el caso de la producción para autoconsumo y el intercambio informal de productos y servicios, por mencionar algunos (Asociación ETC Andes, 2007). Esta complejidad obliga a hacer una diferenciación entre pobreza rural y urbana en  la manera como ambas son entendidas y medidas.
 

Bibliografía:

Calderón, Georgina. 2001. Construcción y Reconstrucción del Desastre. Ciudad de México: ediciones Plaza y Valdés.
 
Asociación Ecología, Tecnología y Cultura en los Andes, Fundación Ileia. 2007. Agricultura Sostenible: Ideas Básicas y Experiencias. Lima: Tarea Asociación Gráfica Educativa.
 
Departamento Nacional de Planeación. (2011). Bases del Plan Nacional de Desarrollo 2010-2014, Prosperidad para Todos [Versión digital .pdf]. Recuperado el 10 de abril de 2012, Departamento Nacional de Planeación, página web institucional: 
http://www.dnp.gov.co/LinkClick.aspx?fileticket=pWe6xuYO5b0%3d&tabid=1238
 
División de Desarrollo Económico, Comisión Económica para América Latina y el Caribe -CEPAL-. 2011. Estudio Económico de América Latina y el Caribe [Versión digital .pdf]. Naciones Unidas. Recuperado el 9 de abril de 2012; Comisión Económica para América Latina -CEPAL-, página web: http://www.eclac.org/cgi-bin/getProd.asp?xml=/publicaciones/xml/1/43991/P43991.xml &xsl=/de/tpl/p9f.xsl&base=/tpl/top-bottom.xsl
 
Escobar, Arturo. 2007. La Invención del Tercer Mundo Construcción y Deconstrucción del Desarrollo. Caracas: Fundación Editorial el Perro y la Rana.
 
Estrategia Internacional para la Reducción de Desastres –ISDR-. 2009. Informe de evaluación global sobre la reducción del riesgo de desastres 2009: Riesgo y pobreza en un clima cambiante; Invertir hoy para un mañana más seguro [Versión digital .pdf]. Naciones Unidas -ONU-. Recuperado el 5 de abril de 2012; Prevention Web, comunidad para la recolección y almacenamiento de información global sobre riesgos:
http://www.preventionweb.net/english/hyogo/gar/report/index.php?id=1130&pid:34&pih:2
 
Lavell, Allan. (n.d.). Sobre la Gestión del Riesgo: Apuntes hacía una Definición [versión digital .pdf]. Recuperado el 27 de marzo de 2012; Organización Panamericana de la Salud, Biblioteca Virtual de Desarrollo Sostenible y Salud Ambiental:
http://www.bvsde.paho.org/bvsacd/cd29/riesgo-apuntes.pdf
 
Pérdidas por la ola invernal van en $7 billones, según Fasecolda [Versión digital]. (2011, 26 de mayo). Recuperado el 5 de abril de 2012, RCN La Radio, página web de noticias y radio:
http://www.rcnradio.com/noticias/p-rdidas-por-la-ola-invernal-van-en-7-billones-seg-n-fasecolda/26-05-11
 
Thomas, Javier Enrique. 2011. Desarrollo y gestión social del riesgo: ¿una contradicción histórica? [versión digital .pdf]. Revista de Geografía Norte Grande; No. 48. pp. 133-157. Recuperado el 26 de marzo de 2012; Scientific Electronic Library Online-Scielo-, sitio web:
http://www.scielo.cl/pdf/rgeong/n48/art08.pdf

LA INFLUENCIA DE LOS MODELOS DE DESARROLLO EN LOS PROCESOS DE SUBURBANIZACION EN LA CIUDAD LATINOAMERICANA

 
Por: Juan Alejandro Marulanda Gaviria
Arquitecto
Estudiante Maestría en Medio Ambiente y Desarrollo
Universidad Nacional de Colombia -Sede Manizales.


