Paisaje Cultural Cafetero: El futuro de los caficultores de tradición

Daniel S. Jurado Jaramillo.
Arquitecto Universidad Nacional de Colombia.
Miembro del grupo de trabajo académico de patrimonio urbanístico y arquitectónico de la Universidad Nacional de Colombia, Sede Manizales.
daniel.juradojaramillo@gmail.com

Caficultores de Tradición

Los caficultores que hacen parte del Paisaje Cultural Cafetero (PCC), tienen merito propio en el proceso adelantado durante la inscripción de este paisaje colombiano en la lista de patrimonio mundial de la UNESCO[1]; son actores integrales que impregnan en cada taza una mezcla de historia, constancia y trabajo, aspectos fundamentales para posicionar el café colombiano como uno de los mejores del mundo.

“Café hecho a mano”, recolectado y secado de forma tradicional,  realizando todas las labores de post-cosecha por parte de la familia cafetera, demuestra ese compromiso especial con el producto que sale de su finca.

Hacienda cafetera Cuernabaca, Risaralda, Caldas. Foto Jurado 2012

“La información es fundamentalmente el saber campesino acumulado a través de décadas de experiencias con el cultivo” Cifuentes, (1997:109). Si bien es cierto que su  trabajo honesto, esfuerzo, dedicación permanente, cultura de la calidad y estrecho vínculo entre tradición familiar y el mundo moderno, así como la forma de heredar de padre a hijo este arte de la recolección del café, también se debe reconocer que el aspecto económico no puede en si mismo solventar las necesidades de un caficultor que se enfrenta a un mala cosecha o una caída en los precios en el mercado actual, hecho que cobra importancia cuando la opción de seguir una casta campesina dedicada al cultivo de café, se pone en crisis, ante apuestas utópicas mas urbanas de una salario fijo, prestaciones sociales y una quizás estabilidad económica fruto de otra actividad productiva.

La Magia del Café

El reconocimiento del café a nivel mundial es evidente, una taza de café puede representar una experiencia diferente en cada persona como afirma (Rodríguez, 2005:12)  “el café tiene una magia especial”.  Por eso, bien vale la pena saborear por estos días esta voluptuosa bebida de matices cobrizos y sabor amargo, tostado y afrutado, mientras se disfruta del placer de la tertulia y se aprecian imágenes de los más bellos y tradicionales cafés del mundo. Experiencia que solo puede ser vivida por cada paladar, donde de manera inconsciente el caficultor plasma sus deseos y compromiso especial, se convierte en eje estructurante entre el árbol y la taza de café.

En su ardua tarea de reconocimiento ante la UNESCO, “se ha venido construyendo una noción de paisaje cultural que comenzó haciendo énfasis en los aspectos inmateriales de la cultura cafetera, pasando por la reivindicación de sus valores escénicos, hasta lograr comprender la importancia del paisaje productivo como un factor integrador entre ecosistema y cultura” (Acebedo, 2009). Dichos elementos no palpables que para efectos de un reconocimiento mundial reposan sobre los sentidos, se unen al paisaje, los caficultores y los procesos productivos tradicionales, no percibidos con una simple descripción en la etiqueta. Son concepciones únicas que se materializan en el territorio en forma integral, basándose en una cultura propia de trascendencia y proyección que debe ser cuidada para garantizar ante todo la misma responsabilidad natural en el manejo y cuidado del café, así como en las proezas productivas de esta cosecha de montaña.

La Economía del Caficultor

A principio del siglo XX “El campesino fue asimilado al indio, mas que a una clase social. Esta masa de trabajadores era de personalidad servil, que en principio buscaba trabajo y no tierra”. Machado, (2001: 81), El caficultor cumplía  una labor en función de obtener ingresos a cambio de ello, no existía el vinculo con la tierra que se cultiva y cosecha, que genera ingresos como un plus a ese cuidado.

No es un misterio que todos los ejercicios o labores humanas esperan una remuneración a cambio del servicio prestado. Para los caficultores no es una excepción, pues su cultura cafetera no se sustenta solo en la pasión intrínseca en el grano de café recolectado, también es su forma de obtener un ingreso económico que garantice los futuros procesos de recolección sobre los que gira la familia cafetera, comercio que se da en relación a la producción que se logra en la época de cosecha y las garantías que se ofrezcan por parte de los compradores.

Según Toro, (2012: 01) “Existe hoy en el mundo una gran demanda de productos de origen vegetal, que sirven para el consumo humano, y es bueno reconocer que se pagan sobre precios por las buenas calidades”. Lo anterior podría hacer pensar que el café dado su reconocido nivel de calidad y popularidad mundial, debería ser uno de los productos agrícolas mejor pagados, garantizando que el dinero que se paga en cualquier “Coffee Shop” del mundo, se vea reflejado en un porcentaje justo para el Caficultor.

El productor cafetero en Colombia radica su economía en practicas como las que describe Cifuentes, (1997:102-103) “El campesino concibe el modelo de producción de café con sentido de largo plazo, de uso múltiple del entono y de baja exigencia en insumo, capital y mano de obra. En este caso lo mas importante es garantizar un nivel de producción de grano de café que se mantenga sin grandes variaciones a través del tiempo; la calidad de la producción por unidad de área es un factor secundario.” Este método así como los que han surgido en medio de la necesidad, son empleados por el caficultor en su afán de evitar que la crisis económica (cada vez mayor) lo lleve a buscar alternativas que nada tengan que ver con el campo.

Alternativas por cierto nada “fáciles” ante los ojos de una familia, sometida a múltiples presiones, tales como un evento geológico en donde pierde su cosecha a causa de un deslizamiento de las empinadas laderas donde se cultiva el café, una caída en los precios que hagan de una gran cantidad de bultos de café, una suma que no cubre ni la mitad del costo del proceso de recolección, o una mejor opción en el ámbito Urbano. Todas son posibles alternativas para los jóvenes que han crecido con la cultura del café, que al ver un futuro improbable y no garantizado en algunos casos, buscan soluciones donde un salario inferior al mínimo se vuelve la salida utópica a una vida agrícola inestable.

Este problema se hace mas fuerte cuando dichas soluciones no son tan fáciles de tomar y en el peor de los casos una familia campesina caficultora se ve obligada a desprenderse de su tierra y buscar nuevos oficios, para los cuales su herencia cafetera sirve de poco, obligando a refugiarse en uno de los denominados guetos urbanos para buscar un comienzo rodeado de pobres de ciudad, Así lo advierte Duque, (2012: 01) “Ya los pobres de la ciudad son una mezcla de los pobres urbanos con su particular noción del consumo y peculiares costumbres, y de los pobres rurales hijos de la crisis que asola la ruralidad colombiana”. A esto se suma la idea de que los hijos de los caficultores que carecen de educación irán cerrando esa brecha entre las fronteras de la ilegalidad y espacios de delincuencia, fruto de un desarraigo económico forzado.