El desarrollo ha sido un elemento que ha influenciado notoriamente las transformaciones en el urbanismo latinoamericano, trayendo consigo, a mediados del siglo XX, en las ciudades latinoamericanas, fenómenos de metropolización, la suburbanización y la contra urbanización, incentivado el crecimiento económico, social, el declive de los centros urbanos y un surgimiento rural desordenado, con políticas ineficientes en la regulación y planificación del suelo, provocando un asentamiento humano desconcentrado en el territorio.

http://www.skyscrapercity.com/showthread.php?t=388771&page=113

Al reflexionar sobre la influencia del modelo de desarrollo actual en el fenómeno llamado suburbanización, es necesario dirigirnos a la revolución verde en los años 70’s,  donde la población redistribuía sus actividades y espacios rurales cercanos a las ciudades.  Esta tendencia marcada, en un principio, por los países de Europa Occidental y los Estados Unidos, generó condiciones favorables, con procesos que ofrecían un estilo de vida más saludable, tecnología  similar a la ciudad, contacto con la naturaleza, cercanía a la “gran ciudad” por medio del transporte público y particular; todo esto, sucedió bajo un incentivo importante: la política agraria común de la Unión Europea, la cual, destinaba parte de su presupuesto al sector agrícola como parte de sus políticas de convergencia. Sin embargo este modelo funciono bien para los países europeos, pero en el caso de las ciudades latinoamericanas, fue un proceso totalmente distinto ya que éstas intensificaron aún más la industrialización y tercerización del aparato productivo y por lo tanto, la urbanización de la economía, donde las ciudades se consolidaron como centros neurálgicos en torno a los que se ha ido articulando la dinámica de acumulación, crecimiento y modernización de los distintos componentes de una economía en acelerado proceso de globalización, ello ha incidido en el impulso de las políticas de liberalización económica de desregulación y  la penetración de las nuevas tecnologías  durante las últimas décadas. Ante estos efectos combinados y simultáneos de las nuevas tecnologías de la información, la reestructuración económica y la globalización, han estado procesando un conjunto de radicales transformaciones que han terminado afectando a todos los rincones de la economía latinoamericana, alterando profundamente el escenario de la acción social, tanto en sus dimensiones económicas, sociales, políticas y culturales, como en su expresión territorial.

Paralelo a esto,  dichas actividades se fueron intensificando, erogaron los salarios más elevados en cada país, generando la mayor demanda por costosos y sofisticados artefactos urbanos cuya presencia, especialmente en las metrópolis periféricas, se ha intensificado en esta fase del desarrollo capitalista, su localización metropolitana ha contribuido fuertemente al desencadenamiento y a la retroalimentación de efectos inductores del crecimiento y de la expansión urbana. En particular, la proliferación de shoppings-malls de última generación, de condominios cerrados de alto estándar, de edificios corporativos inteligentes, de conjuntos empresariales integrados, etc., han tenido una fundamental incidencia en la estructuración metropolitana y en la configuración de la morfología emergente. Todo ello ha redundado en que en su crecimiento, las respectivas manchas urbanas tiendan a encaminarse hacia una dinámica de metropolización expandida, en la que progresivamente van ocupando los pueblos y áreas rurales que encuentran a su paso, desbordando una y otra vez sus límites anteriores.

Consecuencia  de esto, se enmarcan lo que podríamos llamar los “polos” de suburbanización en las ciudades latinoamericanas, caracterizados por el establecimiento de industrias, pero sobre todo por la masiva inmigración de los estratos bajos y de la mayor parte de la población económicamente activa, que, en relación a esto, establecen los asentamientos debido a la migración de los trabajadores(as) y sus familias hacia las mencionadas cabeceras municipales, se promueve el crecimiento informal de barrios marginales, los cuales, en parte también se extienden en las colindantes zonas rurales, sumado a la disponibilidad de grandes extensiones de tierras sin valor agrícola que en su mayoría, son semilegalmente parceladas y después vendidas a precios relativamente económicos; esto, en cierta medida, es consecuencia de la carencia de políticas claras entorno a los instrumentos reguladores del suelo para el ordenamiento del territorio. De igual forma, la existencia de nuevos establecimientos y/o por el traslado de empresas en los corredores industriales, ha provocado una relativamente fuerte inmigración a las áreas suburbanas y cabeceras municipales, debido a sus buenas conexiones viales y a su buen equipamiento en el sector terciario, son preferidos como lugares de vivienda para migrantes desde la ciudad, predominantemente de población perteneciente a los estratos medios, quienes en su mayoría se trasladan pendularmente a sus lugares de trabajo;  dentro de este proceso de la suburbanización, pequeños poblados han podido fortalecer notoriamente su función como subcentros dentro de cierta región.

Así mismo el fenómeno de la suburbanización, se ha vinculado a la estratificación de la población, donde los estratos altos corren paralelamente a otros procesos ya conocidos de expansión en las metrópolis latinoamericanas: el traslado sucesivo de escuelas, colegios y universidades privadas de alto costo, así como de exclusivos centros de recreación y de deporte, de instituciones de previsión para la alta demanda, excluyendo así mismo, construcción de urbanizaciones, conjuntos cerrados, así como casas unifamiliares de lujo, en las cuales siempre aparecen las correspondientes medidas de seguridad. Debido a la cada vez mayor distancia de la ciudad y al aumento enorme del tránsito muchas de estas casas no son utilizadas como viviendas permanentes sino únicamente en los fines de semana. Junto a esta situación se suma la concentración lineal de los  restaurantes, discotecas, kioscos, cafeterías, misceláneas, etc., donde  las autopistas y ejes secundarios, se han sobrecargado en los fines de semana por un masivo turismo en el que toman parte en gran medida los estratos medios y bajos.

Cabe concluir, que el desarrollo, ha sido un elemento estructurante en los procesos de metropolización y  suburbanización,  que si bien, se han fortalecido en los últimos años debido a las continuas transformaciones sucedidas en ciudades latinoamericanas a nivel económico, político, social y cultural,  es necesario establecer instrumentos encaminados a la regulación en los usos del suelo y a los modelos de ocupación para que funcionen como alternativa de control a la expansión urbana y al crecimiento en los territorios suburbanos.

BIBLIOGRAFIA:

TORRES TOVAR, Carlos Alberto (2009). Ciudad informal colombiana: barrios construidospor la gente. Bogotá: Editorial Universidad Nacional de Colombia, sede Bogotá.

Bazant, J. (2001). Periferias urbanas, expansión urbana incontrolada de bajos ingresos y su impacto en el medio ambiente. México D. F.: Editorial Trillas S. A. de C. V.

DELGADO, J. (2003).  La urbanización difusa, arquetipo territorial de la ciudad-región. En Revista Sociológica. Año 18, número 51. Enero-abril 2003, pp. 13-48.

JANOSCHKA Michael, 2009 El nuevo modelo de la ciudad latinoamericana: fragmentación y privatización. Universidad Humboldt de Berlín, Alemania

 Dematteis, Giuseppe, (1998). “Subur-banización y periurbanización. Ciudades anglosajonas y ciudades latinas”. Monclús, Fco. Javier (Ed.), La ciudad dispersa. Barcelona, Centre de Cultura Contemporània de Barcelona.

Czerny, M. (1989): El proceso de la descentralización: una de las alternativas del desarrollo de las ciudades pequeñas y medianas. Actas Latinoamericanas de Varsovia 8, p. 219-232.

Reconfiguración territorial y política de espacio público

Por: Alejandra Marín Buitrago

Estudiante: Maestría en Hábitat

ImagenFuente: Sociedad de Arquitectos de Risaralda

La política nacional de espacio público (CONPES 2012), identifica la debilidad institucional asociada a la generación, gestión y control del espacio público urbano y suburbano, evidenciando entre otras problemáticas, la desarticulación entre las instancias encargadas del tema, el escaso aprovechamiento de los instrumentos de gestión y la inexistencia de herramientas para inventariar los inmuebles bajo tal clasificación. Dicho diagnóstico se describe desde las realidades de los municipios y en la relación de estos con los organismos nacionales encargados de orientar las líneas de acción en dicha materia.