Una Mirada mas Positiva

El gobierno Nacional, en una de sus tantas iniciativas por garantizar los derechos de los campesinos que subsisten de la producción agrícola, debe tener una visión retrospectiva en la cultura del café y mas aún con la inscripción del paisaje cultural cafetero en la lista de patrimonio mundial de la UNESCO. Debe promover planes de acción en los que no deje en manos de Comités y federaciones los alcances sociales y beneficios para los caficultores, deben ser ellos mismos representados por sus alcaldías y gobernaciones quienes busquen una integralidad agro-educativa y promuevan la cultura cafetera como alternativa de vida, llevando esta idea a los demás sectores de la agricultura, donde se garantice que el producto que se cosecha se compra al precio establecido y justo, en el que se beneficie el comprador y el productor, sin ansias de lucro y como un método de fortalecer la economía regional. Las entidades educativas tienen un papel fundamental en la promoción, divulgación e investigación del PCC, así como los temas que tiene que ver con la agroindustria; todo ello para impulsar de forma positiva una empatía en las conciencias colectivas de los colombianos.

Paisaje Cultural Cafetero y Agrícola, sector El Rosario, Manizales, Caldas. Foto Jurado 2012

Bibliografía

Acebedo, L. F. (21 de Diciembre de 2009). Paisaje Cultural Cafetero. En: Caleidoscopios Urbanos. Recuperado el 18 de Agosto de 2012, de http://caleidoscopiosurbanos.blogspot.com/search?updated-min=2009-01-01T00:00:00-05:00&updated-max=2010-01-01T00:00:00-05:00&max-results=36

Cifuentes, L. E. (1997). Panel De Caficultura Sostenible. Costa Rica: ICAFE.

Duque Escobar, G. (31 de Julio de 2012). Institucionalidad en el paisaje cultural cafetero. En: Godues. Recuperado el 17 de Agosto de 2012, de http://godues.wordpress.com/2012/07/31/institucionalidad-en-el-pcc/

Machado, A. (2001). El cafe en Colombia a principios del siglo XX. Bogota D.C: Universidad Nacional de Colombia.

Rodríguez, P. S. (2005). Intelecto y Cafe, Lecturas Fin de Semana. El tiempo.

Toro, R. V. (11 de Agosto de 2012). El Meridiano. Recuperado el 18 de Agosto de 2012, de http://www.elmeridianodecordoba.com.co/index.php?option=com_k2&view=item&id=9826:caficultura&Itemid=127


[1] Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura.

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La noción de paisaje, sesgado por un juego de palabras

Por Jeinstom Jensen Gómez 
Arquitecto. Universidad Nacional de Colombia sede Manizales.
Estudiante Maestría en Hábitat. Universidad Nacional de Colombia

El Paisaje Cultural Cafetero ya ha cumplido un año de la declaratoria sustentada por la UNESCO, y deberíamos empezar a considerar los beneficios que ha dejado esta inserción dentro del listado de los paisajes más importantes del mundo; podríamos analizarlo entendiendo un poco la gramática que rodea todo este ámbito de la naturaleza. Por tal motivo nos enfocaremos en la relación de este tipo de hábitat, visto como una instauración didáctica, para propender un desarrollo con sostenibilidad, y la conservación de un patrimonio en la región cafetera como lo es el Paisaje Cultural Cafetero (PPC).

El concepto de Valor, sesgado por la idea básica de Precio.

Cuando hablamos de paisaje, pensamos en algunas ocasiones todo lo que encierra lo natural, lo medio-ambiental, que no nos permite deja ir más allá del significado primordial. Su paráfrasis está condicionada por conceptos económicos que basan sus principios en establecer mecanismos para beneficios comerciales que olvidan el concepto de patrimonio, que pretenciosamente se entiende como lo que es considerado a conservar.

El uso de un nuevo “idioma” o cambio de palabras, ayudarían a reinterpretar los objetivos de la sociedad frente al uso que tenemos de términos enfocados solamente a una realidad económica, por éste motivo según Mitchell (2007, 2009: pág. 90-91) “…nuestro objetivo, el de los que estamos interesados en cómo se generen los paisajes, debe ser entender dichos paisajes como partes sólidas y fundamentales del mundo y también como intérpretes de las relaciones sociales que en él se dan. Los paisajes se crean y se crean en las relaciones sociales y funcionan como parte de la totalidad social.”

¿El paisaje como patrimonio físico o paisaje integral?

El paisaje cultural cafetero lo podemos considerar como parte fundamental del territorio colombiano, que impulsa la economía del país, ¿pero es esto suficiente para el desarrollo de una región?. Deberíamos pensar más a fondo en la huella que deja la relación intrínseca en un paisaje, que esta denotado por un carácter que lo determina y lo aplica a un espacio que llamamos luego “territorio” y lo hacemos propio.

Es necesario pensar en el estudio de las relaciones humanas frente a un paisaje visto como espacio productivo de una manera didáctica para impulsar su valor patrimonial, Hernández (2010: pág. 167-168) nos explica que “El uso del Paisaje Cultural como recurso didáctico nos permite reflexionar sobre la enseñanza de dos de los aspectos fundamentales de las Ciencias Sociales, el Espacio y el Tiempo. Aunque también se puede y se debe emplear para la consecución de contenidos asociados con las Ciencias Naturales – el medio ambiente en que viven las sociedades humanas, la variabilidad de la flora dependiendo del clima imperante, la fauna, …-, favoreciendo con ello aprendizajes interdisciplinares.”.

Las palabras marcan pautas que mal direccionadas pueden ocasionar problemáticas sociales y condicionar al desarrollo de una región, pero es necesario tener claro muchos conceptos que han quedado o están mal interpretados en una región como la del eje cafetero. Según  Ocampo, (2010: pág. 9) “Es evidente la falta de formación sobre el tema del Patrimonio en el marco de la educación ambiental; evidenciándose en la poca participación de las comunidades locales, esto acompañado de la falta de capacitación, comunicación y divulgación para que haya un acceso y manejo adecuado de la información ambiental, lo que repercute en el poco fortalecimiento en la cultura ambiental ciudadana.”. 

Paisaje Cultural cafetero Quimbaya (Quindío). Fuente: Jensen, 2012

Podemos considerar la mixtura que nace de la mezcla de aspectos primordiales en el paisaje cultural cafetero que RAMSAR (2011: pág. 2) expone como “Caracterizados por la integración de las respuestas espirituales, materiales y tecnológicas de los seres humanos a su entorno, los paisajes culturales demuestran la indivisibilidad de la naturaleza y de la cultura.”.

La instauración de nuevos conceptos permitirá la renovación de la noción actual del PPC, frente a su reconocimiento basado en sus aspectos y relaciones de espacio con naturaleza, convertido en territorio, pero que estén sustentados por una identidad de una sociedad como la región cafetera en Colombia. Por esta razón  Vallejo, (2012 pág. 5) nos explica que “El Paisaje Cultural Cafetero (PCC) es una oportunidad y una responsabilidad compartida entre los departamentos que lo conforman y el gobierno nacional. En la reunión realizada, la semana pasada en Chinchiná, con los congresistas, las autoridades departamentales y locales y los gremios del sector privado, el Ministro de Comercio, Industria y Turismo y la Viceministra de Cultura recordaron el gran riesgo que se puede correr, si por falta de acciones, en los territorios de los municipios que componen el PCC, nuestra zona llegase a ser declarada como un paisaje de la humanidad en riesgo”.