Frente a este panorama se proponen una serie de estrategias de fomento de la asociatividad entre entidades públicas y, de estas con los privados, las cuales se orientarán a la disminución del déficit cuantitativo y cualitativo del espacio público, a garantizar su sostenibilidad y su apropiación por parte de la ciudadanía. Estas estrategias parten del entendimiento del espacio público como un atributo transversal a los demás elementos de la planeación urbana: la movilidad, la gestión del riesgo, la vivienda, e incluso el cambio climático; para luego desarrollarse en la incorporación de acciones concretas de espacio público en los planes de ordenamiento municipal y la planificación sectorial e intermedia. A su vez se asignan a algunas entidades del nivel nacional las funciones de generar estudios, trazar directrices y prestar asistencia técnica a los municipios para la gestión de sus espacios públicos.

Pese a estos avances, la política de espacio público no menciona estrategias dirigidas a la articulación y complementariedad intermunicipal, dejando sin herramientas a los procesos de desarrollo territorial a escala metropolitana o regional, lo cual dificulta la planeación, formulación, estructuración financiera y ejecución de proyectos urbano-regionales estratégicos (DNP 2011).

En consecuencia, mientras no se trascienda la visión del espacio público estrictamente municipalista, se corre el riesgo de que este atributo continúe reflejando los divorcios entre entidades territoriales vecinas, que, en vez de planificar y gestionar conjuntamente sus bordes urbanos, se avienen pasivamente a la configuración de ciudades que crecen de espaldas entre sí; así las cosas los espacios públicos interurbanos terminarían consolidándose como escenarios de exclusión territorial.

Por otro lado, más allá de la Política CONPES, el espacio público es desde siempre, causa y consecuencia de la política, entendida en el sentido amplio de la Grecia clásica “como el arte de conseguir decisiones mediante la discusión pública” (ARENDT 2005). Adicionalmente,  en las sociedades contemporáneas la construcción de ciudadanía ha rebasado por mucho los límites de la polis; vivimos en ciudades plurimunicipales (BORJA 2002), por tanto la visión del espacio público como “espacio de lo político” toma cuerpo en escenarios que trascienden el ágora y las plazas centrales.

La ciudad ha pasado de la pequeña polis aislada de otras, a una intrincada red de nodos que se expanden hasta diluir sus bordes en la conurbación tomando nuevas formas, que configuran una nueva territorialidad y dan lugar a nuevos escenarios de identidad. Espacios públicos como las centralidades metropolitanas y los bordes urbanos se erigen como nuevos escenarios de encuentro y deliberación ciudadana, para los cuales también se requieren estrategias de asociatividad.

Pese a que estas estrategias no fueron previstas por la Política de Espacio Público, la reconfiguración territorial que se propone desde la Ley Orgánica de Ordenamiento Territorial (LOOT), aporta algunos instrumentos que pueden viabilizar una estrategia de articulación y complementariedad de entidades territoriales para el desarrollo del espacio público interurbano o de significación supramunicipal.

El modelo de asociatividad que se propone desde la LOOT parte de los principios de gradualidad y flexibilidad, siendo por tanto las entidades territoriales las que deben establecer las condiciones y el ritmo al cual se integran; empezando por ejemplo con la gestión conjunta de acciones puntuales, o la unificación de sus espacios de planificación, para irse adaptando a formas más estables de integración, conforme a sus capacidades y necesidades. La LOOT plantea igualmente la creación de instancias de integración -especialmente regiones- “a partir de ecosistemas bióticos y biofísicos, de identidades culturales locales, de equipamientos e infraestructuras económicas y productivas y de relaciones entre las formas de vida rural y urbana, en el que se desarrolla la sociedad (…) En tal sentido, el principio rector de la regionalización se enmarca en una visión del desarrollo hacia la complementariedad.