Para finalizar, podemos involucrar aspectos que coliguen y sustenten una trama de conceptos abordados a una posible solución, ya que existe una gramática que olvida o utiliza aspectos como la democracia, el patrimonio, el hábitat; y por tal motivo ha condicionado a sus pobladores a un pensamiento cíclico (producto-economía-beneficio) que repercute en los visitantes y en todo el país.

El País necesita un cambio de palabras, para propender un desarrollo basado en Educación y Sustentado en una Cultura.

Bibliografía

Hernandez Carretero, A. M. (2010). El valor del paisaje cultural como estrategia didáctica. Tejuelo, nº9 (2010), págs. 162-178. El valor del paisaje cultural como estrategia didáctica, 167-168.

Mitchell, D. (2007, 2009). Muerte entre la abundancia: los paisajes como sistemas de reproducción social. En J. Nogué (ed.), La construcción social del paisaje (págs. 90-91). Madrid (España): Biblioteca Nueva.

Ocampo Restrepo, M. M. (2010). Lineamientos estratégicos para la gestión cultural ambiental como aporte al plan decenal de Educación ambiental de Risaralda y al plan de manejo del proyecto paisaje cultural cafetero colombiano. Pereira (Risaralda). Pág. 9.

RAMSAR, O. d. (12 de Diciembre de 2011). RAMSAR. Convención sobre los humedales. Recuperado el 19 de agosto de 2012. Disponible en: http://www.ramsar.org/pdf/info/cultural_heritage_s07.pdf

Vallejo De la Pava, A. (Domingo 06 de Mayo de 2012). Recuperado el 19 de Agosto de 2012, Paisaje Cultural Cafetero. En: http://adrianavallejo.blogspot.com/

Paisaje Cultural Cafetero y patrimonio cultural inmaterial

David Builes 
Sociólogo, Universidad de Antioquia – Sede Medellín
Estudiante Maestría en Hábitat, Universidad Nacional de  Colombia – Sede Manizales

La reciente inclusión de lo que se ha denominado Paisaje Cultural Cafetero (PCC) en la Lista de Patrimonio Mundial de la Organización de las Naciones Unidad para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), propone llamar la atención sobre algunos aspectos que constituyen un importante renglón en las características que le imprimen al PCC su carácter de patrimonio de la humanidad, a saber, aquello que es agrupable bajo el rótulo patrimonio cultural inmaterial o patrimonio cultural intangible.

Esto es particularmente oportuno, si tenemos en cuenta, por un lado, que una parte fundamental del proceso que condujo a la inclusión del PCC en la lista antes mencionada fue la selección de áreas homogéneas o unidades de alta singularidad con arreglo al valor excepcionalidad (Rincón, 2011, p. 8), descompuesto a su vez en atributos como: hábitat humano adaptado, expresiones culturales, tecnologías en la cadena productiva del café, institucionalidad, belleza escénica, entre otros que se considera hacen parte esencial de las unidades que constituyen el PCC; pues estos atributos tienen claros vínculos con las “tradiciones orales, artes del espectáculo, usos sociales, rituales, actos festivos, conocimientos y prácticas relativos a la naturaleza y el universo, y saberes y técnicas vinculados a la artesanía tradicional” (UNESCO, 2012), precisamente aquello que la UNESCO denomina patrimonio cultural inmaterial.

Y, por otro lado, es particularmente oportuno llamar la atención sobre este asunto, en vista de que en la actualidad se están desarrollando esfuerzos que deben conducir a un plan de acción que haga del PCC un sistema sostenible, como el reciente Taller Internacional de Estudios del Paisaje: Los Paisaje Culturales Productivos, eventos que si bien aluden en alguna medida al patrimonio cultural inmaterial del PCC no lo contemplan como un aspecto capital de sus temas de discusión.

La naturaleza de lo que en el PCC puede ser entendido como patrimonio cultural inmaterial, se puede ilustrar mediante la presentación de un par de ejemplos. En primer lugar, vale la pena anotar un asunto que –pese a su vasta magnitud y, entonces, gran importancia– fue casi completamente ignorado en el evento mencionado, realizado en las ciudades de Manizales, Pereira y Armenia, entre los días 30 de Julio y 04 de Agosto de 2012. Se trata de los trabajadores cafeteros, quienes durante muchos años y todavía hoy siguen formando el grupo mayoritario del sector agrícola (Ramírez, 2004, p. 15); específicamente, de la naturaleza de las relaciones laborales que estos han construido en torno a la producción de café en Colombia, particularmente en la zona que ha sido denominada PCC, conformada por 47 municipios de los departamentos de Caldas, Quindío, Risaralda y Valle del Cauca (Saldarriaga, Duis & Arango, 2010, p. 18). La cuestión bien puede abarcar asuntos que van desde un balance sobre las experiencias y procesos agro-industriales previos a la consolidación de la caficultura en la zona, hasta lo que se puede observar en trabajadores específicos en sitios particulares, pasando por una revisión de las formas de tenencia de la tierra destinada a los cultivos, un análisis de los procesos de orden político, social e institucional que afectaron las relaciones laborales de tales trabajadores y una revisión pormenorizada de la fase de tecnificada en el proceso de producción del café, tal como lo hace Renzo Ramírez (2004) en Formación y transformación de la cultura laboral cafetera en el siglo XX.

En segundo lugar, resulta apropiado mencionar una cuestión que se derivada del último punto anotado en el parágrafo anterior. Se trata de las modificaciones que propicia o induce en la vida cotidiana de los trabajadores cafeteros la incorporación de avances técnicos que afectan los procedimientos necesarios para darle al café las características que requiere para entrar en los circuitos de mercado. En 1938 la Federación Nacional de Cafeteros (FNC) creó el Centro Nacional de Investigaciones de Café (Cenicafé). Desde entonces, la tarea de este centro ha sido realizar contribuciones a la generación de tecnologías para promover el mejoramiento de prácticas relacionadas con la producción del café. Con respecto de este propósito, se puede indicar el desarrollo de máquinas e instrumentos como el rastrillo para revolver café en el proceso de secado al sol (Oliveros, López, Sanz & Ramírez, 2006), la paleta plástica para lavar café (Sanz, Oliveros, López, Mejía & Ramírez, 2007) y un sistema de aprovechamiento de la energía calórica generada por estufas usadas en fincas campesinas para el secado del café (Álvarez & Martínez, 2007), entre otros artefactos que cuentan con una característica que los hace muy especiales, a saber: su construcción puede realizarse mediante la adaptación de elementos que es posible conseguir en las fincas cafeteras o en depósitos cercanos a las mismas. Desarrollos de igual naturaleza se les atribuye a diversos diseñadores industriales de la Universidad Católica de Pereira (Gómez, 2011, p. 49). Se trata pues de herramientas que por contar con la cualidad antes señalada se encuentran al alcance de buena parte de quienes están involucrados en la actividad cafetera, con lo cual se convierten en instrumentos que tienen grandes posibilidades de afectar significativamente la concepción que tienen de su entorno los caficultores.

Ya indicado de modo aproximadamente claro qué es aquello que en el PCC puede entenderse como patrimonio cultural inmaterial, vale decir que evidentemente el tipo de objetos que denotan los ejemplos propuestos nutren ampliamente el acervo de cualidades que le imprimen carácter excepcional al PCC; asimismo, vale decir que resulta relativamente evidente que mantener estos temas simplemente como accesorios o cuestiones de fondo en los eventos que promueven la construcción de directrices para la construcción de un PCC sostenible puede acabar por menoscabar la relevancia de una serie de asuntos cuyo potencial, con respecto del propósito que se presume tienen estos eventos, es de magnitud inconmensurable.

Y se afirma que son asuntos con un potencial inconmensurable –básicamente– por dos razones, íntimamente relacionadas: por una parte, el estudio de dichos objetos permite comprender de modo satisfactorio múltiples aspectos de la identidad que los caficultores han desarrollado a lo largo de algo más de un siglo y –¡en esta medida!–, por otra parte, la comprensión de tales aspectos permite desarrollar proyectos que llevarían a la apropiación del PCC por parte de la población caficultora, cuestión que constituye una de las mayores dificultades en el Plan de Manejo del PCC, debido al bajo relevo generacional con que cuenta la actividad cafetera (Ministerio de Cultura – Colombia, 2011, p. 63).

REFERENCIAS

Álvarez, J. & Martínez, D. (2007). Aprovechamiento de la energía calórica de estufas campesinas para el secado del café. Avances Técnicos. Cenicafé, 366, p. 01-08.

Gómez, Y. (2011). La cultura material cafetera… Estado del arte. Arquetipo, 01, 02, p. 39 -53.

Ministerio de Cultura. (2011). Paisaje cultural cafetero. Un paisaje cultural productivo en permanente desarrollo. Colombia: Ministerio de Cultura.

Oliveros, C.; López, U.; Sanz, J. & Ramírez, C. (2006). Nuevo rastrillo para revolver café en proceso de secado al sol. Avances Técnicos. Cenicafé, 346, p. 01-04.

Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco). (2012). ¿Qué es el patrimonio cultural inmaterial? [Documento Online: recuperado 24, agosto, 2012]. http://www.unesco.org/culture/ich/index.php?pg=00002

Ramírez, R. (2004). Formación y transformación de la cultura laboral cafetera en el siglo XX. Colombia: Ministerio de Cultura, La Carreta Editores.

Rincón, F. (2011). Paisaje cultural cafetero. Aspectos técnicos y metodológicos de una experiencia práctica. Boletín Ambiental. Instituto de Estudios Ambientales (IDEA), 98, p. 01-12.

Saldarriaga, C.; Duis, U. & Arango, O. (2010). Paisaje Cultural Cafetero Colombiano. Colombia: Universidad Tecnológica de Pereira, Red Alma Mater – Red de Universidades Públicas del Eje Cafetero, Universidad del Quindío y Centro de Estudios e Investigaciones Regionales (CEIR).

Sanz, J.; Oliveros, C.; López, U.; Mejía C. & Ramírez, C. (2007). Paleta plástica para lavar café con menor esfuerzo. Avances Técnicos. Cenicafé, 361, p. 01-04.

Reflexiones ante la sostenibilidad del PCC posterior a la inclusión en la lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO

Mercedes Cristina León Calderón.

Estudiante Maestría en Hábitat.
UNC Sede Manizales.

Con la realización del Taller Internacional Estudios del Paisaje: Paisajes Culturales Productivos llevado a cabo en el Eje Cafetero (Colombia) del 30 de julio al 4 de agosto de 2012, se establece un punto de partida para analizar las diferentes implicaciones generadas por la inclusión del Paisaje Cultural Cafetero de Colombia en la lista de Patrimonio Mundial de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura –UNESCO–.

A nivel general, a lo largo de la historia de Colombia, el café ha sido uno de los determinantes en el desarrollo geopolítico del país, desde los comienzos en los sembradíos a finales del siglo XIX y la expansión de los cultivos a lo largo de la región andina, de la mano de los procesos de colonización (Estrada, 2011, p. 282), pasando por las manos de los pequeños productores, hasta su consolidación como producto protagonista de la economía nacional.—

Lo anterior ha llevado a que el café no sólo deje huella a nivel económico, sino en una diversidad de ambientes entre los que se puede contar incluso los cambios en el territorio, es decir, en el paisaje, la sociedad y su cultura, como se muestra más adelante. A partir de las relaciones entre el café y estos factores, se realiza una reflexión acerca del Paisaje Cultural Cafetero –PCC–, particularmente en lo relacionado con su sostenibilidad. Entendida esta última de manera holística y en el sentido de que este pueda mantenerse o sostenerse por sí mismo.

Café y  Paisaje

Cuando se habla de ‘paisaje’, se debe comenzar por dar una definición clara del mismo. Según la Real Academia de la Lengua Española –RAE– (2001), paisaje significa “extensión de terreno que se ve desde un sitio”. Según se considera, aquí está la clave de la sostenibilidad, porque para poder llegar a ver ese paisaje, no se puede pasar por encima de las características ambientales propias que lo determinan como ecosistema cafetero. Este es el punto crítico, es decir, donde se deben centrar las políticas y medidas que garanticen la sostenibilidad del mismo.

Si se habla de los requerimientos climáticos que tiene el cafeto (Coffea Arabica), hay que considerar que originalmente este viene de zonas que tienen altitud entre 1600 y 2000 metros, con temperaturas en un rango que va de 18 a 22°C. Su consumo de agua es de 125 mm/mes (Jaramillo, 2005, p. 150). Con respecto a esto se advierte una gran falla, ya que no se han considerado unos planes de ordenamiento del territorio cafetero que actúen como un instrumento que dé las pautas que permitan dar una disposición ambiental y estratégica a los cultivos, de tal manera que sean ubicados en terrenos con condiciones optimas para su desarrollo. Lo anterior basado en casos como el de Aerocafé, dispuesto en una zona en la que se deben replantear los procesos agrícolas y productivos basados en el impacto que tendrán los ecosistemas (Duque, 2009, p.3).

Franjas de Cultivos. Chinchiná. La Esmeralda. Fuente: León, 2012.

De esta forma se puede evitar que, por ejemplo, se construya en terrenos que tengan suelos para el sembrado del cafeto o, en sentido opuesto, que se cultive en zonas donde el suelo no tiene la calidad de nutrientes para obtener un buen fruto, suelos no pocas veces más aptos para la construcción. Así mismo, tales pautas pueden tener en consideración también la tala de árboles, ya que se ha comprobado que el sombrío es de alta influencia en la plantación (Botero, 2012).

Cafetal sin sombrío. Manizales. Vereda la Trinidad. Fuente: León, 2012.

En algunos de los casos expuestos, se deben implementar penalidades pedagógicas a los que no cumplan con estas pautas, de tal forma que se asegure un desarrollo de café de calidad, desde su cultivo, además de su producto, como lo es en la actualidad (Ponte, 2003, p. 131).

En consecuencia, surge una preocupación en cuanto a la carencia de una propuesta concisa que considere normativas ambientales que sean lo suficientemente fuertes y solidas en su implementación, para que ayuden en la conservación ambiental del entorno cafetero.