La LOOT es -en todo caso- más precaria cuando se trata de la articulación intermunicipal,  la finalidad de las asociaciones de entidades territoriales en general, es prestar conjuntamente servicios públicos, funciones administrativas, ejecutar obras de interés común o cumplir funciones de planificación, así como para procurar el desarrollo integral de sus territorios, es decir, presentan el mismo contenido que las asociaciones de municipios, ya reguladas en la Ley 136 de 1996, las cuales han figurado como herramienta legal de gestión desde hace más de quince años sin mostrar -hasta el momento- resultados contundentes.

De igual manera, el contrato o convenio plan que se menciona en la LOOT como instrumento para la creación y ejecución de las asociaciones de municipios, también guarda estrecho parecido con  el convenio de asociación regulado desde la Ley 136 y con los mismos convenios interadministrativos que para efectos contractuales se reglamentan en la Ley 1150 de 2010. Así las cosas, el modelo asociativo municipal de la Ley Orgánica de Ordenamiento, solo difiere de lo ya existente, por tres razones básicas: por la obligatoriedad de que el contrato-plan se celebre en un marco de acción, que complemente los planes de desarrollo de los asociados en un “modelo de planificación integral conjunto”, por las prerrogativas que se otorgan a dichos esquemas asociativos a través del Fondo de Desarrollo Regional y por el contexto de desarrollo territorial dirigido a la asociatividad, en el cual se deben interpretar todos los instrumentos de la LOOT.

Es de esperarse que el posterior desarrollo reglamentario de la LOOT, amplíe y aclare los alcances del contrato plan, de modo que puede acogerse como una herramienta que se integre a los objetivos de la política nacional de espacio público, llenando algunos de los vacíos que actualmente se presentan en la gestión supramunicipal de lugares como las centralidades metropolitanas o regionales y los bordes urbanos. También sería indicado, que mediante dicha reglamentación se aplicaran ciertos criterios del principio de regionalización a las asociaciones entre municipios, de modo que puedan constituirse  estos esquemas de integración alrededor de identidades culturales locales o de ciertos ecosistemas o equipamientos icónicos.

En conclusión, los nuevos territorios que toman forma con la conurbación y la metropolización exigen su reconocimiento social y político, así como el desarrollo de herramientas normativas novedosas que permitan gestionar la complejidad socio-ambiental y político-administrativa que tiene lugar en las actuales ciudades plurimunicipales.

Bibliografía

ARENDT Hannah (2005). La Política Como Espacio Público. Disponible en: http://www.insumisos.com/lecturasinsumisas/La%20politica%20como%20espacio%20publico.pdf (consultado febrero de 2011).

BORJA Jordi (2002). “Ciudadanía y Globalización”, en Revista del CLAD Reforma y Democracia. No. 22 (Feb. 2002). Caracas, disponible en: http://www.clad.org/portal/publicaciones-del-clad/revista-clad-reforma-democracia/articulos/022-febrero-2002/0041400 (consultado 15 de febrero de 2012).

República de Colombia DNP -Dirección Nacional de Planeación- (2012). Documento CONPES 3718, Política Nacional de Espacio Público. Disponible en http://www.dnp.gov.co/LinkClick.aspx?fileticket=DnfcXXlwbFM%3D&tabid=1475 (Consultado 10 de febrero de 2012).

República de Colombia, Congreso (2011). Ley 1454 de 2011. Disponible en http://www.secretariasenado.gov.co/senado/basedoc/ley/2011/ley_1454_2011.html (Consultado en noviembre de 2011).

República de Colombia DNP -Dirección Nacional de Planeación- (2011). Plan Nacional de Desarrollo 2010-2014, PAGER vivienda y ciudades amables. Disponible en http://www.comfama.com/contenidos/Servicios/GerenciaSocial/Publicaciones/Descargar/Docs_cooperacion/9-PND%20VIVIENDA%20Y%20CIUDADES%20AMABLES.pdf (Consultado en agosto de 2011).