Café y  Sociedad

A través del tiempo, la influencia de los cultivos de café en la sociedad ha tenido fluctuaciones basadas en la productividad y los precios del grano, dándole de esta manera el impulso económico para el desarrollo de un territorio. Existen casos de poblados en los que el café fue el motor agrícola del progreso, a pasar a ser poblaciones que se encuentran estancadas desde un punto de vista económico en la actualidad. Es el caso de municipios como el Líbano, en el Departamento del Tolima, que fue directamente beneficiado por la llegada de la bonanza cafetera, pero que en la actualidad se encuentra estancado en cuanto al desarrollo y la infraestructura urbana, construida desde esa época. (Millán y Rodríguez. 2004, p.31)

Este comportamiento se ve plasmado en las transformaciones que tiene cada una de las poblaciones, caso que es muy recurrente, al observar algunos poblados en el Eje Cafetero y Norte del Valle, pues es posible ver que tienen edificios y elementos de infraestructura urbana que no han tenido cambios desde mediados del siglo XX (Valencia, 1996, p. 281); época en la que hubo un boom en la productividad, en el precio y en la cantidad de exportaciones; por lo cual, además de los beneficios directos hacia los productores, también las instituciones gubernamentales municipales recibieron regalías del Estado, de tal manera que se construyeron obras para equipamiento urbano. Sin embargo, años después, en el momento en que los precios cambiaron, todo este impulso fue frenado. De allí que se encuentren actualmente poblaciones que tienen, por ejemplo, grandes colegios, hospitales e incluso centros deportivos, de la mano de toda la infraestructura para la comercialización del café (trilladoras, bodegas, etc.) y la presencia de instituciones como la Federación Nacional de cafeteros, Comité de Cafeteros, Almacafé, entre otros; pero que ya no reciben la cantidad de producción necesaria para aprovechar al máximo este tipo de infraestructura o, en algunos casos, para soportar la demanda en el mercado.

Esto último, pone una reflexión sobre la mesa, a saber: ante el proceder de las instituciones, aunque dieron un bienestar a la sociedad, no alcanzaron a generar un plan integral que impulsara ese motor, dejándolo depender casi de las implicaciones económicas que conllevaba la producción cafetera, es decir, aunque hubo unos planes de acción social que incluyeron los diferentes actores implicados en el proceso cafetero, no fueron suficientemente potentes, de tal forma que tuviesen un impacto real en la conciencia de los futuros caficultores, a diferencia de los primeros cultivadores que lo hacían con convicción (Nieto, 1949: p. 66).

Café y  Cultura

La relación entre café y cultura, particularmente importante en este pequeño texto, no sólo hay que mirarlo desde el icono que quieren vender a la sociedad, es decir, no es sólo la imagen de Juan Valdez, sino a través de ese telón de fondo que constituyen los actores que se ven implicados en el proceso, por su participación cultural en la construcción del paisaje, es decir, en la forma en que generan su propia identidad, a partir de todas sus interacciones, considerando sus vivencias, costumbres, vestimenta, hábitat y arquitectura, entre otros.

Así, a continuación de establecer la valoración señalada, es preciso realizar campañas que permitan la introducción de procesos educativos, de tal manera que las nuevas generaciones y las ya existentes, ayuden a preservar el patrimonio, su propio entorno, con el fin de que lleguen a valorar su propio quehacer, pues esto permitiría que actualmente los hijos de esos caficultores, de los comercializadores e incluso de los exportadores, valoraran sus territorios y quisieran seguir cultivando, comercializando y exportando, con sentido de pertenencia del producto. Cuestión contraria a la realidad que se presenta hoy en día, es decir: la migración cultural: por ejemplo, el hijo del caficultor que busca ir hacia la ciudad o el hijo del exportador, a falta de interés, va en busca de otros países y otros mercados muy distantes al ámbito que había sido primordial para sus padres.

En Vías a la Sostenibilidad del PCC

Recogiendo los tres aspectos enunciados: café y paisaje, café y sociedad, y café y cultura, se procede entonces a analizarlos de manera integrada. Tal como lo asegura Ojeda (2012):

hay que considerar también que el paisaje está compuesto por una serie de realidades complejas en las que convergen: elementos naturales, ordenados históricamente en un territorio determinado, representados o simbolizados por la sociedad.

En el momento en que se tiene esta visión holística, es cuando instituciones gubernamentales y académicas pueden trabajar en pro de ese producto, creando programas o planes que permitan trabajar mancomunadamente la conservación y gestión del paisaje, como parte de un sistema de piezas ensambladas de tal forma  que pueda llegar a ser sostenible por sí mismo.

Para finalizar, además de realizar las reflexiones sobre el tema, son múltiples los retos que quedan ante la inclusión del Paisaje Cultural Cafetero en la Lista del Patrimonio Mundial, ya que a largo plazo,  puede llegar a verse desde una utilidad turística, más que hacia una verdadera preocupación, que permita generar un plan integral del manejo del paisaje y la cultura cafetera ante la práctica real de la labor cotidiana de los caficultores y, con esto, llegar a ser un beneficio directo para la sostenibilidad del mismo.

REFERENCIAS

Botero, J. (2012). Biología de la Conservación. Conferencia presentada en: Taller Internacional de Estudios del Paisaje. Paisajes Culturales Productivos. (01: 30 de Julio – 04 de Agosto).

Duque, G. (2009). Elementos para la visión prospectiva de Aerocafé. [Documento online].http://www.bdigital.unal.edu.co/1597/1/gonzaloduqueescobar.20092. pdf

Estrada, F. (2011). Por los senderos del café. La bebida del diablo: historia económica y política del café en Colombia. Revista Credencial Historia, 261.

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Minientrada

Por: Alejandra Marin

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Foto 1: Platanal y café, ilustra los policultivos de la caficultura, en municipio de Quinchía- Risaralda. 2008

A pesar de las escasas referencias normativas al tema paisaje, las múltiples implicaciones de los paisajes culturales[i], hacen que en su reconocimiento y tratamiento normativo este concepto se entrecruce con la totalidad de los atributos y dimensiones del ordenamiento territorial. La declaratoria de Paisaje Cultural Cafetero entraña un compromiso del Estado en sus diferentes niveles, aunque conforme a los actuales modelos de distribución de competencias, la planeación, gestión y regulación de este paisaje, corresponde mayoritariamente a los municipios, quienes deberán recurrir a los mecanismos de asociatividad que ofrece el ordenamiento jurídico.

Abordaje institucional del PCC

En cuanto a la regulación del paisaje, se ha sostenido que el paisaje se auto gestiona, ya que constituye un elemento del ámbito emocional, que tiene lugar en el espacio no tangible de la percepción, de modo que su mejor aprovechamiento, no se logra con un mayor número de normas relativas a la materia, de hecho la excesiva institucionalidad frente al tema debe reducirse (Ojeda, 2012).

En contraposición, otros afirman que la institucionalidad que hoy se tiene para el Paisaje Cultural Cafetero (PCC) disponible, sirvió bien al propósito de gestionar ante la UNESCO la inscripción en la lista de patrimonio mundial, pero se muestra insuficiente para atender las tareas y desafíos propios del mediano y largo plazo. Por tanto, en adelante, viene la pregunta obligada por el gobierno del PCC, por su representatividad, por su condición incluyente y por su fundamento legal (Arango, 2011).

En consonancia con la propuesta de Arango, es necesario reconocer, que si bien la percepción individual y el imaginario colectivo, no pueden ser intervenidos desde lo normativo, las acciones humanas como componente del paisaje cultural, sí deben ser objeto de regulación, para lograr una relación armónica con el sustrato natural y las acciones económicas -que también constituyen parte del dicho paisaje-

Se resalta igualmente que la fragilidad del Paisaje Cultural Cafetero, constituye una de las circunstancias consideradas por la UNESCO para la declaratoria, por tanto, se hace indispensable la activa intervención pública desde el planeamiento, la gestión, la normativa y el control, con miras a garantizar su sostenibilidad y mitigar las condiciones de riesgo.

Osorio (2008) llama la atención, sobre la perdida de la homogeneidad característica de la arquitectura del paisaje cafetero, por la intervención causada por actores institucionales, con la construcción de equipamientos sociales, pero sobre todo, la carencia de una normatividad que, partiendo de la valoración y conocimiento de los hechos urbanos preexistentes, procurara su conservación.

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Foto 2: Morfología del PCC, bosques que lo conforman. La Suiza (Pereira), 2007.

Frente a la urgente necesidad de participación pública surgen varios interrogantes, que deberán ser despejados en los próximos años por toda la institucionalidad que se ha construido en torno al PCC, tales como: al ser el PCC un fenómeno dinámico, ¿hasta qué punto se pueden intervenir estas dinámicas, mediante una ley estática? así las cosas, ¿Qué clase de normas deben regular el Paisaje Cultural Cafetero? Al tratarse de un fenómeno que pertenece a un ámbito regional con impacto nacional, ¿Cómo se posibilita su desarrollo a través de una competencia básicamente municipal?  Sí son los planes de ordenamiento territorial (POT) los llamados a incorporar de manera concreta y con carácter vinculante las disposiciones en materia de PCC ¿Cómo debe incluirse esta regulación del PCC en los POT?

En cuanto a la regulación normativa actual, en materia de patrimonio cultural, se tiene que este, está constituido por todos los bienes materiales, las manifestaciones inmateriales, los productos y las representaciones de la cultura que son expresión de la nacionalidad colombiana, entre ellas, el paisaje cultural (Ley 1185 de 2008, Art. 4). Esta misma norma ilustra un avance indispensable en la comprensión del paisaje, al pasar de la protección del elemento a la protección del conjunto. Se tiene entonces una visualización paisajística del patrimonio, que otrora se miraba de manera focalizada,  hacia el reconocimiento y protección del monumento o el edificio.

En materia de ordenamiento territorial La Ley 388 de 1997, sólo menciona de manera tangencial el elemento paisaje, al fijar que dentro del contenido estructural del POT debe señalarse las áreas de reserva y medidas para la defensa del paisaje, (…) así como de las áreas de conservación y protección del patrimonio histórico, cultural y arquitectónico (Art 12, No. 2.2.). Posteriormente el Decreto 3600 de 2007, resalta la protección del paisaje rural, en la fijación de alturas y volumetrías para diferentes usos (Art. 12 y  14), prohibiendo a su vez, los cerramientos que impidan el disfrute visual del paisaje (Articulo 21, No. 5).

Pese a esto, todos los atributos del territorio cuyo ordenamiento se regula normativamente, confluyen en el paisaje cultural, por tanto, su tratamiento debe abordarse desde esta integralidad. Por ejemplo, en materia del atributo vivienda, el bahareque como modelo arquitectónico típico cafetero, se conjuga con el urbanismo de damero en ladera que genera un especial tratamiento de la infraestructura de transporte, servicios públicos y conformación del espacio público (Osorio, p.134. 2008).

En materia de usos, la explotación económica de los predios -entendida como uno de los fundamentos de un paisaje vivo- encuentra un sustento básico, en las restricciones para los usos de vivienda campestre que protegen la destinación a vivienda rural, (regulaciones de índice de suburbanización –CARs- y Decreto 097 de 2004). Esta clase de limitaciones son necesarias para conservar el modelo productivo, frente  a la amenaza que refiere Duque (2012), en estos términos: “los poblados cafeteros se han rur-urbanizado”.

El tratamiento de estos y otros conflictos del territorio del paisaje cultural, debe partir de una planificación integral, en la cual se integren de manera armónica las determinantes de ordenamiento territorial de las CARs, el Plan de Manejo del PCC y los POT. Este reordenamiento territorial es una de las claves para responder a las características y potencialidades propias del PCC orientando la  declaratoria a la consolidación de un ejemplo sobresaliente de hábitat.

Bibliografía

ARANGO (2011), Oscar. Paisaje Cultural Cafetero: Ocho Retos Después de la Inscripción en la Lista de Patrimonio Mundial. En Revista No. 2. Red Alma Mater, Pereira, 2011. Extraído el 15 de agosto de 2012, desde http://www.redalmamater.edu.co/sitio/contenido-paisaje-cultural-cafetero-ocho-retos-despues-de-la-inscripcion-en-la–800.html

DUQUE (2012)Escobar Gonzalo, El Paisaje Cultural Cafetero. En periódico La Patria, Agosto 6 de 2012. Extraído el 14 de agosto de 2012, desde http://www.lapatria.com/columnas/el-paisaje-cultural-cafetero.

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RODRÍGUEZ (2008)Herrera Diana María y otros, El Patrimonio Natural del Paisaje Cultural Cafetero, en Risaralda- Colombia. Edit. Universidad Católica de Pereira, Universidad Tecnológica de Pereira. Páginas 207 -232. Año 2008.

[i]Los paisajes culturales se identifican como porciones del territorio resultado de la acción humana y su influencia sobre los factores naturales. Son el resultado de procesos históricos, naturales y culturales de las relaciones de comunidades específicas con un medio ambiente determinado (Arango, 2011).

El Reconocimiento a una cultura que clama por la dignidad: a un año de la declaración de un territorio en crisis.

Por: Erick Marcelo Marín Ortiz
Arquitecto. Universidad Nacional de Colombia, Estudiante de la Maestría en Hábitat. Universidad Nacional de Colombia

El café en proceso de trillado (Chinchiná, Caldas). Foto: Marcelo Marín, 2012

El aniversario de la declaratoria del Paisaje Cultural Cafetero por parte de la UNESCO, coincide con una de las peores crisis  que vive este sector en nuestro país.   Desde los años 90´s no se habían presentado movilizaciones por parte de los caficultores como las presentadas el 12 de agosto de 2012 en Manizales,  donde cerca de 15 mil agricultores  de todo el territorio colombiano reclamaban ser escuchados por parte del estado, que según ellos prefiere priorizar sus recursos en  locomotoras de productividad basadas específicamente en proyectos  de explotación minera, dejando de lado uno de los modelos agrícolas tradicionales del país, MEJÍA,(2012).Por culpa de diversos factores de tipo económico, el café se ve sumido en una profunda crisis que está generando altos índices de desplazamiento, desempleo y deserción hacia las ciudades. Siendo esto, una clara amenaza para la conservación de la tradición cafetera, que por casi un siglo se consolidó, no solo como un modelo económico de interés nacional sino también, como un sistema cultural de una envergadura tal, que logró el reconocimiento internacional, siendo este, un llamado de atención más que un premio, para los gestores y responsables de dicho patrimonio.

La Crisis Cafetera como punto de abordaje al reto PCC

Antes que el reconocimiento obtenido, el patrimonio plantó sus bases en una tradición que comenzó a principios del siglo XX gracias a gestiones unificadas de diversos sectores que permitieron tomar el impulso necesario en las primeras décadas posteriores, para convertirse en un motor de gestión de recursos que hicieron de la región una de las mas prosperas del país, siendo esta, base de desarrollo tecnológico y social.

De allí se consolidó una región que según Duque,(2012) acentuó y moldeó el carácter definitivo del cafetero, al crearse una sociedad igualitaria con una cultura que se nutrió a través del café.

Sin embargo, en los años 70 la producción se vió afectada seriamente por los constantes cambios que también según Duque,(2011), modificaron los pluricultivos a monocultivos, procesos estos que dejaron vulnerables las quebradas permitiendo la aparición de las plagas, que afectaron seriamente los cultivos, además de la tecnificación de procesos que para campesinos con un nivel de escolaridad bajo, resultó difícil de adoptar, alejando a estos de sus actividades originales.

Todo esto sumado a problemáticas de tipo social y económico debido a la revaluación del grano, están haciendo del café un modo de producción cada vez menos rentable para los campesinos que asumen que este, les está dejando “solo perdidas”, siendo una percepción que pone en peligro la continuidad cultural que en las nuevas generaciones es evidente, que se ha ido diluyendo pues sus pretensiones están siendo enfocadas a otros modos de producción más rentable, como por ejemplo la minería.

Como resultado, es necesario el abordaje del problema de la sostenibilidad del paisaje cultural y su declaración desde la raíz que se encuentra  en la crisis actual del café, pues suena lógico pensar que sin una producción agrícola qué realizar, es cuestión de tiempo que el paisaje sufra de irreversibles afectaciones y por ende todo el esfuerzo realizado en conseguir dicho reconocimiento se verá perdido.

Para ello es indispensable que actores como el estado y la academia entren a jugar un papel trascendental, para que se pueda superar el bache que la agricultura cafetera presenta en la actualidad para que luego, cuando este obstáculo sea sobrepasado, poder pensar, ahí sí, en el desarrollo de los métodos que hagan de este patrimonio de la humanidad un atractivo mundial.

El paisaje, un complemento para el  sustento de un modelo económico.

Es claro que la declaratoria por parte de la UNESCO significa un desafío importante para la sociedad cafetera, pues requiere de inversiones que pueden resultar cuantiosas para poder aprovechar al máximo lo que un reconocimiento de este tipo puede aportar para el colectivo cultural.

Sin embargo, según SABATÉ, (2004), aún más que la inversión económica, es importante el reconocimiento oficial. El soporte legal y administrativo adicional a la declaración internacional significa para los propios residentes del patrimonio una gran inyección anímica, es claro que títulos de este tipo generan más obligaciones que recursos, pero a su vez, resultan de gran atracción para visitantes e inversores, que constituyen una marca de calidad para cualquier actividad de la que se pretenda mostrar, en este caso el café. De este modo la autoestima de los residentes se verá magnificada, tan pronto su credibilidad se vea reforzada dejarán se sentirse en un territorio en crisis, para verse como elementos integradores de un futuro viable, con base en sus propios recursos patrimoniales.

Son los propios residentes la parte fundamental de un proyecto económico que busque consolidar el PCC como un atractivo, pues en ellos es que se encuentra la historia y la memoria del patrimonio cafetero. De este modo la declaratoria llega en un momento que el gremio cafetero necesita y que a su vez sabe que puede aprovechar, por eso es importante que en los pasos a seguir sea tenido en cuenta como protagonista principal del proceso y no como un elemento marginado. En este punto es importante tener en cuenta a la academia como medio documentador que se encargaría del abordaje de estas tradiciones para registrarlas y tener un punto de trasmisión escrita de la rica cultura cafetera, pues es claro que la memoria es un recurso patrimonial básico que necesita ser consignado de manera escrita para ser transmitido.

Conclusión

A la par de la crisis surge la oportunidad de la declaratoria como un medio de reflexión cultural que permite dirigir de nuevo la mirada a la región cafetera y su historia, pero esto apenas es el punto de partida que, claro está, tiene un fuerte empujón por parte de la UNESCO.

Desde 1972 este organismo impulsa el deseo de conservación de patrimonios naturales y culturales, de allí en adelante los paisajes de trabajo según Pozo y Sabaté,(2006), están teniendo gran importancia en el desarrollo económico regional de base local. Pero esto no debe interpretarse como el final de un recorrido. Dichos paisajes pueden llegar a constituir un vehículo, un eficaz instrumento para alcanzar el objetivo de construir entornos más diversos y cargados de identidad  para reactivar determinados territorios.

Es pues una oportunidad propicia para que la región adquiera el sentido necesario sin dejar de lado la raíz natural, pues esta, es la que le dio su esencia cultural, allí también entran las distintas instituciones estatales que por medios legislativos garanticen la conservación natural de dichos bienes acompañados de planes de manejo especial, tal como se hacen con los bienes inmuebles, resulta útil plantearlos para bienes de este tipo, que como cualquier otro de interés social tiene amenazas naturales y antró-picas que ponen en riesgo el sistema cultural, de herencia  del pasado y motivo de preservación futura como lo afirma Duque, (2012).

No se puede obviar que los paisajes son estructuras en constante movimiento, cambiantes, que no se congelan, el cambio constante resulta natural y necesita ser abordado de manera positiva ya que en la actualidad hay bases para la pérdida de lo que costó más de un siglo en producirse.

El paisaje entonces como lo afirma, Ojeda (2006), como convergencia de percepciones subjetivas  y como tal patrimonio natural –cultural de una comunidad humana.

Se  requiere entonces de modelos de gestión multidisciplinar, una reunión de saberes académicos que puedan generar medios para afrontar problemas de tipo económico, ambiental, institucional, social, entre otros, que son parte de la actualidad cafetera y que deben ser tenidos en cuenta por estas instituciones si se pretende que el paisajes cultural cafetero tome el impulso para al menos tener un punto de partida hacia un progreso consolidado y sea en especial el complemento a un sistema de producción estable.

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El Bahareque y el paisaje cultural cafetero. Caso: Manizales.

Por: Cristian Camilo González Largo
Ingeniero civil, estudiante de la maestría en Hábitat

El paisaje cultural se comienza a reconocer  a principios de  1990, específicamente en la convención mundial de patrimonio  realizada en 1992. La convención reconoció que el paisaje cultural representa “el trabajo combinado de la naturaleza  y el hombre”. En el caso del paisaje cultural cafetero se observa cómo están directamente relacionados la naturaleza, representada por los cultivos de café y otros cultivos típicos de la región, y la cultura ancestral de sus habitantes (Suarez, 2011).

La cultura cafetera está asociada al desarrollo económico de Colombia, por ejemplo con la construcción de vías que permitieron conectar el interior del país con los océanos, para así lograr exportar el codiciado grano de café, especialmente hacia los Estados Unidos. Este mercado ayudó a nuestro país no solo a aumentar su infraestructura vial sino también importar tecnologías nuevas como el tren y el cable aéreo. Así mismo, las robustas ganancias que arrojó el café contribuyeron a la construcción de escuelas en todo nuestro territorio y fortalecer ciudades intermedias como el caso de Manizales (Duque, 2011).

Alrededor del paisaje cafetero se fueron creando estándares de vida asociados a la construcción de una cultura nueva, que fue inmiscuyendo las características geográficas, climáticas, políticas y religiosas, esta última asociada a la iglesia católica.

En el caso de la región centro occidente de Caldas, se han desarrollado varias características tanto materiales como inmateriales asociadas a un paisaje cafetero y a una cultura propia. La ciudad en la década de los veinte del siglo XX se vio beneficiada gratamente, producto de la llamada bonanza cafetera. Esta situación permitió que la ciudad tuviera su propia autonomía financiera e industrial, además de un comercio floreciente, lo que la catapultó como la capital más influyente de esa época en Colombia después de Bogotá como capital de la nación. Estas características especiales de la época convirtieron a la ciudad en una población cosmopolita y de cierto nivel cultural y artístico.

Si bien las afortunadas circunstancias económicas contribuyeron con la construcción de nuestra propia cultura, el paisaje cultural cafetero está directamente asociado a nuestras características geográficas. Manizales y el eje cafetero están ubicados en una zona sísmica alta. A mediados del siglo XIX los antioqueños construían en tapia, la cual fue acogida con agrado y confianza al punto que casi la totalidad de sus construcciones tenían este estilo constructivo. Pero este material resultó no ser el apropiado debido a las características sísmicas de la región asociadas al fenómeno de subducción y otras fallas como Romeral. Por este motivo en la época muchas personas se abstenían de venir a Manizales por temor a los sismos (Robledo, 1993).

Manizales debía encontrar una solución para lograr construcciones más seguras a los sismos ó su traslado sería inexorable. Casualmente se construyó una edificación con la primera planta en tapia y la segunda en madera, poco tiempo después se presentó un sismo en 1885 con la sorpresa que dicha construcción respondió bien al sismo. Este hecho generó confianza en la comunidad, lo que desencadenó que todos quisieran emular este sistema constructivo, dando lugar al “estilo temblorero” bautizado así por el Arquitecto Jorge Enrique Robledo (Robledo 1993).

El nuevo estilo constructivo se basó principalmente en el “Bahereque”, es decir muros de cañas y tierras (según el diccionario), y en el caso del eje cafetero, especialmente a las gramíneas como el bambú “guadua” (Muñoz, 2010). Este material es abundante en nuestra región además de ser de fácil acceso y económico para su obtención y adecuación para el desarrollo de las construcciones (Muñoz, 2010). El desarrollo de esta tecnología propia constructiva se ha enunciado como una cultura sísmica local. Llamada así por haber transformado las técnicas constructivas tradicionales heredadas de los españoles y los antioqueños con ciertas características constructivas que fueron desarrolladas por sus propios habitantes en este caso Manizales, adaptando dichas edificaciones a las necesidades de su geografía (Cardona, 2005; Suarez, 2011).

Edificaciones de más de dos pisos seguras y en bahareque, ubicadas en toda la geografía cafetera. Foto: Omar Darío Cardona

Estas características especiales que rodean el bahareque en Manizales lo hacen parte esencial de su historia y su cultura. El hecho de desarrollar un estilo temblorero que con el tiempo se fue convirtiendo en una cultura sísmica local, hacen de este tipo de construcciones vernáculas como uno de los elementos fundamentales en el paisaje cultural cafetero. En Manizales precisamente las grandes construcciones de su centro histórico y de sus fincas cafeteras fueron producto en su mayoría del dinero producido por el café generando un círculo virtuoso. Incluso se podría afirmar que la cultura local sísmica logró mantener una sociedad viva y arraigada a sus tradiciones como es el caso de Manizales.

Sin embargo a pesar del éxito inicial del bahareque y su estilo temblorero, este ha sufrido un desgaste social, relegándose a construcciones ubicadas en zonas de alto riesgo y en urbanizaciones de bajo ingreso socioeconómico. Esto debido en gran parte a los incendios que se presentaron en la ciudad de Manizales en los años 1925 y 1926. Estos incendios proporcionaron a la sociedad una sensación de inseguridad a tal punto de llamar a la ciudad de Manizales como la ciudad de papel (Robledo, 1993).

Producto de estos catastróficos incendios los manizaleños optaron por importar  un nuevo material para sus construcciones, llamado el ferrocemento o concreto reforzado que se obtuvo de Europa y los Estados Unidos. Este material bien utilizado proporciona construcciones que dan seguridad a los sismos, además, de no ser inflamables como lo es el bahareque.

A pesar de la decadencia evidente del Bahereque, la declaración del paisaje cultural cafetero como patrimonio inmaterial de la humanidad por parte de la UNESCO, realizada en el año 2011 con la finalidad de conservar el paisaje actual y su cultura, da nuevas esperanzas al uso de este material que fue incluido en la norma sismoresistente-NSR-10 en su titulo G. Esta situación da un horizonte hacia nuevas construcciones con el rigor necesario para obtener edificaciones seguras que protejan la cultura y vida de las personas. Sin embargo, hay que tener presente que  los actores más importantes en el paisaje cultural cafetero son las personas que lo habitan y han conservado sus tradiciones centenarias, las cuales hoy por fenómenos como la urbanización y globalización, están en peligro de desaparecer.

En el caso específico del Bahareque vemos cómo estas construcciones están desapareciendo  a pesar de ser vernáculas. Es un sistema constructivo que es resistente a los sismos, y con un manejo adecuado es seguro ante el fuego, asociado básicamente al bahareque encementado que se utilizó en la reconstrucción del centro de Manizales luego de los incendios. Por este motivo es necesario encontrar opciones que ayuden a la conservación de las estructuras de bahareque, involucrando la comunidad.

Se ilustra el estilo constructivo en bahareque desarrollado en la región. Foto: Omar Darío Cardona.

En la actualidad existen  estudios técnicos sobre cómo se comporta este material ante los sismos, pero aún así falta mucho por hacer. Por esto  es necesario hacer un estudio de las características actuales de las construcciones en bahareque y así determinar cuál es su vulnerabilidad asociada. Se hace necesario, por otra parte, identificar acciones que  las hagan autosustentables, revitalizando su uso y su productividad económica, evitando  que se conviertan en piezas de museo de gravoso mantenimiento para sus propietarios. Como parte importante de las estrategias de mitigación del riesgo y de preservación del patrimonio cultural construido, por ejemplo del centro histórico de Manizales, será necesario confeccionar herramientas de apoyo financiero  y  transferencia de riesgos a través del otorgamiento de  créditos especiales y pólizas de seguros orientadas a los inmuebles de esta particular categoría.

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